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El ébola, ¿una epidemia del tiempo del fin?

Por Jorge Iván Garduño

El virus del ébola, una peste que se creía haber controlado, volvió a aparecer y nuevamente está amenazando al mundo con una arremetida mayor que hace cinco años. ¿Es el ébola una epidemia de los tiempos del fin?

El virus del ébola fue identificado por primera vez en 1976, cuando se produjeron dos brotes simultáneos: uno en Yambuku, aldea próxima al río Ébola, en la República Democrática del Congo (RDC), y la otra en una región remota de Sudán. No se conoce el origen del virus, pero pruebas actuales indican que murciélagos frugívoros (de la familia Pteropodidae) pueden ser los huéspedes.

La enfermedad provocada por el virus del ébola, antes llamada “fiebre hemorrágica del ébola”, es grave, a menudo fatal, con una tasa de mortalidad de hasta 90 por ciento, es decir, 9 de cada 10 infectados pueden morir.

A lo largo de estas décadas, desde 1976, el mundo ha desarrollado estrategias para enfrentar el virus del ébola, pues su presencia se hizo manifiesta en lugares diferentes del Continente Africano, donde siempre se mantuvo contenida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los ministerios de salud de todos los países del mundo, han estado en alerta en diferentes momentos, debido a la letalidad del virus.

Hace algunos años, las alarmas se encendieron en todo el mundo ante la amenaza de una epidemia global que fácilmente podría llegar a cualquier parte del mundo debido a la red de interconexión global que existe, teniendo como punto de partida los aeropuertos y lugares de gran concentración de personas, como las iglesias, mezquitas, puertos y mercados.

Asimismo, en aquellos años, dado que algunos estadounidenses que tuvieron contacto con el virus del ébola regresaron a su país, se temió lo peor. Eran los primeros casos de ébola tratados por fuera de África. Incluso, mientras los muertos aumentaban en Liberia, Sierra Leona y Guinea, en América se comenzó de manera acelerada una investigación que llevara a la obtención de una vacuna que en diversos medios y sectores científicos se llegó incluso a anunciar como un hecho cumplido, pero nunca fue así.

Pero el virus pasó de moda, y la amenaza cinematográfica de una mortandad similar a la peste medieval se convirtió en una anécdota. Y, como siempre ocurre, las medidas sanitarias contra este virus se volvieron a archivar.

En plena mitad del 2019 ─en estos días─, el ébola reaparece nuevamente y amenaza al mundo con una arremetida mayor que la de hace cinco años. En pocas semanas ha dejado ya más de 2.500 contagiados, de los cuales han fallecido ya 1.676.

Lo anterior, con el agravante de que siguen existiendo las mismas posibilidades de que salte de continente, y se le suma que es la primera vez que el temible mal, con su condición mortal, afecta una zona en guerra: la República Democrática del Congo. No es un dato menor, porque la OMS acaba de anunciar que en esas condiciones son casi nulas las probabilidades de contener el brote, y muy altas las de que se disemine por el mundo.

Pensar que el ébola es un asunto de África es equivocado. Este nivel de alerta, el máximo, ha sido decretado en cuatro ocasiones anteriormente y la consecuencia esperada en esta epidemia es que aumente la implicación internacional en su erradicación: más financiación, más recursos humanos, más expertos. “Esperamos que esta decisión de alerta pueda permitir acabar más rápidamente con la epidemia, por la toma de conciencia a nivel internacional”, confía el responsable de Médicos sin Fronteras para el ébola en el Congo, Antoine Gauge.

“Las señales son claras: la gente sigue muriendo en las comunidades, los trabajadores sanitarios continúan contagiándose y la transmisión no se detiene", ha señalado la presidenta internacional de Médicos sin Fronteras, Joanne Liu, tras la declaración de la alerta internacional.

La OMS ha emitido una serie de recomendaciones tras decretar la alerta. “Si bien no hay pruebas aún de una transmisión local del ébola en Goma, RDC o Uganda, estos eventos representan una preocupante expansión geográfica del virus”, señaló el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “Es hora de que el mundo tome nota”, dijo en un comunicado. Adhanom aceptó el consejo de su junta asesora de invocar las disposiciones de emergencia sólo utilizadas por el organismo de salud de la ONU en cuatro ocasiones anteriormente.

El máximo responsable de la OMS añade que la organización “no recomienda ninguna restricción en los viajes y el comercio, lo que más que detener el ébola, podría dañar la lucha [contra el virus]. Esas restricciones fuerzan a la gente a no usar pasos fronterizos informales y no vigilados, lo que incrementa el potencial de expansión de la enfermedad”.

¿Qué dice Dios?

En el libro del Apocalipsis, al abrirse el cuarto sello, el apóstol Juan describe: “Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira. Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra” (Apocalipsis 6:7-8).

Jesucristo, nos da la descripción más acertada para interpretar el significado de este caballo descolorido “… y habrá pestes…” (Mateo 24:7). Las pestes son epidemias de proporciones mundiales.

Así como el cuarto jinete de Apocalipsis sigue al tercero, las epidemias mundiales le seguirán de cerca al hambre. Millones de personas morirán. El último de los cuatro jinetes elevará la cifra de muertos hasta la cuarta parte de la humanidad (Apocalipsis 6:8).

Dios dice en su Palabra: “Pero acontecerá, si no oyeres la voz del Eterno tu Dios… el Eterno traerá sobre ti mortandad, hasta que te consuma de la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. El Eterno te herirá de tisis, de fiebre, de inflamación y de ardor, con sequía, con calamidad repentina y con añublo; y te perseguirán hasta que perezcas… el Eterno te herirá con la úlcera de Egipto, con tumores, con sarna, y con comezón de que no puedas ser curado. El Eterno te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu” (Deuteronomio 28:15, 21-22, 27-28).

Hay una impresionante lista de enfermedades comprendidas bajo el término “pestes”. Pero hay aún más, Dios advierte en Levítico 26:22: “Enviaré también contra vosotros bestias fieras que os arrebaten vuestros hijos, y destruyan vuestro ganado, y os reduzcan en número, y vuestros caminos sean desiertos”.

Actualmente la emergencia sanitaria por el ébola en la República Democrática del Congo, es un ejemplo claro de una situación que podría desbordarse y resultar en una peste de proporciones mundiales.Estas palabras resuenan y se complementan con las dichas por el apóstol Juan: gran número de personas morirán también por “las fieras de la Tierra”. Esto bien podría ser epidemias transmitidas por animales, así como, obviamente, a los ataques directos de fieras contra los hombres para destruirlos.

Históricamente, sabemos que las pestes más devastadoras experimentadas por el hombre han sido transmitidas por los animales. Semejantes pestes no están ocurriendo ahora, debido a las medidas sanitarias, a la ciencia médica y a las medidas de seguridad que separan “lo civilizado” de lo “no civilizado”. Mas el potencial para una epidemia siempre está allí, latente y listo para brotar cuando las condiciones de protección se debiliten.

Actualmente la emergencia sanitaria por el ébola en la República Democrática del Congo, es un ejemplo claro de una situación que podría desbordarse y resultar en una peste de proporciones mundiales.

“Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:22).

Oremos para ser tenidos por dignos de escapar de todas “estas cosas”. Oremos en todo tiempo por el pronto establecimiento del Reino de Dios. Oremos siempre porque termine pronto el sufrimiento de la humanidad y llegue la redención de los santos hijos de Dios.

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