Hijos de Dios

¿A qué se refiere la Biblia cuando habla de los “hijos de Dios”? ¿Qué importancia tiene este título para nuestra vida ahora y por la eternidad?

El mundo antiguo estaba colmado de ideas paganas sobre la relación que supuestamente existe entre los dioses y los seres humanos. Imaginaban a sus dioses como mitad humano mitad animal, o incluso mitad humano mitad espíritu. Y, aun ahora, algunos cristianos creen que, en cierto momento, mujeres y ángeles convivieron y procrearon gigantes. Pero, ¿qué dice la Biblia acerca de los hijos de Dios?

¿Qué significa realmente la frase “hijo de Dios”? ¿Es simplemente una forma de describir a quienes hacen buenas obras? ¿O es un concepto que incluye a toda la humanidad? ¿Es solo otro nombre que reciben los cristianos o la gente religiosa en general?

Si estamos dispuestos a encontrar las respuestas en la Biblia, descubriremos que, de hecho, hay hijos de Dios viviendo en nuestro mundo en la actualidad, y están preparándose para recibir la gran herencia de su Padre: el universo.

El hombre y sus dioses

Como demuestra la mitología antigua, el ser humano tiende a buscar dioses a los cuales adorar y ha creado la mayoría de ellos a su propia imagen. Estos viven en la tierra, el cielo o el espacio, y, siendo dioses, están exentos de cualquier tipo de valores morales o éticos. De hecho, sus indulgencias sexuales son el tema central de la mayoría de los mitos que el hombre mismo ha inventado para justificar su propia inmoralidad. Estos son los dioses que pueden incluso estar hechos de palos o piedras.

Pero todos estos dioses son sólo un fraude; son un engaño fabricado por aquél ser que la Biblia describe como el verdadero “dios de este siglo” (2 Corintios 4:4). Es Satanás, el antiguo arcángel Lucifer, quien en realidad domina a la humanidad por ahora. Luego de haber perdido su importante puesto junto a Dios (consulte Isaías 14:12), este ser maligno se ha empeñado en destruir todo lo que Dios representa. Afortunadamente, su gobierno pronto será derrocado cuando Jesucristo venga a la tierra para tomar su trono y poderío.

Claramente, Satanás no es un hombre y no tiene un trono literal en la tierra; más bien, es un poderoso ser espiritual creado por el Dios Eterno en un principio para el bien. Pero luego, se rebeló contra el Creador convirtiéndose en un enemigo destructor. Y ahora es el espíritu que gobierna la tierra y el engañador que ha ocultado la verdad acerca de los hijos de Dios.

El padre del homicidio y la mentira

¿Es Satanás realmente un dios? Sí, lo es, pero sólo para quienes le adoran. De hecho, en cierta ocasión, Jesucristo lo describió como el “padre” de algunas personas. ¿Por qué? Porque el diablo domina e influencia la mente del ser humano hasta lograr que, en su ignorancia, se adapte a su forma de ser. Y quienes siguen el ejemplo de este ser, son en realidad hijos de un dios falso.

En un principio, el hombre fue creado para ser hijo de Dios. Pero luego Satanás entró en escena para secuestrar a la raza humana; se encargó de engañar al mundo entero de manera que rechazasen a Dios y perdieran ese lazo especial con el Creador. Así, Satanás se convirtió en el padre de la humanidad y, desde entonces, el comportamiento del hombre es un reflejo de la manera de ser del diablo.

Es por esto que, dirigiéndose a un grupo de líderes religiosos de la época, Jesucristo dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis” (Juan 8:44-45).

En Apocalipsis 12:9, este ser se describe como “diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero”. ¡Su engaño ha cegado a hombres y mujeres que no ven el potencial de convertirse en hijos de Dios! Pero, como revela la Biblia, todo el que acepte el llamado que Dios nos hace para ser sus hijos tendrá acceso a esa cercana relación familiar con el Creador. ¿Demasiado bueno para ser verdad?

Hijos de Dios ahora y para siempre

“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:1-2).

¿Leyó con atención? Aunque ahora somos llamados hijos de Dios, seremos hijos de Dios literalmente cuando Cristo regrese a la tierra. De hecho, como dice el apóstol Juan, cuando Jesucristo venga por segunda vez, seremos semejantes a Él. Pero, ¿cómo es Él?

Al pensar en Jesucristo, la mayoría de las personas se imagina un bebé en un pesebre o un hombre de pelo largo caminando por las calles polvorientas de Palestina. Y, en general, es común que se le describa como una persona frágil y compasiva; raramente escuchamos que sea un guerrero conquistador, rey o juez.

