Alemania en la profecía, parte 2: una vara de corrección
Alemania se está consolidando como una influencia clave que moldeará el futuro del mundo. ¿Cuál es la identidad bíblica de Alemania y cómo usará Dios a esta nación en los últimos tiempos?

Un relieve mural asirio que representa a Tiglat-pileser III asediando una ciudad. La cruel brutalidad de los asirios queda plasmada en las víctimas que se muestran al fondo del mural.
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En nuestra publicación anterior analizamos el dominio alemán sobre el Sacro Imperio Romano Germánico. En esta publicación examinaremos la identidad de Alemania en la Biblia.
Muchas naciones en la Biblia son conocidas por sus nombres antiguos, pero sólo unas pocas naciones gentiles (no israelitas) aún llevan sus nombres bíblicos hoy en día, como Egipto, Siria y Líbano.
El nombre Alemania proviene de Germani, un término que los romanos usaban para identificar a las tribus guerreras del norte de Europa, principalmente aquellas que vivían al este del río Rin.
Pero ¿quién es Alemania en la Biblia?
Buscando la identidad de una nación
La identidad bíblica de una nación puede ser difícil de determinar y a menudo requiere un estudio minucioso. A veces, la identidad de un pueblo se insinúa a través de sus rasgos y características nacionales. Dios puede declarar “lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho” (Isaías 46:9-10).
La Biblia revela características distintivas de las naciones: rasgos que se transmiten de generación en generación, de forma similar a como sucede dentro de las familias. En muchos sentidos, las naciones son simplemente familias que se hacen grandes.
Por supuesto, no todos los individuos de esa nación poseen estas características. Sin embargo, ciertos rasgos generales han aparecido con la suficiente frecuencia en la historia como para ser reconocidos como patrones nacionales recurrentes.
Un estudio cuidadoso de estos rasgos generales del carácter nacional apunta a una conexión entre la Alemania moderna y la antigua nación bíblica de Asiria.
Una vara de corrección
Debido a la desobediencia y rebelión del reino del norte de Israel, Dios advirtió que enviaría “gente fiera de rostro” para castigarlos (Deuteronomio 28:49-50).
En el tiempo del cautiverio de Israel, esa nación era la antigua Asiria.
Dios llamó a Asiria la vara de su ira y el báculo de su indignación, una herramienta que usaría para corregir a su pueblo. Al mismo tiempo, Isaías también pronunció un “ay” contra Asiria, por su arrogancia, brutalidad y crueldad, que excedieron con creces la intención de Dios (Isaías 10:5-6).
Dominación asiria. Este relieve del Obelisco Negro muestra al rey Jehú de Israel inclinándose ante el rey asirio Salmanasar III.
El primer ataque asirio contra Israel ocurrió bajo Tiglat-pileser III, también conocido en la Biblia como Pul, quien llevó cautivos a los rubenitas, a los gaditas y a la media tribu de Manasés (1 Crónicas 5:26; 2 Reyes 15:17-20, 29).
Unos diez años después, su hijo Salmanasar V inició un asedio de tres años a la capital de Israel, Samaria, que culminó su sucesor, Sargón II. Los israelitas fueron llevados cautivos y reubicados en regiones al noreste de su patria, zonas que corresponden a los actuales Irak e Irán (2 Reyes 17:1-6; 18:9-11).
Las diez tribus de Israel, capturadas por Asiria, nunca regresaron a su tierra y fueron conocidas como las “diez tribus perdidas” de Israel. Aparentemente, se perdieron en la historia, y muchos historiadores creen que simplemente se integraron a los pueblos vecinos y dejaron de existir como un pueblo identificable.
Pero, aunque las tribus de Israel estaban aparentemente perdidas y olvidadas en la historia, no estaban perdidas ni olvidadas para Dios.
Para aprender más sobre la identidad moderna de las “10 tribus perdidas” de Israel, descargue nuestro folleto, “Estados Unidos, Gran Bretaña y la Mancomunidad en la profecía”.
¿Existe una conexión entre Asiria y Alemania?
Uno de los hijos de Isaías fue Sear-Jasub (Isaías 7:3), cuyo nombre significa “un remanente regresará” (Léxico hebreo Brown-Driver-Briggs), lo cual es un tema en el libro de Isaías.
