¿Es positiva —o peligrosa— la iniciativa del papa León en favor de la unidad?
El papa León ha abogado por la unidad entre todos los cristianos. ¿Cuál es el significado bíblico de estos acontecimientos? ¿Debería usted sumarse a esa unidad?

El Papa León XIV y el Rey Carlos III en el Vaticano después de que ambos oraran juntos en la Capilla Sixtina el 23 de octubre de 2025.
Crédito de la imagen: Andrew Medichin / The Associated Press
A finales de octubre del 2025 tuvo lugar un acontecimiento trascendental que pasó prácticamente desapercibido en su momento y que probablemente ya haya caído en el olvido. Cuando ocurrió, quedó completamente eclipsado por un escándalo familiar que acaparó los titulares.
Era algo que no había ocurrido en 500 años. ¿Usted se dio cuenta?
¿Cuál fue este momento histórico?
El rey Carlos de Inglaterra y el papa rezaron juntos.
El significado de este evento quedó eclipsado por el escándalo de Jeffrey Epstein, durante el cual el príncipe Andrés, un hermano menor del rey Carlos, fue despojado de sus títulos reales.
Una muestra de unidad
El rey Carlos visitó el Vaticano y se le otorgó el título honorífico de “Royal Confrater”, que significa “hermano real”, un título que por lo general se otorga sólo a monarcas católicos o a quienes han protegido basílicas católicas. En un gesto recíproco, el rey Carlos otorgó al papa el título de “Papal Confrate” (hermano papal).
Como monarca reinante, Carlos también se desempeña como gobernador supremo de la Iglesia de Inglaterra. En este cargo, el rey representa a la Iglesia Anglicana. Rezar juntos fue una muestra de unidad entre dos iglesias que han estado separadas por casi 500 años.
¿Deberíamos regocijarnos de que dos grupos, divididos por siglos de conflicto, estén ahora avanzando hacia la reconciliación?
Para algunos, esto fue un gran paso adelante. Fue un momento de sanación.
El anglicano James Hawkey dijo: “Hay una fuerte sensación de que este momento... ofrece una especie de sanación de la historia”. Continuó diciendo: “Esto habría sido imposible hace apenas una generación”.
Esto demuestra cuánto han cambiado las cosas en tan poco tiempo.
Algunos tal vez se pregunten por qué esto es significativo. ¿Qué significa este evento hoy y para el futuro? ¿No deberíamos regocijarnos de que dos grupos, divididos por siglos de conflicto, estén ahora avanzando hacia la reconciliación? Después de todo, ¿no es la unidad algo bueno?
Para comprender la importancia de que el rey Carlos rece junto al papa, debemos remontarnos 500 años atrás.
La Reforma Protestante
La historia comienza en Alemania en 1517, cuando Martín Lutero, doctor en teología de la Iglesia Católica, clavó sus “95 tesis” en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. En sus tesis, Lutero cuestionó la corrupción y los excesos de Roma, especialmente la venta de indulgencias.
La Iglesia Católica sigue otorgando indulgencias hoy en día, aunque se ha eliminado gran parte de la corrupción descarada del siglo XVI. El año 2025 fue designado como el Año del Jubileo Católico. Éste es un tiempo en el que, mediante una peregrinación a Roma, los católicos pueden obtener indulgencias especiales para las almas que supuestamente se encuentran en el purgatorio.
Sin embargo, en la época de Lutero, las indulgencias se promocionaban casi como un boleto de entrada al cielo mismo. Incluso había un eslogan pegajoso para promocionarlas: “En cuanto la moneda suene en el cofre, el alma saldrá del purgatorio”.
Dos años más tarde de la publicación de Lutero, el rey Enrique VIII de Inglaterra escribió una crítica contra el reformista, lo que le valió el título de “Defensor de la fe”, otorgado por el papa. Sin embargo, un papa posterior revocaría el título.
¿Por qué?
El rey Enrique VIII buscaba que se anulara su matrimonio con Catalina de Aragón, después de que ella no lograra dar a luz a un heredero varón. El papa rechazó la anulación, probablemente debido a la presión del sobrino de Catalina, quien era Carlos V, el emperador del Sacro Imperio Romano.
Entonces, ¿qué hizo el rey de Inglaterra? Se volvió a casar de todos modos, rompió su lealtad a Roma y fundó su propia iglesia: la Iglesia de Inglaterra. El papa lo excomulgó y lo despojó de su título, que el Parlamento inglés más tarde le restituyó —un título que el rey Carlos aún ostenta hasta el día de hoy: Defensor de la fe.
En ese momento, el papa había perdido su autoridad sobre el pueblo inglés y, a medida que el protestantismo se extendía por Europa, su influencia se fue debilitando aún más.
Ver al rey Carlos rezando junto al papa se considera un paso importante hacia la sanación de una profunda herida para la Iglesia Católica. Sin embargo, ésta no es la única herida que se está sanando.
El Gran Cisma
La primera gran división en la Iglesia Católica ocurrió en el año 1054 entre las iglesias oriental y occidental, conocida como el Gran Cisma. El patriarca de Constantinopla afirmó que su autoridad era igual a la del papa y que era independiente de Roma. En respuesta, el papa lo excomulgó.
