Egipto en las Escrituras

Muchas personas conocen la historia de la milagrosa salida de Israel de Egipto. Pero, ¿qué podemos decir del futuro de Egipto? ¿Qué nos dice la profecía bíblica acerca de lo que aún está por suceder en este lugar?

Egipto, ahora conocido oficialmente como República Árabe de Egipto, llegó a ser la mayor potencia política y militar de su época en varias ocasiones. Los muchos y grandiosos monumentos que ahí se conservan dan cuenta de su antiguo poder y gloria. La Biblia, por su parte, relata algunos episodios de la historia de Egipto en el Éxodo, que nos muestran cómo Dios liberó milagrosamente a su pueblo de la que entonces era la nación más poderosa de la tierra.

Pero la historia de Egipto en la Biblia comienza desde mucho antes, con la historia de Noé. Cuando las aguas del diluvio finalmente cedieron, los tres hijos del patriarca (Sem, Cam y Jafet) comenzaron a repoblar la tierra. Cam tuvo cuatro hijos y el segundo de ellos fue Mizraim (Génesis 10:6), quien eventualmente se convirtió en padre y fundador del reino post-diluviano de Egipto.

De hecho, en el Antiguo Testamento, “Egipto” es la traducción de la palabra hebrea Mizraim. Este reino también se conocía como “Tierra de Cam” pues, según la tradición, Cam siguió a sus hijos a Egipto. La palabra “Egipto” proviene del antiguo nombre griego Aigyptos.

En realidad, la historia de Génesis y Éxodo es la historia de Egipto. Cualquiera que esté familiarizado con la Biblia debe conocerla muy bien. Por otro lado, muchas personas ignoran que Dios no terminó la historia de su actuar con los egipcios hace tres milenios atrás. La Biblia aun tiene profecías importantes de lo que sucederá con Egipto y lo que Egipto hará en los tiempos previos a la segunda venida de Cristo.

Egipto, una pequeña nación

Poco antes de la destrucción de Israel y Judá (700-600 a.C.), la división sur del reino de Judá buscó refugio en Egipto al sentirse amenazado por el poderoso Imperio asirio. Es por esto que Dios inspiró a los profetas Isaías y Ezequiel para advertir al pueblo que no pusiera su confianza en Egipto, sino en su Señor, quien había librado a sus padres de ese pueblo en el pasado.

No mucho después, Egipto fue conquistado por los asirios (Isaías 20:3-4) y luego por los babilonios. Dios estaba cumpliendo lo que dijo a través del profeta Ezequiel: “esparciré a Egipto entre las naciones, y lo dispersaré por las tierras” (Ezequiel 29:12). Así, el reino de Egipto permaneció deshabitado y disperso durante 40 años. Pero, después de todo ese tiempo en que estuvo bajo el poder de Babilonia, Dios cumplió otra de sus promesas: “volveré a traer los cautivos de Egipto, y los llevaré... a la tierra de su origen [Egipto]” (Ezequiel 29:13-14). Aun así, muchos egipcios permanecieron en la dispersión (Ezequiel 30:23, 26).

Luego de este período de castigo, Egipto se convertiría en “un reino despreciable. En comparación con los otros reinos será humilde; nunca más se alzará sobre las naciones; porque yo los disminuiré, para que no vuelvan a tener dominio sobre las naciones” (Ezequiel 29:14-15). Esta ha sido la situación de Egipto desde el siglo VI a.C. hasta el siglo XX, ocupado por fuerzas extranjeras durante la mayor parte de su historia.

Egipto, el antiguo rey del sur

El capítulo 11 de Daniel contiene una extensa profecía sobre el conflicto entre “el rey del norte” y “el rey del sur”. Los primeros cuatro versículos describen la división en cuatro partes del imperio greco-macedonio luego de la muerte prematura de su emperador, Alejandro Magno, a los 32 años. Como sabemos, esta profecía se cumplió cuando cuatro de los generales de Alejandro se repartieron el imperio después de su muerte.

Así, el “rey del sur” tuvo sus comienzos con el general griego Ptolomeo I Sóter, quien tomó el poder de Egipto desde Cirene hasta Nubia. Ptolomeo I asumió el título de Faraón y su territorio pasó a conocerse como “Dinastía ptolemaica”.

Por otro lado, “el rey del sur” o Seleuco I Nicátor (quien antes había sido oficial de Ptolomeo I Sóter) se apoderó del territorio comprendido desde el Mediterráneo oriental hasta Babilonia y Persia, llamándolo “Imperio seléucida”.

A partir de entonces, los reyes del norte y del sur (y sus descendientes) se enfrentaron en numerosas guerras. Estas eventualmente dieron pie a la invasión de Judá y Jerusalén a manos del rey del norte, quien estableció la primera “abominación desoladora” en Jerusalén cerca del año 168 a.C. (Daniel 11:31). Si desea más detalles del tema, consulte “La abominación desoladora: ¿qué es?”.

