¿Por qué Dios permite la guerra?

A través de la historia, la humanidad ha demostrado ser adicta a la guerra. ¿Cómo puede un Dios misericordioso y bueno permitir que causemos tal sufrimiento, muerte, destrucción y horror?

Si Dios es todopoderoso, bueno y misericordioso, ¿cómo puede permitir la miseria y el horror que la guerra conlleva? Para encontrar la respuesta, debemos analizar lo que Él mismo nos dice a través de las escrituras.

Santiago —medio hermano de Cristo— escribió por inspiración: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Santiago 4:1-2).

Pero, ¿cómo comenzó todo?

¿Es Dios el responsable?

Un conflicto irresoluble puede surgir tanto entre personas como entre países. En ambos casos la guerra es producto de algo intrínseco en el hombre: nuestra naturaleza humana. En otras palabras, los verdaderos responsables de la guerra son nuestro egoísmo y ambición innatos.

Pero, ¿cómo es posible que el ser humano llegue a tal punto de malos sentimientos y acciones? ¿Acaso no somos todos “buenas personas”? Pues, aunque parezca sorprendente, la respuesta es no. No lo somos.

En realidad, el ser humano tiene una inclinación natural hacia el mal. Como Jeremías dijo inspirado por Dios: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo el Eterno, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17:9-10).

Mientras no haya un cambio profundo en nuestro corazón, Dios permitirá que suframos las consecuencias de nuestras malas decisiones.

¿Es el ser humano malo por naturaleza? ¿De dónde viene toda esa maldad? Veamos qué nos dice la Biblia acerca de la causa de la maldad en el mundo: “si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3:14-16).

Como dicen las escrituras, Satanás el diablo es el verdadero padre de la mentira y un homicida (Juan 8:44). Es enemigo de la humanidad y su propósito es destruirnos por completo (1 Corintios 5:5).

La guerra es culpa del hombre, no de Dios

Pero, si Dios es todopoderoso, ¿por qué no pone fin a la maldad y la guerra de una vez por todas? La respuesta está en el milenario dilema del libre albedrío. Dios ha puesto ante nosotros la vida y la muerte la bendición y la maldición porque quiere que escojamos la vida por nosotros mismos.

Dios quiere que decidamos sabiamente obedecer su ley que tomemos la decisión de controlar nuestras actitudes, escogiendo, por ejemplo, el amor antes que el odio y la humildad antes que la arrogancia.

Claramente, escoger bien no es una tarea fácil en un mundo como el nuestro; es algo que requiere de mucho carácter. Pero debemos recordar que el resultado de amar a Dios y obedecer sus mandamientos es esa paz que tanto deseamos (Proverbios 3:1-2; Salmos 119:165).

Lamentablemente, muy poca gente está dispuesta a tomar las decisiones que lo llevarían a una vida piadosa y justa. La mayoría sólo cede ante la inclinación natural que la influencia de Satanás produce. Como Efesios 2:2 nos dice, él es capaz de influir nuestra mente con su maldad. Y nuestra tarea es oponerle resistencia y rechazarlo con el carácter que viene de Dios.

Debemos comprender que ha sido el mismo ser humano quien, con sus malas decisiones, ha sacado a Dios del panorama. Nuestro artículo sobre el árbol de la vida lo explica más en detalle. Isaías también lo aclara, recalcando que “no se ha acortado la mano del Eterno para salvar, ni se ha agravado su oído para oír; pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír” (Isaías 59:1-2).

¿Por qué Dios permite la guerra? Porque quiere que la humanidad vea el resultado de vivir lejos de Él a causa del pecado. Dios no tiene la culpa de que haya tanto pecado, maldad y guerra en el mundo; nosotros mismos hemos causado el sufrimiento y destrucción que nos aquejan.

Él de ninguna manera disfruta viendo cómo su creación pelea y se mata entre sí.

¿Condenados a la guerra?

¿Hay alguna esperanza? ¿Estamos condenados a sufrir los horrores de la guerra hasta auto-destruirnos en una guerra nuclear fulminante? La buena noticia es que no, Dios no permitirá que nos auto-aniquilemos. Eventualmente, Cristo regresará a la tierra para tomar el control del mundo y poner fin a la guerra.

¿Cómo lo hará? Veamos qué nos dice la Biblia:

  • Cristo regresará a la tierra para salvar al mundo de la destrucción y establecer el Reino de Dios. Acabará con la guerra con una guerra justa. Como lo describe Apocalipsis 19:11-16, vendrá a la tierra con gran autoridad y un poder asombroso.

  • Luego de acabar con toda oposición, Cristo traerá paz y el pacífico Reino de Dios antes anunciado por los profetas del Antiguo Testamento será finalmente establecido en la tierra.

Paz mundial

Cuando ese día al fin llegue, la humanidad entera conocerá el camino de Dios. Y, libres de la influencia de Satanás (Apocalipsis 20:2-3), la mayoría de las personas querrá saber más de Dios y vivir de acuerdo a su ley de paz y amor.

Esto, por supuesto, requerirá de un corazón dócil y dispuesto a ceder: “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:25-27).

Dios no se ha olvidado de nosotros. No es un Dios desinteresado y lejano. Por el contrario, está trabajando pacientemente para llevar a cabo su plan. Y está dispuesto a permitir que la humanidad llegue al borde la destrucción sólo para que no haya duda de a dónde llevaría la vida sin Él (Mateo 24:21-22). Pero, cuando estemos a punto de auto-aniquilarnos, Cristo vendrá con un esplendor y gloria maravillosos para establecer un nuevo mundo de paz eterna (Isaías 9:7).

¡Conozca más sobre este mundo de paz que ha de venir en nuestro artículo “Rey de Reyes y Señor de Señores”!