Las fiestas bíblicas: ¿Quiere Dios que las celebremos? ¿Por qué?

Cuando ahondamos en las fiestas bíblicas esto nos ayuda a profundizar lo que Dios quiere para nosotros y toda la humanidad. Nos anticipan su plan de salvación.

Respuestas a las preguntas que todos nos hemos hecho

En la Biblia, Dios anualmente nos da un bosquejo y anticipo de su plan de salvación. Los siete pasos de su plan continúan siendo un misterio para muchas personas en la actualidad y aun los cristianos que basan sus creencias en la Biblia con frecuencia pasan por alto el significado de estos festivales bíblicos antiguos.

Cuando entendemos el simbolismo y celebramos estos siete días de fiestas, descubrimos un mayor entendimiento acerca del plan perfecto y unificado de Dios.

Al no entender el patrón unificado de la cosecha de Dios, tenemos dificultades para entender las preguntas más difíciles que surgen. Preguntas como:

  • ¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo?
  • ¿Por qué tuvo que morir Jesús?
  • Ya que Él dio su vida, ¿cómo quiere que respondamos?
  • ¿En dónde está trabajando Dios actualmente?
  • ¿Cómo va a salvar Dios al mundo de su destrucción total?
  • ¿Cuál es la fuente de maldad en el mundo y cómo puede neutralizarse?
  • ¿Cuál es el camino a la paz real y duradera?
  • ¿Qué va a ocurrir con aquellos billones de personas que nunca han escuchado siquiera de Jesucristo y aquellos que nunca han entendido lo que Él es y lo que Él ofrece?

Los otros artículos de esta sección comienzan a explorar las alentadoras y algunas veces sorprendentes respuestas.

Las Fiestas en el Antiguo Testamento, Nuevo Testamento y en el futuro

La lista de las siete fiestas bíblicas aparece en Levítico 23 y se celebraban durante la temporada de cosechas en la tierra santa.

  • La Pascua y la Fiesta de Panes Sin Levadura venían al comienzo de la cosecha primaveral de la cebada.
  • La Fiesta de las Semanas o Pentecostés, se celebraba al final de la cosecha de granos.
  • Las últimas cuatro fiestas se celebraban en la temporada de la cosecha otoñal. Se conocen como la Fiesta de Trompetas, el Día de Expiación, la Fiesta de Tabernáculos y el Octavo Día (que usualmente llamamos el Último Gran Día).

Aunque estas fiestas de la cosecha fueron anunciadas a la nación de Israel en la época de Moisés, Dios las llama “las Fiestas del Eterno” y “Mis fiestas” (Levítico 23:2).

Jesucristo, sus apóstoles y la Iglesia primitiva del Nuevo Testamento, todos, celebraban estas fiestas bíblicas. Usted puede encontrar rápidamente tres ejemplos si busca en Juan 7:37; Hechos 2:1; y 1 Corintios 5:7-8.

Muchos tal vez se sorprendan al saber que está profetizado que estas fiestas bíblicas van a ser celebradas por todas las naciones después de la segunda venida de Jesucristo para establecer el reino de Dios. Analice lo que el profeta Zacarías registró acerca de la época que vendría después del regreso de Jesucristo al monte de los Olivos (Hechos 1:9-11; Zacarías 14:16).

“Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, al Eterno de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zacarías 14:16).

La Fiesta de Tabernáculos será una de las fiestas santas internacionales anuales del Reino de Dios. ¿No es entonces un poco extraño que tan pocos cristianos en la actualidad hayan tenido en cuenta a ésta y a las otras “fiestas del Señor”?

La analogía de la cosecha

Un tema fundamental de la Biblia es el crecimiento espiritual y dar fruto espiritual. Dios utiliza la analogía de las cosechas espirituales como una descripción de su increíble plan de salvación. Veamos algunos ejemplos que corresponden con las temporadas de cosecha.

Lo primero que se produce para ser cosechado en la primavera fue llamado primicias y debía ser ofrecido a Dios (Éxodo 23:19). Espiritualmente, Jesucristo fue la primicia perfecta y el primero en ser resucitado a la inmortalidad:

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” (1 Corintios 15:20).

La primera cosecha espiritual está representada en las fiestas primaverales de la Pascua y los Panes Sin Levadura.

Luego, venía la conclusión de la temporada de cosecha de granos en la Fiesta de Pentecostés. La Iglesia del Nuevo Testamento no sólo comenzó en Pentecostés, sino que además Jesucristo habló de la era de la Iglesia en términos de una cosecha:

“Entonces dijo a sus discípulos; A la verdad la mies es mucha, más los obreros pocos. Rogad pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38).

El apóstol Pablo explicó que en el plan de Dios, hay un orden para todos:

“Porque así como en Adán todos mueren, también en cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en su venida” (1 Corintios 15:22-23).

Como veremos, los mismos patrones se repiten en la gran cosecha, representada por las cuatro fiestas bíblicas del otoño. Ellas demuestran el amor de Dios y su deseo de traer a las personas al arrepentimiento y salvación de sus hijos para siempre (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9).

La cosecha espiritual final está descrita por el apóstol Juan:

“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras” (Apocalipsis 20:12).

No sólo serán abiertos los libros de la Biblia para su entendimiento sino que el Libro de la Vida también será abierto, representando la oportunidad de salvación.

Otro pasaje que describe la misma segunda resurrección dice que Dios va a poner su Espíritu en ellos (Ezequiel 37:14).

Sorprendente como pueda parecer, el plan de Dios no deja a nadie por fuera y no menosprecia a ninguno—todos tendrán la oportunidad de salvación. Dios “desea que todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4), y de esto se trata su plan que es delineado en sus fiestas santas.