Vida, Esperanza y Verdad

Tres razones por las que el cristianismo y la política son incompatibles

Por Erik Jones y Daniel Campos

Protestas y movilizaciones se recrudecen en América Latina. En el año 2021 hay programados diversos procesos electorales. ¿Son compatibles con el cristianismo las prácticas que vemos en la política? ¿Existen en la política peligros espirituales para los cristianos?

Muchos analistas consideraban que países como Chile, Perú, Bolivia y Colombia eran de los más estables política y económicamente en América Latina. Sin embargo, en 2019 estuvieron involucrados en serios enfrentamientos y convulsiones sociales. Un desconocido virus que llegó desde la lejana China para el otoño de este año frenó temporalmente las protestas, pero sumó una crisis sanitaria a las crisis económicas y políticas. Si bien el Covid-19 está lejos de ser un recuerdo, actualmente las protestas se han reiniciado y el paso de los meses nos acerca a nuevos procesos electorales y altos grados de politización.

En medio de la pandemia, algunas autoridades postergaron algunas votaciones, citando riesgos para la salud. Sin embargo, en Venezuela se acudirá a las urnas en diciembre para elegir nuevos parlamentarios en elecciones cuestionadas por la oposición más extrema. En Perú, luego de la polémica disolución del Congreso, hay elecciones parlamentarias programadas para enero. El próximo año también habría elecciones de legisladores en Argentina y México, y habrá elecciones presidenciales en países como Ecuador (en enero), Honduras, Perú, Nicaragua y Chile.

Ante este panorama que agita las pasiones y supuestas esperanzas de multitudes, cabe preguntarnos: ¿Son compatibles las prácticas políticas de este mundo con las Escrituras?

La triste realidad es que las prácticas políticas de este mundo están llenas de lo que la Biblia llama carnalidad. La mente carnal se describe como "enemistad contra Dios" y "no sujeta a la ley de Dios" (Romanos 8:7). Esencialmente, la carnalidad es vivir y comportarse di tomar en cuenta la influencia de Dios.

Entonces, ¿hay algo que podamos aprender al analizar las prácticas de nuestros políticos? De hecho, lo hay. Una de las cosas interesantes de la Biblia es que a menudo enseña principios espirituales a través del mal ejemplo de las personas.

Hay algunas lecciones importantes que podemos aprender al examinar las prácticas de los políticos, para esforzarnos en hacer lo contrario. Esta lista también debería hacernos detener y considerar si podemos participar o no en los procesos políticos.

Tres estrategias para ser elegido presidente

1. Busque, exponga y ataque las fallas de su oponente. De esa manera usted se verá superior.

En el mundo de la política, parece que una persona no puede ser elegida centrándose sólo en sus ideas positivas y su visión del país. Aunque los candidatos a menudo afirman que van a realizar una campaña constructiva, la realidad es que casi todos los candidatos se involucran en ataques contra sus oponentes, a veces directamente y otras veces a través de sustitutos.

Solemos ver a los candidatos intentar desacreditarse mutuamente atacando y exponiendo supuestos actos de corrupción, fracasos pasados ​​y defectos de carácter. Si es posible no se vacilará en buscar artilugios legales para lograr la proscripción del adversario.

No importa si alguien es presidente o se postula para el cargo. Responder al mal con maldad es un comportamiento carnal.No importa si alguien es presidente o se postula para el cargo, responder al mal con maldad es un comportamiento carnal. Pero este comportamiento es totalmente contrario a cómo Dios espera que vivan sus seguidores. En lugar de atacar y burlarnos de nuestros enemigos, Jesús enseñó un concepto revolucionario: “Amad a vuestros enemigos” (Lucas 6:27). Incluso mostró cuán serio este asunto es, al dar el ejemplo extremo de que debemos mostrar bondad a un enemigo que nos ataca o nos roba (versículo 29).

Desafortunadamente, en política, los ataques a los personajes suelen ser recíprocos. Cuando un candidato ataca, el otro candidato responderá con otro ataque, a menudo incluso más cruel y personal.

