Vida, Esperanza y Verdad

2 Crónicas: lecciones de los reyes de Judá

Algunos consideran a 2 de Crónicas tan solo una repetición de 1 y 2 Reyes. Al contrario, contiene información importante que no se encuentra en ningún otro libro del Antiguo Testamento.

En el índice hebreo de los libros del Antiguo Testamento, 1 y 2 de Crónicas eran considerados como un solo libro.

“Cuando examinamos los contenidos de Crónicas vemos que forman una sola unidad. De principio a fin, y no parece haber ninguna diferencia en estilo o interés que sugiera que fueron escritos por autores diferentes. Este relato que empieza con Adán y que continúa hasta el regreso de los exiliados de Babilonia… refleja el trabajo de un solo autor, quién usó diversas fuentes en su composición. Los eruditos del Antiguo Testamento en su mayoría han reconocido las similitudes entre el relato de Crónicas y el volumen de Esdras-Nehemías, que en la Biblia hebrea también eran un solo libro” (The Zondervan Encyclopedia of the Bible, [Enciclopedia de la Biblia de Zondervan, edición revisada] p. 839).

El tema principal de 2 Crónicas es el reinado de Salomón, la construcción y dedicación del templo, y los reinos de 20 reyes de Judá —desde Roboam a Sedequías, aproximadamente 933 a 586 a.C.

Old Testament Survey [Reseña del Antiguo Testamento] afirma: “El punto de vista o perspectiva del cronista es lo que distingue este relato de su predecesores, y justifica su inclusión en el canon. Lejos de ser una repetición de Samuel y Reyes, Crónicas tiene una frescura y originalidad propias. Cuando entendemos sus propósitos, vemos que provee abundante alimento espiritual para la fe cristiana, la vida, y el ministerio” (William LaSor, David Hubbard y Frederic Bush, p. 542).

Resumen 2 de Crónicas

El libro 2 de Crónicas cubre buena parte del contenido de 1 y 2 Reyes, excepto por el hecho de que se concentra en el reino del sur de Judá, y excluye los relatos de los reyes de las 10 tribus del norte de Israel.

El siguiente resumen puede ser útil.

I. La gloria del reinado de Salomón y la construcción y dedicación del templo (capítulos 1-9).

  • Capítulo 1: Salomón es establecido como rey.
  • Capítulos 2:1–5:1: La construcción del templo.
  • Capítulos 5:2–8:16: Dedicación del templo.
  • Capítulos 8:17–9:31: Relación con naciones vecinas.

II. Los 20 reyes de Judá hasta la caída de Jerusalén; el decreto de Ciro (capítulos 10-36).

  • Capítulos 10-12: Roboam.
  • Capítulo 13: Abías.
  • Capítulos 14-16: Asa.
  • Capítulos 17:1–21:3: Josafat.
  • Capítulo 21:4-20: Joram.
  • Capítulo 22:1-9: Ocozías.
  • Capítulos 22:10–23:21: Atalía.
  • Capítulo 24: Joás.
  • Capítulo 25: Amasías.
  • Capítulo 26: Uzías (también llamado Azarías).
  • Capítulo 27: Jotam.
  • Capítulo 28: Acaz.
  • Capítulos 29-32: Ezequías.
  • Capítulo 33:1-20: Manasés.
  • Capítulo 33:21-25: Amón.
  • Capítulos 34-35: Josías.
  • Capítulo 36:1-3: Joacaz (también llamado Salum).
  • Capítulo 36:4-8: Joacim (también llamado Eliaquim).
  • Capítulo 36:9-10: Joaquín (también llamado Jeconías).
  • Capítulo 36:11-21: Sedequías (también llamado Mattanías); caída de Jerusalén y exilio.
  • Capítulo 36:22-23: El decreto de Ciro, alrededor del año 538 a.C.

Algunos de estos reyes fueron mencionados por ser dignos de elogio, mientras otros fueron depravados y malvados. “La historia de estos reinos presentan un contraste sorprendente y proveen lecciones de aprendizaje muy importantes” (The Bible Handbook, [Manual de la Biblia] p. 467).

Escrituras inspiradoras y motivadoras

Aquí presentamos algunas escrituras seleccionadas en 2 de Crónicas las cuales corrigen, alientan e inspiran:

 “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).

“Y el Eterno estuvo con Josafat, porque anduvo en los primeros caminos de David su padre, y no buscó a los baales, sino que buscó al Dios de su padre, y anduvo en sus mandamientos, y no según las obras de Israel. El Eterno por tanto, confirmó el reino… y tuvo riquezas y gloria en abundancia. Y se animó su corazón en los caminos del Eterno” (17:3-6).

