Vida, Esperanza y Verdad

5 cosas que los cristianos deberían estar haciendo durante la pandemia de coronavirus

Por Jeremy Lallier

El coronavirus se propaga y ya es oficialmente una pandemia global. Muchas cosas están cambiando en todo el mundo. ¿Cómo debe responder un cristiano a todo este cambio?

El mundo ha cambiado mucho en sólo unas pocas semanas.

Para la mayoría de nosotros, el coronavirus comenzó como una noticia internacional, algo trágico que estaba sucediendo en otro lugar, a otras personas.

Y luego, de repente, no fue así.

Comenzó a extenderse a través de ciudades, de fronteras, hasta el borde de los continentes, y luego a través de los océanos.

Ahora está en todas partes. No hay área poblada en el planeta que no se vea afectada por el coronavirus. Todas las naciones están lidiando con la infección en sí o con el miedo a la infección. Independientemente de lo que usted piense personalmente acerca del virus (una ridícula exageración o un anuncio apocalíptico) el COVID-19 está aquí, y es parte de su vida.

El coronavirus está afectando todo. Afecta la cantidad de personas con las que debe estar, las edades de esas personas y la distancia que se debe colocar entre esas personas y usted. Está afectando cómo se gestionan las empresas e incluso si esas empresas están abiertas o no. Está afectando, de una manera profundamente inquietante, lo que está disponible en los estantes de su supermercado local.

Eventos deportivos y convenciones han sido cancelados. Las escuelas están en una pausa indefinida. Y nadie sabe cuánto tiempo todo durará esto.

El cristianismo no está en pausa

Es imposible saber muchas cosas en este momento. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que las cosas vuelvan a la normalidad? No lo sabemos. ¿Cuántas personas contraerán la enfermedad? No lo sabemos. ¿Cuántos de ellos morirán? No lo sabemos. ¿Qué impacto tendrá todo esto en la economía mundial? No lo sabemos. Pero las cosas no se ven bien.

Esto es lo que sí sabemos:

La vida cotidiana puede cambiar de mil maneras, pero los cristianos no pueden dejar de ser cristianos sólo porque viven en tiempos llenos de tensión. De hecho, el núcleo de su fe cristiana se refleja en quién es realmente usted cuando los tiempos se vuelven tensos.

Aquí hay cinco cosas que los cristianos pueden (¡y deben!) hacer durante la pandemia de coronavirus:

1. Deberíamos estar usando nuestro tiempo extra para el estudio de la Biblia, la oración y la meditación.

A medida que las restricciones y recomendaciones de cuarentena continúan endureciéndose, muchos de nosotros nos encontramos pasando más y más tiempo en casa, tal vez incluso es lo único que podemos hacer. Es difícil no sentirse un poco loco cuando uno está atrapado mirando las paredes 24 horas al día, los siete días de la semana, especialmente cuando nos comenzamos a quedar sin cosas que hacer.

¿Cómo es su relación con Dios en estos días?

El "tiempo" es la excusa habitual de por qué no oramos y estudiamos tanto como deberíamos. Parece que nunca tenemos suficiente.

Una relación más profunda con Dios nos dará una mayor sensación de paz, una perspectiva más clara y un sentido de propósito permanente. Eso es algo que todos podríamos tener, especialmente ahora.Pero, ¿y ahora? ¿Qué pasa cuando muchos de nosotros no tenemos más que tiempo? ¿Estamos apartando parte del tiempo para pasarlo hablando con Dios y leyendo las páginas de su Palabra? ¿Nos estamos desconectando de las noticias lo suficiente como para pensar profundamente en las Escrituras que estamos leyendo?

Si estamos haciendo eso, el resultado final es una relación más profunda con Dios. Esto nos dará una mayor sensación de paz, una perspectiva más clara y un sentido de propósito permanente. Eso es algo que todos podríamos tener, especialmente ahora. Con el cierre de muchas de nuestras ocupaciones normales, tenemos menos excusas para no invertir ese tiempo con nuestro Creador.

El coronavirus puede habernos aislado de muchas cosas, pero tiene el potencial de acercarnos a Dios más que nunca. ¿Usaremos ese tiempo sabiamente?

Pablo les dijo a los efesios: “Mirad, pues, con diligencia [con cuidado] cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor” (Efesios 5:15-17, énfasis agregado).

Los días no son menos malos que cuando Pablo escribió esas palabras por primera vez, y no hay mejor momento para redimir el tiempo que a través del estudio de la Biblia, la oración y la meditación.

