Vida, Esperanza y Verdad

¿Qué hay detrás de la toma del Capitolio de los Estados Unidos?

La toma del Capitolio, el edificio que alberga las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos, se ha sumado a la lista de los días más oscuros de la historia de ese país. ¿Qué hay detrás de la polarización cada vez más violenta en el país norteamericano?

Manifestantes frente al edificio del Capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de 2021 (AP Photo/Lev Radin).

El miércoles 6 de enero de 2021, una turba arrolló a la policía que custodiaba el edificio del Capitolio de los Estados Unidos en Washington, D.C., donde el Congreso se reunía para confirmar los votos del Colegio Electoral y definir la elección del presidente del país. La multitud se abrió paso a la fuerza y ​​se apoderó de gran parte del edificio. Los legisladores fueron evacuados rápidamente a un lugar seguro.

Las ventanas fueron rotas y las oficinas fueron saqueadas antes de que se reestableciera el orden. Se reportaron cuatro muertes entre la multitud, incluida una mujer baleada que intentaba entrar a la fuerza en un área donde se refugiaban los legisladores. Un policía murió más tarde a causa de las heridas que recibió al lidiar con un atacante.

Esta es la primera vez que el Capitolio ha sido asaltado con éxito desde que los “casacas rojas” británicos lo quemaron en 1814 (durante la guerra de 1812). 

El impacto de este evento se extendió rápidamente por todo el mundo. Los líderes mundiales que son amigos de Estados Unidos miraron horrorizados este vergonzoso hecho y se preguntaron si esa creciente confusión se extendería a todo el mundo. Por otro lado, los enemigos de Estados Unidos se frotaron las manos con júbilo mientras planeaban aprovechar esta distracción, desorden y desunión. Las naciones no democráticas rápidamente se lanzaron a la burla, al mencionar que el republicanismo al estilo estadounidense no funciona. 

¿Qué significa esto para los Estados Unidos? ¿Cómo se llegó a esta humillante situación? ¿Hacia dónde irán las cosas desde ahora? 

Una lección del pasado 

El 27 de enero de 1838, Abraham Lincoln se dirigió al Liceo de Jóvenes de Springfield, Illinois y le habló del tema "La perpetuación de nuestras instituciones políticas". Varias frases de este discurso son sorprendentes a la luz de los disturbios, la destrucción de propiedades y las muertes violentas del año pasado… y especialmente el asalto al Capitolio. 

Lincoln dijo: “¿En qué momento podríamos estar en peligro? ¿Por qué medios nos fortaleceremos contra él? ¿Esperaremos que algún gigante militar transatlántico pise el océano y nos aplaste de un golpe? ¡Nunca! Todos los ejércitos de Europa, Asia y África combinados, con todo el tesoro de la tierra (excepto el nuestro) en su cofre militar; con un Bonaparte como comandante, no podría por la fuerza, tomar un trago de agua del río Ohio, o hacer una pista en el Blue Ridge, aunque lo intenten por mil años. ¿En qué momento, entonces, podríamos esperar que venga un peligro? Respondo: si alguna vez sucede, debe surgir de entre nosotros mismos. No puede venir desde el extranjero. Si la destrucción es nuestro destino, debemos ser nosotros mismos sus autores y consumadores. Como nación de hombres libres, debemos vivir todo el tiempo o moriremos por suicidio". 

Pasos hacia el suicidio nacional

El señor Lincoln continuó describiendo de qué forma podría llegar ese suicidio: “Espero ser cauteloso; pero si no lo soy, hay, incluso ahora, algo de mal agüero entre nosotros. Me refiero al creciente desprecio por la ley que impregna el país; la creciente disposición a sustituir con pasiones salvajes y furiosas, en lugar del juicio sobrio de los Tribunales; y lo peor son las turbas salvajes, por sobre los ministros ejecutivos de justicia. Esta disposición es tremendamente aterradora en cualquier comunidad; y que ahora existe en la nuestra, aunque sea irritante para nuestros sentimientos admitirlo. Los relatos de atropellos cometidos por turbas conforman las noticias diarias de nuestro tiempo". 

Lincoln se estaba refiriendo a las pasiones divisivas que despertó la esclavitud, que dos décadas más tarde condujeron a la Guerra Civil. Esa guerra resultó en la muerte de 620.000 hombres, el 2 por ciento de la población estadounidense y, en última instancia, en el propio asesinato de Lincoln.

El desafío al estado de derecho, el odio por quienes tienen opiniones diferentes, y el derecho auto-concedido a recurrir a la violencia, fue una catástrofe en la década de 1860. Parecería que ahora, nuevamente, las mismas cosas pueden traer una catástrofe. Somos testigos de la acción incontrolada de la multitud con una frecuencia cada vez mayor. A veces, incluso, los hechos violentos son justificados por funcionarios electos. Cada vez más estadounidenses están dispuestos a herir, incluso matar, a sus conciudadanos por opiniones políticas. 

En 1858, Abraham Lincoln presentó otro importante discurso citando a Jesús: "Una casa dividida contra sí misma no permanecerá".

Ahora es imposible escapar al hecho de que Estados Unidos es una casa dividida. En estos últimos tiempos, el país se ha dividido casi por la mitad, aunque algunos observadores creen que hay una división entre tres: dos partidos políticos y los seguidores de un hombre. Las divisiones surgen de la política basada en valores cada vez más dispares, y en diferentes miedos, todos avivados por los medios de comunicación partidistas. Cada vez vemos más violencia en las calles, y ahora incluso en lo que deberían ser las respetadas salas del Capitolio. 

