Cuatro claves para soportar la persecución
Seguir a Cristo significa entregarse por completo a Él, incluso soportando la persecución. ¿Qué se necesita para mantenerse firme y fiel bajo la persecución?

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Pablo exhortó a Timoteo a seguir con diligencia su ejemplo en doctrina, conducta, propósito, fe, paciencia, amor y perseverancia (2 Timoteo 3:10). Estos son asuntos importantes y admirables, pero los dos siguientes son mucho menos deseables: “persecuciones, aflicciones” (v. 11).
Pablo sufrió muchas persecuciones y aflicciones (2 Corintios 11:23-27). Continuó diciéndole a Timoteo que “todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (2 Timoteo 3:12).
La persecución no es opcional para un cristiano: es parte de seguir a Cristo, quien también sufrió persecución y aflicciones.
¿Cómo debemos prepararnos los cristianos para la persecución a fin de soportar y mantenernos firmes en su fe? Aquí hay cuatro claves para estar preparados.
1. Recuerde que Cristo nos advirtió que vendría la persecución.
Cuando Jesús les dijo a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo” (Juan 16:1), los estaba preparando para lo que les esperaba. Les advirtió que enfrentarían el rechazo, serían expulsados de las sinagogas e incluso asesinados por quienes creían servir a Dios (v. 2).
Lo mismo sigue siendo cierto para los seguidores de Cristo hoy en día.
Aquellos que genuinamente buscan vivir según sus palabras, enfrentarán persecución y rechazo, incluso del mundo religioso.
Cristo advirtió que algunos perseguirían a sus seguidores, creyendo que servían a Dios. Jesús y los verdaderos cristianos han sufrido persecución a lo largo de la historia, a menudo a manos de otros que decían seguir a Cristo.
Tomemos, por ejemplo, a un cristiano que decide santificar el sábado, como se ordena en los Diez Mandamientos (Éxodo 20:8-11). Algunos podrían criticarlo, alegando que el sábado es sólo para los judíos o que ya no es necesario guardarlo.
Pueden surgir conflictos en el trabajo o la escuela cuando las actividades caen en sábado, obligando al cristiano a elegir entre aprovechar una oportunidad o ser fiel a sus convicciones. A veces, una persona puede incluso ser rechazada por su comunidad de la Iglesia, amigos o familia.
¿Por qué sucede esto? Porque Satanás, el “dios de este siglo”, ciega la mente de las personas y fomenta la hostilidad hacia Dios (2 Corintios 4:4; Romanos 8:7). Jesús explicó que dicha persecución surge de la ignorancia de quiénes son realmente Él y Dios el Padre: “No han conocido al Padre ni a mí” (Juan 16:3), aunque muchos afirman actuar en su nombre (Mateo 24:4-5).
Jesús dio estas advertencias para que sus seguidores no perdieran la fe cuando llegara la persecución (Juan 16:1, 4). Seguir a Cristo significa reconocer que seremos “odiados por todas las naciones” (Mateo 24:9). Estas palabras no tienen la intención de desanimarnos, sino de prepararnos, ayudarnos a “calcular el costo” y estar dispuestos, cuando sea necesario, a “dejarlo todo” para seguirlo (Lucas 14:28, 33).
Cuando llega la persecución, es vital que dejemos de mirarnos a nosotros mismos y nos centremos en el ejemplo de Cristo. Él les dijo a sus discípulos: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros” (Juan 15:18). Jesús quiere que nos centremos en Él, que recordemos que Él fue odiado y perseguido primero que nosotros.
2. Santifique a Dios en su corazón
Pedro nos dice que somos bienaventurados si “sufrimos por causa de la justicia” (1 Pedro 3:14).
Esto no es lo que solemos pensar cuando pensamos en el camino de Dios, pero refleja las palabras de Jesús en el Sermón del Monte: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:10). Cristo fue aún más allá, diciendo que somos bienaventurados cuando otros nos insultan o nos maldicen por su causa, porque “grande es vuestra recompensa en los cielos” (vv. 11-12).
En nuestro corazón y mente, debemos considerar las cosas de Dios como santas, apartadas y tratadas con reverencia.
Pedro nos anima a no temer a las amenazas de los demás (1 Pedro 3:14), así como Cristo nos recordó que no debemos temer a quienes sólo pueden hacernos daño físicamente (Mateo 10:28).
Algunos pueden advertirnos que, negarnos a trabajar en sábado o mantener nuestras convicciones morales, nos costará el trabajo, la educación o una oportunidad futura.
Otros pueden tratar de intimidarnos o amenazarnos, pero nuestro llamado permanece inalterado: poner a Dios primero sobre todas las cosas (Mateo 6:33) y “santificar al Señor Dios en vuestros corazones” (1 Pedro 3:15).
¿Qué significa “santificar al Señor Dios en vuestros corazones”?
Santificar significa apartar o dedicar algo para el propósito especial de Dios. Implica separar lo que le pertenece a Él de lo común o mundano.
En nuestro corazón y mente, debemos considerar las cosas de Dios como santas, apartadas y tratadas con reverencia. Esto incluye sus sábados (Éxodo 20:8; Levítico 23:4; Ezequiel 22:8, 26), sus diezmos (Levítico 27:30-32), sus leyes (Romanos 7:12) y su verdad (Juan 17:17-19).
