Vida, Esperanza y Verdad

Como vencer las emociones negativas: la ira

La ira sin control puede causar un daño permanente a nuestras relaciones y a nuestra reputación. ¿Cómo podemos superar los problemas de ira? Parte 3 de la serie “Vencer las emociones negativas”.

¿Cuántas veces hemos deseado ser más pacientes o controlar nuestro temperamento? La Biblia resalta la necesidad de ser lentos para la ira, pero ¿qué cambios podemos hacer para que eso se convierta en una realidad?

Tanto el Salmo 4:4 como Efesios 4:26 usan la frase: “Airaos, pero no pequéis”. Estos versículos nos están diciendo que enfadarse no es malo de por sí; de hecho, incluso estos versículos parecen fomentar una indignación justa para rechazar lo que sabemos que está mal y vivir el camino de vida de Dios. Este tipo correcto de enojo (el tipo que es compatible con el fruto del Espíritu en Gálatas 5:22-23) puede motivarnos a cambiar para bien, a ayudar a los que están en necesidad y a defender las enseñanzas de Dios.

Desafortunadamente, pocos de nosotros podemos decir honestamente que la ira que experimentamos, en su mayoría, es una indignación justa —especialmente cuando no podemos controlarla.

¿Por qué es peligrosa la ira a nivel espiritual?

Al igual que con todas las emociones sin control, la ira crónica es un camino hacia un comportamiento que sabemos no es lo que Dios espera de nosotros. Cristo equiparó el estar enojado sin causa (siendo la única causa permitida, la justa indignación) con asesinar en el corazón (Mateo 5:21-22).

Muchas veces nos engañamos a nosotros mismos pensando que sentimos una justa indignación por supuestos daños que nos han inflingido o comportamientos indeseables que vemos. Mientras tanto, nuestras mentes se contentan con condenar a otros en lugar de juzgar con justicia. Con demasiada frecuencia intentamos justificarnos en lugar de examinarnos.

La ira sin resolver se puede transformar eventualmente en todo tipo de rasgos no deseados en el carácter tales como la amargura, la dureza, la frialdad, la incapacidad de confiar, el rencor, la impaciencia y el odio. Así que, para no obstaculizar nuestra evidencia del fruto del Espíritu de Dios (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza), sabemos que debemos vencer el enojo constante.

Identificar la causa del pensamiento airado

Una vez que reconocemos que hay un problema, entonces podemos empezar a buscar los estímulos que provocan nuestra ira. Para hacer esto, debemos mantener un registro (ya sea en un diario o en un dispositivo electrónico) de todo lo que nos hizo enojar durante el día. Esto se puede hacer al final del día antes de irse a dormir, pero es más efectivo si se hace lo más cercano a la situación.

Tenemos que hacernos preguntas, como:

  • ¿Alguien dijo algo que me pareció ofensivo?
  • ¿Algo que planeé no salió como yo quería?
  • ¿Vi a alguna persona que me recordó a alguien que me hizo daño en el pasado?
  • ¿El tono de voz de alguien me hizo enojar?

Determine qué situaciones pueden evitarse y qué situaciones deben ser tratadas. La mayoría de las causas son de las que no podemos evitar, así que recuerde lo que escribió el apóstol Pablo: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18, énfasis añadido).

Para hacer esto en situaciones difíciles, tenemos que cambiar nuestra forma de pensar.

Analizar y comparar nuestro pensamiento con la realidad

A continuación, es hora de anotar los pensamientos que acompañan nuestros eventos o causas. Algunos pensamientos podrían incluir:

  • ¡Lo están haciendo a propósito!
  • Ella sabe que odio eso, y sigue haciéndolo sólo para que me de rabia.
  • ¡No soporto a ese tipo!
  • ¿Cuál es su problema?
  • ¡No puedo creerlo!
  • ¿Cómo se atreven?
  • ¡Esos idiotas nunca me escuchan!

Eche un vistazo a todos los pensamientos que se generan en cada evento. Cuando dejamos de justificar nuestros arrebatos de ira, podemos empezar a ver en nosotros mismos rastros de que somos mezquinos, nos ofendemos fácilmente, somos impacientes, etcétera.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Debemos analizar nuestra forma de pensar. Aquí hay algunos ejemplos:

  1. ¿Es justo/racional pensar que las personas siempre saben que nos están molestando con algo que hacen o cómo hablan o cómo se comportan?
  2. ¿Es justo/racional pensar que nunca hemos ofendido a nadie y que no queremos que se nos conceda cierta condescendencia en estas situaciones? Eclesiastés 7:21-22 nos dice: “Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti; porque tu corazón sabe que tú también dijiste mal de otros muchas veces.”
  3. ¿Es justo/racional molestarse tanto frente a cosas que (después de un examen más profundo) pueden ser triviales, insignificantes o simplemente un malentendido?

Sustituir lo irracional por el pensamiento racional y bíblico

Cuando nos damos cuenta de que muchos de nuestros pensamientos acerca de ciertos eventos son irracionales y no son acordes con el pensamiento de Dios, entonces podemos cambiarlos. Tenemos que comprometernos a pensar de manera diferente cuando estas situaciones ocurran de nuevo, ya que la vida está llena de razones para airarse.

Determine algunos pensamientos bíblicos racionales relacionados con las causas de nuestra ira:

  • Esto me molesta, pero tendré paciencia con los demás en amor.
  • Se trata de una cuestión pequeña e insignificante.
  • Necesito decir la verdad en amor.
  • Si no perdono, Dios no me va a perdonar.

Los pensamientos que involucran conocimiento bíblico deben ser usados para reemplazar los pensamientos que con demasiada frecuencia son egocéntricos y quizás incluso violentos.

¿Y si ya he perdido el control?

Como dijimos anteriormente, a veces las emociones fuertes parecen saltar de un estímulo a una reacción, pasando por alto el proceso de pensamiento. Entonces, ¿qué hacemos?

Hay varias técnicas conocidas para calmarnos y liberarnos de la ira (por ejemplo, inhalar y aguantar por varios segundos, luego exhalar; excusarnos ante una situación; alejarse del problema), pero orarle a Dios inmediatamente y pedirle paciencia y su Espíritu Santo debe ser nuestra primera opción.

Después debemos preguntarnos: “¿Por qué estoy molesto? ¿Es ésta una indignación justa? ¿Controlo mi ira, o ella me controla a mí?”

Finalmente, debemos prepararnos para nuestra próxima batalla contra la ira estudiando lo que hemos escrito y los principios bíblicos acerca de cómo vencer la ira.

Ésta es la tercera de una serie de ocho partes acerca de Cómo vencer las emociones negativas. Para leer la parte 2, vea “La ansiedad”. Para continuar la serie, vea la parte 4 “La autodestrucción”.

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