Pero este tipo de comportamiento es incorrecto. Punto. No importa si alguien es presidente o se postula para el cargo. Responder al mal con maldad es un comportamiento carnal. Note estas escrituras:

  • “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres” (Romanos 12:17).
  • “Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos” (1 Tesalonicenses 5:15).
  • “No devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición” (1 Pedro 3:9).

Trágicamente, es prácticamente imposible postularse para un alto cargo en nuestro mundo actual y al mismos tiempo practicar genuinamente este principio bíblico, aun cuando aquellos que viven según este principio son el tipo de personas que necesitamos como líderes.

En Gálatas 5:19-21, el apóstol Pablo enumeró los rasgos que etiquetó como "las obras de la carne". Esencialmente, son ejemplos de carnalidad que se encuentran en los seres humanos. Considere cómo algunos de ellos se relacionan perfectamente con nuestra política actual:

Enemistades: ¿Vemos buena voluntad y simpatía en nuestra política, o los oponentes políticos a menudo expresan abiertamente enemistad y desprecio mutuos?

Contiendas: ¿Los políticos se involucran en contiendas mediante ataques y calumnias?

Disensiones: ¿No se trata, en la política, de organizarse contra aquellos que piensan diferente?

Envidias: ¿No envidian tanto los políticos al oponente de tal manera que están dispuestos a destruir la reputación del otro de cualquier forma que puedan?

Entonces, ¿cuál es la lección para usted y para mí?

Si hay una persona con la que no estamos de acuerdo, o consideramos que es nuestro oponente (o enemigo), no debemos participar en ataques ni manchar su reputación. En cambio, debemos practicar la bondad y el perdón. El apóstol Pablo escribió: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación” (Efesios 4:29).

Investigar los errores pasados ​​de un oponente y pregonar esos errores en anuncios y discursos para desacreditar al oponente no es una "necesaria edificación". El enfoque cristiano apropiado es: “El que cubre la falta [del otro] busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo” (Proverbios 17:9).

¿Podemos imaginarnos a uno de los candidatos presidenciales descubriendo un error o falla en el pasado de su oponente y decidiendo intencionalmente practicar este principio y dejarlo en el pasado, sin usarlo para un ataque? Ese escenario parece imposible de imaginar. Sin embargo, es un estándar por el que Dios espera que vivamos.

Desafortunadamente, los políticos probablemente afirmarían que lo anterior no se puede aplicar de manera realista en la política moderna, y probablemente tengan razón. Por eso los cristianos deben evitar, con buena conciencia, participar en cualquier parte de los procesos políticos.

2. Ignore sus debilidades y niegue que está equivocado.

Si alguna vez usted ha visto un debate presidencial, puede ver muy claramente cómo los candidatos responden a los ataques a su carácter y a sus y antecedentes. Es muy simple:

  • No reconozca ni aborde el problema que se planteó.
  • Contrarreste y ataque con un defecto aún mayor de su oponente.

Cuando nos enfrentamos a malas acciones genuinas de nuestra parte, debemos ser introspectivos y considerar cuidadosamente si hay verdad en la acusación.Lamentablemente las reacciones clásicas naturales, cuando nos enfrentamos a nuestros propios errores son ignorar y desviar el tema.

Este enfoque se remonta a los primeros seres humanos. Cuando Dios confrontó a Adán por comer del fruto prohibido, su primera respuesta fue ignorar su pecado y desviar la responsabilidad al enfocarse en supuesta mayor culpa de su esposa (Génesis 3:12). Eva, igualmente, trató de desviar su propia culpa hacia a la serpiente (versículo 13).

Entonces, ¿cuál es la lección para usted y para mí?

Cuando nos enfrentamos a malas acciones genuinas de nuestra parte, en lugar de intentar desviar la atención, acusando los errores de otra persona, debemos ser introspectivos y considerar cuidadosamente si hay verdad en la acusación. Si de hecho la hay, debemos admitir nuestra maldad y comprometernos genuinamente al verdadero arrepentimiento y cambio: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13).

