Alemania en la profecía, parte 4: el ascenso y la caída de Asiria en los últimos tiempos
Alemania resurgirá y luego caerá cuando Jesús regrese. ¿Cómo se relacionan el ascenso y la caída de la Asiria moderna con el ascenso y la caída del Israel moderno?

La Puerta de Brandeburgo en Berlín, Alemania, fue encargada por el rey prusiano Federico Guillermo II y representa un carro de cuatro caballos conducido por la diosa romana de la victoria.
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En las publicaciones anteriores, aprendimos que, al igual que los antiguos asirios, los asirios modernos poseen un gran potencial, tanto para el bien como para el mal.
En esta publicación exploraremos los orígenes de los asirios en el libro de Génesis y sus características desde el principio, que reaparecerán en el fin de los tiempos. Lo que comenzó con Asiria terminará con Asiria. Cristo regresará para poner fin a su dominio y establecer el Reino de Dios.
¿Quién era Asiria?
Asiria, situada al este de Israel en el actual Irak, se convirtió en un poderoso imperio entre el 900 y el 600 a.C. Fue fundada por Asur, el segundo hijo de Sem (Génesis 10:22).
El nombre hebreo de Asiria es “Asur”, que coincide con el nombre del progenitor de la nación. Asur fue también la primera capital del Imperio Asirio, su centro religioso y el nombre de su dios principal.
Otra ciudad importante de Asiria, Nimrud, guarda un gran parecido con el nombre bíblico de Nimrod.
La antigua Nínive. Esta representación artística del siglo XIX de Nínive muestra cómo pudo haber sido la ciudad en el apogeo del poder asirio. Crédito de la imagen: Los monumentos de Nínive, de Sir Austen Henry Layard, 1853, a través de Wikimedia Commons.
Nimrod fue reconocido como el constructor de Babilonia, y la Biblia lo describe como un “vigoroso cazador delante del Eterno” (Génesis 10:8-10). El nombre Nimrod puede traducirse como “rebelde” (Léxico Hebreo Brown-Driver-Briggs).
Después de que Dios confundiera los idiomas en la Torre de Babel, los pueblos se dispersaron (Génesis 11:8). ¿Adónde fue Nimrod? La Biblia revela: “De esta tierra salió para Asiria, y edificó Nínive” (Génesis 10:11).
Nínive se convirtió en la capital administrativa de Asiria, donde residían sus reyes. Por eso, Jonás fue enviado a Nínive para advertir al rey asirio (Jonás 1:1-2; 3:6). La profecía de Nahúm condena a la ciudad por su maldad (Nahúm 1:1).
Desde los primeros días de Asiria, surgieron dos ciudades clave, una religiosa y otra política, fundadas por hombres que se exaltaron a sí mismos por encima de Dios.
La ciudad de Asur era el centro espiritual, con sus sacerdotes. Nínive era la capital política, con sus reyes. Esta unión de poder político y religioso refleja la alianza del fin de los tiempos, descrita en Apocalipsis, donde la bestia y el falso profeta —dos figuras que se oponen a Dios— unen fuerzas para intentar engañar y dominar el mundo (Apocalipsis 16:13; 19:20).
Como se comentó anteriormente en esta serie, Alemania (la Asiria del tiempo del fin) está preparada para liderar a la bestia (el resurgimiento final del Sacro Imperio Romano) en alianza con Roma, que proporcionará su autoridad religiosa.
Esto revela un patrón recurrente de la historia más temprana de Asiria, que se repetirá en los tiempos finales: un ciclo profético en el que el final refleja el principio.
La enfermedad de Israel
Dios ha usado a Asiria como herramienta, la “vara y báculo de mi furor”, para disciplinar a la “nación pérfida” de Israel por su desobediencia, y este patrón se repetirá. Dios anunció que enviaría a Asiria contra su pueblo (Isaías 10:5-6).
El libro de Isaías comienza con una serie de ayes pronunciadas hacia Israel por su decadencia moral.
