El presupuesto cristiano

Presupuestar es una manera sabia y útil para manejar su dinero. Existen principios bíblicos que le pueden ayudar a desarrollar y utilizar un presupuesto cristiano familiar.

La mayoría de la gente está familiarizada con el término presupuesto, y muchos entienden que presupuestar es una manera inteligente de llevar cuentas de su dinero. ¿Pero, cuántos en realidad tienen un presupuesto escrito como parte de sus finanzas personales o familiares? No muchos la verdad.

Los presupuestos se necesitan

Grandes y pequeños negocios tienen y viven por sus presupuestos anuales. El presupuesto sirve para que los negocios sepan en dónde están, qué necesitan cumplir y en qué necesitan cambiar para mejorar su situación financiera. Por lo tanto, los presupuestos los necesitan directivos administrativos, accionistas, bancos que den préstamos para negocios y en algunos casos, hasta el gobierno para calificar determinados tipos de programas. Si se quiere tener una perspectiva financiera sensata es necesario tener un presupuesto.

¿También brinda una sensación agradable para nuestras familias? Cuando hablamos de individuos o de familias, se presenta la gran tendencia de que el presupuestar pase a un segundo plano. Puede parecer mucho problema o simplemente innecesario —y como resultado de ello muchas familias se enfrentan a serios problemas financieros. Tristemente uno de los factores más importantes para el fracaso de los matrimonios son los problemas financieros.

¿Cuántos individuos o familias de verdad entienden cómo hacer un presupuesto? De esos, ¿cuántos tienen un presupuesto cristiano balanceado? Usamos el término presupuesto cristiano debido a que existen unos principios en las Escrituras que podemos encontrar en la Biblia, que pueden ayudarle a usted y a su familia a manejar de manera exitosa sus finanzas.

Presupuestar como cristianos

A través de la Biblia, Dios nos da importantes principios para la vida, incluyendo cómo manejar el dinero y las finanzas. Veamos unas escrituras muy pertinentes para este caso:

“Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; Mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza” (Proverbios 21:5).

Un presupuesto no es más que un plan para ahorrar y gastar dinero. Incluye la procedencia del dinero y cuánta cantidad esperar, así como los gastos que se van a cubrir con ese dinero. Un buen presupuesto tiene en cuenta las cuentas en general y las más importantes —como el alquiler o la hipoteca, servicios públicos, comida, gasolina y seguros— y contempla gastos ocasionales o inesperados.

Al presupuestar, cuando llega nuestro salario, la familia ya sabe cuánto de ese salario se necesita dejar a un lado para pagar las cuentas que vienen, y cuánto hay para extras —una salida ocasional a cenar o ir al cine. Todo está planeado y cubierto.

Vivir sin un presupuesto a menudo conlleva tomar decisiones a corto plazo: “Si tengo dinero en este momento, puedo gastarlo ya mismo. Entonces si quiero ropa nueva, y tengo el dinero hoy, ¿por qué no gastarlo? El alquiler se cumple la próxima semana, entonces no voy a preocuparme sino hasta que llegue ese momento”.

En términos del versículo que acabamos de leer, esta manera de pensar es “apresurada y alocada”. Esto describe a una persona que simplemente realiza una compra sin ningún plan y sin pensar en las consecuencias.

A menos de que usted sea uno de esos pocos individuos que gana más de lo que puede gastar, usted necesita desarrollar un plan para saber a dónde va su dinero o simplemente se le escapará de sus manos. En algunas ocasiones va a desaparecer en pequeñas cantidades que suman rápidamente, de pronto una barra de caramelo aquí, un periódico allá, una taza de café o una comida rápida. Supermercados, tiendas, cadenas de comidas rápidas y demás, son especialistas en exprimir su dinero, especialmente cuando no tenemos un presupuesto, un plan. Al fin y al cabo, es sólo dinero, ¿verdad?

Principios bíblicos para las finanzas

Entonces podemos ver que se necesita un plan para que nuestros fondos logren estirarse y cubrir nuestras necesidades. Aquí es donde el presupuesto cristiano se convierte en una herramienta muy útil para recibir las bendiciones de parte de Dios como sabios administradores financieros. A través de una planeación adecuada, es posible tener un presupuesto balanceado y tener una reserva para gastos inesperados.

La Palabra de Dios, la Biblia, está llena de principios para una buena gestión financiera.

El sabio Rey Salomón escribió: “Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, Y mira con cuidado por tus rebaños; Porque las riquezas no duran para siempre; ¿Y será la corona para perpetuas generaciones? Saldrá la grama, aparecerá la hierba, Y se segarán las hierbas de los montes. Los corderos son para tus vestidos, Y los cabritos para el precio del campo; Y abundancia de leche de las cabras para tu mantenimiento, para mantenimiento de tu casa, Y para sustento de tus criadas” (Proverbios 27:23-27).

Ese principio es de un sabio capataz. No siempre es fácil usar y manejar sabiamente los bienes de la familia. No sólo se necesita planeación, también se requiere auto-disciplina para mantenerse dentro del presupuesto. Probablemente tendremos que posponer algunas compras o definitivamente olvidarnos de hacerlas. Pero el hombre y la mujer que puedan manejar sus recursos sabia y cuidadosamente, podrán ver que sus necesidades familiares están cubiertas de una forma exitosa.

¿Por dónde puedo comenzar?

Cuando entendemos la necesidad de un presupuesto, la siguiente pregunta puede ser: ¿por dónde comienzo?

