Alemania en la profecía, parte 1: Alemania domina el Sacro Imperio Romano Germánico
Alemania ha desempeñado un papel fundamental en la historia, incluyendo las dos guerras mundiales. ¿Se encuentra Alemania en la profecía? ¿Cuál es el legado y la influencia de este país en la actualidad?

Cuadro de Anton von Werner que representa la proclamación del Imperio Alemán el 18 de enero de 1871.
“Si Europa quiere evitar la guerra, debe prepararse para ella”.
Estas fueron las impactantes palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, poco después del enfrentamiento del presidente Donald Trump con el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky.
La idea de que Europa se rearme para asegurar la paz puede parecer paradójica, pero tiene sus raíces en la historia. Las naciones construyen ejércitos poderosos para disuadir conflictos o imponer su voluntad, buscando que la guerra parezca impensable. Esto refleja el espíritu del dicho latino: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”.
Durante los últimos 80 años, Europa ha evitado en gran medida un rearme importante, debido al recuerdo de las dos guerras mundiales devastadoras y al temor de una Alemania militarista.
Pero en el último año, Estados Unidos ha mostrado una menor participación en conflictos como el que afecta a Ucrania. El presidente Trump ha instado a Europa a asumir una mayor responsabilidad por su propia seguridad, señalando: “Esta guerra es mucho más importante para Europa que para nosotros”.
El 19 de enero de 2026, Ursula von der Leyen respondió a la alianza transatlántica declarando: “Es hora de aprovechar esta oportunidad y construir una nueva Europa independiente”. Añadió: “Europa necesita adaptarse a la nueva arquitectura de seguridad y a las realidades a las que nos enfrentamos ahora. Por eso, Europa está preparando su propia estrategia de seguridad, que planeamos publicar a finales de este año”.
Este cambio no es un buen augurio para Estados Unidos, que se prevé que decaerá a medida que Europa ascienda.
El resurgimiento del militarismo alemán en Europa está llamado a transformar el orden global.
La búsqueda de la independencia de Europa
Hoy en día, presenciamos un realineamiento geopolítico: Estados Unidos se distancia de Europa, mientras que Europa busca una mayor independencia. Este cambio se viene gestando desde hace años, pero se aceleró notablemente en 2017, cuando Angela Merkel instó a Europa a depender menos del apoyo estadounidense, durante el primer mandato del presidente Trump.
Dos factores hacen que hoy sea diferente.
En primer lugar, Estados Unidos está dando su aprobación a este proceso y planeando su retirada. El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, declaró sin rodeos a Europa : “La época en que Estados Unidos era el único garante de la seguridad europea ha terminado. Esto era algo que debía haberse hecho hace tiempo”. Estados Unidos transfirió la gestión del Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania, al Reino Unido y Alemania.
Un segundo aspecto radica en los planes de rearme a gran escala de Alemania. Debido a su historia e influencia, Alemania no es una nación cualquiera. Como agresor principal en ambas guerras mundiales, casi doblegó al mundo en dos ocasiones.
Después de la Segunda Guerra Mundial, esto dio lugar a lo que se conoció como la “cuestión alemana”.
¿Cuál fue la cuestión alemana?
La “cuestión alemana” era cómo integrar a Alemania en Europa y evitar otro conflicto.
En esencia, ¿cómo podría el mundo evitar que Alemania iniciara la Tercera Guerra Mundial?
Ochenta años después, esa pregunta parece prácticamente olvidada. El nacionalismo alemán está en auge y la nación se está rearmando. Durante la visita del canciller Friedrich Merz a la Casa Blanca, el presidente Trump comentó sobre el rearme alemán: “No estoy seguro de que el general MacArthur lo hubiera considerado positivo; no le gustaría, pero en cierto modo creo que es bueno”.
Un Berlín vibrante. Alemania se ha recuperado de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial para recuperar su posición como potencia económica de Europa. Crédito de la imagen: Nikada/iStock a través de Getty Images
¿Pero es el rearme alemán algo bueno? ¿Qué nos enseña la historia?
Tras dos guerras devastadoras, las naciones vencedoras buscaron asegurar que no volviera a ocurrir. Así que establecieron dos instituciones para impedir que Alemania volviera a tener un ejército poderoso.
La primera institución fue la OTAN. Su primer secretario general, Lord Ismay, describió su misión con la famosa frase: “Mantener a los rusos fuera, a los estadounidenses dentro y a los alemanes abajo”.