Dios predijo que un remanente de su pueblo, que quedaría de Asiria, regresaría algún día. Ésta es una profecía que aún no se ha cumplido. Isaías compara esta futura liberación con un segundo éxodo, no de Egipto, sino de Asiria (Isaías 11:16; compárese con Miqueas 7:12; Oseas 11:11; Zacarías 10:10).
Sin embargo, esta futura liberación no será del antiguo Israel, sino de un cautiverio aún futuro, en los últimos tiempos, del cual Dios liberará nuevamente a su pueblo. Como la Israel actual aún no se ha arrepentido ni ha aprendido de su pasado, sus descendientes volverán a ser cautivos. Pero Dios promete extender su mano de nuevo “por segunda vez” para liberarlos, como se predijo en Isaías 11:11.
Otros profetas también predicen que un remanente regresará en un éxodo posterior.
Jeremías, al profetizar acerca del fin de los tiempos, predijo que la gente ya no se referiría a Dios como Aquel que “sacó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto”, es decir, el primer éxodo. En cambio, sería conocido como Aquel que “sacó y guió a los descendientes de la casa de Israel desde la tierra del norte” (Jeremías 23:7-8). Aquí Jeremías revela que el segundo éxodo vendrá del norte.
Tréveris, Alemania. Según una fascinante leyenda, Tréveris, la ciudad más antigua de Alemania, fue fundada por un príncipe asirio. Crédito de la imagen: Bloodua / iStock a través de Getty Images
Dado que Isaías describe el segundo éxodo como proveniente de Asiria, pero Jeremías lo menciona como proveniente del “país del norte”, podemos concluir que Asiria, en el fin de los tiempos, estará ubicada geográficamente al norte de la Tierra Santa. El profeta Sofonías, cuyo libro se centra en el fin de los tiempos y el Día del Señor, también identifica a Asiria como ubicada en el norte (Sofonías 2:13).
Isaías también predice que, en el fin de los tiempos, Asiria será tan devastada que incluso un niño podría contar los árboles que queden (Isaías 10:19).
Históricamente, la antigua Asiria, que derrotó al antiguo Israel, se ubicaba al este y noreste de Israel, con su centro en lo que hoy es el norte de Irak y el noreste de Siria. Hoy en día, Irak no es conocido por sus árboles.
El Irak moderno sólo tiene alrededor del 2 por ciento de su territorio cubierto por árboles, mientras que Alemania, situada geográficamente al norte de Israel, tiene cerca de un tercio de su territorio cubierto por bosques.
Tras la caída de Asiria en el 612 a. C., se cree que muchos asirios emigraron hacia el norte, a partes de Europa. Escritores antiguos incluso registraron avistamientos de pueblos identificados como asirios en la región. En la Carta 123, Jerónimo menciona a los asirios entre las tribus bárbaras, afirmando: “Asur [Asiria] también se unió a ellos”.
Alemania cuenta con una fascinante leyenda que afirma que la ciudad de Tréveris, la más antigua de Alemania, fue fundada por un príncipe asirio llamado Trebeta. Una inscripción en la fachada de la Casa Roja, en la plaza principal del mercado de Tréveris, hace referencia a esta leyenda, que afirma ser 1.300 años anterior a Roma.
Según esta leyenda, Trebeta era hijo de Nino. Nino se casó posteriormente con la reina Semíramis, y tras la muerte de Nino, Semíramis asumió el reino. Temiendo por su seguridad, Trebeta huyó de su madrastra, viajó por Europa y fundó un asentamiento en la actual Tréveris.
El nombre Nínive significa “morada de Nino” (Léxico hebreo Brown-Driver-Briggs). La Enciclopedia Británica señala que Nino está asociado con el fundador de la ciudad, lo que lo equiparaba con Nimrod y posicionaría a Trebeta como su hijo.
Rastrear los movimientos de los pueblos migrantes en la antigüedad es difícil, pero la conexión entre la antigua Asiria y la Alemania moderna se fortalece al analizar las características nacionales descritas en la Biblia y reflejadas en la historia. Estos rasgos —especialmente la disciplina, el orden, la eficiencia, la crueldad y la fuerza militar— muestran una sorprendente similitud entre Alemania y la antigua Asiria.
Estos rasgos se hicieron especialmente evidentes durante el ascenso de la Alemania nazi.