(¿No sabe por dónde empezar? Realice uno de nuestros “Viajes guiados” a través de la Biblia o comience uno de nuestros "Planes de lectura y escritura”).

2. Deberíamos usar las redes sociales para animarnos mutuamente, en lugar de discutir o difundir miedo.

Si usted está en las redes sociales, entonces sabe que cualquiera opina sobre la pandemia de coronavirus. Debido a que es fácil inventar hechos y malinterpretar datos, hay mucha información errónea y muchos argumentos acerca de lo que realmente está sucediendo y opiniones acerca de lo que la gente debería estar haciendo.

Puede participar en debates de este tipo si lo desea, pero no estoy convencido de que sirva para algo. Como la mayoría de las cuestiones en las redes sociales, encontrará a muchas personas apasionadas con opiniones opuestas, pero la mayoría de las veces nadie convence a nadie, excepto a los que ya están de acuerdo con una postura de antemano.

Aquí hay una alternativa:

Cuando Pablo y Silas fueron encarcelados en uno de sus viajes misioneros, hicieron algo extremadamente curioso: "Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían" (Hechos 16:25).

Cantaban y oraban. Ellos podrían haber estado haciendo muchas otras cosas: quejarse, preocuparse, meditar en silencio, dormir, predicar a una audiencia literalmente cautiva, etcétera. En cambio, Pablo y Silas estaban ofreciendo oraciones e himnos a Dios, y sus compañeros de prisión estaban escuchando.

Usted puede optar por publicar cosas positivas, alentadoras y de ánimo, y sus compañeros de prisión pueden reflexionar, detenerse y escuchar.Para mucha gente, la cuarentena se siente como una prisión. A través de las redes sociales, ustedes pueden predicar directamente a sus compañeros de prisión (al menos hasta que lo “dejen de escuchar”), pero probablemente no servirá de mucho. En cambio, puedes hacer lo que hicieron Pablo y Silas: cantar y orar.

Eso no significa ponerse lentes oscuros o meter la cabeza en la arena. El coronavirus es real y, al menos para algunas personas, puede ser una sentencia de muerte.

Y tampoco significa compartir videos literales de ustedes orando y cantando. Pero en una fuente de noticias llena de pánico relacionado con la pandemia, usted puede elegir ser un punto de luz brillante. Usted puede optar por publicar cosas positivas, alentadoras y de ánimo, y sus compañeros de prisión pueden reflexionar, detenerse y escuchar.

Sea una voz que canta, no que grita.

(Síguenos en Instagram para revisar nuestras “galería de escrituras inspiradoras”).

3. Deberíamos estar practicando la paciencia frente a una nueva normalidad.

El mundo es diferente de lo que era hace un mes, y está claro que seguirá siendo diferente por un tiempo. Diferente significa cambio, y cambio significa estrés.

Vivir una pandemia global va a significar lidiar con al menos algún tipo de tensión, incluso si es sólo estrés causado por inconvenientes.

La paciencia proviene de saber que todas las cosas están, finalmente, en manos de Dios y que Él nos está cuidando, sin importar la situación.Tendrá muchas oportunidades para practicar la paciencia en los próximos días y semanas. Las cosas no van a funcionar tal como estamos acostumbrados, al menos por un tiempo. La gente va a decir y hacer cosas tontas y egoístas. Las nuevas leyes y restricciones harán la vida un poco más incómoda y un poco más difícil de transitar.

En esos momentos, la fe de usted estará expuesta para que todos la vean, desnuda e inconfundible. ¿Qué estarán otros viendo exactamente en usted? ¿Cómo actuará usted?

Santiago nos insta: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna” (Santiago 1:2-4).

En momentos de tensión, cuando se pone a prueba su fe, responder con paciencia nos acerca un paso más hacia donde debemos estar como cristianos. La indignación no hace eso. Tampoco el miedo. Tampoco aprovecharse de los demás ni lanzar acusaciones.

Sólo la paciencia puede hacer eso, porque la paciencia proviene de saber que todas las cosas están, finalmente, en manos de Dios y que Él nos está cuidando, sin importar la situación.

Ese es el tipo de cristiano que necesitamos ser, y el cristianismo que otros necesitan ver.

(¿Sabía que “la paciencia es parte del fruto del Espíritu”? Es algo en lo que Dios quiere que crezcamos siempre).

4. Deberíamos acercarnos a los solitarios y desconectados.

Dios tiene un lugar especial en su corazón para aquellos que carecen del apoyo social. "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta:", escribe Santiago, "visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo" (Santiago 1:27).