La segunda institución fue la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, integrada por seis naciones y precursora de la Unión Europea. Su objetivo era aunar recursos clave, impulsar la recuperación económica de Europa tras la Segunda Guerra Mundial y limitar estrictamente la capacidad de Alemania para rearmarse, vinculando su producción de carbón y acero a una autoridad compartida.
A pesar de estas dos instituciones, diseñadas para contener y controlar a Alemania, el país recuperó inevitablemente su posición como la nación más poderosa de Europa. Alemania se ha recuperado de la destrucción de la Segunda Guerra Mundial para convertirse hoy en día en el principal acreedor del mundo.
Ahora Alemania utiliza su riqueza para rearmarse.
El canciller Merz declaró: “El gobierno federal proporcionará todos los recursos financieros que la Bundeswehr necesita para convertirse en el ejército convencional más fuerte de Europa”. Otras naciones se están uniendo a Alemania. La primera ministra de Dinamarca ha expresado su apoyo al rearme europeo. La primera ministra Mette Frederiksen enfatizó: “Para mí, lo más importante es rearmar Europa... si Europa no es capaz de protegerse y defenderse, se acabó el juego”.
Sin embargo, muchos no consideran que la Biblia profetiza que Alemania dominará el mundo por última vez. Pero antes de explorarlo, debemos considerar un poco más de historia.
Alemania dominó el Sacro Imperio Romano Germánico
Daniel 7 contiene una profecía acerca de cuatro reinos representados por cuatro bestias feroces y salvajes. Estos reinos se identifican como los imperios de Babilonia, Medopersia, Grecia y Roma.
El imperio final, Roma, se describe como “espantosa y terrible y en gran manera fuerte... [y] muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella” (Daniel 7:7). Parte de lo que distinguió al Imperio Romano de todos los imperios anteriores fueron sus “diez cuernos” (versículo 7). En la profecía bíblica, un cuerno simboliza poder, como un rey o un gobierno. Los “diez cuernos” se describen además como “diez reyes” que surgirían de este reino (versículo 24).
A diferencia de los imperios anteriores, que finalmente cayeron y no se recuperaron, se profetizó que el Imperio Romano resurgiría diez veces tras su caída original. Hasta la fecha, ha revivido nueve veces.
Una bestia de diez cuernos. Daniel 7 describe una bestia agresiva con diez cuernos, que representa a Roma y sus diez resurgimientos futuros. Crédito de la imagen: Personal de VEV
Los tres primeros resurgimientos fueron las restauraciones bárbaras de los vándalos (429-533), los hérulos (476-493) y los ostrogodos (493-554). Estos tres fueron arrancados de raíz por el cuerno pequeño que surgió entre los otros cuernos (versículos 8, 20 y 24).
Se describe al cuerno pequeño como alguien que “hacía guerra contra los santos”, que pronuncia “palabras contra el Altísimo”, que cambia “los tiempos y la ley” y que persigue a “los santos” (versículos 21 y 25). Todas estas acciones describen un poder religioso que se opone a Dios, a su verdad y a su pueblo.
La historia muestra que, antes de la caída del Imperio Romano original, una nueva potencia religiosa cobró importancia dentro del imperio: la Iglesia Católica Romana.
Luego llegó Justiniano, identificado como el cuarto cuerno, quien buscó restaurar el Imperio Romano en lo que se denomina la “Restauración Imperial” (554). Mediante una serie de guerras, derrotó y expulsó a varias tribus bárbaras de Europa Occidental. Pronto perdieron prominencia o, como las describe la Biblia, fueron “arrancadas de raíz”. Justiniano reafirmó la autoridad soberana del emperador romano y, desde su reinado, el poder imperial estuvo ligado a la autoridad de la Iglesia Católica.
Posteriormente, Carlomagno emergió como el quinto cuerno. A menudo llamado el "Padre de Europa", fue coronado por el papa León III en el año 800. Algunos lo consideran el primer rey germánico, aunque los franceses también lo reclaman como suyo. Mediante una serie de brutales campañas, unió gran parte de Europa bajo la Iglesia Católica Romana, obligando a los pueblos conquistados a convertirse o morir.
Hasta el día de hoy, Europa conmemora su legado con el Premio Carlomagno. Una vez al año es otorgado a personas que promueven la unidad europea. En el 2025, se le otorgó a Ursula von der Leyen, quien instó a Europa a unirse y prepararse para la guerra. Carlomagno es considerado el primero de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, debido a su estrecha alianza con la Iglesia Católica.