Esto llevó a las iglesias ortodoxas orientales a separarse de Roma.
Tanto el Gran Cisma de 1054 como la Reforma protestante del siglo XVI desafiaron la autoridad del papa. El papa León se ha propuesto sanar esa división.
El papa actual busca que estas iglesias vuelvan a estar en comunión con la “iglesia madre”.
Curiosamente, el papa que presidió el Gran Cisma de 1054 fue León IX.
El papa que enfrentó la Reforma protestante en el siglo XVI fue León X.
El papa actual es León XIV y busca que estas iglesias vuelvan a estar en comunión con la “iglesia madre”.
Recientemente, el papa León y el líder espiritual de los ortodoxos orientales, el patriarca Bartolomé I, firmaron un compromiso para trabajar en pro de la unidad entre las dos iglesias. El momento en que ocurrió este evento no ha pasado desapercibido para los estudiosos de la historia. Ocurrió durante la visita del papa León a Turquía para conmemorar el 1.700 aniversario del Concilio de Nicea.
Al ser elegido como papa, León reflexionó acerca de ese momento, diciendo: “Mi elección ha tenido lugar mientras se conmemora el 1.700 aniversario del primer Concilio Ecuménico de Nicea... como obispo de Roma, considero uno de mis deberes prioritarios la búsqueda del restablecimiento de la plena y visible comunión entre todos aquellos que profesan la misma fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. En realidad, la preocupación por la unidad ha sido siempre una constante en mí, como atestigua el lema que he elegido para mi ministerio episcopal”.
¿Y qué lema eligió? “En Aquel que es Uno, somos uno”.
Entonces, ¿cuál es exactamente la importancia del Concilio de Nicea?
Concilio de Nicea: un impulso hacia la unidad de la fe
¿Qué sucedió hace 1.700 años?
En el año 325 d.C., el emperador romano Constantino convocó una reunión masiva en Nicea (en la actual Turquía), que reunió a unos 300 obispos cristianos de todo el imperio. El tema principal de discusión era la naturaleza de Jesús: si era un ser creado o plenamente divino.
Un sacerdote llamado Arrio afirmaba que Jesús había sido creado y que, por lo tanto, no era eterno ni plenamente divino. En respuesta a esta controversia, la Iglesia Católica formuló el Credo de Nicea, que se convirtió en el fundamento de la doctrina de la Trinidad.
El papa León considera que el Concilio de Nicea del 325 fue el primer concilio ecuménico de la iglesia romana y un modelo para promover la unidad en nuestra época.
Para conmemorar este aniversario, el papa publicó una carta apostólica titulada “Unidad de la fe”, en la que afirmó:
La mayoría de las personas no se da cuenta de que muchas de las doctrinas que enseña la gran mayoría de las iglesias no se encuentran en la Biblia, y aun cuando se dan cuenta de ello, la mayoría sigue aceptándolas.
“Compartimos, de hecho, la fe en el único y solo Dios, Padre de todos los hombres, confesamos juntos al único Señor y verdadero Hijo de Dios, Jesucristo, y al único Espíritu Santo, que nos inspira y nos impulsa a la plena unidad y al testimonio común del Evangelio. ¡Realmente lo que nos une es mucho más que lo que nos divide!... para poder ejercer este ministerio de modo creíble, debemos caminar juntos para alcanzar la unidad y la reconciliación entre todos los cristianos. El Credo de Nicea puede ser la base y el criterio de referencia de este camino. Nos propone, de hecho, un modelo de verdadera unidad en la legítima diversidad. Unidad en la Trinidad, Trinidad en la unidad, porque la unidad sin multiplicidad es tiranía, la multiplicidad sin unidad es desintegración”.
A continuación, instó a los cristianos a “dejar atrás las controversias teológicas” y a “adquirir un pensamiento común”.
La doctrina que el papa León destaca al promover la unidad es la Trinidad, una creencia fundamental compartida por la mayoría de las iglesias. Sin embargo, esta doctrina se formuló aproximadamente 300 años después de Cristo y no fue enseñada por Jesús ni por los apóstoles. (Para saber más, le invitamos a leer “La trinidad: ¿qué es?”.)
La mayoría de las personas no se da cuenta de que muchas de las doctrinas que enseña la gran mayoría de las iglesias no se encuentran en la Biblia, y aun cuando se dan cuenta de ello, la mayoría sigue aceptándolas.
A menudo asumen que la advertencia de Pablo: “Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina” (2 Timoteo 4:3), se aplica únicamente a nuestros días, cuando en realidad ya estaba sucediendo en su propia época, ya que los líderes de la Iglesia primitiva advertían acerca de la necesidad de “[contender] ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 1:3-4; véase también 2 Corintios 11:4, 13; Gálatas 1:6-7; 2 Pedro 2:1).
Para entender esto plenamente, debemos reconocer que la Biblia predijo el surgimiento de un cristianismo falso y fraudulento.