Con el coronavirus impactando al mundo de una manera tan poderosa, hay muchas personas que podrían necesitar apoyo. ¿Quiénes son los solitarios y desconectados que conoce usted en este momento, especialmente en la Iglesia? ¿Qué puede hacer por ellos?

Una llamada telefónica o una videollamada pueden significar mucho para alguien que se siente aislado del mundo que lo rodea.

Una llamada telefónica o una video llamada puede significar mucho para alguien que se siente aislado del mundo que lo rodea. ¿Hay alguien que usted conozca que pueda necesitar alimentos o suministros pero que no puede (o no debe) salir a buscarlos?

(Nota: sus amigos introvertidos podrían estar contentos de tener algún tiempo de inactividad, ¡así que tome precauciones antes de tratar de "arreglarles" la paz y la tranquilidad que están disfrutando!).

5. Deberíamos extender misericordia a aquellos que entran en pánico.

Mencioné anteriormente que algunas personas van a decir y hacer cosas tontas y egoístas, y, sinceramente, eso merece una explicación. Y aquí está:

Se necesita algo más que paciencia para saber cómo interactuar con personas en pánico.

Se necesita algo más cercano a la misericordia y la gracia.

La gracia es un regalo inmerecido. La salvación, nuestra entrada al Reino de Dios y la liberación final del pago de nuestros pecados, se nos ofrece a través de "la gracia de Dios" (Tito 2:11). No podemos ganarlo, y no lo merecemos. Es accesible para nosotros porque (y solamente porque) Dios está dispuesto a dárnoslo.

Pedro quería saber cuántas veces se le exigía que perdonara a alguien que pecó repetidamente contra él. "¿Hasta siete veces?" le preguntó a Jesús (Mateo 18:21).

“No te digo hasta siete veces”, respondió Jesús, “sino hasta setenta veces siete” (versículo 22). Luego contó una parábola cuya lección central se reduce a esto: debemos aprender a perdonar como Dios nos perdona. Incluso cuando las personas no busquen explícitamente nuestro perdón, se espera que los cristianos tengan una mentalidad de perdón. Es una pequeña forma en que podemos tener un carácter más parecido al de Dios. En otras palabras, tengamos piedad.

Mucha gente está asustada. Muchos de ellos no conocen el “plan de Dios”. No saben lo que viene y no saben las cosas que tienen que suceder en el camino. La pandemia de coronavirus es una amenaza siniestra que llegó a ellos intempestivamente, y tienen miedo.

El problema es que personas asustadas pueden hacer cosas aterradoras, egoístas, impredecibles, tontas, imprudentes, hirientes, peligrosas, etcétera… pero muchas veces no lo están haciendo por maldad.

¿Qué hará usted cuando se vea directamente afectado por el miedo y el pánico de los demás?

Sería fácil enojarse con ellos, reclamarles por sus acciones miopes y egocéntricas, y probablemente incluso se lo merecerían.

Pero ser cristiano significa saber que usted no está obteniendo lo que finalmente merece, porque Dios le mostró su gracia. Cuando nos enfrentamos a los frutos del miedo en otros, los cristianos tenemos la oportunidad de extender la gracia a los demás. Deberíamos decir: "No voy a reclamarle enojado ni le responderé con ira. Dios me ha perdonado mucho más".

Sabemos que Dios "no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento" (2 Pedro 3:9). Eso incluye a quien sea que posiblemente esté haciendo nuestra vida difícil en este momento. Estas personas asustadas son también potenciales hijos e hijas de Dios, igual que nosotros.

(La gracia es un gran tema, y ​​podemos leer más sobre esto en nuestra sección sobre "Gracia").

El coronavirus desafía la fe cristiana

Hay mucha incertidumbre en el mundo en este momento. La vida está cambiando de maneras extrañas e incómodas. Ante tantos signos de interrogación con los que el mundo tiene que lidiar, es más importante que nunca que nosotros, como cristianos, demostremos ser consistentes y estemos decididos a “vivir no sólo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4).

La forma en que respondamos a la crisis del coronavirus mostrará nuestra fe, o nuestra falta de ella. No significa que no podamos preocuparnos por cómo se desarrollan las cosas. No significa que no debamos tomar precauciones para mantenernos sanos y seguros. Pero los días y semanas venideros estarán llenos de amplias oportunidades para mostrar que los valores de los que tanto hablamos, son los valores por los que realmente vivimos en todo tiempo, aun en las crisis.

Mantengámonos seguros. Mantengámonos sanos. Pero, sobre todo, mantengámonos cristianos.

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