A partir de entonces, los emperadores germánicos dominaron lo que se conocería como el Sacro Imperio Romano Germánico. Otón el Grande fue el sexto cuerno. Aseguró el imperio para el pueblo alemán y fue coronado por el papa Juan XII en el año 962. Es conocido por estabilizar el imperio y transferir oficialmente el cargo de emperador del Sacro Imperio Romano Germánico al reino de Alemania. Esto reforzó aún más la idea de que los reyes alemanes actuaban, al mismo tiempo, como guardianes de la Iglesia y del imperio.
Después vino Carlos V, el séptimo cuerno, quien fue coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el Papa Clemente VII en el año 1530. Se puso del lado del Papa contra los reformadores, durante la Reforma Protestante.
Le sucedió Napoleón, el octavo cuerno, en 1804. Este resurgimiento no fue germánico. Napoleón nació en Córcega, poco después de su cesión a Francia, y era de ascendencia italiana. Desempeñó un papel crucial en el fin del dominio germánico en Europa y allanó el camino para el ascenso de Gran Bretaña al poder del continente. El momento de este acontecimiento fue significativo.
El surgimiento de las naciones israelitas
Dios predijo que la bestia, que representaba al Imperio Romano, dominaría al mundo y perseguiría a su pueblo durante “un tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo” (Daniel 7:25). En términos bíblicos, un “tiempo” equivale a 360 días, un año profético. Por lo tanto, esta frase significa tres “tiempos” y medio (o 3,5 x 360 días, lo que suma un total de 1.260 días). En este caso, aplicando el principio de “día por año” de Números 14:34 y Ezequiel 4:6, este período suma un total de 1.260 años.
El período entre la restauración imperial de Justiniano en 554 y el fin del gobierno de Napoleón en 1814 fue de 1.260 años.
En esta etapa, el Imperio Británico comenzó a expandirse y gobernar. Esto marcó el final de un largo período histórico, dominado por naciones gentiles (no israelitas) y el comienzo de una era en la que las llamadas tribus perdidas de Israel dominarían gran parte del mundo.
Dios le prometió a Abraham que sería el padre de muchas naciones (Génesis 17:4-5). El nombre de su nieto Jacob fue cambiado a Israel (Génesis 32:28), y Dios le dijo que sus descendientes formarían una nación y un conjunto de naciones (Génesis 35:11). Al final de su vida, Jacob profetizó que sus hijos, las 12 tribus de Israel, existirían como múltiples naciones en los “últimos días” (Génesis 49:1).
Jacob dio a sus nietos Manasés y Efraín una bendición especial (Génesis 48:5; compárese con 1 Crónicas 5:1). Los descendientes de Efraín se convertirían en una multitud, o grupo, de naciones. Los descendientes de su hermano Manasés se convertirían en una sola gran nación (Génesis 48:19).
Alrededor del año 722 a. C., Asiria tomó cautivo al pueblo de Dios hacia el norte, incluidos a Manasés y Efraín.
Dios le dijo a Israel que debido a su desobediencia, “los castigaré siete veces más por sus pecados” (Levítico 26:18; vea también los versículos 21, 24 y 28). La frase “siete veces” puede referirse tanto a la intensidad como a la duración del castigo. En términos de duración, un tiempo es un año, es decir, 360 días; entonces siete veces equivale a 7 × 360 días, es decir, 2.520 días. Aplicando el principio de día por año, esto representa 2.520 años. Contando desde la caída de Israel en 722 a. C. nos lleva al siglo XIX, cuando las promesas de primogenitura comenzaron a cumplirse entre los descendientes de Efraín. Estas profecías se cumplieron con el surgimiento del Imperio Británico, que más tarde se convirtió en la Mancomunidad Británica.
Su dominio comenzó a menguar con el ascenso del noveno cuerno.
Para obtener más información, estudie el artículo “Las 12 tribus de Israel en la historia y la profecía”.
El ascenso de Alemania
Bajo el liderazgo de Otto von Bismarck, los estados alemanes se unificaron en una sola nación, llamada Alemania (o Deutschland).
En 1871, Guillermo I fue proclamado emperador alemán y Bismarck se convirtió en el primer canciller del nuevo imperio, marcando el comienzo de lo que los historiadores llaman el Segundo Reich.
En tan solo 43 años, la recién unificada nación alemana desempeñaría un papel central en el inicio mundial de la guerra. En 1914, el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del trono austrohúngaro, a manos de un nacionalista serbio, desencadenó una reacción en cadena. Alemania brindó a Austria su apoyo incondicional, conocido como el "cheque en blanco", en sus acciones contra Serbia y, posteriormente, declaró la guerra a Rusia y Francia.