Una nación cruel
Una característica dominante de la antigua Asiria era su brutal crueldad, prácticamente sin parangón en la historia, excepto en los tiempos modernos.
En El Yunque de la Civilización, el historiador Leonard Cottrell escribe: “En todos los anales de la conquista humana, es difícil encontrar un pueblo más dedicado al derramamiento de sangre y la matanza que los asirios. Su ferocidad y crueldad tienen pocos paralelos, salvo en la época moderna. Los reyes eran generales; sus nobles pertenecían a una casta militar; su oficio era la guerra” (1957, p. 165).
Los asirios no sólo eran crueles: se enorgullecían de su crueldad y se jactaban de ella abiertamente.
Por ejemplo, Asurnasirpal II mandó colocar esta inscripción en un monumento: “A sus hombres, jóvenes y viejos, los tomé prisioneros. A algunos les corté los pies y las manos; a otros les corté la nariz, las orejas y los labios; de las orejas de los jóvenes hice un montón; de las cabezas de los ancianos hice una torre. Expuse sus cabezas como trofeo frente a su ciudad. A los niños y a las niñas los quemé en las llamas. La ciudad la destruí, la consumí y la quemé con fuego” (Israel Smith Clare, Biblioteca de Historia Universal, vol. 1, Naciones Orientales Antiguas, 1897, pág. 151).
Guerreros brutales. Este relieve asirio del siglo VIII muestra a soldados asirios en batalla. Los historiadores consideran a Asiria una de las civilizaciones más brutales de la historia. Crédito de la imagen: TonyBaggett / iStock a través de Getty Images
Adornaban sus palacios con escenas de su propia brutalidad, con sus víctimas empalmadas en estacas e incluso exhibiendo las cabezas cortadas de los reyes conquistados como horripilantes adornos colgados en sus jardines.
Como se predijo, eran una nación que no mostraba misericordia. Un pueblo que “no tendrá respeto al anciano, ni perdonará al niño” (Deuteronomio 28:50).
La Alemania nazi tiene un notable parecido con los antiguos asirios en su crueldad, un hecho señalado por algunos historiadores.
El académico Simon Anglim señala: “Si bien los historiadores tienden a evitar las analogías, resulta tentador considerar al Imperio Asirio, que dominó Oriente Medio entre el 900 y el 612 a.C., como un antecesor histórico de la Alemania nazi: un régimen agresivo y sanguinario, apoyado por una magnífica y exitosa maquinaria bélica. Al igual que el ejército alemán de la Segunda Guerra Mundial, el ejército asirio fue el más avanzado tecnológica y doctrinalmente de su época y sirvió de modelo para las generaciones posteriores”.
Tanto Asiria como Alemania usaron el miedo y el terror como método de control. Heinrich Himmler, el infame jefe de las SS alemanas, dijo: “La mejor arma política es el terror. La crueldad inspira respeto. Puede que nos odien. Pero no pedimos su amor, sino su miedo”.
El libro de Nahúm describe a Nínive (una de las ciudades más grandes de la antigua Asiria) como “la ciudad sangrienta” donde “sus víctimas nunca se apartan”. Describe una ciudad responsable de “una multitud de muertos”, “un gran número de cuerpos” e “incontables cadáveres”, tantos que la gente “tropezaba con los cadáveres” (Nahúm 3:1-3).
La crueldad de los asirios no tenía parangón en el mundo antiguo, sólo superada por la de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Las descripciones bíblicas de los asesinados y de personas que tropezaban con cadáveres evocan paralelismos estremecedores con las horribles escenas que presenciaron los Aliados, al liberar los campos de exterminio nazis en Europa.
Una nación decidida a la conquista
Los asirios eran un pueblo ferozmente guerrero que consideraba caóticos los territorios que escapaban a su control, creyendo que era su deber divino imponer el orden, bajo la dirección de su dios supremo, Asur. A menudo se le representaba como una figura que blandía un arco, rodeado por un disco solar alado. Isaías aludió a esta imagen al describir las conquistas asirias como el “despliegue de sus alas” sobre la tierra (Isaías 8:7-8).
