Aunque no es un libro de texto de ecología, la Biblia está llena de principios que nos enseñan acerca del orden magistral de Dios y la compasión por su creación.
La ecología es uno de los campos de estudio científico más recientes y, hoy en día, muchos aspectos de las políticas públicas y la investigación se centran en ella. Aunque a veces hay controversia acerca de la interpretación de los hechos ecológicos y acerca de las decisiones políticas, en su esencia, la ecología es el estudio científico de las complejas interacciones entre los organismos y su entorno.
En esencia, para un cristiano, la ecología puede revelar más acerca de la belleza y las maravillas de la creación de Dios.
Dado que la Biblia se centra en asuntos espirituales, es apropiado no esperar que tenga mucho que decir acerca del tema. Sin embargo, las Escrituras están llenas de observaciones reflexivas que reflejan los fundamentos de la ecología. Principalmente, estas discusiones sirven para proporcionar una visión del carácter de Dios. Él tiene un plan para su creación y se preocupa por ella.
Consideremos algunos ejemplos bíblicos.
1. Debemos considerar la sostenibilidad de nuestras acciones.
Deuteronomio 22:6-7: “Cuando encuentres por el camino algún nido de ave en cualquier árbol, o sobre la tierra, con pollos o huevos, y la madre echada sobre los pollos o sobre los huevos, no tomarás la madre con los hijos. Dejarás ir a la madre, y tomarás los pollos para ti, para que te vaya bien, y prolongues tus días”.
El término “sostenible” describe una práctica que satisface las necesidades presentes sin comprometer la capacidad de satisfacer las futuras. Puede que sea una palabra de moda reciente, pero el concepto se enfatizó hace mucho tiempo en la Biblia.
Desde el principio, Dios encargó al hombre cuidar su entorno (Génesis 2:15). Dios quería que su pueblo fuera prudente (Deuteronomio 32:29), evitara la avaricia (Proverbios 1:19), planificara el futuro (2 Corintios 12:14) y cuidara del mundo que lo rodeaba (Proverbios 12:10).
Como leemos en Deuteronomio 22:6-7, Él les enseñó a dejar que la generación madura se reprodujera nuevamente si encontraban un ave con crías, y nunca tomar a ambas.
Otros pasajes también se relacionan con la sostenibilidad. Los israelitas debían administrar responsablemente su tierra, dejándola descansar regularmente en un barbecho natural (Levítico 25:2-7). Incluso en la guerra, los hijos de Israel debían tener una visión a largo plazo: se les prohibió destruir los árboles frutales de sus enemigos (Deuteronomio 20:20). Después de todo, Dios diseñó los ecosistemas para satisfacer las necesidades de una gran variedad de organismos, y parece deleitarse en todos ellos (Job 38:26-27; Job 39). Dios no se alegra ante la destrucción irreflexiva de su creación (Apocalipsis 11:18).
En resumen, la Biblia describe y exige prácticas sostenibles. Si bien la vida moderna puede plantear diferentes desafíos, los principios ecológicos de la Biblia son igualmente relevantes en la búsqueda actual de la sostenibilidad.
2. Importa las carnes que come.
Levítico 11:2: “Hablad a los hijos de Israel y decidles: Estos son los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra” (véase también Deuteronomio 14:3-20 y Génesis 7:2).
En resumen, la Biblia describe y exige prácticas sostenibles. Si bien la vida moderna puede plantear diferentes desafíos, los principios ecológicos de la Biblia son igualmente relevantes en la búsqueda actual de la sostenibilidad.
Repleta de proteínas y nutrientes, la carne ofrece ventajas como fuente de alimento. La Biblia afirma que Dios permitió a los seres humanos para que consumieran animales, así como “las plantas verdes” (Génesis 9:3). Sin embargo, así como muchas plantas son no comestibles o venenosas para los humanos, es lo mismo en el caso de las carnes. No sólo las estructuras musculares de los peces, las aves y otros animales difieren ampliamente entre sí (como señala 1 Corintios 15:39), sino que incluso la carne de criaturas aparentemente similares puede variar de relativamente saludable a riesgosa según una multitud de factores ecológicos y anatómicos. Un vistazo a las carnes que Dios llama “limpias” (aptas para el consumo humano) e “inmundas” confirma este principio.
Claro que Dios da leyes para nuestro bien, tanto espiritual como físico (Deuteronomio 10:13). Estudiar sólo la ciencia que sustenta cada mandamiento no puede revelar el propósito superior de Dios, y ciertamente no puede reemplazar la obediencia. Sin embargo, comprender la sabiduría científica contenida en Levítico 11 puede ayudarnos a comprender que las leyes de Dios no son arbitrarias, sino diseñadas específicamente para cumplir su propósito, incluso si no lo comprendemos del todo.
Aunque otras consideraciones biológicas (como las diferencias digestivas que hacen que algunas carnes sean más propensas a transmitir enfermedades) son igualmente instructivas, en este artículo nos centraremos en la ecología que rodea las instrucciones de Dios. Cabe destacar que las directrices bíblicas sólo requieren observación; no es necesario diseccionar un animal para discernir si es limpio.
