Cuando Cristo regrese como Rey de Reyes y Señor de Señores, el mundo estará destruido. Incluso después de que Satanás sea atado, las cosas no serán perfectas. El planeta entero será un caos, con todos sus ecosistemas devastados y su población diezmada. Todo lo que la humanidad ha estado construyendo durante los últimos 6.000 años quedará en ruinas, y las pocas personas que sobrevivan andarán sin rumbo y sin esperanza. Para entonces, habrán sido testigos de demasiada muerte y destrucción; amigos, familia, desconocidos e incluso gobiernos mundiales, todo bajo escombros —todo aniquilado en la mayor catástrofe que la humanidad jamás haya visto.
Habrá mucho dolor y sufrimiento. El mundo estará clamando por ayuda y sanidad. Pero afortunadamente, Jesucristo estará ahí para ofrecerlos. El mundo estará destruido, sí, pero finalmente estará listo para escuchar al Dios que lo puede sanar.
Luego de que Satanás sea atado, Jesucristo gobernará la Tierra durante mil años, y no lo hará solo. La Fiesta de las Trompetas representa el día en que todos los siervos de Dios que han vivido a través de la historia serán transformados en miembros de su familia. Y la Fiesta de Tabernáculos ilustra los siguientes mil años, en que los santos reinarán junto a Jesús (Apocalipsis 20:4).
Algunas de las profecías más hermosas de la Biblia de hecho describen este período. Bajo el liderazgo de Cristo, la raza humana finalmente comenzará a crecer y florecer con la guía divina que rechazó en el pasado. “Tus maestros nunca más te serán quitados, sino que tus ojos verán a tus maestros. Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isaías 30:20-21).
¿Cuál será el resultado? “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento del Eterno, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:9). Durante el reinado de Jesucristo, todos conocerán a Dios, aprenderán de sus leyes y su camino de vida, y comenzarán a vivir de acuerdo con su voluntad —lo cual cambiará todo. “Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte del Eterno, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas” (Miqueas 4:2).
Durante ese tiempo, Dios mismo gobernará activamente todos los asuntos del hombre: “juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra. Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca del Eterno de los ejércitos lo ha hablado” (vv. 3-4, énfasis añadido).
Éste claramente no es el mundo en el que vivimos hoy. Nuestro mundo está lleno de violencia y miedo, y a demasiada gente no podría importarle menos lo que el Dios de Jacob tiene que decir. Precisamente por eso la Fiesta de Tabernáculos es tan importante: es la fiesta que representa un tiempo cuando nuestra corrompida y lastimada sociedad será reconstruida bajo la guía de un Dios que nos ama —un Dios que sabe lo que nos conviene y quiere lo mejor para nosotros.
Algunos se resistirán, por supuesto. Aún sin la influencia de Satanás, la naturaleza humana seguirá siendo naturaleza humana y habrá personas que se rehúsen a obedecer los mandamientos de Dios. Pero muy pronto se percatarán de su error: “todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, al Eterno de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Y acontecerá que los de las familias de la tierra que no subieren a Jerusalén para adorar al Rey, el Eterno de los ejércitos, no vendrá sobre ellos lluvia” (Zacarías 14:16-17).
No lluvia significa no cosecha. No cosecha significa no comida. No comida dificultará mucho negar que Dios es el Creador y Sustentador del universo, y más aún negar su autoridad para exigirnos obediencia. A medida que los años pasen, más y más personas llegarán a comprender que el camino de Dios realmente funciona —que es la única manera de tener paz duradera y una vida con propósito.
Por primera vez en la historia, los seres humanos vivirán de la forma en que siempre debieron hacerlo. Conocerán la paz y el propósito de su existencia, y conocerán a su amoroso Creador: “no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Eterno; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice el Eterno; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado” (Jeremías 31:34).
En el Antiguo Testamento, los israelitas celebraban Tabernáculos viajando “[al] lugar que el Eterno tu Dios hubiere escogido” (Deuteronomio 12:18) y construyendo moradas temporales (o “tabernáculos”) para “[regocijarse] delante del Eterno vuestro Dios por siete días. Y [hacerle] fiesta al Eterno por siete días cada año; será estatuto perpetuo por vuestras generaciones” (Levítico 23:40-41).
Hoy en día, el pueblo de Dios aún observa esta fiesta reuniéndose en hoteles y otras moradas temporales durante siete días para adorar y regocijarse ante Dios. El hecho de que estas moradas sean temporales nos recuerda que somos “extranjeros y peregrinos sobre la tierra” y que “[buscamos] una patria” (Hebreos 11:13, 14). Esa patria en parte se ilustra con la Fiesta de Tabernáculos —el tiempo cuando todo el mundo conocerá y será guiado por el Dios que hizo el Universo.
Pero aun con todo lo que Tabernáculos representa, todavía no llegamos al final de la historia. Mañana culminaremos este Viaje con la última fiesta, que representa el último paso en el increíble plan de Dios.