¿Por qué Dios nos creó mortales —por qué debemos morir? Y especialmente, ¿por qué Dios permite que los cristianos, que le oran pidiendo protección y sanidad, mueran? ¿Qué dice Dios acerca de la muerte?

Sólo en los Estados Unidos, aproximadamente 7.452 personas fallecen al día. Eso significa que una persona muere cada 12 segundos. También, cada año mueren muchos hijos de Dios. Profundas tristezas y aflicciones afectan la vida de los cristianos durante su transitar por la Tierra —y la muerte es una de las principales.
Pero, ¿por qué debe ser así? De acuerdo con la Biblia, ¿no es Dios un padre amoroso que escucha nuestro clamor y nos promete protección, salvación y sanidad cuando estamos enfermos? La respuesta es sí.
Pedro lo afirma claramente: “Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal” (1 Pedro 3:12). Y el salmista añade: “Porque has puesto al Eterno, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, no te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada” (Salmo 91:9-10). ¿Y no dice Dios en Hebreos 13:5, “No te desampararé, ni te dejaré”?
Entonces, teniendo en cuenta estas promesas, ¿cómo podemos explicar el sufrimiento y la muerte que enfrentan los hijos de Dios? Existe una respuesta.
¿Por qué todos tenemos que morir?
Tengamos en cuenta un punto vital, antes de profundizar en más detalles. Este importante punto puede ser ignorado si no estamos atentos.
Dios nunca pretendió que la vida física fuera algo eterno. Dios nos dice que tarde o temprano todos debemos morir.
Hebreos 9:27 dice: “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.
En Eclesiastés 3:1-2 Salomón dijo: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado”.
La vida humana, incluso en su mejor momento, es mortal y temporal —hoy está, mañana ya no. Comparado con la eternidad, 70 años —incluso 100 años o más— no es nada para Dios.
Veamos también lo que el apóstol Pablo escribió en 2 Corintios 4:17: “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”.
Esta vida es un campo de entrenamiento para la vida que Dios nos quiere dar. Como seres físicos y mortales, podemos aprender de nuestros errores y crecer espiritualmente, para parecernos cada vez más a Dios. Él nos hizo mortales para que podamos escoger libremente desarrollar el carácter de Dios y evitar el camino que Lucero (el ángel que se convirtió en Satanás) tomó, cuando se rebeló contra Dios (Isaías 14:12-15). Lucero se opuso a Dios.
Como seres mortales, podemos —y debemos— cambiar. La muerte es una parte necesaria en el este plan de Dios.
Afortunadamente, Dios tiene el poder sobre la muerte y ésta no es un obstáculo en su plan. Él se va a asegurar de que cada persona tenga una oportunidad de arrepentimiento y pueda entender realmente su verdad (2 Pedro 3:9; 1 Timoteo 2:4). Si usted desea examinar escrituras acerca de este mal comprendido tema, lo invitamos a leer nuestro artículo "¿Es justo Dios?".
¡Jesús estuvo dispuesto a morir para que nosotros tuviéramos acceso a la vida eterna!
Dios nos ha dado la vida a todos nosotros. Para los cristianos que aceptan el sacrificio de Jesucristo, sus vidas han sido redimidas. Nuestras vidas le pertenecen a Dios. Fuimos comprados por la sangre preciosa de Jesucristo, quien nunca pecó. Él no merecía la muerte, pero estuvo dispuesto a morir por sus pecados y los míos, ¡y por los pecados de toda la humanidad! Éstas son las cosas en las que debemos enfocar nuestra mente, sobre todo en momentos de tristeza.
Dios no sólo está interesado en nuestra batalla terrenal, sino aún más en nuestro destino eterno.
Dios sólo permite lo que es mejor para cada uno de nosotros, de acuerdo a su sabiduría y plan eternos. Si Dios permite que ocurran tragedias, como la enfermedad y la muerte, podemos confiar completamente en que eso va a tener un impacto positivo en nosotros.
“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28)
Juan nos dice en 1 Juan 3:20 que Dios “sabe todas las cosas”. Él está al tanto de nuestros dolores y tristezas. David dijo en Salmos 103:14 que Dios “conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo”. Así que, cuando llega la enfermedad, Dios puede sanarnos totalmente de cualquier enfermedad, si así lo desea. ¡Nada es imposible para Dios!
Aun así, muchos cristianos fieles y dedicados han muerto —algunos en angustia— porque Dios decidió no intervenir y sanarlos. ¿Por qué?
Cuatro razones por las que Dios permite que cristianos mueran
Analicemos cuatro razones por las que Dios permite la muerte, especialmente entre su pueblo.