“Y les envió profetas para que los volviesen al Eterno, los cuales les amonestaron; mas ellos no los escucharon. Entonces el Espíritu de Dios vino sobre Zacarías hijo del sacerdote Joiada; y puesto en pie, donde estaba más alto que el pueblo, les dijo: Así ha dicho Dios: ¿Por qué quebrantáis los mandamientos del Eterno? No os vendrá bien por ello; porque por haber dejado al Eterno, él también os abandonará” (24:19-20).

 “Más cuando ya era [Uzías] fuerte, su corazón se enalteció para su ruina; porque se rebeló contra el Eterno su Dios” (26:16).

 “Y estando el rey [Josías] en pie en su sitio, hizo delante del Eterno pacto de caminar en pos del Eterno y de guardar sus mandamientos, sus testimonios y sus estatutos, con todo su corazón y con toda su alma, poniendo por obra las palabras del pacto que estaban escritas en aquel libro” (34:31, énfasis añadido).

Lecciones de los reyes de Judá

Hay un tema recurrente que se repite en toda la Biblia. Cuando las personas se esforzaban en buscar y agradar a Dios como una prioridad en sus vidas, recibieron bendiciones en su vida y a la vez promesas de un futuro glorioso.

pull_quote_1}Lo opuesto también es verdad. Aquellos que rechazaron a Dios y sus mandamientos atrajeron sobre ellos adversidades, dificultades y sufrimiento en su vida, y recibieron la pena de muerte.

Este tema recurrente está claramente demostrado al estudiar las vidas de los reyes, quienes reinaron sobre Judá aproximadamente 350 años. Algunos de los reyes temían a Dios y el reinado de ellos fue en su mayoría ejemplar. Otros se alejaron de Dios completamente, y vivieron una vida depravada. Ciertos reyes hicieron “lo bueno y lo recto ante los ojos del Eterno Dios” (14:2; 17:4-5; 24:2; 26:4; 34:2); pero otros hicieron “lo malo ante los ojos del Eterno” (21:6; 22:4; 28:1; 33:2; 36:5, 12).

En general, los reyes que se esforzaron por agradar a Dios recibieron la gracia, misericordia y el favor de Dios. Aquellos que rechazaron a Dios y sus caminos, tuvieron que lidiar con constantes problemas, crisis e inestabilidad. El pueblo de Judá, o era bendecido a través del gobierno justo de sus reyes, o tuvo que sufrir dificultades bajo gobernantes impíos. Proverbios 29:2 afirma: “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; Más cuando domina el impío, el pueblo gime”. Ver también Proverbios 28:12.

Lecciones de dos reyes

1. El rey Salomón: lo bueno y lo malo.

 “Y Dios dio a Salomón sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón como la arena que está a la orilla del mar”, y “fue más sabio que todos los hombres” (1 Reyes 4:29, 31). Él fue tan famoso que “de todos los pueblos y de todos los reyes… había llegado la fama de su sabiduría” (v. 34).

Salomón nos ha dejado un legado muy valioso. Él fue responsable de escribir numerosos proverbios (Proverbios 1-29), el libro de Eclesiastés y Cantares.

Durante gran parte de su vida, Salomón caminó con Dios; y como resultado, él y su pueblo fueron grandemente bendecidos. Lamentablemente, hacia el final de su vida “sus mujeres desviaron su corazón” y “su corazón no era perfecto con el Eterno su Dios” (1 Reyes 11:3-4). Aunque a Salomón se le dio y recibió tanto, dejó que las debilidades de la carne corrompieran su relación con Dios.

Esto demuestra una lección muy importante para nosotros: A menos que diariamente nos comprometamos a caminar cerca de Dios y sus caminos, corremos el riesgo de recaer espiritualmente. El resultado es que nuestra conciencia empieza a endurecerse, y ya no vemos la necesidad de alejarnos del pecado. Es probable que a causa de su negligencia espiritual, Salomón hubiera perdido parte de la sabiduría que Dios le había dado. Dios se enojó con Salomón por su desobediencia (1 Reyes 11:9), “por cuanto su corazón se había apartado del Eterno Dios de Israel” (v. 10).

Del mismo modo, la Biblia nos advierte que a causa de la negligencia, el pueblo de Dios corre el riesgo de perder el Espíritu Santo (Efesios 4:30; Hebreos 10:26-29). Lea más acerca de este tema en nuestro artículo “El pecado imperdonable: ¿cuál es?