Los eventos recientes están siendo utilizados por los medios de comunicación para combinar hechos con opiniones y proponer puntos de vista alternativos no sólo de la política, sino de la realidad, de la naturaleza de la sociedad, de la ciencia, de la historia e incluso de la biología humana. 

La decadencia de la verdad 

El término posverdad se utiliza para describir a una sociedad donde los hechos ya no importan mucho y donde las opiniones y las emociones se toman como irrefutables. 

En 2018, la RAND Corporation publicó un informe titulado: “La decadencia de la verdad: investigación inicial del papel cada vez menor de los hechos y el análisis en la vida pública estadounidense”. El informe dice: “hay un creciente desprecio por los hechos y los datos en el discurso político y civil de Estados Unidos. Parece que, de manera creciente, los debates políticos importantes, tanto dentro del gobierno federal como entre el electorado, tienen tanta probabilidad de depender de opiniones o anécdotas como de hechos objetivos o análisis rigurosos” (p. III). 

Un artículo en el Christian Science Monitor del 19 de noviembre de 2020 titulado "La política de la posverdad: Trump presiona por 'fraude' y los partidarios eligen su propia realidad" incluye una cita del republicano Al Schmidt, un comisionado de la ciudad de Filadelfia, quien le dijo a CNN que él entiende que algunos están felices y otros están molestos por los resultados de las recientes elecciones presidenciales. "Una cosa que no puedo comprender", continuó, "es el hambre que tiene la gente de consumir mentiras". Ni más ni menos. 

Las mentiras pueden parecer reconfortantes. Parecen aliviarnos de enfrentarnos a hechos desagradables. Pero la Biblia dice que mentir nunca es bueno. Las mentiras son del adversario. Dios no puede mentir (Tito 1:2). Pero de Satanás, Jesús dijo: “Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44).

Apocalipsis 22:15 habla de una categoría de personas a las que no se les permitirá entrar en el Reino de Dios: "todo aquel que ama y hace mentira". Hacerlo nos pone en oposición directa a Dios, cuya palabra es verdad (Juan 17:17). 

El hecho de que tantos estadounidenses sean arrogantes acerca de la verdad, e incluso amen las mentiras, indica cuán profundamente ha caído la nación bajo el dominio de Satanás. En la realidad de Dios, la verdadera realidad, no hay negociación con la verdad. Simplemente hay verdad, y Dios finalmente no permitirá transigir con ella. 

Estas malas tendencias se han ido construyendo durante décadas y, en algún momento, alcanzarán un crescendo final y terrible. 

¿Cómo llegamos a esto? 

Todo comenzó cuando, como nación, empezamos a rechazar  a Dios, cuya bendición pidió esta nación en su fundación, a quien hemos pedido ayuda y guía muchas veces, ante quien nuestros antepasados ​​prometieron esforzarse para hacer de éste un país cristiano. 

Ahora hemos rechazado su Palabra, que algunos ahora maldicen abiertamente. En nuestra vanidad vivimos la presunción de que sabemos cómo vivir mejor, en donde nada está prohibido.

Buscan a tientas un camino seguro pero no pueden encontrarlo. Ningún partido político o líder puede solucionar este problema.Al antiguo Israel, Dios le explicó una maldición que resultaría si lo abandonaban a Él y a sus instrucciones: “El Eterno te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu; y palparás a mediodía como palpa el ciego en la oscuridad, y no serás prosperado en tus caminos; y no serás sino oprimido y robado todos los días, y no habrá quien te salve” (Deuteronomio 28:28-29).

Así está Estados Unidos como nación ahora: cada vez más ciegos, locos y confundidos. Buscan a tientas un camino seguro pero no pueden encontrarlo. Ningún partido político o líder puede solucionar este problema.

Dios le habla a nuestra nación hoy, como lo hizo con la antigua Judá, a través del profeta Isaías: 

“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!" (Isaías 5:20-21). 

¿Existe una solución? 

La solución es simple, pero no es sencilla. Todos debemos volvernos al Dios de la Biblia. Estados Unidos y todas las naciones deben reconocer y arrepentirse de sus pecados nacionales: del orgullo, la injusticia, envidia, violencia, lujuria, presunción y arrogancia. 

Un día nacional de oración y ayuno sería un buen comienzo para Estados Unidos. En medio de la brutal Guerra Civil estadounidense, Abraham Lincoln proclamó un día así. Él dijo: “Con este anuncio designo y aparto el jueves 30 de abril de 1863 como día de humillación nacional, ayuno y oración. Y por la presente pido a todo el pueblo que se abstenga, en ese día, de sus actividades seculares ordinarias, y que se una, en sus diversos lugares de culto público y sus respectivos hogares, para guardar el día de ayuno y consagrarlo al humilde cumplimiento de los deberes religiosos propios de la solemne ocasión”. 

Dos meses después, en Gettysburg, la marea de la guerra cambió de manera decisiva, aunque muchos más hombres iban a morir antes de que prevaleciera la paz y se restableciera la Unión. 

Dios quiere perdonar nuestros pecados, tanto personales como nacionales. Lo hará si nos volvemos a Él, nos arrepentimos y amamos la verdad y los unos a los otros.

Hay dos posibles escenarios futuros ante Estados Unidos, tal como Dios se lo dijo a Judá en el tiempo de Isaías: “Venid luego, dice el Eterno, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca del Eterno lo ha dicho” (Isaías 1:18-20).

Judá eligió equivocadamente y fue devorado por la espada, aunque Dios misericordiosamente perdonó a un remanente. Parece poco probable que Estados Unidos se arrepienta como nación, pero todavía hay tiempo. Incluso si la nación no se arrepiente, usted puede hacerlo.

En cualquier caso, el tiempo corre y lo más seguro es que llegará el momento de rendir cuentas.

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