Vida, Esperanza y Verdad

En busca de Dios, parte 2

La primera parte de “En busca de Dios”, en el anterior número de Discernir, se enfocó en responder las preguntas: “¿podemos encontrar a Dios si Él se está escondiendo de nosotros? ¿Haría Él esto y, si fuera así, por qué?” Ahora veremos la otra cara de la moneda: ¿Puede encontrarnos Dios?

Un hombre acercó una Biblia hacia su hermano y le lanzó un desafío:

“¡Quiero que me muestres aquí dónde dice exactamente que debemos observar el sábado y no el domingo!”.

Esta conversación en la reunión familiar se había ido acalorando. Una persona, muy ofendida porque alguien de su parentela abandonara la fe familiar, había desacreditado la doctrina del sábado o domingo, afirmando probar que él estaba errado para hacerlo regresar al rebaño.

Su hermano le contestó con calma: “yo lo puedo hacer, pero primero dime: si yo pruebo con la Biblia que el séptimo día, el sábado, es el día que Dios santificó, ¿cambiarás el día que guardas del domingo al sábado?”.

Mientras una docena de testigos observaba, el hombre lo miró fijamente por varios segundos y después le espetó airadamente: “oh, ¡olvídalo —no puedo razonar contigo!”. Dando la vuelta, se alejó.

O, dicho de otra forma, se fue a esconder. Cerró sus ojos para no ver la verdad de la Biblia, para no ver el conocimiento de Dios.

En la primera parte de esta serie de dos artículos, vimos en la Biblia que sí, Dios sí se esconde de los seres humanos, pero por una buena razón. Es porque sus hijos, comenzando con Adán y Eva, ¡se han escondido continuamente de Él!

Esto nos lleva a la segunda pregunta más importante para alguien que afirme estar buscando a Dios.

Pregunta 2: ¿Puede encontrarlo Dios si usted se está escondiendo?

La situación arriba descrita es una historia verdadera, de alguien escondiéndose de la verdad que podría haber venido a la luz. Tal vez el orgullo estaba presente —es común que nos sintamos avergonzados cuando nos demuestran que estamos errados.

Tal vez, inconscientemente, se estaba ocultando del compromiso de cambio que la verdad le hubiera exigido.

El joven orgulloso que vino a Jesús para preguntarle qué tenía que hacer para obtener la vida eterna, sintió temor cuando Jesús le reveló una debilidad espiritual que tenía que cambiar. “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Mateo 19:20-22).

Él también se fue a esconder de Dios.

Adán y Eva se escondieron de Dios, aduciendo la excusa de que le temían porque estaban desnudos.

En Isaías 53:3, la profecía de la primera venida de Jesucristo, dice: “…y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos”.

Cuando Él vino a la Tierra, le dijo a un grupo religioso de su época: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39-40).

En otras palabras, aun cuando los seres humanos digamos que deseamos conocer a Dios, encontramos fácilmente la forma de escondernos de Él. De su verdad, su autoridad en nuestra vida. Nos cuesta admitirlo, ¡pero es una característica muy común de la naturaleza humana!

Hacemos una pregunta importante, ¿dónde estás, Dios? Pero es necesario entender que Dios también se está preguntando: ¿dónde estás tú?

Veamos tres cosas esenciales que Dios está analizando para saber si realmente queremos encontrarlo a Él.

  • Nos ocultamos de Dios cuando no somos sinceros y profundamente humildes.

Dios nos dice: “pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2). Dios ha visto demasiado orgullo y obstinación en la humanidad, pero son muy escasas la mansedumbre y el sometimiento hacia Él y a su Palabra.

Dios ha visto demasiado orgullo y obstinación en la humanidad, pero son muy escasas la mansedumbre y el sometimiento hacia Él y a su Palabra. Encontramos una gran lección acerca de esto en la historia del cautiverio de Judá. Por muchos siglos ellos jugaron con su relación con Dios, suplicándole en momentos de dificultad, prometiéndole que lo seguirían, sólo para volver después a las mismas costumbres pecaminosas. Finalmente, para su sorpresa, Dios terminó su juego y le permitió a Babilonia que destruyera a Jerusalén y se los llevara cautivos.

Pero en su misericordia Él envió a Jeremías con el mensaje de que después de 70 años su prueba terminaría. Veamos su advertencia, sin embargo, en Jeremías 29:13: “y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón”.

