
André van Belkum actualmente sirve como pastor de la Iglesia de Dios, una Asociación Mundial, en Nueva Zelanda y la región del Pacífico. Anteriormente fue pastor en congregaciones en el sur de África, incluyendo Sudáfrica, Zambia, Zimbabue y Malawi.
Se graduó de la Universidad Ambassador en Bricket Wood, Inglaterra, en 1969 y fue ordenado como ministro en febrero de 1970. Después de servir en el sur de África durante 40 años, se trasladó a vivir y trabajar en Nueva Zelanda.
André se casó con su amada esposa, Elize, en 1965, y tienen tres hijos adultos y 10 nietos. Su esposa ha sido un apoyo y ayuda constante no sólo sirviendo a su familia, sino también en actividades relacionadas con la Iglesia. Esto incluía visitar a personas que se encontraban en circunstancias difíciles y en regiones remotas.
Desde muy joven, André se preguntaba acerca del por qué los humanos habían sido puestos en la Tierra. ¿Había un propósito para su existencia? Mientras estudiaba en la Universidad de Pretoria, Sudáfrica, preguntó a tres de sus profesores a ver si le podían dar una respuesta. Sus respuestas fueron vagas y confusas.
Fue en ese momento que se le ofreció un folleto producido por la Iglesia de Dios titulado ¿Por qué nació usted? Para su sorpresa, descubrió numerosas referencias bíblicas lógicas y claramente definidas acerca de por qué Dios creó a la raza humana. Esta verdad fue uno de los factores motivantes que lo llevaron a buscar un contacto personal con la Iglesia de Dios, y en 1964 él y su esposa fueron bautizados.
Como alguien que disfruta del aire libre, él y su esposa se reúnen con amigos para visitar reservas naturales, especialmente en el sur de África. El senderismo y la jardinería son sus pasatiempos favoritos, mientras que ambos se ejercitan en el gimnasio de manera regular. Él se mantiene al tanto de las noticias mundiales, especialmente en lo que se refiere a las profecías bíblicas. Aunque intenta proporcionar una dieta equilibrada de sermones, se deleita especialmente en motivarse a sí mismo y a otros para que se enfoquen en nuestro increíble potencial humano, y en las tremendas y firmes promesas que Dios ha dado a aquellos que lo buscan y agradan.