Alemania en la profecía, parte 3: una historia de dos corazones
Históricamente, Alemania ha transformado su carácter nacional en tiempos de crisis y guerra. Esto debería hacernos conscientes de la situación mundial actual y del rearme alemán.

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Anteriormente en esta serie, examinamos el dominio alemán sobre el Sacro Imperio Romano Germánico y su profetizado resurgimiento final. En la publicación anterior, señalamos los sorprendentes paralelismos entre la Alemania nazi y la antigua Asiria, en particular su crueldad, su afán de expansión y su espíritu guerrero.
Sin embargo, el pueblo alemán no siempre se inclina hacia la guerra.
Desde la Segunda Guerra Mundial, Alemania ha sido una nación mayoritariamente pacífica, y a muchos —incluyendo a los propios alemanes— les resulta difícil imaginar que la Alemania moderna repita la brutalidad de su pasado.
Pero la Biblia advierte que este espíritu pacífico no durará. En tiempos de crisis, Alemania a menudo, ha experimentado cambios drásticos en su carácter nacional —transformaciones que repetidamente la han llevado a prepararse para la guerra.
Abrazando la guerra en tiempos de crisis
Después de la Primera Guerra Mundial, Alemania se vio agobiada por reparaciones de guerra punitivas. A principios de la década de 1920 sufrió una terrible hiperinflación. Luego, en 1929, la bolsa de valores de los Estados Unidos colapsó, lo que marcó el inicio de la Gran Depresión.
Las condiciones económicas llevaron a los bancos estadounidenses a retirar los préstamos otorgados a Alemania. Asimismo, Estados Unidos impuso aranceles a más de 20.000 productos importados. Esta medida, combinada con las acciones de represalia de otras naciones, redujo el comercio mundial en un 66 por ciento y, de hecho, empeoró la Depresión.
Alemania, que dependía en gran medida de los préstamos extranjeros y las exportaciones, se vio especialmente afectada. La producción industrial colapsó y el desempleo se disparó a más de 6 millones de empleos perdidos, lo que alimentó una severa inestabilidad política que condujo al ascenso de movimientos políticos extremistas.
El "salvador" de Alemania. En medio de graves dificultades económicas, Adolf Hitler se presentó como el salvador político de Alemania, prometiendo revitalizar su economía mediante proyectos de infraestructura y un ejército ampliado. Crédito de la imagen: Narodowe Archiwum Cyfrowe (dominio público), a través de Wikimedia Commons
Durante estas luchas económicas, Adolf Hitler surgió y se presentó como el salvador político de Alemania, prometiendo revitalizar su economía con proyectos de infraestructura y una expansión militar. Hoy, en medio de los aranceles estadounidenses y el estancamiento económico alemán, Friedrich Merz introdujo un paquete de un billón de dólares destinado a la infraestructura y el ejército para abordar los desafíos del país. El nuevo canciller de Alemania declaró: “Alemania está de vuelta” y “está realizando una contribución significativa a la defensa de la libertad y la paz en Europa”.
Economistas y comentaristas han advertido que los aranceles de Estados Unidos podrían amenazar con una guerra comercial global al socavar el sistema de libre comercio posterior a la Segunda Guerra Mundial, y corren el riesgo de provocar un conflicto que recuerde a la década de 1930, a medida que los países se enfocan en sus propios intereses.
El primer ministro de Singapur, Lawrence Wong, dijo: “Es muy posible que terminemos en una guerra comercial global total”. El doctor Sunghoon Park, economista de reconocimiento internacional y profesor emérito de la Universidad de Corea, advierte: “Si la guerra de aranceles persiste y se expande, la economía mundial corre el riesgo de sumergirse en una recesión o depresión a gran escala, con reminiscencias de la Gran Depresión de los años de 1930”.
Recientemente, los fabricantes de automóviles alemanes pidieron al gobierno que considere cambiar la producción hacia la fabricación de armas, en respuesta a las presiones económicas causadas por los aranceles estadounidenses (telegraph.co.uk). Curiosamente, estos fabricantes históricamente suministraron armas al ejército de Alemania.
