Vida, Esperanza y Verdad

Amar al prójimo en la era del coronavirus

Por David Johnson

El coronavirus está cambiando la vida diaria para todos. Para las personas más jóvenes, puede parecer una reacción exagerada y frustrante. Pero aquí hay otra perspectiva a considerar.

Para todos los menores de 70 años:

La pandemia de coronavirus ha impactado todas nuestras vidas. Todos hemos tenido que hacer sacrificios, y posiblemente tendremos que hacer más en el futuro, mientras nuestro mundo lucha por salir de esta crisis global.

Sacrificarse por los demás

Si usted es joven o adulto con buen estado de salud, la enfermedad de COVID-19 probablemente tendrá poco efecto en usted, incluso si la contrae. Así que los sacrificios que hace, los inconvenientes que soporta, no son realmente para usted.

El mayor peligro es para las personas mayores, las personas ancianas con quienes usted quizá tenga poco contacto a diario.

Como uno de esos adultos mayores (yo ya tengo más de 70 años), me gustaría ofrecer una perspectiva diferente acerca de la crisis actual. Parece ser cierto que las personas más jóvenes que contraen el virus tienen síntomas relativamente leves, y en algunos casos ni siquiera se dan cuenta de que están infectados.

¿Acaso exagerar ante un virus no es peor que la gripe misma?

Muchas personas, especialmente aquellas con poca o ninguna capacitación médica, han citado que la tasa de mortalidad es relativamente baja entre las personas más jóvenes, para afirmar que este virus no es realmente peor que la gripe común.

Si esa fuera toda la historia, podrían tener algo de razón. Incluso se podría citar el número de muertes en todo el mundo por causa del virus como una prueba más de que su gravedad es limitada (aunque esas cifras están cambiando tan rápidamente que es difícil sostener un argumento con ellas).

Es fácil entender por qué una persona joven y saludable (y sin ningún temor) se puede sentir frustrada con todas las restricciones a la vida normal que enfrentamos hoy debido a esta pandemia. Limitar el entretenimiento, los deportes, la recreación, salir a cenar y muchos otros eventos sociales, parece una reacción exagerada ante una enfermedad tan leve.

Considere caras, no números

La perspectiva que deseo ofrecer es un poco diferente. Yo ya no soy joven ni saludable. Si bien la Organización Mundial de la Salud ha establecido que la tasa de mortalidad general de las personas que contraen la enfermedad es del 3,4 por ciento a nivel mundial, en mi demografía, la tasa de mortalidad es de alrededor del 8 por ciento. Eso significa que por cada docena de personas de 70 años que contraen esta enfermedad, tan fácilmente transmisible, una morirá. (Un informe reciente dice que la tasa de mortalidad es del 3,6 por ciento para las personas entre 60 y 69 años, pero del 14,8 por ciento para las personas mayores de 80).

Si una de cada 12 personas va a morir por esta enfermedad en los próximos meses, al perder amigos o familiares, estoy perdiendo una parte de mi vida.Si uno de cada 12 va a morir por esta enfermedad en los próximos meses, yo no estoy perdiendo números, estoy perdiendo amigos. Cuando considero esa cifra, honestamente no veo números. Veo caras. Escucho nombres. Podría enumerar fácilmente varias docenas de personas que son mis amigos y familiares que están en ese grupo demográfico: mi esposa, mis suegros, muchos de los amigos que he tenido desde los días en que éramos jóvenes y estábamos saludables entonces.

Si una de cada 12 personas va a morir por esta enfermedad en los próximos meses, al perder amigos o familiares, estoy perdiendo una parte de mi vida. Hasta donde sé, puede ser mi nombre el que figure entre las víctimas, antes de que esta peste termine su curso mortal.

Aquí está el punto: si todos hacen sacrificios hoy, algunas de esas vidas pueden salvarse mañana. Quizás pueda ayudarnos a poner nombres y caras en esas vidas, en lugar de números. ¿Qué vida podría usted salvar con sus sacrificios hoy?

"Amar al prójimo" en la era del coronavirus

Lo que estamos viendo en todo esto es el funcionamiento de un principio antiguo, a menudo ignorado o minimizado en la sociedad moderna. En la Biblia, se registra que Dios le dice a su pueblo: "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18).

¿Somos simplemente "creyentes", siempre y cuando esa creencia no nos incomode ni obstaculice nuestra capacidad de hacer lo que queramos, cuando queramos?¿Acaso somos "creyentes" siempre y cuando esa creencia no nos incomode ni obstaculice nuestra capacidad de hacer lo que queramos, y cuando queramos? La misma instrucción se cita siete veces en el Nuevo Testamento. Además de las declaraciones de Jesús, el apóstol Pablo dice que esa frase resume la totalidad de la ley de Dios (Gálatas 5:14). Santiago se refiere a este principio como "la ley real" (Santiago 2:8).

A lo largo de la historia "amarás a tu prójimo como a ti mismo" siempre ha sido más fácil decirlo que hacerlo. ¿Qué pasa cuando su vecino no es tan amable? ¿Qué pasa si él o ella no se parece a usted o no habla como usted o no tiene sus mismas creencias? ¿Qué pasa cuando ni siquiera conoce usted a sus vecinos? ¿Qué pasa cuando son sólo estadísticas en una noticia?

Es entonces cuando amar a tu prójimo se convierte en una prueba de lo que realmente somos. ¿Somos seguidores genuinos de Jesucristo y su palabra? ¿O somos simplemente "creyentes", siempre y cuando esa creencia no nos incomode ni obstaculice nuestra capacidad de hacer lo que queramos, cuando queramos?

Probablemente usted no me conoce, pero: soy el vecino.

Soy parte de la población amenazada con una tasa de mortalidad del 8 por ciento. Soy mayor de edad y mucho más vulnerable de lo que me gustaría ser, y necesito de usted su voluntad de sacrificar su conveniencia para darme una oportunidad de sobrevivir a esta crisis.

Gracias por sus sacrificios

A aquellos de ustedes que hacen eso diligentemente; y en nombre de todos nosotros, los que ya tenemos 70 y tantos años de edad o que por otros motivos somos parte del grupo de riesgo, ¡gracias! Su sacrificio significa más de lo que usted sabe.

Y si usted es uno de los que se queja debido a los límites actuales que esta enfermedad ha planteado a su libertad, bueno, ésta puede ser la gran prueba de si su creencia y carácter son genuinos o simplemente son un buen eslogan. Creo que está claro cuál debería ser su respuesta, pero esa elección sigue siendo totalmente suya.

Para obtener más información sobre cómo "amar a su prójimo como a usted mismo", le invito a leer "Cómo ser un buen vecino".

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