Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Marzo/Abril 2019 de la revista Discernir

Seis principios bíblicos acerca de las finanzas personales

El dinero afecta todos los aspectos de nuestra vida, y los principios financieros de Dios pueden ayudarnos a tomar el control y tener paz mental.

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El otro día me pareció como si todas las conversaciones que había tenido o escuché giraban en torno al dinero.

Después del almuerzo, una amiga me contó que necesitaría un segundo empleo para pagar la universidad de su hijo. Otra me llamó desanimada por lo costoso del préstamo que pidió para comprar su auto. En la radio, un conductor comentaba con sus radioescuchas los altos niveles de deuda del consumidor, y en la fila del supermercado una pareja discutía si podían pagar algunas de las cosas que querían comprar. Además, cuando mi esposo y yo recibimos nuestra última cuenta de servicios públicos, tuvimos una larga conversación acerca de cómo hacer recortes de energía.

Pero ese día probablemente no fue tan anormal para mí o para las personas con las que tuve contacto. En realidad, nuestras finanzas tienen un gran impacto sobre lo que pensamos, hablamos y hacemos día tras día.

A menudo nos preocupa si tendremos lo suficiente para cubrir nuestras necesidades básicas, un gasto inesperado, o nuestro retiro. Algunas personas incluso se obsesionan con la idea de hacerse ricas y se vuelven adictos al trabajo. He conocido personas cuyo ánimo cambia de acuerdo a cómo varía el mercado bursátil o la cantidad de facturas sin pagar.

Nuestras finanzas influyen el lugar en que vivimos, nuestro horario de trabajo, lo que hacemos con nuestro tiempo libre, y muchas cosas más.

Entonces, no es de sorprenderse que la Biblia —nuestro manual de vida— tenga tanto que decir al respecto.

Los siguientes son seis principios bíblicos para las finanzas personales, acompañados con algunos consejos de expertos en el tema.

1. Guíese por un presupuesto

La Biblia no utiliza la palabra presupuesto, pero sí habla claramente acerca de la importancia de la planificación financiera. En palabras simples, un presupuesto es un plan escrito con el cual monitoreamos el uso de nuestros ingresos y determinamos si es necesario hacer ajustes en nuestros gastos.

Proverbios 27:23 dice: “Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños”. En términos modernos esto significa que debemos analizar la forma en que gastamos el dinero para saber si necesitamos hacer modificaciones.

“Tener un presupuesto nos ayuda a no gastar impulsiva o innecesariamente, a vivir dentro de nuestras posibilidades, y a prepararnos para necesidades futuras”, explica Bill Gustafson, director sénior para el Centro de Responsabilidad Financiera de la Universidad de Texas. “Si no planificamos y ordenamos nuestras finanzas, algún día nos veremos en quiebra”.

Para crear un presupuesto de su hogar, determine cuánto gasta cada mes en diferentes categorías (renta, comida, transporte, entretenimiento, ropa, salud, etcétera). Luego compare sus gastos con su ingreso mensual y, si sus gastos son mayores, reduzca los gastos innecesarios.

Cuando haya creado este presupuesto, use un libro o programa de contabilidad para contabilizar sus gastos mensuales. “Si llega al punto en que gastó todo el dinero del mes para cierta categoría, deje de gastar”, dice el doctor Gustafson. “Hacerlo requerirá de cierta determinación, pero es un paso necesario para poner sus finanzas bajo control”.

Para más detalles acerca de cómo hacer un presupuesto, vea nuestro artículo en línea “La Biblia, su dinero y usted”. Este incluye un esquema de presupuesto para descargar.

2. Diezme fielmente

La principal prioridad de nuestros ingresos, antes de hacer cualquier otra cosa, deberían ser los diezmos de Dios. Dios dice en Malaquías 3:10: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa”.

Un diezmo es el diez por ciento de las “ganancias” de una persona (Deuteronomio 14:22), el cual se da para apoyar al ministerio y el trabajo de la Iglesia. Cuando diezmamos, le demostramos a Dios que Él es lo primero en nuestra vida.

Obviamente, Dios no necesita nuestro dinero. Todo lo que poseemos en realidad le pertenece a Él (Éxodo 19:5). Los verdaderos beneficiarios del diezmo son quienes escriben el cheque. En la última parte de Malaquías 3:10, Dios promete que si diezmamos fielmente, Él nos “abrirá las ventanas de los cielos, y derramará sobre nosotros bendición hasta que sobreabunde”.

Las bendiciones pueden ser físicas o espirituales. El experto en finanzas Dave Ramsey explica en su blog que diezmar nos enseña a ser buenos administradores de lo que Dios nos ha dado y a vivir sin egoísmo. Esto, a su vez, nos ayuda a tener mejores finanzas personales y a convertirnos en mejores cónyuges, amigos, parientes, empleados y empleadores.

Diezmar también nos ayuda a confiar más en Dios y acercarnos más a Él. Muchas personas que diezman pueden recordar alguna vez que no creían tener lo suficiente para diezmar (al menos en el papel), pero aún así lo hicieron y les alcanzó (a veces hasta les sobró) para cubrir sus necesidades físicas.

Un amigo lo explica así: “Diezmar me ha ayudado a permanecer enfocado en Dios y no sólo mirar los ‘hechos’ desde una perspectiva humana. También me ha ayudado a recordar que siempre puedo contar con Él, no importa lo que pase”.

3. Evite los préstamos innecesarios

La Biblia nos advierte acerca del peligro de incurrir en deudas. “El rico se enseñorea de los pobres, y el que toma prestado es siervo del que presta”, dice Proverbios 22:7. Si usted se endeuda por un monto alto, en esencia se convierte en esclavo de sus acreedores. Ya no tiene la libertad de decidir cómo gastar su sueldo, porque está obligado a pagar la deuda.