Alemania, atormentada durante mucho tiempo por su pasado nazi, ha evitado en gran medida el rearme después la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, las crecientes preocupaciones —reales o percibidas— acerca de una posible retirada de Estados Unidos de Europa, la agresión rusa y las presiones políticas internas han impulsado a Alemania a reconsiderar esa postura.
Un artículo de la BBC titulado “Alemania decide dejar la historia en el pasado y prepararse para la guerra” debería alertarnos de que vivimos en tiempos peligrosos y de cambios rápidos.
La historia parece estar repitiéndose.
El rostro cambiante de Alemania
Alemania experimentó un cambio repentino antes de la Segunda Guerra Mundial, el cual estuvo fuertemente influenciado por un líder fuerte y radical.
La periodista estadounidense Dorothy Thompson advirtió al mundo acerca de Hitler. En su artículo de abril de 1940 en Foreign Affairs, titulado “The Problem Child of Europe” [El niño problema de Europa], ella señaló el rostro cambiante de Alemania.
Escribió: “Cuando ocurre una revolución drástica en una sociedad, el cambio en la atmósfera y el comportamiento es tan abrumador que uno no puede dar crédito a lo que ve y oye. Ésta no es la sociedad con la que uno estaba familiarizado, el lugar donde uno se sentía tan a gusto. La antigua sociedad tenía un rostro que uno conocía y en el que confiaba. De repente, ha desaparecido. Hay otro rostro allí —un rostro extraño, forastero. Uno piensa: ‘Esto es una pesadilla’”.
Alemania, bajo crisis, tiene un historial de transformar su carácter y convertirse en una nación diferente.
Un cambio de corazón
Isaías profetizó que Asiria tenía dos corazones: “¡Oh Asiria, vara de mi furor, en su mano he puesto mi indignación!... aunque él no lo pensará así, ni su corazón lo imaginará de esta manera, sino que su pensamiento será desarraigar y cortar naciones no pocas” (Isaías 10:5, 7).
Alemania, bajo crisis, tiene un historial de transformar su carácter y convertirse en una nación diferente.
En otras palabras, Asiria tiene un corazón que no pretende destruir y otro que, en ciertos momentos, la conduce a una agresión que causa la destrucción de muchas naciones.
¿Es el pueblo alemán más malvado que otros pueblos?
No.
El corazón de todos los seres humanos es capaz de hacer un gran bien y también un gran mal (Génesis 3:22). La maldad del corazón humano existe en cada persona (Jeremías 17:9). Salomón oró para que todos podamos conocer “la plaga” de nuestro “propio corazón” (1 Reyes 8:38).
Entonces, ¿a qué se refiere Isaías con un corazón que destruirá, pero que no pretende hacerlo? Para entender esto, consideremos la mente asiria y alemana.
Es importante, por supuesto, recordar que estamos hablando en términos generales. Las características nacionales no se aplican a cada individuo dentro de una etnia y no reflejan las características de todos los individuos alemanes o de ascendencia alemana. Lo que analizaremos aquí son características históricas y patrones de las naciones asiria y alemana.
La mente asiria
Los asirios poseían una mentalidad distintiva caracterizada por la habilidad en la ingeniería y la innovación científica. En el siglo VII a.C., bajo el rey Asurbanipal, desarrollaron algunos de los primeros sistemas de correos y carreteras del mundo, vinculando los confines más remotos de su imperio.
Algunos creen que la lente de Nimrod de Asiria es un ejemplo temprano de artesanía óptica, posiblemente utilizada como un telescopio o lupa primitiva.
Meticulosos y brutales. Los asirios eran muy avanzados, pero despiadadamente violentos. Este relieve muestra al ejército de Asurbanipal mutilando a un enemigo derrotado, una brutalidad que posteriormente replicaron los soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Crédito de la imagen: Carole Raddato / Museo Británico, CC BY 4.0
Los asirios también idearon un sistema de cuadrículas y coordenadas para la cartografía, años antes de que los griegos desarrollaran el sistema actual de longitud y latitud. Fueron reconocidos por sus innovaciones militares y avances médicos, tales como los textos médicos que registran diagnósticos y tratamientos. Sobresalieron en el vidriado de cerámica, la fabricación de vidrio y utilizaron formas primitivas de cerraduras y llaves. Establecieron la biblioteca organizada más antigua que se conoce, la cual contenía miles de tablillas cuneiformes. Fueron verdaderamente una civilización inteligente. Pero, ¿qué ocurre cuando esa misma habilidad, inteligencia y precisión se dedican a la guerra?
