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Se tambalea la economía mundial

Por Jorge Iván Garduño

La economía mundial podría colapsar en cualquier momento. Un sinfín de naciones, si no todas, se suman a los riesgos financieros de los últimos tiempos, unas en mayor medida que otras. Todas las economías mundiales están en riesgo. ¿Por qué?

Los argentinos sienten en la piel la inminencia de una gran crisis económica. Es una sensación que insinúa que algo no anda bien tras la calma de un día cualquiera. El malestar crece poco a poco hasta que se transforma en preocupación y luego en angustia. La realidad, finalmente, termina dándoles la razón. Esta vez llevan tiempo con la piel erizada, atentos a una nueva debacle. En las calles de Buenos Aires se respira crisis.

Las Bolsas europeas vivieron hace pocos días una jornada negra. Las Bolsas estadounidenses vivieron una tarde todavía más pesada, con una caída que rondó el 3 por ciento en el Dow Jones y otra del 2,9 por ciento en el S&P. Mientras que en Europa tenían puesta la mirada en los malos datos económicos que presentó Alemania. En Estados Unidos todos los analistas hablan de un fenómeno mucho más técnico y que ha hecho que cunda el nerviosismo entre los inversores: cuando en el mercado se pagan más intereses por la deuda a corto plazo que a largo plazo, los nervios se desatan.

La economía mundial podría colapsar en cualquier momento, literal, ¡en cualquier momento! México, Brasil, China, y un sinfín de naciones, si no todas, se suman a este riesgo financiero, unas en mayor medida que otras. Todas las economías mundiales están en riesgo. ¿Por qué? Porque simplemente son economías humanas imperfectas y sustentadas en el deseo de obtener desmedidamente cosas físicas que no perduran.

Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, así como la amenaza del Brexit, comienzan a pasar sus primeras facturas a una economía mundial endeble. Desde luego, para las economías más dependientes de las exportaciones, este hecho está mucho más marcado. El caso de Alemania es el más obvio. En el segundo trimestre de este año, su PIB se contrajo un 0,1 por ciento. Desde mediados del año pasado han surgido elementos que dan señales de un riesgo inminente y, a pesar de una política monetaria laxa y una evolución del tipo de cambio del euro favorecedor de las ventas al exterior, las economías europeas siguen acusando el repliegue del comercio internacional. Alemania, la verdadera locomotora de Europa, acabará arrastrando al resto de las economías europeas (y del mundo). Los indicadores de crecimiento para el conjunto de la Unión Europea, en este mismo momento, dejan pocas dudas de la desaceleración. ¡Ya está en efecto la desaceleración!

Los temores a una recesión están siendo apoyados por los indicadores y por unos mercados financieros inquietos. Europa y Estados Unidos ya están brindando registros de menor crecimiento de sus economías.

Estamos ante un escenario mundial donde el riesgo de perderlo todo económicamente, es real. Sin embargo, algo que la mayoría de la población mundial no aprende nunca, o demasiado tarde, es el correcto manejo de las finanzas.

Cuando al fin llegamos a la edad en que nos podemos independizar económicamente de nuestros padres, no tenemos ni la menor idea de lo que nos espera. Una vez independizados, casi todos vivimos en una lucha constante por equilibrar nuestros gastos con nuestros ingresos.

Una constante que vivimos y a la que nos enfrentamos, es la generalización del uso de las tarjetas de crédito, de las divisas plásticas, y que, por falta de carácter, las mal utilizamos o simplemente las consideramos una extensión de nuestros ingresos. Esto no debe ser así. Si bien las economías del mundo están en riesgo y no podemos hacer gran cosa por esa situación a nivel macroeconómico, sí podemos generar grandes cambios a nivel personal y familiar que impacten de manera positiva en nuestra economía privada, y prepararnos adecuadamente para las recesiones que están a la vuelta de la esquina.

