Vida, Esperanza y Verdad

La segunda resurrección: ¿Una segunda oportunidad?

Jesucristo reveló que, en cierto momento, muchas personas de distintas épocas serán resucitadas simultáneamente. Pero, ¿de qué se trata esta segunda resurrección? ¿Es acaso una segunda oportunidad?

En Mateo 12:41 Jesús dijo que: “Los hombres de Nínive [del tiempo del profeta Jonás] se levantarán en el juicio con esta generación [a la que pertenecían los oidores de Cristo en el primer siglo]”.

Además reveló que, eventualmente: “La reina del Sur se levantará en el juicio con esta generación, y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar” (v.42, consulte también Lucas 11:29-32).

¿Qué resurrección?

La frase “levantarse en el juicio” utilizada en estos versículos implica una resurrección. Pero, ¿en qué momento sucederá? Como veremos, esta no es la resurrección que ocurrirá cuando Cristo regrese y los santos —vivos y muertos— sean transformados a seres espirituales (1 Corintios 15:51-53).

Las Escrituras nos dicen que Jesús reprendió a su generación por su maldad (Mateo 12:39; Lucas 11:29); y tal parece que las generaciones pasadas que Cristo menciona tampoco eran buenas. En el caso de los ninivitas, por ejemplo —aunque se arrepintieron momentáneamente al escuchar la profecía de Jonás— la historia demuestra que pronto volvieron a su perverso estado. Similarmente, aunque “la reina del Sur” (Saba) se maravillaba ante la sabiduría de Salomón, no hay evidencia de que se hubiera convertido a Dios en ningún momento.

Y, ya que los malos “no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21), la resurrección mencionada por Cristo claramente no puede ser la que ocurrirá en el momento de Su segunda venida.

En síntesis, estos pasajes nos indican que:

  1. Habrá una resurrección además de la que ocurrirá al regreso de Cristo.
  2. Esta resurrección será para muchas personas de distintas épocas de la historia.
  3. Quienes sean parte de esta resurrección habrán muerto siendo pecadores.

¿Por qué resucitar a pecadores?

Pero, ¿por qué resucitaría Dios a estas personas? ¿Acaso les dará una segunda oportunidad de salvación? ¿O los transformará en seres espirituales a pesar de que murieron siendo pecadores? ¡Las Escrituras nos revelan que ninguna de estas opciones es la correcta!

Veamos la afirmación completa de Jesucristo: “Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generación, y la condenarán; porque ellos se arrepintieron a la predicación de Jonás, y he aquí más que Jonás en este lugar. La reina del Sur [la reina de Saba] se levantará en el juicio con esta generación [a la que perteneció Cristo en el primer siglo], y la condenará; porque ella vino de los fines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y he aquí más que Salomón en este lugar” (Mateo 12:41-42).

En otras palabras, esta resurrección será seguida de un juicio. No es una resurrección a vida eterna o salvación. De hecho, en Juan 5:28-29, Cristo profetiza explícitamente sobre una resurrección a vida (salvación, vida eterna) y otra a juicio (algunas versiones utilizan la palabra “condenación”, pero la traducción más correcta es “juicio”). Pero, antes de analizar en qué consistirá este juicio, estudiemos un poco más sobre en contexto en que Jesús hizo esta profecía.

El contexto

Millones de personas han leído estos pasajes de los Evangelios de Mateo y Lucas sin comprender la importancia de las palabras de Jesucristo. Cristo no sólo estaba diciendo que habrá más de una resurrección; además estaba explicando que, a diferencia de sus opositores contemporáneos, los ninivitas y la reina de Saba al menos reconocieron a los siervos de Dios. Nínive admitió que Jonás era un profeta enviado por el Creador, y la reina de Saba se dio cuenta de que Dios era la fuente de la sabiduría de Salomón. En cambio, los líderes religiosos judíos que conocieron a Cristo no hicieron más que acusarlo de fraude y negar su autoridad divina descaradamente.