Cuando ese tipo de mentalidad se enfoca en la guerra, a menudo da como resultado el desarrollo de una máquina de guerra avanzada y poderosa.
Los asirios establecieron el primer ejército profesional, integrando infantería, caballería y carros para una mejor movilidad. Cuando Senaquerib atacó a Ezequías, sus fuerzas sumaban 185,000 hombres (2 Reyes 19:35), una cifra formidable para esa época.
Los asirios estuvieron entre los primeros en producir armas de hierro en masa —mucho más fuertes que las de bronce— y desarrollaron técnicas avanzadas de asedio, incluyendo arietes, torres, túneles y rampas, que desempeñaron un papel fundamental en su conquista de Laquis (2 Crónicas 32:9).
Su logística de guerra permitió campañas prolongadas, respaldadas por líneas de suministro bien mantenidas. También emplearon tácticas de terror —deportaciones, ejecuciones y destrucción— para aplastar a la oposición y disuadir la resistencia. A través de la innovación, la disciplina y la organización, los asirios construyeron una máquina militar que dominó el antiguo Medio Oriente durante siglos.
Ahora, consideremos a los alemanes.
La mente alemana
Antes de la Segunda Guerra Mundial, Alemania era una de las naciones líderes en ciencia e innovación y produjo un número notable de ganadores del Premio Nobel en física, química y medicina.
Pocos se dan cuenta de cuán profundamente Alemania ha moldeado al mundo moderno.
Los inventores e ingenieros alemanes contribuyeron a muchas tecnologías transformadoras, incluida la imprenta (Johannes Gutenberg), el automóvil (Karl Benz), el motor diésel (Rudolf Diesel), la motocicleta (Gottlieb Daimler), el planeador (Otto Lilienthal), el motor a reacción (Hans von Ohain), el dirigible (Ferdinand von Zeppelin), el helicóptero (Heinrich Focke), la aspirina (Felix Hoffmann), la computadora (Konrad Zuse) y los fertilizantes químicos (Fritz Haber y Carl Bosch).
Una tierra de mentes brillantes. Alemania ha producido algunos de los pensadores y artistas más influyentes de la historia. Este monumento rinde homenaje a Ludwig van Beethoven en su ciudad natal, Bonn, Alemania. Crédito de la imagen: PhotoFires/iStock a través de Getty Images
Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos contó con el apoyo de varios refugiados y emigrantes nacidos en Alemania para desarrollar la bomba atómica. Entre ellos se encontraban Hans Bethe y Klaus Fuchs.
Durante los primeros 10 años de la posguerra, Estados Unidos reclutó en secreto a científicos alemanes para aprovechar su experiencia en la llamada Operación Paperclip. Mediante este programa, el gobierno estadounidense reclutó a más de 1.600 ingenieros y científicos alemanes, muchos de los cuales habían servido en el régimen nazi, para desarrollar tecnología para Estados Unidos, durante la Guerra Fría.
Alemania también ha producido algunos de los pensadores más influyentes de la historia (para bien y para mal): Immanuel Kant, Georg Hegel, Friedrich Nietzsche y Karl Marx.
En el ámbito cultural, muchos de los más grandes compositores clásicos de la música provenían de Alemania, entre ellos Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven, Felix Mendelssohn, Johannes Brahms, Richard Strauss y Richard Wagner. Si bien Wolfgang Amadeus Mozart era austriaco, su lengua lo situó firmemente en el amplio ámbito cultural alemán.
Al igual que la antigua Asiria, la Alemania actual ha contado con algunas de las mentes más brillantes del mundo.
