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China, la nueva superpotencia

Por Jorge Iván Garduño

En tan sólo 40 años, China se ha convertido en una gran potencia comercial y manufacturera del planeta, abarcando también presencia en ámbitos tecnológicos, científicos y armamentistas.

En momentos es silenciosa, y en otros avasallante y escandalosa. En la República Popular China se está gestando una importante transformación social y económica desde 1978. La ejecución de una política de reforma económica, aunada a un largo periodo de tranquilidad nacional, han dado como resultado un rápido aumento de la prosperidad de más de mil millones de habitantes. Este hecho también ha despertado en la población china un sentimiento general de confianza en el futuro.

El sorprendente cambio efectuado en el país se atribuye mayormente a dos individuos: Deng Xiaoping, máximo líder de la República Popular China desde 1978 hasta los últimos años de su vida en 1997, y a Xi Jinping, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China, presidente de la Comisión Militar Central​ y, desde el 14 de marzo del 2013, presidente de la República Popular China.

La política de reforma y apertura

En diciembre de 2018 se cumplen 40 años del inicio de la política de reforma y apertura que inició una nueva etapa en el proceso que comenzó en 1949, cuando Mao Zedong ─el “gran timonel” ─ proclamó que China se había “puesto en pie”. El largo mandato de Zedong estaría salpicado de graves errores y tensiones, en una pugna interna constante entre quienes privilegiaban el cambio de la mentalidad frente a quienes primaban la transformación de la realidad material.

Ese antagonismo entre ideología y economía sólo pudo resolverse tras su muerte en 1976. Deng Xiaoping ─el "pequeño timonel"─, tuvo entonces el atrevimiento y la originalidad de proponer la construcción del socialismo, dando un paso hacia el capitalismo. Lo novedoso y rupturista del cambio alentado por Xiaoping, fue la apertura de China al exterior. En una sociedad que durante siglos vivió aislada del mundo y convencida de su superioridad civilizatoria. El ocaso experimentado por China en el siglo XIX supuso su preparación para ir en contra de su propia naturaleza, por lo que, la apertura lanzada por Deng no sólo quebraba la independencia defendida por Mao, sino que pondría punto final al aislamiento milenario del viejo Imperio del Centro. “China nunca más podrá dar la espalda al mundo”, así lo advertía Deng Xiaoping.

El modelo propuesto por Xiaoping era un modelo progresista, híbrido y complejo. A él se le atribuye la expresión: “Un gato, blanco o negro, es bueno, con tal de que cace ratones”. Esto nos habla de un pragmatismo orientado a elevar la producción sin importar la etiqueta ideológica del método utilizado, capitalismo o socialismo.

El actual líder chino, Xi Jinping, comparte con Deng la visión de hacer de China una superpotencia mundial. A cuarenta años de iniciada esta revolución, Xi Jinping le tocará culminar su transformación para hacer de China el país grande y poderoso que ansiaba Deng.

Aunque bien, Xi se distancia de Deng al intentar transformar las bases de la estabilidad china aumentando el poder del Partido Comunista de China (PCCh), diluyendo el papel del Estado. Pero, paradójicamente, pretende hacerlo cuestionando al mismo tiempo aquella institucionalidad “denguista” que creó un liderazgo colectivo a modo de dique contra el gobierno de un solo hombre, un patrón de comportamiento que junto al resurgir de otras prácticas asociadas con el maoísmo erosiona el legado de Deng. Y es que Xi no quiere ser su heredero, sino superarlo en todo.

Fue así como, Xi Jinping, al cumplirse 40 años desde el inicio de proceso de reforma en China, no anunció ninguna medida concreta en cuanto a la liberalización económica en un momento en que el compromiso de China con la apertura ha sido cuestionado por varios de sus socios comerciales ─primordialmente Estados Unidos─, incluso por varias voces dentro del país, aunque tímidamente.

Xi, sin mencionar en ningún momento a Donald Trump, dejó claro este pasado 18 de diciembre, que no piensa claudicar ante las demandas de otros países: “Nadie está en posición de dictar a China lo que debe hacer”, afirmó.

Durante hora y media, Xi Jinping articuló un discurso basado principalmente en defender el papel y la contribución del Partido Comunista Chino en el desarrollo del país durante los últimos cuarenta años. “El Partido lo lidera todo”, afirma enérgicamente, citando al fundador de la República Popular China, Mao Zedong.

China potencia comercial

En cuarenta años, China ha multiplicado por 80 el tamaño de su economía ─ocupando el segundo lugar a nivel mundial─, y se ha convertido en la primera potencia comercial y manufacturera del planeta. “Lo que hemos logrado no es fruto del regalo de otros, sino del trabajo duro y la sabiduría del Partido y del pueblo chino. En solamente unas décadas hemos completado un proceso de industrialización que para otros países desarrollados llevó cientos de años conseguir”.

El crecimiento de la economía china se ha traducido en una mayor influencia global y un gobierno cada vez más asertivo en el exterior. Su amplia inversión en África, América Latina o en el sudeste asiático han despertado algunas voces de alarma en estas regiones, con críticas que se han multiplicado con el plan de la Nueva Ruta de la Seda, una ambiciosa red de infraestructuras financiadas por China, que tienen por objetivo facilitar la conectividad entre Asia, Europa y África.

El poderío de la República Popular China es ya una realidad. En los planos agrícola, tecnológico, cultural, económico, aeroespacial, médico, científico, deportivo, artístico y armamentístico son ya líderes.Xi Jinping insistió, durante su discurso, que su país “nunca buscará la hegemonía” y que su desarrollo no representa ninguna amenaza para otras naciones. Pekín, dijo, “no se desarrollará a costa de otros países”. Aunque tampoco “renunciará a sus derechos e intereses legítimos”. El presidente chino se presentó además como un “actor responsable” que contribuye a la paz mundial, defiende el orden internacional establecido ─con una referencia explícita al libre comercio─ y lidera la lucha contra el cambio climático. En definitiva, China pretende erigirse como la nación líder del mundo.

El poderío de la República Popular China es ya una realidad. En los planos agrícola, tecnológico, cultural, económico, aeroespacial, médico, científico, deportivo, artístico y armamentístico son ya líderes, o bien, están en busca de ello.

El dominio que China ejerce sobre el mundo ya no se limita exclusivamente a Asia, sino a los cinco continentes.

El declive de Estados Unidos como potencia

El poderío y hegemonía de los Estados Unidos está en declive, y sabemos por la profecía bíblica, que esta nación norteamericana, junto con el resto de las 12 tribus de Israel, perderán su poder ante el resto de las naciones, debido a sus pecados y prevaricaciones contra Dios (Levítico 26; Deuteronomio 28). Si bien no hay pasaje bíblico que nos de indicios de un enfrentamiento directo entre China y los Estados Unidos en el tiempo del fin, sí sabemos que muy probablemente China forme parte de las naciones poderosas de “Oriente”, que se darán cita en Armagedón para la “última batalla” de aquel gran día del Dios Todopoderoso.

“El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente. Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón” (Apocalipsis 16:12-16).

El escenario mundial se acomoda para la inminente venida de Jesucristo a la Tierra. Vemos ante nuestros propios ojos cómo la profecía se cumple y nos revela un panorama cada vez más claro acerca de los acontecimientos finales para este mundo. Oremos y velemos, porque el día de la intervención de nuestro Señor Jesucristo se acerca.

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Con una política exterior cada vez más ambiciosa y un líder recientemente dotado de un poder sin precedentes, China busca restaurar su dominio histórico sobre Asia y más allá. Las implicaciones de esta visión son inmensas para el mundo entero.

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