Estos mandamientos deben ser honrados y apartados en nuestras vidas, porque pertenecen a Él y reflejan su santidad.
3. Construya raíces profundas
En la parábola del sembrador , Cristo describió la semilla que cayó en terreno pedregoso. Al tener poca tierra, brotó rápidamente, pero al salir el sol, se quemó y se secó (Mateo 13:5-6).
Jesús explicó que esto representa a aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la reciben inicialmente con alegría, pero cuando surgen pruebas o persecuciones, se alejan porque no tienen las raíces que les permiten sobrevivir y prosperar (vv. 20-21).
La Biblia de Estudio Diario de Barclay ofrece información útil acerca de este tema, señalando que gran parte del territorio de Israel sólo tiene una fina capa de tierra que cubre la roca sólida. Las semillas sembradas en este tipo de suelo brotan rápidamente, pero sus raíces pronto se asientan en la roca y no pueden crecer lo suficientemente profundo como para que las plantas sobrevivan al intenso calor, por lo que se marchitan y mueren.
De la misma manera, los cristianos que aceptan la verdad de Dios pero no logran desarrollar raíces espirituales profundas, no resistirán cuando surjan pruebas o persecuciones.
Sin convicciones firmes, nos costará mantenernos firmes. Así como el clima físico de Israel era duro, también lo es el clima moral y espiritual del mundo actual.
Para perseverar, un verdadero cristiano debe cultivar raíces profundas y duraderas en la Palabra de Dios.
Por eso es vital “examinar todas las cosas a fondo” (1 Tesalonicenses 5:21, versión King James) y estudiar diligentemente (2 Timoteo 2:15).
Un cristiano debe tener plena confianza y estar cimentado en la verdad, listo, como exhortó Pedro, para “presentar defensa ante todo el que la demande” (1 Pedro 3:15).
La Biblia revela que a lo largo de la historia, algunos han dado su vida por la verdad, y muestra que otros se verán obligados a hacerlo en el futuro (Apocalipsis 6:9-11).
Nadie sacrifica su vida por algo en lo que no cree verdaderamente. Si estamos tan convencidos que estamos dispuestos a morir por la verdad, entonces ninguna amenaza nos hará detenernos.
4. Aprendamos a regocijarnos al compartir los sufrimientos de Cristo.
Pedro enseña que cualquier sufrimiento que experimentamos por causa de la verdad debe considerarse una bendición (1 Pedro 4:12-14). Él nos insta a evitar la autocompasión y a no considerar las pruebas como extrañas o injustas. En cambio, debemos reconocerlas como parte natural de la vida cristiana y regocijarnos al compartir los sufrimientos de Cristo.
Solemos asociar el regocijo con momentos felices: celebrar logros, disfrutar de una comida con seres queridos o asistir a una ocasión especial, como una boda. Pero Pedro nos llama a regocijarnos en algo mucho más difícil: en el sufrimiento y la persecución.
Pero ¿Cómo podemos hacer eso?
Adoptando una nueva mentalidad: “gozaos en la medida en que participáis de los sufrimientos de Cristo” (v. 13). Strong define la palabra griega traducida como “gozaos” en el versículo 13 como “estar alegres”. En otras palabras, aprended a considerar un gozo y un honor compartir los mismos sufrimientos que experimentó Jesucristo.
Si sufrimos por causa de la justicia, somos considerados dignos de estar en la compañía de Cristo, los profetas y otros siervos fieles de Dios, como Noé, Daniel y Job, quienes también soportaron persecución por su fe (Mateo 5:12).
Sin embargo, Pedro también advierte que no todo sufrimiento es honorable. No hay bendición en sufrir por nuestras propias malas acciones o comportamiento necio (1 Pedro 4:15-16; compárese con 1 Pedro 2:19-21).
Por ejemplo, Pedro nos insta a no entrometernos en los asuntos ajenos, algo muy común hoy en día en las redes sociales. Algunos pueden sentirse obligados a criticar o desacreditar a otras personas o instituciones, lo que puede acarrear consecuencias como la pérdida del trabajo o la expulsión de la escuela. En tal caso, no hay recompensa de Dios por la persecución autoinfligida.
El verdadero honor sólo llega cuando sufrimos por causa de la justicia y lo soportamos pacientemente, mientras defendemos la verdad de Dios.
¿Cómo nos irá cuando llegue la persecución?
Al final, todo depende de nuestra relación con Dios y de la profundidad de nuestra comprensión de su verdad. Cristo nos advirtió de la persecución venidera, no para atemorizarnos, sino para prepararnos para que nos mantengamos firmes y no tropecemos.
Ahora es el momento de calcular el costo y fortalecer nuestra base espiritual.
Cuando llegue la persecución, recordemos: Cristo fue odiado y perseguido primero. Participar, aunque sea mínimamente, en los sufrimientos que Cristo experimentó es un honor que conlleva una gran recompensa.
Aquellos que “menosprecian sus vidas hasta la muerte” estarán en el Reino de Dios (Apocalipsis 12:11).
Fecha de publicación: Febrero 11, 2026