Pero cuando una mentalidad técnica e inventiva se canaliza hacia la guerra, el resultado es una tecnología militar poderosamente destructiva (ametralladoras, tanques, submarinos, misiles de crucero, cohetes y fisión nuclear) que puede aniquilar naciones completas.
Al igual que la antigua Asiria, la Alemania nazi contaba con un núcleo de ingenieros adscritos a unidades militares para despejar obstáculos y superar las defensas. También realizó experimentos inhumanos con prisioneros, en nombre del avance del conocimiento médico y militar.
Deberíamos estar profundamente preocupados por la redirección de esta mentalidad inventiva hacia la guerra, especialmente en la era de la inteligencia artificial y las armas autónomas. Los rápidos avances en fusión nuclear, bioingeniería, nanotecnología, sistemas láser, guerra espacial y computación cuántica, pueden dar lugar a tecnologías de inmenso poder que pueden utilizarse para una destrucción sin precedentes.
En la Conferencia de Seguridad de Múnich 2026, Friedrich Merz describió el sector de tecnología de defensa de Alemania como un sector en auge, destacando el desarrollo de las llamadas tecnologías disruptivas. Una vez más, la mentalidad alemana parece estar orientándose hacia la guerra, algo que, según las Escrituras, maravillará al mundo cuando esta maquinaria de guerra se levante (Apocalipsis 13:3-4).
Un episodio reciente del programa de televisión 60 Minutos acerca del rearme de Alemania, ilustra esta mentalidad, mostrando innovaciones poco convencionales, como cucarachas controladas a distancia, utilizadas para reconocimiento.
Friedrich Merz habló de la necesidad de un cambio de mentalidad, instando a Alemania a “cambiar de mentalidad ahora”. Esto refleja la advertencia bíblica de un cambio de corazón inminente.
La historia sugiere que deberíamos estar profundamente preocupados cuando el ingenio alemán se redirige hacia la guerra y debemos reflexionar seriamente acerca del cambio de actitud que tan a menudo ha precedido a la destrucción de naciones.
Dios advirtió acerca de un tiempo futuro cuando las armas serían tan devastadoras que, si Dios no intervenía, “nadie sería salvo” (Mateo 24:22).
Cuando la mente alemana se vuelve hacia la guerra, el mundo debería preocuparse.
En 2011, Radosław Sikorski (entonces ministro de Asuntos Exteriores de Polonia y ahora también viceprimer ministro) comentó: “Temo menos al poder alemán que a la inacción alemana”.
Su declaración reflejó la preocupación de que la reticencia de Alemania a liderar e innovar, pudiera obstaculizar el progreso de Europa; sin embargo, esa visión es miope. El resurgimiento del poder alemán podría reavivar los temores de ambición y dominio militar. Polonia fue la primera nación invadida por Alemania al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.
Un amor por la guerra
En su apogeo, tanto los ejércitos asirios como los alemanes fueron descritos como “máquinas de guerra” por su eficiencia, velocidad y letalidad.
Los asirios eran un pueblo guerrero, y su dios principal, Ashur, era el dios de la guerra. Si tu dios es la guerra, significa que la veneras. Es un rasgo también asociado con los alemanes, especialmente en épocas de desarrollo militar y guerra.
Arquitecto del terror. Heinrich Himmler, jefe de las infames SS, inspecciona un campo de prisioneros de guerra en Rusia en 1941. Crédito de la imagen: Walter Frentz/Archivos Nacionales de College Park (Identificador NARA: 540164) a través de Wikimedia Commons
El historiador Gordon Martel escribió: “La política exterior alemana [antes de la Primera Guerra Mundial] debía su dinámica inquieta a la influencia de un espíritu militarista y a la neutralidad moral de la Realpolitik [de Bismarck]” (Modern Germany Reconsidered: 1870-1945, 2002, pág. 39).
Hablando del amor alemán por la guerra, Heinrich Heine, un poeta alemán, dijo: “El cristianismo —y ése es su mayor mérito— ha mitigado un poco ese brutal amor alemán por la guerra, pero no pudo destruirlo”.
