Vida, Esperanza y Verdad

La paciencia es una virtud que puede construir relaciones

Casi todo el mundo reconoce la necesidad de tener más paciencia a veces. Es un fruto del Espíritu de Dios y una clave esencial para mejorar las relaciones con Dios y con el prójimo.

Tal vez hayan escuchado la oración del hombre impaciente. Es algo así como: “Señor, necesito paciencia, y la necesito AHORA MISMO!”

En un mundo lleno de conductores descorteses, clientes egoístas o desconsiderados, conflictos de personalidad con sus compañeros de trabajo y las exigencias constantes por parte de los niños y la familia,!a menudo necesitamos paciencia sólo para mantenernos unidos!

Hay un viejo proverbio holandés que dice: “Un puñado de paciencia vale más que un montón de cerebros”. La experiencia a menudo nos muestra que una persona paciente tomará mejores decisiones y verá resultados más favorables en la vida que una persona muy inteligente que no tiene la paciencia para esperar el momento y la oportunidad adecuadas.

A Leonardo da Vinci se le atribuye el haber dicho: “La paciencia sirve como protección contra el mal como la ropa contra el frío. Porque si te pones más ropa a medida que aumenta el frío, no tendrá ningún poder para hacerte daño. Así que de la misma manera debes crecer en paciencia cuando te encuentras con grandes males, y entonces serán impotentes para irritar tu mente”.

En Gálatas 5:22 el apóstol Pablo hizo una lista de características que son transmitidas por el Espíritu de Dios. La cuarta en la lista es la “paciencia”. Es un atributo de Dios el Creador y es muy importante que un cristiano lo tenga.

La paciencia puede proteger nuestras mentes y emociones, pero también puede guiarnos a pensar y ver la lucha de la vida de una manera apropiada. Veamos dos de las principales formas en que la paciencia se aplica a nosotros.

1. Paciencia con Dios

¿Cómo reacciona cuando Dios no responde a sus oraciones de la manera o en el momento que desea?

Sabemos que Dios es todopoderoso, y que Él tiene el poder de quitar o ayudarnos a superar cualquier prueba u obstáculo que enfrentemos. Entonces, ¿por qué no lo hace siempre que se lo pedimos?

El apóstol Santiago nos da una perspectiva con respecto a esta pregunta: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2-3, énfasis añadido).

Dios ha prometido nunca dejarnos o abandonarnos (Hebreos 13:5), pero en ninguna parte promete responder a todas nuestras oraciones inmediatamente, o responderlas exactamente de la manera que deseamos.

Como padres, podemos responder a las peticiones de nuestros hijos con un “Sí”, un “No” o un “Más tarde”, dependiendo de lo que creamos que es mejor para ellos.

Nuestro Padre en el cielo tiene las mismas opciones cuando nos responde. Por muy difícil que sea aceptar un “No”, la fe exige que pongamos nuestra confianza en Él para saber qué es lo mejor. ¿Y cómo podemos diferenciar entre un “No” y un “Más tarde”? ¡Tenemos que esperar, y eso requiere paciencia!

¿Perder la paciencia con Dios?

¿Cuántas veces hemos visto a personas que perdieron la paciencia con Dios? Sentían que la prueba que estaban enfrentando no era justa, y quizás tenían razón. Sentían que las pruebas a las que se enfrentaban no eran merecidas o no eran culpa suya; y, de hecho, es posible que no hubieran hecho nada para crear el problema. Así que cuando Dios no respondió inmediatamente para resolver el problema o darles la victoria, decidieron que a Dios no le importaba o que no existía.

El resultado fue que perdieron la paciencia con Dios y decidieron que ya no lo esperarían más. Con esa decisión, a menudo se alejaron de Dios y de vivir un camino que es justo. Algunos han llegado incluso a decidir que, si Dios no interviniera, tomarían el asunto en sus propias manos, la mayoría de las veces con resultados desastrosos. Piense en Abraham decidiendo tener un hijo con la sierva de Sara (Génesis 16), en lugar de esperar que Dios proveyera un hijo como Él había prometido (Génesis 15:4).

Entender la perspectiva de Dios

Lo que a veces perdemos de vista es la perspectiva perfecta del Creador. Nunca ha habido un momento en el que nuestro Dios no existiera (Isaías 57:15). Él lo ha visto todo, y en todas las circunstancias entiende nuestras necesidades mucho mejor que nosotros. Por mucho que sepamos lo que queremos, ¡Él sabe lo que es mejor realmente!

Pablo señala eso en Romanos 8:28 donde nos dice que todo saldrá bien si continuamos obedeciendo y sirviendo como es debido. Eso requiere fe en que Dios sabe lo que es mejor, y requiere paciencia para esperar su tiempo.

Jeremías supo lo que eran los problemas cuando Judá estaba siendo llevado cautivo. Estaban invadiendo ciudades y pueblos, y miles de personas estaban siendo asesinadas o esclavizadas. En medio de tan terribles pruebas, esto fue lo que dijo: “Bueno es el Eterno a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Eterno” (Lamentaciones 3:25-26).