El pecado tuvo consecuencias muy serias para Salomón. Dios así lo afirmó: “Romperé de ti el reino, y lo entregaré a tu siervo” (1 Reyes 11:11). Posteriormente la desobediencia de Salomón resultaría en la división de su reino en dos naciones diferentes: Israel y Judá (vv. 26-40).

¡Claramente, el pecar contra Dios no termina bien!

2. Ezequías: un rey justo.

Ezequías se convirtió en rey de Judá cuando tenía 25 años. Él fue responsable de hacer volver a la nación hacia Dios a través de varias reformas. “En el primer año de su reinado, en el mes primero, abrió las puertas de la casa del Eterno, y las reparó” (2 Crónicas 29:3-19). Mientras estaba hablando con los sacerdotes y los levitas quienes eran responsables por el servicio del templo, dijo: “Hijos míos, no os engañéis ahora, porque el Eterno os ha escogido a vosotros para que estéis delante de él y le sirváis, y seáis sus ministros” (v. 11).

El rey hizo un pacto con Dios, e imploró a Dios que guiara su nación a tener una relación renovada con Él (v. 10). El pueblo respondió con gozo, y como acto de adoración, trajo sacrificios al templo (vv. 31, 36).

Estas reformas históricas eventualmente resultaron en la celebración de dos fiestas importantes y significativas que Dios había dado a Israel en el pasado, y que Jesucristo y sus discípulos siguieron observando en el Nuevo Testamento —la Pascua y los días de Panes Sin Levadura (30:13-27). Observe la seriedad y el celo que tenían, la gran alegría, y el gozo de corazón que estas celebraciones produjeron en el pueblo (vv. 12, 19, 21-23, 26).

A Dios le agrada cuando las personas están dispuestas a observar las fiestas que Él ha mandado. Para más información acerca de estas fiestas y sus significados, vea Las fiestas santas de Dios: Él tiene un plan para usted.

Prioridades importantes para los cristianos

Nosotros podemos aprender lecciones importantes acerca de las cualidades positivas que algunos de estos reyes de Judá tenían, y en las cuales Dios se complació; y las características negativas que otros reyes mostraron, por las cuales fueron condenados. Consideremos estas tres cualidades:

  • Poner a Dios primero.

Nosotros debemos poner a Dios primero en nuestras mentes, acciones y en nuestra manera de vivir el día a día. ¿Estamos permitiendo que otras cosas se interpongan en nuestra relación y adoración al verdadero Dios?

  • ¿Estamos haciendo la voluntad de Dios o nuestra propia voluntad?

Vivimos en una sociedad egocéntrica donde se fomenta la satisfacción de nuestras propias necesidades y deseos, a menudo dejando de lado a Dios y la Biblia. Debido a nuestra naturaleza humana, nuestras decisiones personales raramente reflejan la voluntad de Dios, sino que demostramos y seguimos las mismas actitudes que mostraron algunos de estos reyes impíos.

¿Está usted dispuesto a seguir la voluntad de Dios dejando de lado sus propios deseos?

Si decimos que somos cristianos, es lógico entonces que sigamos el ejemplo de Jesucristo, quien dijo “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38). Las enseñanzas (doctrinas) de Cristo no eran de Él, “sino de aquél que me envió” (Juan 7:16-18).

Si queremos recibir la vida eterna, y entrar en el Reino de Dios, necesitamos hacer que la voluntad de Dios sea nuestra voluntad.

  • Evitar el orgullo y la arrogancia.

El orgullo se puede definir como una valoración exagerada de uno mismo y sus capacidades, una excesiva autoestima, o presunción. “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6), y la Biblia nos dice que “Abominación es al Eterno todo altivo de corazón” (Proverbios 16:5). El orgullo es un pecado que Dios odia (Proverbios 6:17; 21:4). El rey Uzías se enalteció, y cayó en la trampa del orgullo y arrogancia personal, por lo que tuvo que pagar un precio muy alto (2 Crónicas 26:15-23).

Reflexión final

El profeta Jeremías afirma: “y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13, énfasis añadido).

Ésta es una maravillosa promesa. Si escuchamos el llamamiento de Dios, y sinceramente buscamos su voluntad en nuestra vida, Él nos responderá, y nos guiará a su Reino y a la vida eterna (Mateo 6:33).

¿Hay algo en este mundo más importante que el llamamiento de Dios?

Lo alentamos a que siga buscando a Dios, y su voluntad al estudiar su Palabra. Para más información acerca de como buscar a Dios primero, lea nuestro artículo “Buscad primero el Reino de Dios”.

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