El historiador estadounidense William Manchester, en The Arms of Krupp: The Rise and Fall of the Industrial Dynasty That Armed Germany at War [Las armas de los Krupp: El ascenso y la caída de la dinastía industrial que armó a Alemania en la guerra], observó: “Los admiradores modernos de Krupp sugieren que Alfred [Krupp] se inspiró en el orgullo nacional. Uno de ellos señala que en aquellos días de orgullo, ‘el genio poético de la juventud alemana estaba impregnado de ideales militaristas, y la muerte en combate se consideraba un deber sagrado en nombre de la patria, el hogar y la familia’” (1968, pág. 63).
Adolf Hitler glorificó la guerra y dijo: “Cualquier alianza cuyo propósito no sea la intención de hacer la guerra es inútil y sin sentido”.
La profecía bíblica describe a Asiria como una nación que "tomará la presa" (Isaías 10:6). Si sus víctimas son retratadas como presas, eso significa que Asiria, militarmente, podría ser considerada una nación depredadora.
Una nación depredadora
Los relieves asirios representan a sus reyes como poderosos cazadores de leones. Esto es inquietantemente similar a cómo se describe a Nimrod, el fundador de Nínive (Génesis 10:8-11): “vigoroso cazador delante del Eterno” (versículo 9).
Cazadores de leones. Los reyes asirios celebraban su poder y ferocidad con imágenes de cacerías de leones. Apropiadamente, la Biblia también representa a Asiria como un león: feroz y devastador para sus presas. Crédito de la imagen: Foto del Museo Británico / dominio público, a través de Wikimedia Commons
Las Escrituras comparan a los asirios con leones que despedazan a su presa, simbolizando su ferocidad y dominio (Nahum 2:11-12). En un escalofriante paralelo histórico, la Alemania nazi también se convirtió en una nación de depredadores, persiguiendo implacablemente a los judíos de casa en casa y más allá de las fronteras nacionales.
Alemania pasó de ser una nación relativamente dócil a una depredadora, cuando surgió un líder carismático que despertó su espíritu militarista.
La Alemania nazi se proyectó a sí misma como un depredador para simbolizar poder, fuerza y dominio. Utilizaron el águila para simbolizar su mandato y nombraron a sus tanques como grandes felinos depredadores, tales como el Tiger (Tigre) y el Panther (Pantera). (Esta tradición continúa incluso hoy en día con los tanques alemanes modernos denominados Leopard).
Hitler era conocido como "Lobo", y su cuartel general como la "Guarida del Lobo" (Wolf’s Lair). Los submarinos alemanes (U-boats) atacaban en grupos llamados "manadas de lobos". Los nazis se enorgullecían de su representación como depredadores. Joseph Goebbels, quien sería el ministro de propaganda de Adolf Hitler, dijo: “No venimos ni como amigos ni como neutrales. ¡Venimos como enemigos! Así como el lobo ataca a las ovejas, así venimos nosotros”.
Una vara de hierro
La profecía bíblica afirma que Dios usará a Asiria como la “vara” de su ira contra una “nación impía” (Isaías 10:5-6).
Dios advirtió que una de las maldiciones que Israel sufriría, si le desobedecía, sería un "yugo de hierro sobre tu cuello" (Deuteronomio 28:48). Sin embargo, Dios también decretó que salvaría a Israel de este yugo de hierro (Isaías 10:27).
Una nación de hierro. Paul von Hindenburg, el káiser Guillermo II y Erich Ludendorff, cada uno con una Cruz de Hierro, revisando los movimientos de tropas durante la Primera Guerra Mundial. Crédito de la imagen: Archivos Nacionales de EE. UU., NARA 99-02150 (dominio público), a través de Wikimedia Commons
La antigua Asiria destacó en la producción de hierro y armas, y el hierro ha sido un símbolo significativo en la historia alemana.
En lo que se conoce como su discurso “Sangre y hierro”, Otto von Bismarck, el padre de la Alemania moderna, dijo la famosa frase: “No es con discursos y resoluciones mayoritarias que se deciden las grandes cuestiones de la época… sino con hierro y sangre”. Bismarck llegó a ser conocido como el “Canciller de hierro” de Alemania.