Es por esto que, como dijo Cristo, los ninivitas y la reina “condenarán” a las autoridades judías del primer siglo cuando todos se conozcan cara a cara en la segunda resurrección. En otras palabras, Jesús estaba diciendo que las acciones de estas personas condenarán el error de los fariseos y saduceos, no que los injustos se juzgarían unos a otros.

No es una segunda oportunidad

Esta segunda resurrección mencionada por Jesucristo ¡no es una segunda oportunidad de salvación! Nadie tiene más de una oportunidad de recibir este regalo de Dios. Sin embargo, si nos dejamos guiar por la Biblia, veremos claramente que muchas personas sí tendrán una segunda oportunidad de vivir físicamente. No hay otra manera de interpretar lo que nos dicen las Escrituras.

Pero, ¿cómo juzgará Cristo a Nínive? ¿Cómo juzgará a la reina de Saba? ¿Y cómo juzgará a la generación que lo conoció siendo el Hijo del Hombre?

Como sucede con todo tema bíblico complejo, debemos recurrir a los detalles para comprender esto con más claridad. En primer lugar, ¿por qué fue necesario que Cristo hablara de este juicio final?

El entorno

En aquél tiempo —cuando Cristo predicaba a los líderes judíos del primer siglo— era común que Jesús se sintiese desalentado por la falta de arrepentimiento de sus propios discípulos. Casi siempre parecían más interesados en sus señales y milagros que en sus enseñanzas. Mateo 10-12 nos habla de este panorama al cual Jesús debió enfrentarse cuando predicaba a sus conciudadanos.

Como vemos en Mateo 12, ¡los oidores de Jesucristo esperaban a un Mesías que libraría a Judá de los romanos y restauraría la antigua gloria de Israel!; los judíos pensaban sólo en términos materiales —no comprendían el significado de las profecías sobre el futuro reino de Dios a cabalidad. Y, por lo tanto, esperaban que los milagros de Jesús fuesen una demostración de su poder para vencer a los romanos y restablecer la autoridad de Israel.

Corrección del malentendido

Para dementir esta falsa idea, Jesucristo les hizo un pequeño resumen del verdadero plan. Comenzó por citar la Escritura que profetiza su permanencia en el sepulcro por tres días y tres noches (no de viernes a domingo, que serían sólo dos noches y un día. Consulte “La señal de Jonás: ¿Murió Cristo en viernes santo? ¿Resucitó un domingo de pascua?”), luego de haber muerto por los pecados de todos. Tras esas 72 horas, Cristo sería resucitado a gloria. Y en un futuro lejano, regresaría con poder y gloria como aquél Mesías conquistador para juzgar al mundo entero.

¿Qué dijo Cristo sobre la vida después de la muerte?

La mayoría de las personas tiende a pasar por alto lo que Cristo dijo sobre el futuro de los ninivitas, que resucitarían junto al resto de los pecadores. Y, al hacerlo, pasan por alto una profunda verdad. De hecho, si bien varios pasajes de la Biblia nos hablan de este hecho tan importante, solo pocas personas han logrado comprender lo que realmente significa.

Gran parte de la humanidad supone que nuestro destino eterno se decide en el momento de nuestra muerte; creen que, si morimos siendo pecadores, seremos atormentados en un fuego infernal por toda la eternidad (en realidad, la Biblia revela que nadie será atormentado eternamente. Para más detalles, consulte “¿Qué es el infierno?”). Sin embargo, la profecía de Cristo en cuanto al futuro de Nínive, la reina de Saba y los judíos del primer siglo nos revela una verdad muy diferente acerca de la vida después de la muerte.

Las resurrecciones

Analicemos las palaras con las que Pablo describe la resurrección: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15:22-23, énfasis añadido).

Claramente, la frase “cada uno en su debido orden” implica más de una resurrección. Y, en el mismo capítulo, Pablo describe la primera de ellas, que ocurrirá cuando Cristo regrese a la tierra. Aquellos que serán “resucitados incorruptibles” (v. 52) luego vivirán y reinarán con Cristo mil años (Apocalipsis 20:4).

Por otro lado, Apocalipsis 20:5 nos revela que “los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años” (énfasis añadido). Es decir, existe otra resurrección además de la mencionada por Pablo, una para quienes murieron siendo pecadores. “Los otros muertos” son aquellos que —a diferencia de los que murieron en la verdad de Dios— no resucitaron antes ni reinaron con Cristo durante los mil años (el Milenio).