Un reto al que algunos pueden enfrentarse: “¿Qué pasa si mis ingresos no son tan predecibles?” Muchas personas ganan comisiones por ventas y se enfrentan a este problema. Veamos el ejemplo de cómo un negocio maneja esta situación para poder responder al interrogante.

Ya que la mayoría de empresas generan sus ingresos de la venta de bienes o servicios, no pueden saber con certeza cuanto ganarán cada mes. Por eso deben crear un presupuesto propuesto o proyectado. Ellos evalúan los ingresos y los gastos del negocio en los meses anteriores y proponen un estimado para el año siguiente. Sobre la marcha se tienen que ir haciendo ajustes a medida que los ingresos y gastos varíen con respecto a lo estimado. El mismo enfoque se puede aplicar al presupuesto cristiano.

Independientemente de si trabaja por comisiones o se sabe exactamente cuál es su salario, empecemos por el principio de cómo hacer un presupuesto.

Como hacer un presupuesto

A continuación están los elementos más importantes que le ayudarán a desarrollar un presupuesto cristiano para usted o su familia.

  1. Haga un presupuesto en familia: Si usted está casado, es supremamente importante que usted y su cónyuge hagan el presupuesto juntos. ¡Imagine lo importante que puede ser esta enseñanza para sus hijos!

  2. Realice una lista de todos sus gastos: Con el fin de entender un presupuesto, usted debe saber exactamente cuánto está gastando. Algunas veces el esposo y la esposa pueden llevar una vida financiera separada y no tienen idea de lo que hace el otro con el dinero. Si se abusa de las tarjetas de crédito, los gastos se pueden salir de control, trayendo consigo experiencias muy dolorosas con las deudas. Para que un presupuesto funcione, los dos, esposo y esposa, deben ser honestos con sus gastos. Entonces tome una hoja y haga una lista de sus gastos.

  3. Establezca prioridades en sus necesidades: Después de especificar sus gastos, usted debe decidir cuáles son los gastos más importantes y que deben ser pagados en primer lugar. Comida, hogar, servicios públicos, ropa y transporte son las necesidades básicas que deben ir en el primer lugar de la lista. Dentro del presupuesto cristiano no debemos olvidar darle a Dios lo que le pertenece. (Para analizar todo lo referente al diezmo, por favor lea nuestro artículo “Diezmar: ¿Qué es?”).

Si no tiene ingresos fijos o si está en un momento de la vida en que los gastos superan los ingresos, utilice este proceso para establecer sus prioridades en cuanto a sus necesidades. Cuando uno está en una situación desesperada y sin ningún plan es muy fácil gastar de manera imprudente.

  1. Aprenda a decir “¡No!”: Puede que no sea fácil, pero aprender a decir que no, le va ayudar a equilibrar su presupuesto cristiano y evitar la peligrosa trampa de las deudas excesivas. Si no está en el presupuesto, entonces no debería comprarse en ese momento.

El lema de la cultura occidental pareciera ser: “¿por qué esperar si puedes tenerlo ahora?”

¿Por qué esperar? La respuesta está en las Escrituras: “El rico se enseñorea de los pobres, Y el que toma prestado es siervo del que presta” (Proverbios 22:7). Entre más nos endeudemos, mayores serán los problemas para nuestro presupuesto y finanzas familiares. “Sólo di no”; ¡no sólo se aplica a las drogas!

  1. Mejore su educación: La mayoría de nosotros quisiera ganar más dinero del que ganamos. ¿Sus ingresos mejorarían si tuviera un título, un certificado de comercio o aprendiera una nueva habilidad o negocio?

No es posible devolverse a la universidad y conseguir un título (o por lo menos tardaría años de estudio nocturno), pero existen otras maneras de parecer más valioso para un empleador. Saque provecho de los programas de educación continuada que ofrecen en su empresa o en su profesión. Estudie y busque certificaciones más avanzadas en su campo. Puede ser aprendiz de alguien con más conocimiento y con habilidades en su campo, o buscar ese tipo de persona como mentor.

El rey Salomón escribió en alguna oportunidad: “Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; No te olvides ni te apartes de las razones de mi boca; No la dejes, y ella te guardará; Amala, y te conservará. Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia” (Proverbios 4:5-7).

En el mundo laboral, la sabiduría y el entendimiento requieren de educación. Invertir sabiamente en su educación puede ser una de las mejores inversiones que usted pueda hacer.

Busque consejos sabios

Darle un giro a su situación puede ser un proceso difícil, pero además de los sabios principios de las Escrituras, hay numerosos recursos disponibles para usted. Salomón también escribió: “Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; Mas en la multitud de consejeros se afirman” (Proverbios 15:22). Su presupuesto es el plan; y si necesita ayuda busque la guía de un consejero sabio y entendido. Busque el consejo de un miembro de familia experimentado, una persona de negocios exitosa o incluso un consejero de deudas. Esos consejeros le pueden ayudar a establecer un presupuesto, manejar sus ingresos, gastos y deudas; y encaminarlo para que cuide a su familia de la mejor manera posible.

Un presupuesto cristiano exitoso es aquel que sigue los principios básicos y la guía que se encuentra en las Escrituras. Para manejar las finanzas familiares de manera adecuada puede que necesite una mentalidad diferente a la que tienen muchos en nuestra sociedad.

Trabajando en conjunto como familia, usted puede establecer un presupuesto que proveerá un plan de acción, ¡una anhelada meta! “Te dé (Dios) conforme al deseo de tu corazón, Y cumpla todo tu consejo” (Salmos 20:4).