En poco más de un mes, las principales potencias de Europa estaban en guerra.
El Canciller de Hierro. Bajo el liderazgo de Otto von Bismarck, los estados alemanes se unificaron en una sola nación llamada Alemania (o Deutschland).
Tras la derrota de Alemania en 1918, el Tratado de Versalles le impuso duras condiciones. Estas incluían límites estrictos al tamaño de su ejército, la prohibición de tanques, submarinos y una fuerza aérea, así como la obligación de pagar cuantiosas reparaciones.
Doce años después, en la década de 1930, la economía mundial estaba en crisis, afectando especialmente a Alemania. En medio de la agitación, Adolf Hitler ascendió al poder, prometiendo ser el salvador de Alemania. Reactivó la economía mediante proyectos masivos de infraestructura y un programa de rearme. En 1939, Hitler sumió al mundo en la Segunda Guerra Mundial, al invadir Polonia.
Hitler había establecido una alianza con Benito Mussolini en el año 1936 (reforzada en el año 1939) y habían firmado un acuerdo con el Vaticano para proteger a la Iglesia Católica. Denominó a su liderazgo el Tercer Reich de Alemania, o el tercer Imperio Alemán. En su opinión, los tres Reichs eran:
- Primer Reich: el Sacro Imperio Romano Germánico, que comenzó con Carlomagno (800) y duró hasta el ascenso de Napoleón, a principios del siglo XIX.
- Segundo Reich: el Imperio Alemán, desde la unificación de Alemania en el año 1871, hasta el final de la Primera Guerra Mundial, en el año 1918.
- Tercer Reich: régimen de Hitler, que según él mismo, marcaba el inicio de un reinado de 1.000 años de dominación global alemana.
Afortunadamente para el mundo, el malvado Reich terminó con la derrota militar de Alemania y el ignominioso suicidio de Hitler en su búnker de Berlín, el 30 de abril de 1945.
Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, los Aliados decidieron acabar con el militarismo alemán de una vez por todas.
En una declaración conjunta acerca de la Conferencia de Yalta, el 11 de febrero de 1945, los líderes aliados declararon: “Nuestro inflexible propósito es destruir el militarismo y el nazismo alemanes y garantizar que Alemania nunca más pueda perturbar la paz mundial. Estamos decididos a desarmar y disolver todas las fuerzas armadas alemanas; desmantelar definitivamente el Estado Mayor alemán que ha propiciado repetidamente el resurgimiento del militarismo de esta nación; retirar o destruir todo el equipo militar alemán; eliminar o controlar toda la industria alemana que pueda utilizarse para la producción militar”.
La victoria aliada marcó el final del noveno cuerno.
Sin embargo, todavía falta un décimo y último cuerno que se levantará, y que hundirá al mundo en una guerra aún más extensa, mortífera y terrible que las guerras mundiales del siglo XX (Mateo 24:21-22).
Aunque este resurgimiento final aún no se ha producido, está empezando a surgir en Europa, con una Alemania revitalizada, una vez más a la cabeza del continente.
“Los tiempos de los gentiles”
La Biblia profetizó que la bendición de Efraín vendría primero (Génesis 48:20).
Tras la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña quedó en bancarrota, lo que allanó el camino para que Estados Unidos ocupara su lugar como la principal superpotencia mundial. Como descendientes de Manasés, el otro hijo de José, Estados Unidos comenzó a experimentar la bendición de convertirse en una gran nación.
En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos reformuló el orden global, marcando el comienzo de un período de relativa paz y prosperidad que ha durado 80 años.
Hoy, sin embargo, Estados Unidos experimenta un declive gradual. La nación enfrenta profundas divisiones políticas, una deuda insostenible, un deterioro social y cultural, y el debilitamiento de su influencia global, a medida que surgen potencias rivales que desafían su dominio.
La profecía bíblica muestra que el final de los tiempos estará dominado por naciones no israelitas, o gentiles (Lucas 21:24; Apocalipsis 11:2; 13:5). Por consiguiente, Estados Unidos declinará y dará paso al décimo cuerno, el resurgimiento final del Sacro Imperio Romano Germánico.
Tanto la historia como la profecía indican que Alemania volverá a desempeñar un papel dominante en esta nueva potencia que está por surgir.
Esta potencia europea liderada por Alemania llevará al mundo al borde de la aniquilación, durante un período de tiempo que la Biblia llama la Gran Tribulación.
En nuestra próxima publicación de esta serie, exploraremos la identidad profética de Alemania en la Biblia.
Fecha de publicación: Febrero 13, 2026