Más adelante, los versículos 11-15 de Apocalipsis 20 nos dicen que habrá una segunda y tercera resurrección. Estas son para quienes no hayan resucitado en la primera, personas como las que Cristo mencionó en Mateo 12, que murieron siendo pecadores. (Si desea saber más acerca de las tres resurrecciones mencionadas en la Biblia, le invitamos a leer “Las resurrecciones: ¿Qué son?”.)

No hay salvación sino por medio de Cristo

La resurrección mencionada en Mateo 12 y Lucas 11 es a vida física. ¿Por qué? Porque el juicio de estas personas no terminó con su muerte. Dios, siendo justo para con todos, quiere darles la oportunidad de conocer su camino y recibir la salvación, que es posible únicamente a través de Jesucristo.

Probablemente haya escuchado decir que Dios salvará a cualquiera que “hizo lo mejor que pudo con lo que sabía” sin importar su credo o religión. ¡Pero la Biblia no dice eso! De hecho, Pedro nos dice que “en ningún otro [además de Jesucristo] hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

Por lo tanto, todo ser humano que haya rechazado a Cristo por ignorancia —incluyendo a los ninivitas y los judíos del primer siglo— tendrán la oportunidad conocer la verdad y recibir la salvación cuando sean resucitados en el juicio del gran trono blanco (Apocalipsis 20:11).

El juicio: recopilación y estudio de la evidencia

¿Es un juicio lo mismo que una sentencia final? Puede serlo. Pero la mayoría de las veces implica mucho más que esto. Generalmente, la sentencia es sólo la última parte del juicio, que primero consiste en recopilar y estudiar la evidencia. De hecho, Apocalipsis 20:12 nos dice que “fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros [la Biblia], según sus obras”. Claramente, este versículo no se refiere a las obras de su antigua vida, pues ¡todos ellos murieron siendo pecadores!

Por lo tanto, necesariamente habrá un periodo de tiempo en que las personas de la segunda resurrección podrán aprender lo que no aprendieron antes: el camino de Dios. Y esta será su primera oportunidad de salvación. Sólo entonces, cuando hayan conocido la verdad, serán juzgados según sus obras; es decir, por lo que hagan a partir del conocimiento que recibirán.

Este tiempo de aprendizaje y experiencia, es mencionado incluso en el Antiguo Testamento; Ezequiel 37 nos habla detalladamente sobre esta segunda resurrección y la vida posterior de quienes sean resucitados. Además, Isaías 65:20 revela que todos tendrán un vida lo suficientemente larga para ser juzgados como santos o pecadores obstinados.

Por otro lado, como indica 1 Pedro 4:17, la Iglesia de Dios está siendo juzgada ahora. Esto confirma que el juicio de Dios es un proceso en el que primero somos llamados, y luego debemos atender a ese llamado, arrepentirnos y obedecer —y, mientras tanto, Cristo nos está evaluando. Sin embargo, esto no significa que podemos “ganar la salvación”. ¡La salvación es un regalo de Dios! Pero, antes de dárnoslo, Dios nos juzga para ver si permaneceremos fieles a sus expectativas o no. Como vemos en Apocalipsis 17:14, solo los “llamados y elegidos y fieles” estarán con Él en su reino.

¿Cuál es su lugar en este plan?

Si usted hubiese pertenecido a la generación que Cristo mencionó en Mateo 12:39-42, ¿habría comprendido el profundo significado de la segunda resurrección? Probablemente, algunos de ellos sí lo comprendieron, pero luego rechazaron el llamado de Dios a su camino de vida. Si fue así, perdieron la oportunidad de ser parte de las primicias.

Pero, ¿qué sucede con usted? ¿Lo comprende ahora? Entonces debería considerar la posibilidad de que Dios está abriendo su mente, dándole la oportunidad de aceptar o rechazar su llamado.

Le invitamos a profundizar más acerca de esto en nuestro artículo “¡Dios llama!”.

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