¿Cómo podemos afrontar el creciente estrés de nuestro mundo moderno? La Palabra de Dios nos da respuestas.
Todos lo experimentamos. Ninguna persona de sano juicio atraviesa la vida sin enfrentarse a él. Nos guste o no, el estrés forma parte de la vida de todos. Como bromeó la guionista de comedia Jane Wagner: “La realidad es la principal causa de estrés para quienes están en contacto con ella”.
Ya seamos jóvenes que intentan aprender acerca de la vida y encontrar el camino al éxito, o adultos que intentan sobrevivir y desenvolverse en nuestro complejo mundo, todos tenemos nuestra lista de preocupaciones y cosas por las que nos inquietarnos.
Y si no tenemos suficientes preocupaciones en nuestras propias listas, vivimos en un mundo lleno de caos que amenaza la vida. ¿Intentará Corea del Norte usar un arma nuclear? ¿Terminará alguna vez la guerra civil en Siria? ¿Llegarán alguna vez Estados Unidos y Rusia a un acuerdo? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que la tensión implacable en el Medio Oriente desencadene otra guerra a gran escala? ¿Seremos víctimas inocentes de la delincuencia?
El sitio web del Instituto Americano del Estrés afirma: “Existen numerosos trastornos emocionales y físicos que se han relacionado con el estrés, como la depresión, la ansiedad, los ataques cardíacos, los accidentes cerebrovasculares, la hipertensión, las alteraciones del sistema inmunitario, las cuales aumentan la susceptibilidad a las infecciones, una serie de trastornos relacionados con virus que van desde el resfriado común y el herpes hasta el SIDA y ciertos tipos de cáncer, así como enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide y la esclerosis múltiple.
“Además, el estrés puede tener efectos directos en la piel (erupciones, urticaria, dermatitis atópica), el sistema gastrointestinal (ERGE, úlcera péptica, síndrome del intestino irritable, colitis ulcerosa) y puede contribuir al insomnio y a trastornos neurológicos degenerativos como la enfermedad de Parkinson. De hecho, es difícil pensar en alguna enfermedad en la que el estrés no pueda desempeñar un papel agravante o en alguna parte del cuerpo que no se vea afectada… Esta lista sin duda crecerá a medida que se comprendan mejor las amplias ramificaciones del estrés” (“Efectos del estrés”).
Las investigaciones confirman que el estrés nos afecta tanto física como mentalmente.
Se predice un aumento del estrés
Hace unos 2.000 años, la Biblia predijo que el estrés aumentaría a medida que la humanidad entrara en los últimos tiempos, el período que comienza justo antes del regreso de Jesucristo para establecer el Reino de Dios aquí en la Tierra. Escribiendo a Timoteo, su amado discípulo en el ministerio, Pablo dijo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1, énfasis añadido).
Esta frase, “tiempos peligrosos”, se traduce de diversas maneras como “tiempos terribles”, “tiempos difíciles”, “tiempos de tribulación” y “tiempos de angustia”.
Lo que Pablo le explicaba a Timoteo era un concepto que ya había sido abordado por Daniel, Jeremías y Jesús. Siglos antes de Pablo, Dios había revelado a través de Daniel que vendría un “tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces” (Daniel 12:1, énfasis añadido). Los versículos siguientes de este pasaje muestran que ésta sería la situación que precedería a la primera resurrección, que ocurre en el momento del regreso de Cristo (comparar los versículos 2-3 con 1 Tesalonicenses 4:16 y Apocalipsis 20:4-5).
El profeta Jeremías escribió acerca de un “tiempo de angustia para Jacob”, cuando los descendientes de Abraham enfrentarían dificultades tan severas que los hombres tendrían el rostro pálido y actuarían como mujeres en el momento del parto (Jeremías 30:7). Aunque esta profecía está dirigida a los descendientes de los antiguos israelitas, este tiempo de dificultad no se limitará a estos pueblos.
Como explicó Cristo, antes de su regreso, el mundo entero experimentará una “Gran Tribulación” y estará amenazado de extinción total (Mateo 24:21-22). Los efectos crecientes de los cuatro jinetes del Apocalipsis, que representan a los falsos profetas, la guerra, el hambre y las enfermedades (comparar Mateo 24:5-8 y Apocalipsis 6:2-8), junto con esta “Gran Tribulación”, traerán tiempos de estrés sin precedentes.
Cinco claves para lidiar con el estrés
Si bien los seres humanos siempre se han enfrentado al estrés (ver “Experiencias estresantes para el pueblo de Dios”), el estrés en el tiempo del fin sin duda aumentará. Entonces, ¿cómo debemos afrontar estos tiempos difíciles que se avecinan? Afortunadamente, la Biblia nos brinda cinco estrategias para lidiar con el estrés en nuestras vidas hoy, así como para cuando lleguen tiempos aún más difíciles.
Clave #1: concéntrese en Dios y en sus prioridades espirituales. La instrucción atemporal de Jesús es que debemos “buscad primero el Reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33). Cuando hacemos esto, Jesús promete que las cosas que necesitamos físicamente “os serán añadidas” (última parte del versículo 33).