Un cristianismo falso
Apocalipsis 13 describe dos bestias que cobran importancia y alcanzan su máximo poder en los últimos tiempos. La primera bestia (v. 1) surge del mar. Esta bestia corresponde al Imperio Romano. A lo largo de la historia, este imperio ha experimentado nueve resurrecciones, y aún le queda una última por venir. (Para saber más, le invitamos a leer “¿Quién es la bestia?”.)
La segunda bestia surge de la tierra y representa un poder religioso que surgió del mismo Imperio Romano: la Iglesia Católica. A diferencia del Imperio Romano, que alcanzó un gran poder, se derrumbó y resurgió en diferentes formas, la Iglesia Católica ha sido una presencia constante a lo largo de la historia, aunque su influencia ha fluctuado con el tiempo.
A esta institución religiosa y a su líder se les conoce con muchos nombres diferentes en las Escrituras:
- Daniel la describió como el cuerno pequeño que persigue a los santos y cambia los tiempos y las leyes (Daniel 7:8, 21, 25).
- En la visión de Juan, con relación a los cuatro jinetes, es el caballo blanco del engaño religioso (Apocalipsis 6:2).
- En 2 Tesalonicenses 2:3, Pablo se refirió al futuro líder de esta iglesia, como “el hombre de pecado”, a quien también se le llama el falso profeta en Apocalipsis (Apocalipsis 16:13; 19:20; 20:10).
- En Apocalipsis 17, se la describe como la madre de las rameras, quien cabalga sobre la bestia (Apocalipsis 17:1-5).
- Isaías se refirió a ella como la “hija de Babilonia” y la “señora de reinos” (Isaías 47:1, 5).
En Apocalipsis 13, este falso sistema religioso se describe con apariencia de cordero, pero habla como un dragón (Apocalipsis 13:11). Esto revela dos facetas de esta bestia: su apariencia externa y su naturaleza interna.
La apariencia externa se asemeja a un cordero —un símbolo asociado con Jesucristo. Se trata claramente de un cordero falso que representa un cristianismo falso y que enseña a un Cristo falso.
Esto ha estado sucediendo desde los días de la Iglesia primitiva. Pablo advirtió a la Iglesia primitiva acerca de Satanás, quien se presenta como un ángel de luz, y acerca de sus ministros, quienes se hacen pasar por ministros de la justicia, mientras enseñan un evangelio falso (2 Corintios 11:4, 14-15).
Este cordero falso de Apocalipsis 13 habla como un dragón —un símbolo utilizado exclusivamente para Satanás (Apocalipsis 12:9; 20:2).
Desde hace mucho tiempo hemos advertido acerca de los continuos esfuerzos de esta organización religiosa por reunificarse con quienes la han abandonado en señal de protesta. Estos esfuerzos continuarán y servirán para fortalecer el control de este falso cristianismo sobre sus seguidores y sobre el mundo.
Un impulso hacia la unidad
Durante el servicio religioso, el rey Carlos se sentó a la izquierda del papa en una silla creada especialmente, llamada “trono”, en la que estaba inscrito en latín “Ut unum sint”, que quiere decir: “Para que sean uno” (una cita parcial de Juan 17:21). En los círculos ecuménicos, a esta cita parcial de las Escrituras se le conoce como el “movimiento de Juan 17”, que utiliza las palabras de Cristo para alentar a los cristianos a buscar la unidad.
Pero Juan 17:21 continúa: “como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste”. Esto expresa la unidad total entre el Padre y Cristo, que los cristianos están llamados a imitar.
¿Deberíamos los cristianos simplemente dejar de lado nuestras diferencias, como sugiere el papa: “dejar atrás las controversias teológicas” y “desarrollar un entendimiento común”? ¿Es esto lo que Cristo enseña en Juan 17:21?
Reflexionemos: ¿alguna vez Dios el Padre y Jesús han estado en desacuerdo en algo, o en algún momento han dicho: “Dejemos de lado nuestras diferencias en aras de la unidad”? Por supuesto que no.
El modelo de unidad en este versículo no es el nuestro, sino la unidad perfecta entre el Padre y el Hijo.
Dios pone gran énfasis en la verdad, como afirmó Cristo:
- “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6).
- “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad” (Juan 4:23).
- “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17).
- “Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18:37).
La verdad distingue al cristiano verdadero. Los cristianos no pueden descartar la verdad en nombre de la unidad. Dios espera que discernamos si las doctrinas provienen de Él o de Satanás.
Consideremos la prueba que Jesús nos da para discernir la doctrina. Él dice que podemos saber si una enseñanza proviene del Padre (Juan 17:17). Para ser verdadera, una enseñanza debe estar en consonancia con las Escrituras —la Palabra de Dios. Isaías lo expresó de esta manera: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20).
Por el contrario, Satanás habla por su propia autoridad. Cristo advirtió: “Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8:44).
Al aplicar esta prueba, se revela que la doctrina de la Trinidad y muchas otras doctrinas enseñadas dentro del catolicismo romano y del protestantismo, son falsas.
La unidad construida sobre una mentira no puede perdurar. Un verdadero cristiano no debe comprometer la verdad, pues “ninguna mentira procede de la verdad” (1 Juan 2:21).
Fecha de publicación: Diciembre 23, 2025