Para obtener más orientación sobre cómo aplicar esta lección, lea "Cómo disculparse" y " ¿Cómo debemos arrepentirnos?".

3. Cuando sea necesario, mienta.

Mentir es normal para ser parte de la postulación a un cargo político. A menudo, cuando los candidatos se enfrentan a algo positivo sobre su oponente, responderán con una fabricación de los hechos. Ellos tergiversarán el hecho positivo sobre su oponente para presentarlo como algo negativo.

Y cuando se enfrentan a su propio pasado o algo negativo sobre ellos mismos, lo embellecerán para presentarlo como un éxito, culparán por completo a factores fuera de su control o se negarán a reconocer que alguna vez sucedió.

Para aquellos que se toman la Biblia en serio, mentir nunca debe considerarse necesario. Incluso cuando los candidatos no mienten directamente, a menudo permiten que sus subordinados y partidarios difundan falsedades.

Para aquellos que se toman la Biblia en serio, la mentira nunca debe considerarse necesaria¿Podrían los candidatos competir seriamente por puestos más altos en el mundo de hoy si estuvieran decididamente comprometidos a decir la verdad en todo momento (y exigiendo el mismo estándar de sus subordinados y partidarios)? La triste verdad es que probablemente sea imposible.

Pero para aquellos que se toman la Biblia en serio, la mentira nunca debe considerarse necesaria. Entendemos que los Diez Mandamientos lo definen como pecado (Éxodo 20:16). Hay muchos pasajes de las Escrituras que enfatizan lo importante que es para nosotros ser siempre honestos y veraces en nuestras comunicaciones. A continuación, presentamos algunos:

  • “El testigo falso no quedará sin castigo, y el que habla mentiras perecerá” (Proverbios 19:9).
  • “Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad cada cual con su prójimo” (Zacarías 8:16).
  • “Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15).
  • “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros” (Efesios 4:25).

No podemos controlar lo que hacen nuestros líderes, pero podemos comprometernos con este estándar y esforzarnos siempre por ser honestos y veraces en lo que decimos. Para obtener más información sobre el tema de la mentira, lea nuestro artículo "¿Mentir o decir la verdad?"

La alternativa a la política

Una triste realidad de nuestra sociedad es que para obtener un cargo electo, uno debe tener un comportamiento no cristiano. Acabamos de mostrar esto con tres ejemplos, pero se podrían citar muchos más. La realidad es que la política moderna y el cristianismo son completamente incompatibles. Esta es una de las razones por las que Jesús dijo: “Mi reino no es de este mundo” (Juan 18:36).

Debido a que Jesús fue totalmente fiel a la verdad y la justicia, permaneció separado de la política de su época.

La sociedad de Judea en el primer siglo estaba tan dividida políticamente como nuestro mundo de hoy, en cierto sentido, incluso más. En lugar de sólo dos partes luchando entre sí, Jesús vivió en una sociedad que tenía muchas facciones luchando por influencia y poder. Tenían una extrema derecha (los fariseos) y una extrema izquierda (los herodianos), así como grupos radicales (zelotes) y grupos ultraconservadores marginales (los esenios).

Pero Jesús (y sus discípulos) trabajaron y operaron completamente fuera del espectro político. Ellos predicaron el Reino de Dios, totalmente fuera de la política de este mundo (Mateo 6:33; Marcos 1:15; Lucas 16:16).

No sólo debemos comprometernos con el mismo estándar de Jesucristo, sino también debemos considerar que la Palabra de Dios nos advierte: "No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas" (Efesios 5:11).

Es por eso que nuestra página de Vida, Esperanza y Verdad evita la política y, en cambio, proclama que el mensaje del Reino de Dios, el cual Jesús dijo que "no es de aquí". Este es un mensaje acerca de un nuevo gobierno justo que se establecerá con el regreso de Jesucristo.

Ese gobierno pondrá fin a la mezquina política de hoy y la reemplazará con un gobierno basado en la verdad, la justicia y la paz verdadera.

Para obtener más información acerca de cómo Jesús piensa de la política moderna, lea "¿Por quién votaría Jesús?"

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