Cientos de años antes de esto, David le explicó el mismo principio a su hijo Salomón. Él lo instruyó: “reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque el Eterno escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos” (1 Crónicas 28:9). Dios reiteró esto en Jeremías: “Yo El Eterno, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (17:10).

Volviendo al consejo de David a Salomón, David le aseguró: “Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre”.

Dios es claro: si usted lo busca con todo el corazón, con un enfoque profundamente humilde y de temblor ante su Palabra, usted lo puede encontrar.

  • Nos escondemos de Dios cuando cambiamos o malinterpretamos lo que Él nos dice que debemos hacer, para que encaje en nuestros deseos.

Tanto los registros bíblicos como los históricos muestran que las personas siempre han hecho esto. En su época, Jesús confrontó a los fariseos con una cita de Isaías: “Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres” (Marcos 7:6-7).

Continuó diciendo: “Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres”.

Finalmente, concluyó: “invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido” (vv. 8-9; 13).

Casi dos mil años después, las tradiciones humanas han permeado las religiones cristianas más que nunca.

Si usted está dispuesto a reconocer y descartar “las tradiciones de los hombres”, y en lugar de ello vivir por la pura Palabra de Dios, usted lo puede encontrar.

  • Nos escondemos de Dios cuando no estamos dispuestos a hacer lo que Él nos dice.

Cuando estaba siendo probado por Satanás, Jesús le replicó: “Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios” (Lucas 4:4).

Buscar a Dios incluye buscarnos a nosotros mismos. Lamentaciones 3:40 dice: “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos al Eterno”. A medida que Dios se revela a través de su Palabra, Él nos prueba para ver si estamos dispuestos a “volvernos al Eterno” y a “vivir por cada palabra de Dios”.

Por esto es que tantas personas han tambaleado en su búsqueda de Dios —ellos quieren decidir y escoger lo que están dispuestos a hacer.

¿Recuerda usted la afirmación de Jesús de que Él era la luz que vino al mundo pero que los seres humanos tendían a amar las tinieblas y no la luz? ¡Él estaba en lo cierto! Sin embargo, en la misma conversación, que se encuentra en Juan 3:19-21, Él ofrece una promesa maravillosa —y una gran prueba: “mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”.

¡Dios quiere que lo encontremos, que vengamos a la luz! De hecho, es la bondad de Dios la que nos guía al arrepentimiento (Romanos 2:4). Pero la prueba para nosotros siempre será si seguiremos o no la verdad. ¿Está dispuesto a actuar de acuerdo con la verdad que Él le revela, a seguirlo y obedecerlo, aunque esto signifique cambiar su forma de vida? Nuestras obras, dice Él, ¡le mostrarán claramente la repuesta!

Venir a la luz es en realidad un proceso de toda la vida, en el que poco a poco vamos aprendiendo más y más acerca de la mente y los caminos de Dios. El Espíritu Santo —que obra en las personas que le están respondiendo a Dios y reside en aquellos que se han arrepentido de sus pecados y se han bautizado— hace posible que continuamente tengan la actitud de escudriñar “porque el espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1 Corintios 2:10). Pero Dios da su Espíritu solamente a “los que le obedecen” (Hechos 5:32).

Si usted le muestra a Dios que va a actuar según la verdad —que va a conducir su vida según el entendimiento que Él le muestre de su Palabra —usted lo puede encontrar.

¿En dónde está usted?

Algún día la humanidad descubrirá que Dios se estaba escondiendo a plena luz —pero no lo podíamos encontrar si ocultábamos nuestros ojos de Él. Proverbios 2:1-5 nos da unas claves fundamentales para buscar con éxito a Dios:

“Hijo mío, si recibiereis mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros. Entonces entenderás el temor del Eterno, y hallarás el conocimiento de Dios”.

Encontrar a Dios

¿Qué sucedió con el hombre en la India que describimos en el último número, quien escribió en Internet la pregunta, “¿Dónde estás, Dios?”.

Bueno, él preparó su corazón con este criterio. Él buscó la Palabra de Dios sinceramente, con todo el corazón y humildemente. Él rechazó el razonamiento y las tradiciones de los hombres y aceptó solamente lo que leía en la Biblia. Y más importante aún, él estaba dispuesto a cambiar su vida para seguir lo que Dios le mostrara que era la verdad.

No hay búsqueda más importante para cada uno de nosotros que buscar la respuesta de: “Dios, ¿dónde estás?”. Y no hay prueba más grande que responderle a Dios cuando nos dice: “Estoy aquí, en mi Palabra —pero, ¿dónde estás ?”.

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