El Reichsadler. Como símbolo de su poder, la Alemania nazi adoptó un águila de alas abiertas, similar al antiguo símbolo asirio de Asur. Crédito de la imagen: Archivos federales alemanes (Bundesarchiv) a través de Wikimedia Commons
En un sorprendente paralelo, la Alemania nazi adoptó más tarde un emblema de autoridad similar: el Reichsadler, un águila con las alas abiertas, como uno de los símbolos de su gobierno.
Tanto la antigua Asiria como la Alemania moderna enfrentaron presiones geográficas similares que impulsaron su expansión.
Aunque Asiria se encontraba al noreste de Israel y Alemania se encuentra al norte de Europa, ambas ocupaban regiones fértiles, pero pobres en recursos, dependientes de las importaciones. Cada una estaba rodeada de potencias rivales y carecía de barreras naturales sustanciales, lo que las hacía vulnerables a las invasiones.
En consecuencia, ambos imperios se sintieron obligados a expandir sus fronteras o arriesgarse a ser superados por sus vecinos. Ninguno respetó las fronteras nacionales. Isaías, escribiendo acerca del rey de Asiria, dijo que: “quité los territorios de los pueblos” (Isaías 10:13).
Adolf Hitler impulsó agresivamente la expansión territorial mediante una política que denominó “Lebensraum” (espacio vital). Mediante ella, pretendía ampliar el territorio alemán y someter a otros pueblos al control alemán. De igual manera, la antigua Asiria creía que todas las naciones debían someterse a su dios, Asur y, por extensión, al dominio asirio.
Ambas potencias se consideraban inherentemente superiores y destinadas a dominar a las demás. Los asirios incluso declararon que sus “príncipes” debían ser “reyes” sobre otras naciones (versículo 8).
Saqueando a las naciones
Isaías escribió acerca de cómo la antigua Asiria se apoderaba del botín mientras saqueaba a las naciones (versículo 6) y se jactaba de haber robado sus tesoros (versículo 13). Asiria exigía fuertes tributos a los estados vasallos, lo que a menudo los llevaba a rebelarse (2 Reyes 15:19-20; 17:3-4; 18:7-8).
De manera similar, Adolf Hitler expandió Alemania utilizando el botín de guerra para apoyar sus continuos esfuerzos bélicos.
Los ladrones más notorios de la historia. Los nazis saquearon las naciones conquistadas y escondieron vastas cantidades de oro robado y tesoros culturales, incluyendo estos depósitos almacenados en una mina de sal alemana. Crédito de la imagen: Archivos Federales de Alemania (Bundesarchiv) a través de Wikimedia Commons
Las deportaciones eran una práctica común en la antigua Asiria (2 Reyes 15:29; 16:9; 17:5-6, 24; 18:11; 1 Crónicas 5:6, 26; Isaías 36:16-17; Números 24:22).
Esta práctica se prolongó en la Alemania nazi, donde los deportados eran utilizados para trabajos forzados. Pero esto es algo que los propios asirios enfrentarán en última instancia, experimentando lo que les hicieron a otros (Isaías 31:8).
Cuando los antiguos asirios conquistaban una nación, secuestraban a sus dioses y los llevaban a Asiria para demostrar su dominio sobre los demás. Oseas se refirió a esta práctica en su profecía de que el becerro-ídolo de Israel sería “llevado a Asiria como presente para el rey Jareb” (Oseas 10:5-6).
¿Cuáles eran los ídolos que se ofrecían al rey de Asiria? Podemos aprender de la Alemania nazi.
La Alemania nazi creó una división especial llamada Einsatzstab Reichsleiter Rosenberg, especializada en el saqueo cultural de las naciones conquistadas. Cuando los Aliados derrotaron el territorio alemán, se encontraron con enormes cantidades de botín, parte del cual aún se encontraba almacenado y otra oculta en minas de sal.
El profeta Nahúm profetizó que cuando Asiria cayera, sus enemigos dirían: “Saquead plata, saquead oro; no hay fin de las riquezas y suntuosidad de toda clase de efectos codiciables” (Nahúm 2:9). Esto se aplica tanto a la antigua Asiria como a la Asiria moderna.
El hijo de Isaías, Maher-Salal-Hash-Baz, recibió su nombre por esta característica particular de los asirios. Su nombre significa “apresurado al despojo, rápido a la presa” (Comentario de Adam Clarke, nota sobre Isaías 8:3).