Nuestro gran y amoroso Dios sabe lo que cada uno de nosotros necesita, y en su perfecta sabiduría Él lo proveerá. Por mucho que no nos guste oírlo, a veces necesitamos una prueba para enseñarnos lecciones valiosas o para corregir comportamientos que necesitan ser cambiados. La paciencia con Dios nos permite esperar hasta que Él provea las respuestas que Él sabe que necesitamos en el momento en que Él sabe que las necesitamos.

2. Paciencia con los demás

A menudo nuestro mayor desafío es tratar de ejercer la paciencia en nuestras relaciones con los demás. (Por supuesto, lo contrario también puede ser cierto, ya que otros a veces tienen que tener paciencia con nosotros.)

La paciencia con otras personas viene de un amor y respeto por los demás. En 1 Corintios 13:4 se nos dice que el amor es “sufrido” o es paciente. La escritura continúa describiendo cómo el amor no es egoísta, orgulloso o grosero, porque está pensando en el bienestar de la otra persona. El amor es la base, y la paciencia es parte de ese proceso.La paciencia con los demás viene de un amor y respeto por los demás. En 1 Corintios 13:4 se nos dice que el amor es “sufrido” o es paciente. La escritura continúa describiendo cómo el amor no es egoísta, orgulloso o grosero, porque se trata de pensar en el bienestar de otra persona. El amor es la base, y la paciencia es parte de ese proceso. Permítanme compartir con ustedes una cita de The Love Dare [El desafío del amor] de Stephen y Alex Kendrick:

“¿Puede su cónyuge contar con tener una esposa o esposo paciente con quien tratar? ¿Puede saber que al olvidar sus llaves en el auto se encontrará con su comprensión tranquila en lugar de con un sermón acusador que la haga sentir como una niña? ¿Puede saber que si se encuentra viendo un partido de fútbol ella no va a sacar automáticamente una lista en voz alta de mejores maneras en que debería gastar su tiempo?” (2013, p. 3). Los expertos en relaciones confirman lo que todos hemos experimentado: la gente impaciente puede ser difícil de soportar.

La paciencia con otras personas viene de un amor y respeto por los demás. En 1 Corintios 13:4 se nos dice que el amor es “sufrido” o es paciente. La escritura continúa describiendo cómo el amor no es egoísta, orgulloso o grosero, porque está pensando en el bienestar de la otra persona. El amor es la base, y la paciencia es parte de ese proceso.

En otra escritura el apóstol Pablo describe la relación que debemos tener unos con otros, incluyendo no sólo mostrar misericordia y bondad, sino también “soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro” (Colosenses 3:12-13).

¡Decidir soportar un insulto o una provocación dejándolo ir requiere de mucha paciencia! Podemos tener este tipo de paciencia porque a pesar de sus defectos, realmente valoramos a nuestra familia y amigos.

Paciencia no significa debilidad

Al mismo tiempo, necesitamos entender que una persona paciente no es lo mismo que una persona débil. Ser paciente no significa que debamos simplemente “soportarlo” si alguien es abusivo o nos crea problemas. Hay un momento en el que está bien expresar a los demás que sus acciones o conducta son hirientes o irrespetuosas para con nosotros. Esto siempre debe hacerse con amor y motivos genuinos, y es posible que necesitemos ser pacientes para ver un cambio o un resultado positivo.

La paciencia tampoco significa que nos sentemos sin hacer nada, esperando que Dios o alguien más resuelva todos nuestros problemas. Por el contrario, significa que estamos dispuestos a trabajar tanto tiempo y tan duro como sea necesario para resolver los problemas y, en la medida de lo posible, para reparar las relaciones.

Aquí se necesita una fe profunda y permanente en Dios. ¡Es mucho más fácil para nosotros ser pacientes cuando entendemos que el Creador del universo ve, está involucrado y hará que todas las cosas funcionen para nuestro máximo provecho! Ser paciente no significa que nos demos por vencidos o huyamos del problema, sino que trabajaremos pacientemente en los problemas y confiaremos en que nuestro Dios nos proveerá un camino en el que los esfuerzos humanos por sí solos no pueden prevalecer.

Estudiar ejemplos de paciencia

La mayoría de nosotros reconocemos que no somos tan pacientes como deberíamos. Necesitamos ser pacientes con Dios, entendiendo que Él tiene una perspectiva perfecta y siempre sabe lo que es mejor para nosotros.

También necesitamos ser pacientes con los demás, amarlos y valorarlos con sus faltas y todo lo demás, tal como esperamos que lo hagan con nosotros. Afortunadamente, la Biblia contiene muchos ejemplos maravillosos de hombres y mujeres de fe que han hecho exactamente eso.

“Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5:10-11)

Éste es el ejemplo que todos debemos esforzarnos por seguir para convertirnos en hombres y mujeres de paciencia.

Lea más acerca del fruto del espíritu, la paciencia, en el artículo “El fruto del Espíritu: paciencia”.

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