La Alemania nazi concedió la Cruz de Hierro por su valentía.
El símbolo del hierro se puede ver incluso en el tratado entre la Alemania nazi y la Italia fascista, conocido como el Pacto de Acero. El hierro es, por supuesto, el componente principal del acero.
La estatua de Nabucodonosor representó al Imperio Romano y sus resurgimientos, como con piernas de hierro, y su resurgimiento final en el tiempo del fin como pies compuestos “en parte de hierro y en parte de barro” (Daniel 2:33, 40).
Un resurgimiento final
Los alemanes se levantarán de nuevo, y estamos siendo testigos de su remilitarización ante nuestros ojos. El profeta Daniel describe al gobernante del tiempo del fin, en resurgimiento final del Imperio Romano, como alguien que “se engrandecerá sobre todo” (Daniel 11:37).
Adolf Hitler, representando el noveno resurgimiento del Imperio Romano, fue un tipo del cumplimiento definitivo de esta profecía. Aunque fue criado como católico romano y firmó un concordato con el Vaticano, Hitler despreciaba al cristianismo, considerando su humildad y la enseñanza de “poner la otra mejilla” como signos de debilidad.
En su lugar, Hitler prefería el uso de la fuerza para salirse con la suya. Él dijo: “Como ven, ha sido nuestra desgracia tener la religión equivocada. ¿Por qué no tuvimos la religión de los japoneses, quienes consideran el sacrificio por la patria como el bien supremo? La religión mahometana también habría sido mucho más compatible con nosotros que el cristianismo. ¿Por qué tuvo que ser el cristianismo con su mansedumbre y flacidez?” (citado por Albert Speer, Inside the Third Reich [Dentro del Tercer Reich], p. 96).
El líder final del Imperio Romano del tiempo del fin estará más estrechamente alineado con la religión cristiana tradicional, que Adolf Hitler. De hecho, se aliará con un líder religioso llamado “el falso profeta” (Apocalipsis 16:13), quien también es etiquetado como “otra bestia... [que tenía] dos cuernos, semejantes a los de un cordero, pero hablaba como un dragón” (Apocalipsis 13:11). En otras palabras, este falso profeta parecerá representar a Cristo (el Cordero), pero enseñará las doctrinas de Satanás.
Todo parece indicar que el corazón político y militar de esta potencia europea venidera se centrará en Alemania, mientras que su corazón religioso estará arraigado en Roma.
Un nuevo corazón
La guerra que desatará esta última bestia, llevará a la humanidad al borde de la destrucción total (Mateo 24:22). Pero la buena noticia es que Jesucristo destruirá a este poder político y religioso. La profecía revela: “Llegará a su fin, y nadie le ayudará” (Daniel 11:45).
Se dan más detalles acerca de esto en Apocalipsis 19:20 : “Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta, que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre”.
La Biblia revela que no sólo serán destruidos los líderes humanos de este poder político y religioso del tiempo del fin, sino que los mismos sistemas que ellos representan (el político y el religioso, que han perdurado durante miles de años) también serán completamente erradicados, para nunca más resurgir.
Con la destrucción de estos dos personajes (y dos sistemas), comenzará un nuevo reinado: el reinado de Jesucristo. El Reino de Dios.
Entonces las naciones experimentarán una transformación en la que se desaprenderán de las costumbres de la guerra. “No alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra” (Isaías 2:4).
Todos los pueblos, incluidos los asirios modernos, comenzarán entonces a experimentar un cambio de corazón, a medida que el Espíritu de Dios se derrame sobre “toda carne” (Ezequiel 36:26-27; Joel 2:28). Las leyes de Dios quedarán grabadas en los corazones y las mentes de todas las personas, permitiendo que todos lleguen a conocer a Dios (Hebreos 10:15-16; 8:10-11).
Le invitamos a leer los dos artículos anteriores de esta serie:
- Alemania en la profecía, parte 1: Alemania domina el Sacro Imperio Romano Germánico
- Alemania en la profecía, parte 2: una vara de corrección
Fecha de publicación: Febrero 26, 2026