Egipto, en cambio, no conquistó a ningún otro pueblo; pero, bajo el poder del gobierno helénico (griego), por lo menos pudo evitar ser invadido por del rey del norte. De cualquier forma, los egipcios no tenían el control de su tierra y sirvieron a los descendientes de Ptolomeo I durante casi 300 años, hasta ser invadidos por el imperio romano en el año 30 a.C.

Como vemos, la mayor parte de Daniel 11 es profecía cumplida; por así decirlo, es historia. Sin embargo, en la última parte del capítulo hay un salto de más de 2.000 años hacia los eventos que ocurrirán antes de la segunda venida de Cristo.

Egipto, ¿parte del rey del sur en los tiempos del fin?

Vemos ahora lo que sucederá “al cabo del tiempo” según la profecía: “el rey del sur contenderá con él; y el rey del norte se levantará contra él como una tempestad, con carros y gente de a caballo, y muchas naves; y entrará por las tierras, e inundará, y pasará” (Daniel 11:40).

El “rey del norte” de los tiempos del fin será representado por la última resurrección del cuarto gran reino descrito en Daniel 2 y 7. Si desea más detalles del tema, consulte “El conflicto en Medio oriente” y “¿Qué representa Babilonia?”.

Pero, ¿quién será el futuro “rey del sur”? Muchas veces, las profecías bíblicas son de cumplimiento dual; tienen una primera parte que se cumplió antes de la primera venida de Cristo y una segunda parte, que se cumplirá poco antes de que Cristo venga por segunda vez.

Esto es justo lo que sucede con Daniel 11. Parte de la profecía del rey del sur se cumplió con lo ocurrido en Egipto, que ahora es parte de la historia. Pero el versículo 42 revela que Egipto también tendrá un papel importante en la segunda aparición del rey del sur.

Llegado el momento, el rey del sur cometerá un grave error y, como indica Daniel 11:40, el rey del norte lo “inundará” y destruirá. Luego de entrar a la “tierra gloriosa” (Israel), el rey del norte “extenderá su mano contra las tierras, y no escapará el país de Egipto...y los de Libia y de Etiopía le seguirán” (Daniel 11:41-43).

En otras palabras, Egipto volverá a convertirse en un país invadido y subyugado.

El profeta Isaías escribió inspirado por Dios: “entregaré a Egipto en manos de señor duro, y rey violento se enseñoreará de ellos, dice el Señor, el Eterno de los ejércitos” (Isaías 19:4). Según los versículos 5-6, esto ocurrirá cuando las aguas del Nilo se agotarán y secarán, y “se alejarán los ríos, se agotarán y secarán las corrientes de los fosos”.

Ya que hasta ahora Egipto nunca ha vivido algo semejante a lo descrito por Isaías, claramente estamos hablando de los tiempos del fin (Apocalipsis 6:16-17; 8:10-11). Si desea más detalles acerca de esta época tan difícil por venir, no dude en leer “La ira de Dios”.

El profeta Ezequiel también nos habla del tiempo del fin, advirtiendo que “cerca está el día, cerca está el día del Eterno; día de nublado, día de castigo de las naciones será. Y vendrá espada a Egipto, y habrá miedo en Etiopía, cuando caigan heridos en Egipto; y tomarán sus riquezas, y serán destruidos sus fundamentos”.

Egipto después del regreso de Cristo

Isaías además nos da una inspiradora profecía sobre la misericordia de Dios para quienes eventualmente clamen a Él buscando liberación: “porque clamarán al Eterno a causa de sus opresores, y él les enviará salvador y príncipe [Cristo] que los libre” (Isaías 19:20).

Cristo vendrá a la tierra para establecer su reino y liberar a todas las naciones, incluyendo a Egipto. Pero tal parece que aun en estas condiciones, no todos los egipcios se volverán a Dios después de ser liberados. Al menos así lo advierte el profeta Zacarías cuando escribe: “si la familia de Egipto no subiere y no viniere, sobre ellos no habrá lluvia; vendrá la plaga con que el Eterno herirá las naciones que no subieren a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Esta será la pena del pecado de Egipto, y del pecado de todas las naciones que no subieren para celebrar la fiesta de los tabernáculos” (Zacarías 14:18-19).

Por otro lado, cuando lo egipcios (al igual que todos nosotros) finalmente hagan caso de la advertencia y amorosa amonestación de Dios, Él los colmará de su gran bondad y misericordia. Sí, “herirá el Eterno a Egipto”, pero “herirá y sanará, y se convertirán al Eterno, y les será clemente y los sanará” (Isaías 19:22). Pero es probable que pasen varios años después del regreso de Cristo antes de que esto se cumpla.

Finalmente, cuando Egipto se rinda por completo a Cristo y se convierta al camino de Dios, verá un cambio radical en su destino. Entonces, “el Eterno de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad” (Isaías 19:25).

A pesar de la historia de idolatría de Egipto y su resistencia a obedecer al único Dios verdadero, llegará el día en que Dios diga: “Bendito el pueblo mío Egipto”.

Si desea saber más acerca del tiempo de paz que vendrá para Egipto y el mundo entero luego del regreso de Cristo, le invitamos a explorar la sección “El Reino de Dios”.