Antes de que usted se endeude al tope, o por si acaso ya está en deudas serias, aquí le comparto algunos consejos para que comience a sanear su bolsillo:

  • Haga un presupuesto. ¿Cuánto gana vs. cuánto gasta? El presupuesto puede ser semanal o quincenal. No le recomiendo mensual, porque si no está acostumbrado a llevar a cabo la planeación de sus finanzas, va a ser un problema pesado al comienzo. Ahora que usted sabe cuánto gana y cuánto gasta, reduzca los gastos excesivos, es decir, evite comprar aquello que no necesita. La pregunta del millón es: ¿puedo vivir sin eso? Entonces, no lo compre.
  • Primero lo primero. Aparte, por porcentajes, el dinero necesario para pagar lo más indispensable: la comida, luego la renta o hipoteca y los servicios. Finalmente, no se olvide de la ropa, accesorios y hasta el entretenimiento. Todo gasto debe ser planeado. Al principio es complicado, pero será divertido y luego será un hábito.
  • Ahorre. No sólo se puede ahorrar dinero. Piense: ¿y si dejara de pagar tanto de lavandería, luz, agua o gas? Si usted es más cuidadoso con lo que desperdicia, a final de mes puede llevarse gratas sorpresas.
  • La tarjeta de crédito no es un regalo. Si no cuenta con el dinero en efectivo para adquirir zapatos, ropa o una pantalla, lo peor que puede hacer es “dar el tarjetazo”. Terminará pagando más del doble de lo que cuesta el producto que adquirió. Siempre será mejor esperar un poco más para comprar sin endeudarse.

… Pero lo más importante de todo

Dios es un Dios de amor. Él conoce nuestras necesidades, se interesa y preocupa por nosotros. No es egoísta, sino que vela por nuestros intereses y bienestar. Por tanto, ha creado una ley para regular aquella porción de los bienes que Él nos da.Dios es un Dios de amor. Él conoce nuestras necesidades, se interesa y preocupa por nosotros. No es egoísta, sino que vela por nuestros intereses y bienestar. Por tanto, ha creado una ley para regular aquella porción de los bienes que Él nos da.

Nuestra paga, nuestro salario, nuestras ganancias, nuestros ingresos pertenecen a Dios, no a nosotros. Dios es dueño de todo aquello en que trabajamos y que ayudamos a producir (Job 41:11; Salmos 24:1-2; 1 Corintios 10:26; Deuteronomio 10:14; Éxodo 19:5; Salmos 50:10-12; Hageo 2:8). No podríamos producir nada sin la materia que Dios creó, sin hacer uso de sus leyes, las fuerzas y las energías que Él puso en funcionamiento.

Por tanto, Dios tiene derecho a tomar y disponer a su entera voluntad aun de lo que consideramos nuestro salario. La ley del diezmo es la solución a nuestros problemas económicos. La humanidad pronto lo sabrá, mientras tanto, nosotros podemos poner en práctica, en fe, esta ley.

Honra al Eterno con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Proverbios 3:9-10).

El mundo entero necesita este conocimiento con urgencia. La humanidad vive bajo una maldición porque ha estado robándole a Dios. Y, con ello, se ha negado a sí misma la posibilidad de saber por qué está en caos, por qué está en guerra, por qué no disfruta de paz, por qué la vida le parece vacía, colmada de sufrimiento e infelicidad, de frustración y muerte.

Todas las leyes de Dios fueron hechas para el bien del hombre. La obediencia a estas leyes, trae bendiciones. Cuando las violamos, solamente nos acarreamos problemas.

“Y vendré a vosotros para juicio; y seré pronto testigo contra los hechiceros y adúlteros, contra los que juran mentira, y los que defraudan en su salario al jornalero, a la viuda y al huérfano, y los que hacen injusticia al extranjero, no teniendo temor de mí, dice el Eterno de los ejércitos. Porque yo el Eterno no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho el Eterno de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda (el mundo entero, esta sociedad, este sistema), me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice el Eterno de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:5-10).

La ley del diezmo no ha sido abolida, sigue vigente. La sociedad entera conocerá esta ley cuando Jesucristo regrese, porque es la única solución para los problemas económicos del mundo entero. Mientras tanto, debemos aplicarla en nuestra economía personal y familiar, en combinación a un buen manejo de nuestras finanzas personales. Sólo así podremos estar preparados para los embates económicos que se avecinan.

Le recomendamos nuestro artículo “La Biblia, su dinero y usted” para estudiar los principios de la administración de su dinero.

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