Observemos cuidadosamente al Medio Oriente

Vista de Mosul después de la invasión de ISIS

Joschka Fischer, quien fuera durante dos décadas uno de los líderes del Partido Verde Alemán, y quien ocupó entre 1998 y 2005 los cargos de ministro de exteriores y vicecanciller de Alemania, publicó recientemente un análisis histórico de la situación en Medio Oriente y sus proyecciones futuras. He aquí un resumen del análisis.

Con la recuperación de Mosul, en el norte de Irak, por parte del ejército iraquí, es posible que pronto el Estado Islámico (ISIS) sea cosa del pasado. Pero su derrota y la desaparición del autoproclamado califato no traerán paz al Medio Oriente, ni tampoco pondrán fin a la tragedia Siria. Lo más probable es que se abra un nuevo capítulo en la sangrienta y caótica historia de la región.

La violencia en esta zona del mundo parece ser inagotable, porque sigue siendo incapaz de resolver sus conflictos internos, o de crear algo parecido a un marco sólido para la paz.

Las potencias occidentales no pueden negar su responsabilidad en las penurias de esta zona de Oriente Medio. Cualquier mención al acuerdo Sykes-Picot, entre el que Reino Unido y Francia, cuando dividieron los territorios de aquella zona, tras la caída del Imperio Otomano, todavía incita tanta furia en el mundo árabe que parece como si el plan (elaborado en secreto en 1916) hubiera sido concebido ayer.

Es posible que ningún país haya contribuido tanto a la caótica situación actual en la región como Estados Unidos. Al principio, su interés en Oriente Medio se basaba en la necesidad de petróleo, pero con el comienzo de la Guerra Fría, el interés económico pronto fue sustituido por el interés estratégico para evitar la aparición de gobiernos anti occidentales y pro soviéticos. A la búsqueda de influencia estadounidense, decisiva en la región, se sumó más adelante un estrecho vínculo de defensa con Israel, y, finalmente, las dos grandes intervenciones militares en las guerras del Golfo contra el Irak de Sadam Husein.

El éxito de la primera guerra del Golfo —lanzada en enero de 1991 por el presidente George H. W. Bush— fue aniquilado 12 años después por su hijo, el presidente George W. Bush, cuya propia guerra del Golfo causó una catástrofe regional que continúa hasta hoy. Bush padre se limitó a buscar la liberación de Kuwait, y no intentó un cambio de régimen en Irak, pero los objetivos de su hijo fueron mucho más ambiciosos.

La idea era derrocar a Sadam Husein y crear un Irak democrático, que actuara de catalizador de un cambio generalizado en Oriente Medio y lo transformara en una región democrática pro occidental. En el gobierno de Bush hijo, el resultado de la guerra fue una desestabilización que dura hasta hoy y que ha contribuido a permitir que Irán extienda su influencia.

Tras la posible desaparición del Estado Islámico, el siguiente capítulo de la historia en Oriente Medio se decidirá en una confrontación abierta y directa entre la Arabia Saudita suní y el Irán chiita, por el dominio de la región. Hasta ahora, este conflicto latente se dirimió con sigilo y mayormente a través de intermediarios. Las dos potencias globales activas en la región han tomado claro partido: Estados Unidos con Arabia Saudita y Rusia con Irán.

No hace falta apuntar que cualquier enfrentamiento militar directo con Irán desataría un incendio regional infinitamente más grande que todas las guerras previas en Oriente Medio. Además, con Siria todavía en llamas e Irak debilitado por la lucha sectaria por el poder, es probable que ISIS o alguna reencarnación suya, se mantenga activo en la zona.

Si se tienen en cuenta estas cuestiones sin resolver y la escalada del conflicto por la hegemonía entre Irán y Arabia Saudí, cabe vaticinar que el siguiente capítulo en la región no será en absoluto pacífico.

Tal vez el desastre en Irak haya enseñado a Estados Unidos que, a pesar de su superioridad y poderío militar, no puede ganar una guerra terrestre en Oriente Medio. El presidente Barack Obama trató de retirar las fuerzas estadounidenses de la región, algo que resultó difícil en lo político y en lo militar. Por eso descartó una intervención armada en la guerra civil en Siria (ni siquiera desde el aire), lo que dejó un vacío que Rusia no tardó en llenar, con todas las consecuencias conocidas.

El actual Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo campaña política con la promesa de una retirada del Medio Oriente. Pero tras asumir el cargo lanzó misiles crucero sobre Siria, extendió los compromisos de Estados Unidos con Arabia Saudita y sus aliados, y endureció la retórica estadounidense hacia Irán.

¿Se terminarán algún día los conflictos en el Medio Oriente?

La respuesta, por contraria o imposible que parezca para el mundo actual, es un contundente sí. La Biblia nos habla que, quien verdaderamente establecerá un reino de paz en el Medio Oriente y desde ahí gobernará sobre el mundo entero, será Jesucristo mismo.

La sede de su gobierno mundial será nada menos que Jerusalén, y desde ahí ejercerá su influencia no solamente sobre el Oriente Medio, sino sobre la humanidad completa. (Para conocer más a cerca de cómo todo esto se hará realidad, no deje de leer nuestro Artículo “La paz mundial: Cómo vendrá” en www.vidaesperanzayverdad.org).

El Reino de Dios: un mensaje que el cristianismo ignora

Llegará un momento en que las naciones ya no se adiestrarán más para la guerra, y ya no se escuchará de conflictos bélicos, porque Dios cambiará la mente de las personas, en donde está el verdadero problema.

Con el pronto establecimiento del Reino de Dios sobre la Tierra, toda la humanidad podrá gozar y experimentar lo que significa la verdadera paz. De momento el mundo ignora acerca de este futuro y glorioso reino venidero. Pero pronto, toda la humanidad, será testigo de la llegada del Mesías, quien vendrá a gobernar sobre todo el mundo, como Rey de Reyes y Señor de Señores (Apocalipsis 19:16). Entonces todas las naciones adorarán y obedecerán a Jesucristo.

Queda muy poco tiempo para que el mundo entero contemple con sus propios ojos la llegada del Salvador, el Rey de Reyes y Señor de Señores. Él traerá consigo la paz, la cual no tan sólo será para el Medio Oriente, sino también para todo el mundo.