Vida, Esperanza y Verdad

Las consecuencias del pecado

Dios nos ofrece el don de la vida eterna, proveyendo una forma de quitar las consecuencias que nos hemos acarreado como consecuencia del pecado.

La Biblia nos dice claramente que los efectos del pecado —aquel pecado del que no nos arrepentimos— nos llevan finalmente a la muerte (Romanos 6:23).

Leamos Ezequiel 18:20: “El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevar á el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él”.

Cada uno debe afrontar los efectos de su propio pecado, ya que somos responsables únicamente de nuestro propio pecado, pero con esto es suficiente; ya con eso todos nos hemos ganado la pena de muerte (Romanos 3:23; 6:23).

Jesucristo nos da esperanza

Jesucristo vino con un propósito, y le ofreció una gran esperanza a la humanidad. Leamos lo que dijo en Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”.

Así que, aunque todos han pecado y entre las consecuencias del pecado se incluye la muerte, ésta no debe ser el resultado inevitable para todo individuo.

El libro de Hechos agrega más información al respecto: Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hechos 3:19).

Hay un camino que se aleja de la muerte, que comienza con el arrepentimiento.

El arrepentimiento

Cuando Juan el Bautista comenzó su ministerio para preparar el camino para Jesucristo, el mensaje que él predicaba estaba basado en el arrepentimiento. Es necesario que nos arrepintamos —no únicamente que sintamos dolor o pena por el pecado cometido, sino que también nos alejemos de él.

Veamos el mensaje de Juan a los líderes judíos de su tiempo: “Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3:7-8).

Los fariseos y saduceos habían ido únicamente para ver, no para mostrar las acciones y cambios generados en su vida —el “fruto” del arrepentimiento.

Asi como Juan el Bautista preparó físicamente el camino para Jesucristo al traer un mensaje de arrepentimiento, nosotros también debemos prepararnos espiritualmente, mostrando arrepentimiento y el deseo de alejarnos del pecado. Si desea más información acerca del arrepentimiento, por favor vea los artículos en la sección “Arrepentimiento”.

La gracia

Un aspecto importante que debemos analizar es que la gracia de Dios nos lleva al arrepentimiento (Romanos 2:4). Cuando nos arrepentimos de los pecados cometidos, nos bautizamos y buscamos cambiar la dirección de nuestra vida, el sacrificio de Jesucristo hace posible no sólo el perdón de nuestros pecados, sino que también hace posible que la pena de muerte sea removida. El apóstol Pablo escribió que somos “sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Colosenses 2:12-13).

Jesucristo hizo el sacrificio supremo para el perdón de nuestros pecados. Sin embargo, ¡esto no es una “licencia” para que podamos seguir pecando! Veamos Romanos 6:15-16: “¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”

El don de la gracia que Jesucristo nos ofrece, conlleva el hecho de que Él espera que continuamente nos estemos alejando del pecado. Si desea más información sobre el tema de la gracia, por favor vea los artículos en la sección de “Gracia”.

El perdón

Después del pecado de Adán y Eva en el Jardín del Edén, Dios le dijo a Adán cómo sería la vida de la humanidad sin obedecer a Dios: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Génesis 3:19).

Sin la presencia de Dios en nuestra vida y sin el sacrificio de Jesucristo, el ciclo inevitable de la vida de la humanidad sería sin esperanza y sin la expectativa de vida eterna.

Pero el camino que conduce a la vida está disponible para todos nosotros por medio del arrepentimiento de nuestros pecados. Veamos Hebreos 4:15-16: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.

La misericordia y el perdón están disponibles por medio del arrepentimiento y el bautismo. ¡Dios está presto para darnos la ayuda que necesitamos! “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman” (Santiago 1:12).

Entonces, ¿cuál decisión va a tomar? ¿Va a experimentar las consecuencias definitivas del pecado y a pagar la pena de muerte, o se va a arrepentir del pecado y va a vivir para siempre? ¡La decisión es suya!

Si desea aprender más al respecto, lea el artículo “Cómo arrepentirse”.

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