1. Dios permite que algunas personas mueran cuando ya han cumplido su propósito en la vida.
Muchos cristianos han caminado fielmente con Dios y han sido ejemplos tremendos de amor y servicio para los demás. Ellos predicaron el evangelio de una manera más contundente que mil sermones. En esos casos, cuando cumplieron con su gran propósito, Dios escogió preservar el carácter que habían desarrollado y les permitió morir.
Sólo Dios sabe cuándo el propósito de la vida ya ha sido cumplido. Nosotros, como seres humanos, le damos una relevancia muy grande a esta efímera existencia, algo que es normal, porque es lo único que hemos experimentado. Pero el gran Dios, que habita la eternidad, se fija en algo mucho más permanente —el carácter espiritual que estamos desarrollando para su Reino.
Una vez que nuestras vidas han sido moldeadas para el propósito de Dios y estamos preparados para convertirnos en sus hijos e hijas, nuestro propósito en esta vida humana ha sido completado. Dios en su sabiduría, mira hacia abajo desde su trono en el cielo y determina cuándo es el momento de preservar intacto nuestro carácter.
Por supuesto, el dolor y la tristeza debido la pérdida de un ser querido, puede ser traumática. Pero Dios, en su sabiduría infalible, sabe lo que es mejor para cada uno de nosotros. Por su profundo amor y misericordia, Él permite que aquellos que han alcanzado cierto nivel de madurez espiritual, sean liberados de los problemas que nosotros todavía tenemos que atravesar durante esta vida.
“Perece el justo, y no hay quien piense en ello; y los piadosos mueren, y no hay quien entienda que de delante de la aflicción es quitado el justo” (Isaías 57:1).
2. Dios permite que algunas personas mueran como prueba para otros.
Cuando la familia de Job falleció (Job 1), ¿acaso él se rindió o renunció? ¡No! Aunque Job no entendió por qué Dios permitió esto, permaneció fiel hasta el final. A pesar de la tristeza natural y el duelo por perder a sus 10 hijos en un mismo día, Job manifestó su lealtad a Dios y su confianza en el resultado final.
Cuando vemos a cristianos leales que mueren por enfermedades, accidentes o por la causa que sea, ¿dudaremos de la gran sabiduría de Dios y nos vamos a alejar de Él? ¿O vamos a permanecer firmes y leales? Ésta es la prueba que algunos de nosotros podríamos enfrentar. Recordemos que Dios no pervierte el juicio ni comete errores. Él siempre tiene el control, pero pondrá a prueba a aquellos a quienes ama para que sean perfeccionados.
Dios ve las cosas de una manera distinta. “Estimada es a los ojos del Eterno, la muerte de sus santos” (Salmos 116:15).
La fe verdadera es saber que Dios no permite que sus santos mueran antes de que logren su propósito en su peregrinaje en la Tierra.
3. Dios permite que algunas personas mueran como un testimonio, o para que la obra de Dios crezca.
A primera vista, esta razón puede parecer un poco extraña, pero analicémosla. En el antiguo Israel, Dios con frecuencia removía a reyes y lideres (tanto buenos como malos) por medio de sus muertes.
Como ejemplo de esto, incluso Moisés con toda su dedicación, no pudo entrar en la Tierra Prometida. El manto de autoridad fue puesto sobre Josué para que guiara al pueblo elegido de Dios. Esto demuestra que algunos son llevados cuando su trabajo ha terminado, para abrir el camino a otros que continúen con la obra de Dios. Su muerte suele ser un testimonio de fe y de perseverancia para los cristianos que permanecen.
La Biblia es una crónica que registra la aparición y el fallecimiento de grandes líderes espirituales. Lo mismo nos ocurre a todos nosotros como cristianos. No debemos dudar ni cuestionar la integridad de Dios en estos asuntos. Sin duda, Él sabe lo que hace.
Hebreos 11 habla de personas que murieron en la fe, golpeadas, azotadas y asesinadas por causa de Dios. Pero sus vidas ayudaron a moldear el destino de otros.
Podemos leer los ejemplos de personas fieles en Hebreos 11:35-40. Estas personas fueron un testimonio dramático —al igual que Cristo— de fe, valentía y confianza en Dios. ¡Ellos demostraron creer en algo mucho más grande que cualquier cosa que este mundo pueda ofrecer!
Las vidas de los mártires de Dios han marcado las páginas de la historia y son un testimonio perpetuo para el mundo. Estas personas ya lo han logrado y brillarán con gran gloria en el Reino de Dios, eternamente (Daniel 12:3).
Recordemos también el ejemplo de aquellos que estaban dispuestos a dar su vida, pero no murieron en ese momento, aunque murieron después: Sadrac, Mesac y Abednego, en Daniel 3. Tenían una gran fe en Dios y dieron un gran testimonio a todos.
