Vida, Esperanza y Verdad

Alerta mundial. Coronavirus: ¿una epidemia del tiempo del fin?

Por Daniel Campos

En el libro de Apocalipsis encontramos una visión inquietante de cuatro temibles jinetes (Apocalipsis 6:1-8). Cada uno de estos jinetes es un símbolo de cuatro tipos de castigo que se infligirán a una humanidad rebelde. ¿Estamos empezando a ver el cumplimiento de estas antiguas profecías?

Cada jinete del Apocalipsis representa una de las principales crisis a las que se ha enfrentado el mundo durante siglos, pero que llegarán a su máxima expresión en los tiempos del fin. Pero muy pocos de los que han intentado entender estos jinetes han tenido en cuenta un principio simple: la Biblia interpreta sus propios símbolos. El último libro de la Biblia es la “revelación de Jesucristo” (Apocalipsis 1:1). ¿No sería adecuado que él mismo interprete a los cuatro jinetes?

Cuando Cristo explica su profecía del Monte de los Olivos (Mateo 24) establece un asombroso paralelo con los misteriosos cuatro jinetes (Apocalipsis 6). Jesucristo comienza explicando que habrá engaño religioso (Mateo 24:4-5), que es el primer jinete del caballo blanco (Apocalipsis 6:2). Luego el caballo rojo (Apocalipsis 6:4) serán guerras y rumores de guerras (Mateo 24:6-7). El jinete del caballo negro (Apocalipsis 6:5-6) se identifica con hambrunas (Mateo 24:7). Finalmente, el jinete del caballo amarillo mencionado en Apocalipsis 6:8 es explicado por Jesucristo: “Y habrá… pestes” (Mateo 24:7).

El asombroso origen del “coronavirus”

Varios estudios han señalado que la cepa de origen del mortal virus asiático está relacionada con los murciélagos. Un peculiar plato de sopa de murciélago es popular en el sur de China, y es común en la ciudad de Wuhan, ¡lugar donde se habría originado el virus! Otros consideran probable que la serpiente pueda haber sido un huésped intermedio.

En el mercado de la localidad de Wuhan se vendían y consumían animales tales como zorros, salamandras, ratas, mariscos, pulpos, murciélagos, cachorros de lobo, koalas, serpientes, cocodrilos y puercoespines, entre otros. La Biblia indica a estos animales como no aptos para el consumo humano. La Palabra de Dios les llama a estos animales: “inmundos” (vea Levíticos 11).

Aunque China es el epicentro del brote de este virus y el país más afectado, el coronavirus ya se ha extendido a otros países del sudeste asiático y también se han detectado casos en Europa y América. En la era del avión, las naciones ya no viven en un relativo aislamiento, separadas por vastos océanos o días y semanas de viaje. Ahora, un posible portador de enfermedades puede infectar a otro país o continente a miles de kilómetros de distancia, todo en cuestión de horas. Hasta el momento, ya suman más de 300 los muertos y hay miles de infectados. Las cifras aumentan hora tras hora, lo que tiene a los funcionarios de salud de todo el mundo en alerta.

Las asombrosas leyes bíblicas de la salud

Muchas de las leyes y estatutos que Dios dio a Israel contribuyen directamente a la eliminación del origen de las enfermedades. Por ejemplo, el séptimo mandamiento dice: "No cometerás adulterio". Esta orden sencilla de Dios es un seguro contra el VIH, la gonorrea, la sífilis, el virus de papiloma humano y el herpes.Las leyes dietéticas en el libro de Levítico, para muchos, están entre las instrucciones más desconcertantes de la Biblia. Muchos críticos han afirmado, por siglos, que las leyes alimenticias de este libro son arbitrarias e irracionales, producto de supersticiones primitivas. Pero la Biblia afirma que mejor salud y larga vida serían sólo dos de los beneficios de obedecer al Creador (Deuteronomio 4:40; 7:12-15).

Tanto los murciélagos como las serpientes son animales que la Biblia prohíbe comer (Levítico 11). ¡Esos animales no han sido diseñados para nuestro alimento! Cumplir esta sencilla ley hubiese evitado las muertes por esta nueva cepa de virus.

Muchas de las leyes y estatutos que Dios dio a Israel contribuyen directamente a la eliminación del origen de las enfermedades. Por ejemplo, el séptimo mandamiento dice: "No cometerás adulterio". Esta orden sencilla de Dios es un seguro contra el VIH, la gonorrea, la sífilis, el virus de papiloma humano y el herpes.

Dios también les dijo a los israelitas que enterraran sus residuos corporales (Deuteronomio 23:12, 13), en lugar de usarlos para contaminar los ríos, como se hace en la actualidad. Esta simple medida preventiva, si se siguiera, eliminaría virtualmente la amenaza de enfermedades devastadoras transmitidas por el agua como la disentería, el cólera, la fiebre tifoidea, la hepatitis y otras.

El saneamiento, la limpieza y la cuarentena también fueron enfatizados. Los leprosos y las personas enfermas debían aislarse del grupo principal de los israelitas. Las casas que albergaban enfermedades eran puestas en cuarentena (Levítico 14:33-38) y luego se les daba un lavado minucioso (versículos 39-42).

También se dieron procedimientos para el tratamiento de personas con varios tipos de llagas e infecciones (vea Levítico 15). Prácticamente todo lo que la persona tocaba se consideraba contaminado, incluidos platos, ropa e incluso donde se sentaba.

La adhesión a estas leyes, incluso en nuestro "avanzado" siglo XXI, podría aliviar mucho el sufrimiento de millones de personas en todo el mundo hoy.

Lo que viene

No hemos visto aún las últimas epidemias generalizadas, pero el panorama futuro respecto a enfermedades no es alentador, más allá de lo que finalmente termine pasando con el coronavirus.

La buena noticia es que Jesucristo regresará a esta Tierra a establecer el Reino de Dios, y sus leyes serán implementadas en todo el mundo (Isaías 2:2-4), dando como resultado una salud vigorosa y una sociedad libre de toda dolencia. Jesucristo regresará para salvar a la humanidad de la triple amenaza de guerra, hambruna y enfermedades. Él pondrá fin a todas las actividades relacionadas con la guerra (Miqueas 4:3), lo que contribuirá en gran medida a reducir la propensión a las epidemias y enfermedades.

Los ríos y arroyos están demasiado contaminados para soportar cualquier tipo de vida (vea Apocalipsis 8:10-11 y 16:4). Para corregir esta situación, aguas vivas comenzarán a fluir desde Jerusalén para sanar el suministro de agua del mundo (Zacarías 14:8; Ezequiel 47:8).

El sistema agrícola mundial se revolucionará y los hombres ya no tendrán que soportar enfermedades por desnutrición (Amós 9:13-14). Las ciudades abarrotadas y plagadas de enfermedades no continuarán. Todo ser humano tendrá derecho a su propio terreno (Miqueas 4:4). Pero aún más importante, el Espíritu Santo será derramado y la humanidad comenzará a vivir según el sistema de principios y leyes divinas.

En el Milenio la humanidad finalmente comprenderá lo que significa estar verdaderamente libre de enfermedades y pestes. La enfermedad será entonces algo que los hombres leerán en sus libros de historia.

Si Dios lo está llamando, usted tiene un extraordinario papel para desempeñar en ese maravilloso mundo de mañana. Lea más acerca de las buenas noticias del venidero Reino de Dios en nuestro folleto El Misterio del Reino.

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