Vida, Esperanza y Verdad

¿Seremos mejores personas después del Coronavirus?

Por Sergio Carvajal

Muchos comentarios en el internet proponen un mensaje optimista para el mundo, diciendo que luego de que termine esta pandemia, la sociedad será mejor y las personas serán mejores.

Las naciones envían constantemente mensajes positivos diciendo: “saldremos juntos de todo esto” … y es posible que sí salgamos de esta crisis. Pero planteémonos seriamente esta pregunta: ¿realmente el mundo será mejor después y como consecuencia del Coronavirus?

Al mismo tiempo que el mundo busca la forma de trabajar unidos para salir de esta pandemia global, la crisis de desconfianza entre organismos mundiales sigue creciendo.

Este martes en Estados Unidos, el presidente Donald Trump, anunció que decidió suspender la contribución financiera de su país a la OMS, debido a su "mala gestión" de la pandemia. Dijo: "Hoy ordeno a mi gobierno la suspensión del financiamiento de la Organización Mundial de la Salud, mientras se lleva a cabo un estudio para examinar el rol de la OMS en la mala gestión y el encubrimiento de la propagación del coronavirus", declaró en la conferencia de prensa.

En medio de esta pandemia, crece la desconfianza hacia la OMS y muchos gobiernos tratan de tomar las mejores decisiones posibles en sus paises, pero con gran temor a una recesión financiera, de la cual no están seguros cómo van a salir.

La pandemia avanza, y a medida que la cifra de fallecidos siga subiendo, el nivel de desconfianza e inconformidad a las medidas para frenarla seguirán en ascenso, y uno se seguirá preguntando: ¿qué es lo que hará que este mundo sea mejor despues del coronavirus?

El mundo difícilmente aprende las lecciones

Lo cierto es que tenemos un mal en común como sociedad: olvidamos las lecciones aprendidas con mucha facilidad y muy rápidamente decidimos vivir nuestras vidas de manera individualista, confiando en nuestras propias decisiones y buscando nuestros propios intereses. Lo vemos a diario en las noticias, en el comportamiento social, en los anuncios presidenciales, en las declaraciones de prensa, en los intereses económicos, etcétera.

Seamos realistas y preguntémonos lo siguiente: ¿tenemos verdaderamente la capacidad de cambiar al mundo? ¿Lo lograremos después de esta pandemia? ¿Existe verdaderamente la “voluntad” de cambiar”? O ¿todo esto es sólo otro espejismo basado en declaraciones de buenas intenciones, pero que al final no pasará más de eso?

Los intereses económicos son lo más importante

En las próximas semanas veremos cómo el mundo tratará de rápidamete ponerse en marcha y recuperar, a propia conveniencia, cada una de sus economías internas. Al mismo tiempo veremos como habrá un aprovechamiento de oportunidades y también muchos cuestionamientos de si esta pandemia fue creada con el objetivo de crear un “nuevo orden mundial”.

Lo cierto es…

Lo cierto es que mucho más allá de lo que nuestros ojos puedan ver y nuestros conocimientos puedan explicar, el mundo sigue adelante, de acuerdo a los designios que Dios ha trazado.

Vivimos las consecuencias de nuestros propios errores. Las profecías siguen adelante y ahora mas que nunca estamos viendo ante nuestros propios ojos cómo cada una de los acontecimientos narrados en los evangelios de Mateo y Lucas, junto a lo descrito en el libro de Apocalisis, se está desarrollando sin que nada falte.

El mundo vive días de incertidumbre, crisis de pánico colectivo, miedos, tristezas, muerte, desesperanza, dolor, violencia e inestabilidad. Son pocos los que verdaderamente están tratando de sacar lecciones profundas que les hagan ser mejores personas, aprovechar tiempo de calidad con sus familias, ayudar al prójimo, cuidar de los ancianos, amparar a la viuda, etcétera.

Entonces, ¿qué haremos?

