Vida, Esperanza y Verdad

Vivir cerca o lejos de Dios

Por Álvaro Matamala

Desde Adán y Eva la humanidad voluntariamente se alejó de Dios y no pensó en las consecuencias de ese alejamiento. El sufrimiento actual de nuestra sociedad tiene mucho que ver con aquella triste decisión. ¿Qué haremos al respecto nosotros los creyentes?

“Parece que estoy hablando solo, es como si le orara a la pared, Dios me parece muy lejano a veces”. Esta dificultad para sentir a Dios cerca de nosotros es una de las quejas más frecuentes en la vida de los creyeres y es el terreno propicio para las dudas e incluso las crisis de fe.

En un mundo cada vez más lleno de conflictos y de problemas que inquietan nuestra mente, es una excelente decisión el tratar de saber si estamos viviendo “cerca o lejos de Dios”.

¿A quién afecta este problema?

Empecemos por decir que esta experiencia es universal y afecta a muchos, incluso a creyentes maduros. El autor del libro de los Salmos nos ha dejado escrito el testimonio de momentos espirituales cuando Dios parece estar lejano y es irreal para David. Al estudiar los Salmos, es sorprendente ver las veces en las que aparece el adverbio “lejos”, refiriéndose a Dios.

Ante las crisis de la vida, los hombres han puesto énfasis en saber de Dios. Lo buscan generalmente cuando el dolor consume sus emociones.

“¿Por qué estás lejos, oh Eterno, y te escondes en el tiempo de la tribulación?”, dice el Salmo 10:1. También leemos: “¿Hasta cuándo, Señor, me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?” (Salmos 13:1).

La Biblia se ha convertido en un libro lleno de vigencia para todos los cristianos, porque en él vemos como en un espejo nuestras propias luchas espirituales.En los Salmos encontramos casi un diario de vida para el rey David. Es la lucha del verdadero cristiano por sentir a Dios cerca y experimentar la misericordia y la presencia constante de Él. Por ello, la Biblia se ha convertido en un libro lleno de vigencia para todos los cristianos, porque en él vemos como en un espejo nuestras propias luchas espirituales.

¿Querer vivir cerca de Dios?

Ante un mundo que gira en contra nuestro, muchas adversidades nos generan preocupaciones y buscamos a Dios con nuestras quejas:

  • “Estoy enfermo (a)… sáname Dios te lo ruego”.

  • “No tengo trabajo…  Dios dame pronto uno”.

  • “Tengo serios problemas con mi esposa o esposo... ayúdame Señor”.

  • “Mis hijos se apartaron… tráelos de vuelta a casa”.

  • “Bendíceme Dios… apúrate por favor”.

Esta realidad estas cosas impactan nuestras vidas y quisiéramos a Dios cerca nuestro para que rápidamente solucione nuestros problemas.

El hombre se alejó de Dios

La Biblia relata cómo el hombre voluntariamente se alejó de Dios, atrayendo para sí mismo un gran mal. Adán y Eva gozaron de la cercanía de Dios en el huerto del Edén, sin embargo, al decidir desobedecer, se alejaron del Creador y Él también se distanció de ellos.

Lamentablemente este alejamiento ha perdurado hasta hoy, no tan sólo con Adán y Eva, sino con toda la humanidad. Ésta fue una decisión liviana que no dimensionó la enorme pérdida del conocimiento del propósito que Dios tenía para la vida del hombre sobre la Tierra.

Dios le ofreció al hombre la posibilidad de estar cerca de Él para guiarlo por sendas rectas. Su pueblo escogido se preguntó en momentos de buen juicio, lo siguiente: “Porque, ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está el Eterno nuestro Dios en todo cuanto le pedimos?” (Deuteronomio 4:7). Sí, hubo momentos en que Dios y el hombre estuvieron cerca, pero fueron momentos fugaces, ya que el hombre decidió sus propios senderos, si tomar en cuenta a Dios.

Lejos de Dios… el verdadero problema

Dios, conocedor de la naturaleza del hombre, dejó claro lo siguiente: “Dice, pues, el Señor: porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (Isaías 29:13).

El punto débil de la humanidad, sin duda, ha sido su obstinación. La verdadera religión es luchar por llegar a tener el carácter de Dios. Para esto, nuestro corazón debe querer estar cerca del Creador. Se necesitan cambios de conducta. Implica enderezar nuestros caminos y andar rectamente.

Dios escudriñó el corazón del hombre y detectó su falta de entendimiento de lo que Él verdaderamente quería: “Que me busquen cada día, y quieran saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios; me piden justos juicios, y quieren acercarse a Dios” (Isaías 58:2).

Si, el hombre ha querido, a su manera, estar “cerca” de Dios, pero al mismo tiempo ha dejado su ley santa y no ha aplicado la verdadera justicia.

¿Qué tan cerca se puede estar de Dios?

En la historia bíblica encontramos hombres y mujeres que deseaban, con todo su corazón, estar cerca de Dios. El Rey David fue uno de ellos. Su mente y corazón quedaron expuestos para todos nosotros a través de los salmos. Observemos con atención lo que David tenía en mente de manera constante: “Una cosa he demandado al Eterno, ésta buscaré; que esté yo en la casa del Eterno todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del Eterno, y para inquirir en su templo” (Salmos 27:4).

Para David estar cerca de Dios era demasiado importante: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; tú destruirás a todo aquel que de ti se aparta. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en el Eterno, el Señor, mi esperanza, para contar todas tus obras” (Salmos 73:25-28).

David entendía que en Dios estaba el bien. Sabía que podía escoger entre el bien y el mal, pero al mismo tiempo quería tener el bien que provenía de estar cerca de Dios.

¿Vivirá usted cerca o lejos de Dios?

Dios dice así a todos los que quieran hoy estar cerca de Él: “Acercaos a mí y yo me acercaré a vosotros” (Santiago 4:8). ¡Que increíble fórmula! Sencilla, práctica y con muchos beneficios.

Dios ha sido, desde el principio, muy gentil y amable con el hombre. Él no lo ha presionado a seguir sus mandamientos. Él no quiere coartar su libre albedrío. Sin embargo, ofrece una fórmula increíble para todo aquel que desea estar cerca de su presencia.

Cuando dos personas se acercan, ambas están haciendo un esfuerzo mutuo por estar más juntas y unidas. Dios no limita nuestros pasos para estar más cerca de Él.Esta fórmula consiste en que nosotros, los creyentes, debemos dar el primer paso. “Acercaos a mí”, dice Dios. Esto implica tomar una seria decisión: ¿viviré cerca o lejos de Dios? Nuestro Creador pide que nosotros demos el primer paso y Él hará su parte: “y yo me acercaré a vosotros”.

Cuando dos personas se acercan, ambas están haciendo un esfuerzo mutuo por estar más juntas y unidas. Dios no limita nuestros pasos para estar más cerca de Él. Nuestro Creador quiere vivir en comunión con los que guardan sus mandamientos y quieran participar de su plan maravilloso para la humanidad.

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

Todos necesitamos socorro de Dios constantemente. La vida ofrece problemas y debemos decidir vivir cerca de nuestro Creador para recibir la mano salvadora de Él. Su mano es la que consuela, la que levanta el ánimo, la que da esperanza y la que da vida.

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