Entonces, ¿qué tienen que ver las leyes bíblicas acerca de la alimentación con la ecología?
En primer lugar, la Biblia descarta a los grandes depredadores terrestres y aéreos como fuente de alimento para los humanos. Todos los animales con pezuñas hendidas que también rumian —herbívoros, por definición— son limpios. Entre las criaturas voladoras, muchas aves rapaces y carroñeras se enumeran específicamente como impuras. (También se eliminan muchos grandes depredadores acuáticos, ya que sólo los peces con aletas y escamas son limpios.)
Es interesante considerar que estas prohibiciones son acertadas desde un punto de vista ecológico. Aproximadamente una décima parte de la energía que un animal consume a lo largo de su vida se utiliza para aumentar su masa corporal; desde la perspectiva de su depredador, el resto se pierde. Es decir, en cada eslabón de la cadena alimentaria (en cada nivel trófico sucesivo, como dirían los ecologistas), producir medio kilo de carne puede requerir diez veces más recursos.
Este tipo de impacto implica que las toxinas ambientales pueden concentrarse en la carne de los depredadores (biomagnificación). También implica que la mayoría de los entornos no albergan muchos depredadores superiores, lo que, a su vez, los hace vulnerables a la caza excesiva.
Desarrollar el gusto por comer animales carnívoros no sólo es ineficiente, sino que también puede desestabilizar un ecosistema. Si los humanos limitan o eliminan drásticamente a los depredadores, las poblaciones de presas (con sus tasas de reproducción generalmente altas) superan los niveles de equilibrio y amenazan a las especies vegetales y animales al consumirlas en exceso o superarlas en competencia.
Existe otra razón ecológicamente sólida para no consumir un animal carnívoro. Las presas débiles y enfermas suelen ser más fáciles de atrapar, por lo que es probable que los depredadores consuman carne infectada. Los pumas, por ejemplo, consumen una cantidad desproporcionadamente alta de ciervos con síndrome de desgaste crónico, “una enfermedad neurológica degenerativa similar a la enfermedad de las vacas locas”, según un estudio publicado por el New York Times. Este hecho puede ser beneficioso para la población de presas, ya que reduce las probabilidades de que un animal sano entre en contacto con un contagio. Sin embargo, si bien un agente infeccioso puede no afectar al depredador que lo ingiere, esto no garantiza que los humanos no se vean afectados de la misma manera.
De igual manera, la Biblia muestra que los animales que sirven como “equipo de limpieza” de la naturaleza no son para consumo humano. Los carroñeros, los que se alimentan en el fondo del mar, los mariscos y otros animales son esenciales para mantener el flujo de nutrientes a través de un ecosistema y mantenerlo limpio y saludable para otros organismos. Por ejemplo, una ostra es una criatura marina impura que puede filtrar más de 190 litros de agua en 24 horas, mejorando drásticamente la calidad del agua al filtrar su alimento, las algas microscópicas. La amenaza a las poblaciones de ostras por la sobrepesca (o la contaminación) puede causar un desastre ambiental.
Por supuesto, la alimentación por filtración también concentra bacterias dañinas, virus y toxinas de algas en los cuerpos de las ostras: otra buena razón para evitar comerlas.
Como lo demuestran las leyes bíblicas acerca de la alimentación, Dios diseñó y cuida la interdependencia de su creación. Para más información acerca de cómo y por qué seguir las instrucciones de Dios acerca de las carnes limpias e inmundas, lea nuestro artículo “Animales limpios e inmundos: ¿le importa a Dios qué tipo de animales comemos?”.
3. Los seres vivos están compuestos de elementos de la tierra y se descomponen en tierra.
Génesis 3:19: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.
La Escritura establece una relación cíclica entre la tierra y nuestros cuerpos. De hecho, la ciencia está de acuerdo. Los ingredientes químicos que componen a los humanos (y otros organismos) se mezclan con el suelo después de la descomposición. En consecuencia, todos los elementos que componen el cuerpo humano pueden encontrarse en el suelo.
Sin embargo, el suelo no es necesariamente su lugar de descanso final. Algunos de estos elementos se mueven en ciclos entre la atmósfera, la biosfera y la superficie de la Tierra; los ciclos del carbono, nitrógeno y agua incluyen caminos para que cada uno de estos químicos sea absorbido por una planta, y quizás sea consumido por un animal (o una serie de animales) antes de regresar al suelo.
Otros elementos esenciales tienen una ruta aún más directa de regreso a los cuerpos de los organismos, ya que las plantas y los animales los obtienen directamente de la tierra o indirectamente a través de la cadena alimentaria.
En otras palabras, la Biblia describe un ciclo de vida: el proceso de descomposición recicla nutrientes para las generaciones futuras. Este hecho es fundamental para entender cómo crecen los organismos e interactúan con su entorno. También nos ayuda a apreciar cómo Dios tiene un plan maestro y un orden incluso en las partes “sucias” y desagradables de su creación.
Para aprender más acerca de este asombroso plan y lo que Dios realmente dice acerca de la vida después de la muerte, asegúrese de leer nuestros artículos en la sección “¿Existe vida después de la muerte?”.