Guerreros poderosos
Los reyes asirios eran coronados en el templo de Asur y consideraban su deber divino expandir el imperio. A menudo eran hábiles líderes militares. Se consideraban los representantes de Asur en la Tierra, sirviendo como intermediarios entre dios y la humanidad.
Cuando los reyes asirios llegaban al poder, a menudo abandonaban sus nombres personales y adoptaban un nombre divino, que generalmente incluía el nombre Ashur. Por ejemplo:
- Ashur-nirari: “Ashur es mi ayuda”.
- Ashur-rabi: “Ashur es grande”.
- Ashur-dain-aplu: “Ashur es el juez del heredero”.
- Ashur-etil-ilani: “Ashur es el señor del árbol”.
Obsesionado con la expansión. Al igual que los asirios, Adolf Hitler estaba obsesionado con expandir a Alemania mediante la conquista. Crédito de la imagen: Archivos Federales de Alemania (Bundesarchiv) a través de Wikimedia Commons
La Biblia ofrece un ejemplo: en 2 Reyes 15:19 leemos que Pul, rey de Asiria, atacó a Israel, siendo Pul su nombre personal. En 1 Crónicas 5:26, Pul se usa junto con su nombre real, Tiglat-pileser, que significa “mi confianza está en el hijo de Esaú [Asur]”.
Los alemanes también consideraban un deber divino expandir su imperio. Tan solo un año antes del inicio de la Primera Guerra Mundial, el káiser Guillermo II declaró: “Considero al pueblo y a la nación, tal como me fueron entregados, como una responsabilidad que Dios me ha conferido. Y creo, como está escrito en la Biblia, que es mi deber aumentar este legado, por el cual algún día tendré que rendir cuentas. A quien intente interferir en mi tarea, lo aplastaré”.
Adolf Hitler también fue un líder militar obsesionado con la conquista, al igual que los antiguos reyes asirios. Isaías describe a los asirios como conquistadores de naciones “como un hombre valiente” (Isaías 10:13). Los implacables guerreros asirios avanzaron de victoria en victoria.
En un sorprendente paralelo, la Alemania nazi arrasó Europa con una velocidad y ferocidad similares: Polonia cayó en un mes, Dinamarca en seis horas, Noruega en dos meses, Francia en seis semanas, Bélgica en 18 días, los Países Bajos en cinco días, Luxemburgo en un día, Yugoslavia en menos de dos semanas y Grecia en ocho semanas.
Conquistaron con facilidad, tal como Isaías describió el poder de Asiria: tan fácilmente como “quien recoge huevos” de un nido (Isaías 10:14).
Sin embargo, Dios nos dice que no tengamos miedo de los asirios.
No tengáis miedo de Asiria
La reputación de crueldad de los asirios los precedía. Probablemente por eso Jonás huyó de la comisión divina de predicar el arrepentimiento al pueblo de Nínive. Jonás quería que Dios los destruyera debido a su gran maldad (Jonás 1:2).
Después de leer acerca de la antigua Asiria y ver el ascenso de la Alemania nazi y su crueldad, es difícil comprender la instrucción de Dios a su pueblo: “No temas de Asiria”, cuando también dice que el asirio “con vara te herirá, y contra ti alzará su palo” (Isaías 10:24).
Es aún más difícil comprender cómo Dios usa a Asiria como herramienta en sus manos. Cuando un pueblo rechaza la corrección de Dios, a veces Él permite que una nación más malvada se levante contra ese pueblo, para demostrar que sus caminos son justos, mientras que los caminos humanos no lo son (Ezequiel 18:25).
Las Escrituras nos recuerdan que Dios disciplina a quienes ama (Hebreos 12:6; Apocalipsis 3:19).
Temer al asirio es como temer al martillo, en lugar de a quien lo maneja. Dios no quiere que temamos al instrumento de corrección, sino a Él, porque “el temor del Señor es el principio de la sabiduría” (Salmo 111:10; Proverbios 9:10).
Por eso, Dios nos insta a buscarlo ahora, antes de que “el día de la ira del Eterno venga sobre vosotros”, para que podamos estar “guardados en el día del enojo del Eterno” (Sofonías 2:1-3).
¿Está usted listo para buscar a Dios?
Lea la parte 1 de esta serie aquí: “Alemania en la profecía, parte 1: Alemania domina el Sacro Imperio Romano Germánico”.
Fecha de publicación: Febrero 17, 2026