Estamos claros que nosotros no podremos cambiar a este mundo. No tenemos la capacidad y no hay unión de voluntades para hacerlo. Pero, aun así, el mundo necesita un verdadero cambio. Entonces, ¿qué hacer?

Son pocos los que verdaderamente están tratando de sacar lecciones profundas que les hagan ser mejores personas, aprovechar tiempo de calidad con sus familias, ayudar al prójimo, cuidar de los ancianos, amparar a la viuda, etcétera.El apóstol Pedro, en su primer discurso acerca de la vida, obra y muerte de Jesucristo, les declaró de manera clara y enfática los errores, la injusticia y el crimen que habían cometido en contra de nuestro Salvador.  En Hechos 2:36 dice: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo”.

Ante ello, los varones judíos, al darse cuenta del gran error que habían cometido y que no tenían ninguna excusa, quedaron “choqueados” e impávidos al no saber qué hacer. No obstante Dios inspiró al apóstol Pedro a darles la solución para cambiar verdaderamente sus vidas. Hechos 2:37-39 dice: “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”.

El mundo entero tiene en frente las señales que Dios entregó en los Evangelios, en Daniel y en Apocalipsis, para que quizás se arrepientan de su mal camino, pero la verdad es que sólo muy poquitos están atendiendo a esas señales y se están arrepintiendo y haciendo cambios profundos en sus vidas. Estos pocos están atendiendo al llamado de Dios para cambiar sus vidas y preparándose para cambiar al mundo, cuando Jesucristo retorne a la Tierra por segunda vez.

Las lecciones de la Pascua bíblica

Hace unos días varios de nosotros llevamos a cabo la conmemoración de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo en la ceremonia de la Pascua. Gracias a su santo sacrificio, hoy comprendemos mejor lo que significa la verdadera comunión que debemos tener con Cristo, con Dios el Padre, pero también con cada uno de nosotros.

Jesucristo hizo la obra más grande que jamas se haya hecho sobre la faz de esta Tierra. A través de su sangre y su carne, Dios nos da oportunidad de perdón y vida eterna, no solamente para unos pocos, sino tambien para toda la humanidad, a su debido tiempo. ¿Qué tanto comprendemos y reflexionamos en lo enorme que todo esto significa?

La Fiesta de Panes Sin Levadura

Por otra parte, la Fiesta de los Panes Sin Levadura, nos ha enseñado la necesidad de tomar conciencia que no podemos ser cristianos sólo de sábado o unos pocos días especiales al año. Necesitamos girar nuestras vidas a ser cristianos de 24/7. Necesitamos comer a diario del verdadero pan de vida que es Cristo y toda la Palabra de Dios. Deuteronomio 8:3 dice: “Y te afligió, y te hizo tener hambre, y te sustentó con maná, comida que no conocías tú, ni tus padres la habían conocido, para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca del Eterno vivirá el hombre”.

Hoy tenemos el desafío de mostrar nuestra obediencia y fidelidad a Dios, y de aprovechar el poco tiempo que nos queda, antes de que Cristo venga, para estar verdaderamente preparados y con nuestras lámparas encendidas y con abundante aceite, como símbolo del Espíritu Santo, para estar despiertos y prestos para nuestro encuentro con Jesucristo, cuando retorne a la Tierra a instaurar un nuevo orden mundial que no tendrá fin, el Reino de Dios.

El mundo seguirá adelante buscando su propio camino y su propio bienestar individualista. Sólo la venida de Jesucristo dará lugar a una transformación y sanidad de la humanidad en general, no sólo en sus pensamiento o intenciones, sino también en sus conciencias, su forma de vivir y obrar.

No nos queda mucho tiempo como sociedad. Aprovechémoslo bien.

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Poco antes de que Jesús muriera, Él exclamó en arameo una cita del Salmo 22:1: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (NTV). ¿Qué significan para nosotros los eventos que rodearon su muerte?

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