La forma de mantener el control es evitar las compras a crédito. “Pida préstamos sólo para compras que aumentarán o conservarán su valor, como una casa o la universidad”, recomienda Erica Sandberg, una consultora de administración radicada en San Francisco. “No pida préstamos con alto interés para cosas que no son esenciales y probablemente se devalúen pronto, como un automóvil nuevo, ropa, muebles, electrodomésticos o joyas”.

Según un reporte de Creditcards.com publicado en el 2018, en Estados Unidos la tasa de interés promedio para las tarjetas de crédito es del 17 por ciento anual. Esto significa que, cada año, usted pagará $170 dólares por cada $1.000 que deba.Según un reporte de Creditcards.com publicado en el 2018, en Estados Unidos la tasa de interés promedio para las tarjetas de crédito es del 17 por ciento anual. Esto significa que, cada año, usted pagará $170 dólares por cada $1.000 que deba. Si permite que el saldo de su tarjeta de crédito quede sin pagar mes tras mes, pronto terminará pagando mucho más del precio original por sus compras.

Erica Sandberg recomienda sólo usar tarjetas de crédito si podemos pagar la totalidad del saldo al final de cada mes, y no pagamos intereses. Si tiene una gran cantidad de deudas renovables pendientes, páguelas tan pronto como sea posible, empezando por la tarjeta de crédito con la mayor tasa de interés.

4. Ahorre antes de gastar

Los planificadores financieros generalmente sugieren ahorrar al menos el diez por ciento de nuestro ingreso cada mes. Mantenga tres cuentas diferentes: un ahorro a corto plazo para compras grandes (como un mueble nuevo o reparaciones del auto), un ahorro a largo plazo (para su retiro o la universidad de sus hijos), y un fondo de emergencia (en caso de que se quede sin trabajo o surja un gasto grande inesperado).

“Ahorrar dinero antes de hacer compras es una de las maneras más inteligentes de evitar problemas financieros”, dice el doctor Gustafson. “Si tiene dinero ahorrado para comprar artículos costosos, no se sentirá tentado a comprarlos con su tarjeta de crédito”.

Este también es un principio bíblico. Proverbios 21:20 dice: “Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa”. Proverbios 6:6-8 describe a la hormiga, que ahorra durante el tiempo de abundancia para el tiempo de necesidad. Así nosotros, debemos ahorrar ahora para gastos futuros.

5. Sea generoso

Todo lo que poseemos —nuestro dinero, bienes físicos, empleos y aun la capacidad de generar un ingreso— proviene de Dios (Eclesiastés 5:18-19). Primero diezmamos. Luego de cubrir nuestras propias necesidades, Él quiere que compartamos lo que nos ha dado con los demás.

En Hechos 20:35, Pablo cita a Jesucristo diciendo: “Más bienaventurado es dar que recibir”. Debemos dar incondicionalmente, incluso cuando las personas no puedan pagarnos (Lucas 14:12-14). Esto puede traducirse en cosas como hacer donativos de caridad, comprarle un regalo a alguien, invitar a alguien a cenar, o comprar comida para un indigente.

Si bien debemos ser sabios para saber cuánto dar, no deberíamos ser tan mezquinos como para no querer dar nada de nuestro dinero. Como sucede con el diezmo, Dios nos bendice si somos generosos (Lucas 6:38; 2 Corintios 9:6).

Ha habido veces en que he sido generosa y más tarde me encuentro con un vacío desconcertante en mi billetera. Pero después, aparentemente de la nada, recibo un dinero inesperado u otra bendición financiera que cubre la diferencia.

Cuando tenemos el deseo de compartir, Dios nos da los medios para hacerlo.

Por supuesto, no todos tienen la misma situación financiera. Es posible que genuinamente estemos pasando por un mal momento. Pero aun si ese fuere el caso, podemos dar de nuestro tiempo, dones y otros bienes no financieros que Dios nos haya dado. El punto es: Dios quiere que usemos sus bendiciones de manera que también seamos una bendición para los demás, no sólo para nuestras propias necesidades y deseos.

6. Ponga su confianza en Dios, no en sus finanzas

Cuando se trata de dinero, la gente generalmente pasa de un extremo a otro. Si sus cuentas bancarias, su ahorro de retiro y el valor de su casa aumentan, empiezan a sentirse confiados. Pero cuando se quedan sin empleo, sus acciones bajan o les surgen gastos inesperados, comienza la preocupación ansiosa. Ninguno de los dos extremos es bueno.

La Biblia dice claramente que la verdadera seguridad sólo puede encontrarse en Dios (1 Timoteo 6:17), mientras que confiar en las riquezas eventualmente nos destruye (Proverbios 11:28). Nuestras riquezas y posesiones son temporales y pueden desaparecer en un instante, debido a un robo, accidente o desastre natural.

Si tenemos dificultades financieras, debemos recordar que Dios es nuestro refugio y se preocupa por quienes le temen (Nahum 1:7). No debemos afanarnos por problemas de dinero (Filipenses 4:6), sino hacer nuestra parte —no gastar de más, y ahorrar e invertir en lo que tiene valor eterno— y el resto está en manos de Dios. Si estamos buscando primeramente el Reino de Dios, podemos estar seguros de que Él proveerá para nuestras necesidades (Mateo 6:25-34).

Seguir estos principios nos permitirá gozar de salud financiera y paz mental. Nuestro hogar probablemente estará más libre de tensiones relacionadas con el dinero y tendremos mejores relaciones de familia.

Y, lo que es más importante, aprenderemos a confiar más en Dios, comprenderemos mejor su propósito para nosotros y desarrollaremos una relación más cercana con Él.

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