El profeta advierte a aquellos que son desvergonzados en su pecado, quienes “como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan” (Isaías 3:9).
Dios castigará una vez más a estas naciones a través del cautiverio, utilizando a Asiria del tiempo del fin como instrumento de su castigo.
Él condena a los malvados: aquellos que abandonan el camino recto por caminos destructivos (vv. 11-12), aquellos que codiciosamente añaden casa a casa y campo a campo para enriquecerse a expensas de otros (Isaías 5:8), aquellos que viven en constante embriaguez (v. 11), y aquellos que distorsionan la moralidad y “a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo” (v. 20).
Estos problemas no se limitaban al antiguo Israel; también están presentes en las naciones israelitas modernas (véase nuestra infografía “Descendientes de Abraham”). Isaías describe la condición de Israel como una enfermedad (Isaías 1:5-6). Es una “gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos” (v. 4).
Los países occidentales de habla inglesa, en particular Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, presentan estas mismas condiciones, tal vez peores. (Para saber más, le invitamos a leer “La decadencia espiritual de las naciones de habla inglesa”).
Dios castigará una vez más a estas naciones a través del cautiverio, utilizando a Asiria del tiempo del fin como instrumento de su castigo.
Las tres oleadas de Asiria
Dios usó a la antigua Asiria para castigar a su pueblo en tres oleadas sucesivas: dos veces contra Israel y una contra Judá.
La primera fue el de Tiglat-pileser III, quien invadió Israel y se llevó cautivo a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés (1 Crónicas 5:26; 2 Reyes 15:17-20, 29).
Su hijo Salmanasar V lanzó el segundo asalto, sitiando Samaria y tomando cautivo a todo el reino de Israel (2 Reyes 17:1-6; 18:9-11).
La tercera oleada azotó a Judá, cuando Senaquerib capturó numerosas ciudades fortificadas y sitió Jerusalén. En respuesta a las oraciones de Ezequías, Dios envió un ángel que destruyó al ejército asirio, obligando a Senaquerib a retirarse derrotado (2 Reyes 18:13; 19:35-36).
Aunque Dios liberó a Judá de Asiria en la tercera ola, Judá no escapó del juicio para siempre.
Aproximadamente un siglo después, Babilonia ascendió al poder y repitió el mismo patrón de tres oleadas de invasión. Durante la primera, Daniel y sus compañeros fueron llevados cautivos a Babilonia. En la tercera, Jerusalén fue destruida y el pueblo fue llevado al exilio.
Las tres oleadas de Alemania
Este patrón de tres oleadas, se ha repetido en la época moderna. Los alemanes han atacado a los israelitas modernos —principalmente Gran Bretaña y Estados Unidos— dos veces: una en la Primera Guerra Mundial y otra en la Segunda Guerra Mundial. (Para saber más sobre los israelitas modernos, véase "¿Quiénes son los Estados Unidos y Gran Bretaña en la profecía?").
Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania estaba en ruinas y dividida. Sus ciudades fueron devastadas por los bombardeos aliados, su economía estaba en ruinas y millones de personas fueron desplazadas. La nación también estaba dividida: el oeste estaba controlado por Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, y el este por la Unión Soviética.
El poder alemán en Europa. Las banderas de la Unión Europa y Alemania ondean ante el Reichstag, el parlamento alemán, simbolizando el ascenso de la nación desde la ruina de la posguerra hasta convertirse en la principal potencia europea. Crédito de la imagen: JARAMA / iStock a través de Getty Images
Muchos quedaron asombrados por la notable recuperación de Alemania Occidental. En aproximadamente dos décadas, pasó de ser una nación en ruinas a ser una de las principales potencias industriales del mundo. Aunque la recuperación fue más lenta en Alemania Oriental, aun así surgió como la economía más fuerte detrás de la Cortina de Hierro.
Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la posterior reunificación de la nación, Alemania resurgió como una fuerza unida y dominante en Europa: económica, política y tecnológicamente. Margaret Thatcher comentó una vez: “Derrotamos a los alemanes dos veces, y ahora están de vuelta”.
Así como la antigua Asiria se enfrentó a Judá en la tercera ola, Alemania se enfrentará a las naciones modernas de Israel y Judá en la tercera ola. Esto desencadenará el peor período de la historia de la humanidad, conocido como la Gran Tribulación.
El poder de la bestia, liderado por Alemania, derrotará a los descendientes modernos de José
—Estados Unidos y Gran Bretaña— y los conducirá al cautiverio. Después, la bestia dirigirá su ira hacia el Medio Oriente.
La profecía de Daniel afirma que se desencadenará una batalla en los últimos tiempos cuando el rey del Sur atacará al rey del Norte, el Imperio Romano resucitado, liderado por Alemania. En respuesta, el rey del Norte se desplazará hacia el sur, dominando al rey del Sur, que incluirá a Egipto, Libia y Etiopía (Daniel 11:40-43).
El rey del Norte “entrará en la tierra gloriosa” (Daniel 11:41), dando inicio a los “tiempos de los gentiles” cuando Jerusalén será “rodeada de ejércitos” (Lucas 21:20-24).
Dios usará a Asiria para traer a Israel de regreso a Él
Cuando Israel sea derrotado y tomado cautivo por el poder de la bestia, liderado por Asiria, será un tiempo difícil, conocido como “el tiempo de angustia para Jacob”.
Pero Dios obrará con Israel para guiarlos al arrepentimiento. Ellos enfrentarán la Gran Tribulación, pero serán librados de ella (Jeremías 30:7). Después, buscarán a Dios: “Irán con lloro, mas con misericordia los haré volver” (Jeremías 31:9).
Dios hace esto esperando primero a que ellos reconozcan sus pecados (Oseas 5:15). Las maldiciones persistirán y empeorarán, impulsándolos a preguntar: “¿No me han venido estos males porque no está mi Dios en medio de mí?” (Deuteronomio 31:17).
Desafortunadamente, esta lección se aprenderá demasiado tarde, después de que la corrección haya venido de los asirios. Entonces, como profetizó Jeremías: “haré volver a los cautivos de mi pueblo Israel y Judá” (Jeremías 30:3, comparar con Isaías 10:20-21; 11:11, 16).
Oseas dijo que a través de la “angustia” su pueblo buscará a Dios (Oseas 5:15). Entonces, ellos volverán a Dios (Oseas 6:1).
“Irán con lloro” (Jeremías 31:9). Y entonces se cumplirá la profecía: “en el lugar en donde les fue dicho: Vosotros no sois pueblo mío, les será dicho: Sois hijos del Dios viviente” (Oseas 1:10, comparar con Isaías 27:13).
Una vez que aprendan su lección, Dios se acordará de los pecados de Asiria.
El corazón arrogante de Asiria
El poder de la bestia del tiempo del fin “prosperará hasta que sea consumada la ira” (Daniel 11:36), después de lo cual Dios “castigará el fruto de la soberbia del corazón del rey de Asiria” (Isaías 10:12).
Por lo tanto, cuando la herramienta en la mano de Dios haya terminado la obra que Él quería que realizara, Él castigará el corazón arrogante de su líder.
El líder de Asiria del tiempo del fin ejercerá una autoridad absoluta, habiendo recogido “a toda la tierra” bajo un sistema sin precedentes de control económico, político y religioso. Isaías retrata a esta potencia ejerciendo un dominio total sobre la humanidad —un dominio tan completo que no habrá “quien moviese ala, ni abriese boca y graznase” sin su conocimiento (Isaías 10:14; comparar con Isaías 14:26).
Este sistema opresivo impondrá la marca de la bestia, restringiendo toda compra y venta a aquellos que no se sometan a su mandato.
