¿Cómo pueden los cristianos cambiar el mundo?
Este mundo necesita un cambio, pero no se logrará mediante el activismo político ni los movimientos sociales. ¿Y nosotros? ¿Qué podemos hacer los cristianos para cambiar el mundo?

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Todos queremos cambiar el mundo.
El mundo en el que vivimos ahora está lleno de dolor, miseria y angustia.
Lo vemos cada vez que vemos las noticias, con imágenes que van desde países devastados por la guerra, donde inocentes mueren a diario, hasta actos de injusticia sin sentido que ocurren mucho más cerca de lo que nos gustaría.
Da la sensación de que el mundo va de una tragedia a otra, de una injusticia a otra, y eso nos enoja.
Las personas con principios morales, naturalmente, aborrecen las malas acciones que ocurren a diario en el mundo. Una avalancha de publicaciones en redes sociales inunda la internet, mientras la gente se apresura a expresar sus opiniones. Inmediatamente se desatan debates acerca de qué hacer a continuación, quién tiene razón y quién está equivocado.
A pesar de estos debates, parece que nada cambia. No importa lo que hagan los humanos, el mundo sigue empeorando. Esto puede ser increíblemente desalentador.
¿Qué debería hacer un cristiano al respecto?
Usted no puede cambiar el mundo
No está mal querer marcar la diferencia en el mundo. El mundo en que vivimos es malvado, miserable y está lleno de pecado. Y cuando los cristianos tienen la oportunidad de ayudar a quienes sufren, es su responsabilidad hacerlo (Gálatas 6:10).
Pero algunos problemas son demasiado grandes para solucionarlos en este momento.
Para ilustrar el alcance de los problemas de la humanidad, consideremos el sombrío diagnóstico que Jesús dio en Mateo 24. Reveló que en los últimos días, “la maldad se multiplicará” y “el amor de muchos se enfriará” (v. 12).
El mundo se pondrá tan mal que, sin una intervención milagrosa, la humanidad se aniquilaría a sí misma por completo (v. 22).
Este mundo seguirá sumiéndose en la corrupción, la depravación, la violencia y el pecado hasta el tan esperado regreso de Jesucristo. Ningún activismo ni ninguna acción personal podrá cambiarlo.
(Para obtener más información acerca de por qué nuestro mundo no tiene arreglo, lea “Sin solución: 3 cosas demasiado averiadas para repararlas”.)
Por lo tanto, en un mundo lleno de lamentos de los débiles e inocentes, los cristianos deben afrontar una realidad desgarradora que puede entrar en conflicto con nuestras inclinaciones más profundas: no podemos cambiar este mundo.
No es el propósito de Dios arreglar el mundo en este momento
Duele presenciar las frecuentes injusticias del mundo. Duele sentirse impotente para detenerlas. Sin embargo, los cristianos deben comprender que Dios no está intentando arreglar este mundo ahora mismo.
Por ahora, el mundo está siendo influenciado por Satanás, a quien la Biblia llama “el dios de este siglo” (2 Corintios 4:3-4; Apocalipsis 12:9). El declive constante que observamos en el mundo es consecuencia directa de la influencia negativa de Satanás sobre la humanidad. Por el momento, Dios permite que los humanos gobiernen el mundo a su manera, bajo el dominio de Satanás (Romanos 1:28-32).
Los cristianos deben ayudar a los demás cuando se presente la oportunidad, reconociendo al mismo tiempo que ningún esfuerzo humano puede resolver los problemas del mundo. Crédito de la imagen: iStock.com/South_agency
El resultado han sido las “obras de la carne” de las que habla Pablo en Gálatas 5:19-21. Estas características proliferan en nuestro mundo. Las noticias están plagadas de carnalidad: asesinatos, contiendas, ira, egoísmo, embriaguez, envidia, odio y más. Todas estas son manifestaciones de un mundo que excluye a Dios y se entrega a los “deseos de la carne”.
Debido a estas cosas, el mundo actual está perdiendo totalmente el control.
Los cristianos pertenecemos al mundo venidero, no a esta época malvada. Podemos, y debemos preocuparnos por las injusticias del mundo.