Estos amigos de Daniel sabían que Dios podía salvarlos de la muerte, pero no sabían si Dios elegiría salvarlos ese día. Sin embargo, su fe en la salvación definitiva de Dios era absoluta. Le dijeron al rey que Dios “de tu mano, oh rey, nos librará” (Daniel 3:17).
No todos los cristianos están llamados a ser mártires. Dios no exige que todos mueran o se enfrenten a la muerte de esta manera notable y dramática. Él promete que no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podemos soportar o aguantar (1 Corintios 10:13).
4. En ocasiones, Dios permite que muramos como parte de una prueba final y suprema.
Cuando una persona está dispuesta a despojarse de su vida, de la manera en que Dios decida, o como sea que suceda, por servir a su obra, ¡esa persona ha superado la prueba terrenal más grande!
De todas las razones por las que Dios permite que mueran sus santos, ésta es, quizás, la más significativa de todas. Cuando una persona está dispuesta a despojarse de su vida, de la manera en que Dios decida, o como sea que suceda, por servir a su obra, ¡esa persona ha superado la prueba terrenal más grande! Jesucristo dijo: “todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16:25).
Antes del bautismo, los cristianos debemos calcular el costo y tomar la decisión de comprometernos con Dios y serle fieles hasta la muerte.
En algunas ocasiones, Dios utiliza el fuego y la tragedia para moldearnos y convertirnos en herramientas adecuadas para el propósito eterno que tiene reservado para nosotros.
De cara a la muerte, los hijos e hijas de Dios se dan cuenta que sus vidas son sólo un abrir y cerrar de ojos —y su verdadera esperanza yace sólo con Dios. Todas las cosas de esta vida se desvanecen de repente. La muerte desvanece la relevancia que el hombre le concede a los aspectos materiales y fugaces de este mundo.
Cuando un cristiano muere en la fe, obedeciendo a Dios, está pasando la prueba más grande a la que puede enfrentarse una persona, garantizándose así su recompensa eterna.
¿Qué hay de las promesas de Dios?
¿Contradicen todos estos puntos las numerosas promesas de la Biblia concernientes a la sanidad, la protección contra el mal y la protección de los ángeles de Dios en la vida de los cristianos? ¡Por supuesto que no!
¿Podemos seguir confiando en Dios, aunque nos demos cuenta de que en algún momento Él puede permitir que usted o yo muramos? Sí, por supuesto que podemos y debemos hacerlo.
Podemos estar seguros de que Dios cumplirá sus promesas de sanar, liberar y proteger a los cristianos fieles, hasta que hayamos cumplido nuestro propósito terrenal. La muerte no puede anular el poder de Dios ni alterar su plan. Tampoco puede separarnos de Dios, antes de que Él decida que ha llegado el momento.
David se enfrentó a la muerte en numerosas ocasiones, pero fue salvado, hasta que Dios determinó que había llegado su hora.
Los tres amigos de Daniel fueron arrojados al horno ardiente y no fueron consumidos. Dios decidió salvarlos para su propósito ese día —para demostrar al rey Nabucodonosor que Él era el Dios Altísimo, mucho más poderoso que todos los dioses a los que Nabucodonosor servía.
El apóstol Pablo habla acerca de sus muchos sufrimientos y de las persecuciones que padeció. Estuvo expuesto a la muerte muchas veces, pero no murió hasta que Dios lo permitió.
Una y otra vez en la vida del mismo Jesús, leemos cómo escapó de los asesinos, ¿por qué? Porque aún no había llegado su hora.
Las promesas de protección y sanidad de Dios son sólo una parte de sus promesas. La protección y la sanidad son maravillosas, pero no se pueden comparar con las promesas del maravilloso Reino de Dios, que traerá paz al mundo y una vida eterna de alegría a los santos.
El gran plan de Dios ofrece esperanza, no sólo a sus siervos en momentos de pérdida, sino al mundo entero.
Por qué no debemos temer a la muerte
Los justos no necesitan temer a la muerte, porque tienen la seguridad y la confianza absolutas de que vivirán el tiempo que sea necesario para cumplir el propósito de Dios.
Mientras caminemos con Dios, nadie puede apartarnos de su amor y cuidado. Satanás, el diablo, no tiene autoridad para dañar o herir a los cristianos fieles, si Dios no lo permite (Juan 10:28-29).
Pero cuando Dios decide permitir que usted o yo muramos, porque sabe que estamos preparados, y que su propósito para nosotros en esta vida física se ha cumplido, si sabemos esto, ¡no tenemos temor a la muerte! Más allá de la muerte, Él nos ofrece una vida eterna gloriosa.
¡Es maravilloso saber que estamos en las manos de Dios ahora y por toda la eternidad!