Sin embargo, las Escrituras describen a Jesucristo de una forma muy diferente; Cristo—tanto hoy en el cielo como en su futuro regreso a la tierra—es Rey de Reyes y Señor de Señores.

“Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza” (Apocalipsis 1:14-16).

¡Esta descripción definitivamente no es la de un bebé en un pesebre! ¿A quién le gustaría ser enemigo de un Cristo como éste? ¡Por supuesto que a nadie! Pero Jesucristo también tiene otra faceta. ¿Qué hay de su papel como el Hermano mayor que vendrá a rescatarnos de la destrucción que experimentará la tierra?

Hermanos—hijos del mismo Padre

En el mundo cristiano, es bastante común que se describa a Jesucristo como nuestro Hermano. Pero, ¿qué significa esto en realidad? ¿Es esta “hermandad” solo una semejanza en términos de personalidad y estilo de vida? ¿Es simplemente un concepto que nos permite imaginar a Cristo como nuestro “hermano” en la tierra para así imitar su comportamiento? ¿O tiene la palabra “hermano” mucha más profundidad?

De hecho, aunque seguramente le parecerá increíble, usted tiene el potencial de convertirse en un hermano literal de Jesucristo en el mundo espiritual—puede llegar a ser un miembro de la familia del Dios Omnipotente, el Padre de Cristo.

¡Pero esto es un gran misterio! Desde que Adán y Eva fueron desterrados del jardín de Edén, Dios ha permitido que los seres humanos ignoren su propio potencial de tener esta relación con el Padre hasta que Cristo decida revelarlo. En Mateo 11:27, Jesucristo lo explica diciendo: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.

Cristo también nos revela que su Padre tiene una gran herencia reservada tanto para Él como—créalo o no—para nosotros, que somos llamados coherederos con Jesucristo.

Hijos glorificados de Dios

En Romanos 8:16-17, leemos sobre este impresionante hecho: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

Si bien esta es una absoluta verdad bíblica, no es extraño que la mayoría de las personas no logre comprenderla a cabalidad—¡tal vez porque es algo demasiado fantástico! Como claramente revelan las Escrituras, quienes estén en armonía con Dios por medio de su Espíritu Santo serán glorificados eventualmente.

¿Qué significa esto? Significa que Dios les dará su gloria; serán como Él y le verán tal como es. Este es el potencial futuro de quienes son hijos de Dios en la actualidad. Pero ¿cómo y cuándo sucederá esto?

Una dramática transformación futura

La Biblia nos da la respuesta: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51-52).

Este pasaje describe el futuro y cercano regreso de Jesucristo a la tierra, cuando los muertos en Cristo serán resucitados como hijos de Dios.

Sólo cuando esto suceda—cuando nazcamos dentro de la familia de Dios y nos convirtamos en Sus hijos literalmente—podremos heredar el reino de Dios junto a Jesucristo. ¿En qué consiste esta herencia? “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo” (Apocalipsis 21:7).

Y, como leemos en Hebreos 1:1-2, esta es la misma herencia que recibirá nuestro hermano Jesucristo: “Dios…en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo”.

Sí, Jesucristo, el Hijo primogénito de Dios, es heredero de todo el universo, y nosotros somos coherederos con Él.

Haciendo la voluntad de Dios

Pero ¿quiénes son los hijos de Dios? ¿Cómo podemos se parte de ese grupo de personas que heredará todas las cosas? Jesucristo mismo nos da la respuesta: “le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre” (Mateo 12:47-50). ¡Los hermanos de Cristo son aquellos que hacen la voluntad de su Padre celestial!

En otras palabras, para llegar a ser parte de la familia espiritual de Dios—y recibir la vida eterna—, debemos empezar por hacer la voluntad de Dios aquí y ahora, durante nuestra vida física. Éste es el verdadero propósito por el cual Dios creó al hombre: para que nazca en su familia divina.

¿Conoce usted a Dios?

Si leyó este breve artículo acerca de los hijos de Dios, probablemente tiene interés en conocer mejor a nuestro Creador. ¿Cómo reaccionará entonces ante esta valiosa verdad?

¿La menospreciará como muchos lo hacen? ¿O buscará profundizar más en ella? ¿Estudiará su Biblia hasta descubrir lo que realmente dicen las Escrituras acerca del increíble futuro que le espera? ¿Tendrá el valor para rechazar todos los falsos dioses e ideas religiosas que dominan nuestra sociedad?

Lo crea o no, ¡usted puede convertirse en uno de los futuros hijos de Dios! Esperamos que este sitio le ayude a descubrir lo que el Creador espera de usted. ¿Por qué no comenzar ahora mismo?