Dios castigará al líder asirio por enaltecerse a sí mismo y por no reconocer que es simplemente una herramienta en las manos de Dios. Zacarías declaró: “La soberbia de Asiria será derribada” (Zacarías 10:11). En Isaías 10:15, Asiria es comparada con un hacha, una sierra, una vara y un báculo —instrumentos empuñados por Dios para cumplir su propósito.
Sin embargo, Asiria se ha jactado, arrogantemente, como si actuara por su propio poder, haciendo eco de la autoexaltación de Nabucodonosor en Daniel 4:30.
La caída de Asiria
Dios provocará la caída de Asiria por medios sobrenaturales: “entonces caerá Asiria por espada no de varón, y la consumirá espada no de hombre” (Isaías 31:8).
Estos versículos combinan las derrotas pasadas de Asiria con su caída final a manos de Jesucristo, en su regreso.
En ambas guerras mundiales, Alemania parecía imparable. Sólo cerca del final de ambas guerras se hizo probable su colapso. Cuando esto vuelva a suceder, las naciones batirán palmas y se regocijarán porque esta tiranía global finalmente habrá terminado (Nahúm 3:19; Isaías 30:32).
Cuando Cristo regrese, el líder asirio, conocido como la “bestia”, junto con el “falso profeta”, serán capturados y arrojados al lago de fuego (Apocalipsis 19:20, comparar con Isaías 30:30-31).
Una transformación notable
Después de que Dios salve a las naciones modernas de Israel del cautiverio asirio, las restaurará (Isaías 11:11). Pero aunque los asirios serán castigados por su arrogancia y crueldad, la Biblia muestra que Dios finalmente restaurará a Asiria también y la sanará de su naturaleza arrogante y violenta.
Finalmente, bajo el gobierno de Jesucristo, la nación que históricamente fue enemiga del pueblo de Dios y que libró guerra contra muchas naciones, se volverá pacífica.
Una carretera de paz. Isaías predice una futura carretera que unirá Asiria, Egipto e Israel, simbolizando la paz que unirá a estas civilizaciones que históricamente han estado en guerra. Crédito de la imagen: Milos-Muller / iStock a través de Getty Images
Dios creará una calzada que unirá a Egipto y Asiria, históricamente enemigos de Israel, y los transformará en naciones justas y benditas: “En aquel día habrá una calzada de Egipto a Asiria; y asirios entrarán en Egipto, y egipcios en Asiria, y los egipcios servirán con los asirios al Eterno” (Isaías 19:23).
Esto será mucho más que una simple autopista que une a dos naciones. Representa la sanación de civilizaciones que han estado en crisis durante miles de años: las civilizaciones árabes con las norteafricanas (lideradas por Egipto) y las civilizaciones europeas (lideradas por Alemania).
La profecía continúa mostrando que esta nueva unidad y paz incluirá a Israel: “En aquel tiempo Israel será tercero con Egipto y con Asiria para bendición en medio de la tierra” (v. 24).
¡Tres civilizaciones que históricamente han estado en desacuerdo vivirán en armonía y trabajarán juntas bajo Jesucristo!
Entonces las tres civilizaciones serán bendecidas por Dios: “Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad” (v. 25).
En ese momento, Asiria ya no se centrará en la guerra, sino que usará sus dones para ayudar a otras naciones. ¡Esta transformación será verdaderamente extraordinaria! El Reino de Dios crecerá para incluir a todas las naciones.
A medida que estas naciones enemigas cambien desde su interior, toda la tierra se transformará en un lugar de paz, y las guerras que estas naciones han librado a través del tiempo, se convertirán en un lejano relicario de la historia.
Le invitamos a leer los tres artículos anteriores de esta serie:
- Alemania en la profecía, parte 1: Alemania domina el Sacro Imperio Romano
- Alemania en la profecía, parte 2: una vara de corrección
- Alemania en la profecía, parte 3: una historia de dos corazones
Fecha de publicación: Marzo 5, 2026