Como dice Ezequiel 9:4, el pueblo de Dios tiene razón en “gemir y clamar” por las abominaciones que ocurren a nuestro alrededor.
Pero estas situaciones no deberían ser nuestra principal preocupación. Sabemos que el mundo actual está descontrolado (1 Juan 2:15-17) y que el nuevo mundo estará libre de la injusticia y la tragedia que vemos hoy.
Al igual que los héroes de la fe, reconocemos que sólo somos “extranjeros y peregrinos sobre la tierra” (Hebreos 11:13).
Sin embargo, esta verdad no elimina todo el dolor. Sabemos que Dios intervendrá para acabar con el sufrimiento en el futuro, pero ¿qué podemos hacer ante el mal constante que impregna el mundo hoy en día?
Si los cristianos no podemos cambiar el mundo ahora, ¿qué podemos hacer?
Los cristianos están llamados a cambiar su mundo
Sí, hay cosas —muchas cosas— que escapan a nuestro control. Aun así, podemos controlarnos a nosotros mismos.
Reconocemos que el pecado es la causa fundamental de los problemas del mundo y que también existe dentro de cada uno de nosotros.
Debemos afrontar y vencer nuestros pecados. Los cambios que hacemos en nosotros mismos son sólo versiones, a pequeña escala, de los cambios que el mundo entero aprenderá a hacer tras el regreso de Cristo.
¿Cómo es esto posible?
La verdadera conversión cristiana comienza con un cambio genuino de corazón. Debemos arrepentirnos y creer en el evangelio del Reino (Marcos 1:15; Hechos 2:38), apartándonos de nuestros malos caminos y volviéndonos hacia los caminos justos de Dios. Entonces, tras el regreso de Cristo, podremos enseñar y mostrar al resto del mundo cómo lograr este mismo cambio.
También oramos pidiendo la ayuda de Dios para superar nuestras debilidades. Dios, con el tiempo, ayudará al mundo entero a superar sus numerosas debilidades.
Cuando cambiamos nuestras vidas, nos alejamos de la influencia maligna de Satanás y nos acercamos a la justicia de Dios. Al cambiar nosotros, comenzamos a manifestar las características que deseamos ver en el resto del mundo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23).
Esto no significa que seamos impotentes para ayudar a quienes sufren en el mundo. De hecho, vivir una vida piadosa debería impulsarnos a ayudar a quienes están en nuestro entorno. Sabemos que mostrar amor al prójimo es uno de los atributos cristianos más importantes, por lo que hacemos todo lo posible por ayudar donde podemos.
Jesús ejemplificó esto a la perfección en su vida. No intentó arreglar la sociedad en la que vivía, pero sí ayudó a las personas cuando tuvo la oportunidad.
Los cristianos también deben hacer el bien y ayudar a los demás cuando tengan la oportunidad, pero deben tener cuidado de no ver el activismo político como una solución a los problemas del mundo.
(Para saber más acerca de los peligros de que un cristiano se involucre en el activismo político, lea nuestra entrada de blog “¿Es el activismo político la solución al declive espiritual?”.)
Debemos recordar que este mundo no puede ser salvado por los seres humanos. Está colapsando, bebido a toda su maldad. Dios es quien finalmente salvará al mundo y traerá soluciones efectivas.
Dios cambiará el mundo. Y con su ayuda, nosotros podemos cambiarnos a nosotros mismos.
Cambie su mundo
No podemos cambiar el rumbo del mundo; simplemente escapa a nuestro control. Si bien es bueno y correcto hacer todo lo posible por ayudar a quienes nos rodean y lo necesitan, no debemos obsesionarnos con aquello que no podemos cambiar.
Con la ayuda de Dios, podemos transformar nuestros corazones, mentes y acciones. Podemos cambiar nuestras vidas. Podemos ser un ejemplo para el mundo que nos rodea, aunque los resultados no sean inmediatos. Podemos concentrarnos en aquello que está a nuestro alcance.
No nos equivoquemos: el cambio llegará, y tenemos la responsabilidad de prepararnos para ese día desde ahora. Pero el cambio del mundo no será el resultado de ninguna intervención humana.
Cambie usted mismo y deje que Dios cambie el mundo.
Fecha de publicación: Octubre 12, 2026