Seguir a Dios trae paz a nuestras vidas.
Seguir a Dios trae paz a nuestras vidas. Como enseñó Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30, énfasis añadido).
El Salmo 23 es una de las composiciones más conocidas del rey David. En él afirma que el Señor es su Pastor y que, aunque caminara “en valle de sombra de muerte”, no temería mal alguno, porque Dios, su Pastor, lo confortaba (v. 4).
Este principio de centrarse en Dios ayudó a David a lidiar con el estrés, y de igual manera puede ayudarnos a nosotros hoy.
Clave #2: en sus oraciones, cuéntele a Dios acerca de su estrés y pídale consuelo. Aunque Dios conoce nuestros pensamientos y nuestras necesidades antes de que se las pidamos (Salmos 94:11; Mateo 6:8), Jesús nos enseña a orar por “el pan nuestro de cada día” (Mateo 6:11).
Si bien pedir por nuestras necesidades es sólo uno de los muchos aspectos por los que Jesús nos instruye a orar, es importante que sigamos esta enseñanza. Después de orar para que venga el Reino de Dios y que se haga su voluntad en la Tierra, se nos dice que pidamos por nuestras necesidades.
El rey David empleó este principio durante sus momentos de estrés. En una de sus oraciones, registrada en el Salmo 55, le pidió a Dios que escuchara su oración (v. 1) y luego compartió con Él su preocupación. Le dijo a Dios: “Mi corazón está dolorido dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto” (vv. 4-5). David también escribió: “Echa sobre el Eterno tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo” (v. 22).
A veces, Dios no elimina la prueba o la situación estresante que estamos experimentando. En cambio, nos da fuerzas para soportarla. Ésta fue la situación cuando Jesús oró al Padre acerca de su inminente crucifixión. Jesús dijo: “Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú” (Marcos 14:36).
A veces, nosotros también tenemos que aceptar lo que Dios decide permitir en nuestras vidas. Cuando llevamos nuestras cargas, preocupaciones y estrés a Dios, podemos tener la confianza de que Él nos escucha y que responderá de la manera que considere mejor para nosotros.
Clave #3: pida y busque la paz de Dios. La noche anterior a su crucifixión, Jesús les dijo a sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27).
Si bien esta paz de Dios iba a ser importante de inmediato para los discípulos, ya que Jesús fue crucificado al día siguiente, también es un don continuo para todos los que viven según el camino de Dios. Como Jesús explicó, además: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz” (Juan 16:33).
Haciendo eco de la enseñanza de Cristo, Pablo les dijo a los filipenses: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:6-7). A los cristianos de Roma, Pablo les escribió: “Así que, sigamos lo que contribuye a la paz” (Romanos 14:19).
Clave #4: sirva y acepte el servicio de los demás. Las personas que comparten valores espirituales similares pueden brindarse un consuelo especial mutuamente. Al escribir a los corintios acerca de las dificultades que él y sus compañeros ministros enfrentaban, Pablo también explicó: “Pero Dios, que consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito; y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto, vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aún más” (2 Corintios 7:6-7).
La llegada de un colega, la noticia de que su amigo había sido animado por los hermanos y la certeza de que otros se preocupaban por él consolaron mucho a Pablo. Lo mismo ocurre hoy. La camaradería con los amigos y saber que otros oran por nosotros puede aliviar mucho el estrés.
Experimentar la risa y las cosas que nos brindan alegría puede ayudarnos a afrontar nuestros problemas y preocupaciones.
Por supuesto, es importante que, además de recibir consuelo, también brindemos consuelo a otros que lo necesitan. Cuando vemos las dificultades de los demás, nuestros propios problemas a menudo se vuelven menos importantes o menos estresantes.
Clave #5: disfrute de la vida. Cuando experimentamos estrés, es fácil encerrarnos en nosotros mismos, desanimarnos y dejar de hacer cosas que nos hacen disfrutar de la vida. Pero aislarnos e ignorar los pequeños placeres de la vida a menudo sólo aumenta nuestros miedos y preocupaciones. Este concepto se resume en este proverbio: “El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos” (Proverbios 17:22).
Experimentar la risa y las cosas que nos brindan alegría puede ayudarnos a afrontar nuestros problemas y preocupaciones.
Reflexionando acerca de la vida, el sabio rey Salomón también aconsejó: “Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios. En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza. Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad” (Eclesiastés 9:7-9).
Que esta misma actitud esté en usted
Las cinco claves mencionadas anteriormente se refieren a la perspectiva mental. Por lo tanto, lidiar con el estrés es una batalla que se libra en la mente. Con esto en mente, es interesante considerar Filipenses 2:5, que dice: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”.
Jesús fue probado a fondo como ser humano y superó con éxito cada situación estresante que enfrentó. Con la ayuda de Dios, nosotros también podemos hacerlo.
Debemos recordar que Dios siempre estará con nosotros si permanecemos fieles (Romanos 8:31-39) y que podemos afrontar todas las cosas con la ayuda de Cristo (Filipenses 4:13). El estrés no tiene por qué abrumarnos. Con la ayuda de Dios, podemos enfrentar cualquier situación que se presente.