La pasión por el “Mundial de fútbol”
El Mundial de fútbol es el torneo de naciones más importante del mundo para los aficionados a este deporte. ¿Puede la pasión por los deportes convertirse en un problema para el carácter de un cristiano?

Crédito de la imagen: LeoPatrizi a través de iStockphoto
El reciente 11 de junio las noticias alarmantes acerca de la guerra en Medio Oriente, la crisis económica mundial y muchos otros problemas que preocupan al mundo se detuvieron de una manera increíble. Ese día comenzó el Mundial de fútbol.
En Perú, pocos días antes de esa fecha, la información que circulaba en internet estaba centrada en los enfrentamientos políticos que vive el país, luego de las elecciones presidenciales más polémicas en la historia de la nación. De pronto, empezó el Mundial de fútbol 2026 y todo cambió. Las noticias, los contenidos en redes sociales y hasta las conversaciones de las personas, cambiaron. Todo se paralizó momentáneamente para dar paso a lo que algunos aficionados a este deporte llaman “la fiebre del Mundial”.
Es probable que algunos de nosotros hayamos visto alguno de los partidos del Mundial, o algún resumen de goles, o algunas noticias acerca de este evento, que es considerado el de mayor importancia para el mundo, en el ámbito deportivo.
El deporte en general, especialmente el fútbol, despierta emociones y pasiones en muchas personas. Dios nos creó con emociones y con la capacidad de sentir una profunda pasión por las cosas que son agradables a nuestros sentidos. A mí me gusta el fútbol, me apasiona verlo y jugarlo. Sin embargo, he reflexionado en que hay un gran peligro para el carácter de un cristiano cuando esa pasión logra distraernos lo suficiente como para que no veamos los problemas de nuestra propia vida.
Esta entrada de Blog tiene como propósito llamar nuestra atención acerca de un gran problema espiritual que puede esconderse detrás de nuestra emoción por algún juego o actividad que nos apasione.
¿Qué es el Mundial de fútbol?
El Mundial de fútbol o, técnicamente hablando, la Copa Mundial de la FIFA, es el principal torneo internacional oficial de fútbol masculino a nivel de selecciones nacionales en el mundo. Su historia se remonta a 1930, cuando se celebró por primera vez en Uruguay. Desde entonces, se ha vuelto enormemente popular en la mayoría de los países, y durante aproximadamente un mes, cada cuatro años, el Mundial cautiva a los aficionados al fútbol en todo el mundo.
Si bien el fútbol o algún otro deporte o actividad física pueden ser un apoyo significativo para ello, nunca podrán llenarnos de una manera plena y brindarnos una satisfacción duradera.
Notemos las siguientes cifras. Según el portal digital de noticias La República.com, “el Mundial de fútbol 2026 tiene una audiencia potencial de más de 5.000 millones de espectadores y el torneo se está transmitiendo globalmente en más de 160 idiomas”.
¿Cuáles son los efectos del Mundial de fútbol en la vida de las personas?
Los efectos de este mega evento deportivo fuera de los estadios y en la vida de muchas personas son aún más impresionantes. Aquí hay algunos ejemplos:
- Copa Mundial del 2014 en Brasil. El gobierno de Brasil gastó cerca de 14 mil millones de dólares en su organización y en toda la infraestructura necesaria, a pesar de que durante varios meses hubo grandes manifestaciones en contra de esta tremenda inversión, por no destinarse a solucionar problemas sociales como la pobreza, que abunda en Brasil y en el mundo. Muchas de estas manifestaciones sociales se calmaron al final y, aunque nadie lo expresó públicamente, el silencio de la gran mayoría y el ánimo que hubo al empezar el torneo dieron a entender claramente que millones de personas consideraban que este gigantesco gasto valía la pena.
- Copas Mundiales del 2018 en Rusia, del 2022 en Qatar y del 2026 en Estados Unidos, Canadá y México. A pesar de los conflictos armados en los que han estado involucrados algunas de estas naciones en los últimos ocho años, la llegada del Mundial a sus regiones ha traído, además de gran emoción deportiva, períodos breves de relativa paz entre los países participantes, mientras centran su atención en los juegos. Una muestra reciente de esto es que la selección de fútbol de Irán está disputando sus partidos del Mundial dentro de Estados Unidos, mientras que ambos países enfrentan una guerra inclemente.
¿Cuál es la explicación para estas grandes ironías?
La explicación, al parecer, es que la Copa Mundial es mucho más que un torneo de fútbol. Es un gran negocio, especialmente para los países anfitriones, que asumen una enorme inversión. Estas inversiones y negocios no se detendrán fácilmente —aunque haya catástrofes naturales y el mundo se hunda más en la corrupción— porque la pasión por el “Deporte Rey”, como le llaman también al fútbol, no puede detenerse.
El problema espiritual de la distracción
El Mundial de fútbol es sólo una de tantas cosas que apasionan a millones de personas. De alguna manera todos nosotros nos aferramos a alguna actividad o afición que llena nuestras vidas y nos brinda bienestar emocional. Si bien el fútbol o algún otro deporte o actividad física pueden ser un apoyo significativo para ello, nunca podrán llenarnos de una manera plena y brindarnos una satisfacción duradera.
En 1 Juan 2:17 Dios dice: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.
Todo lo físico y lo emocional se terminan. Cuando suene el último silbato en el partido final de la Copa del Mundo, la algarabía del equipo ganador y la congoja del perdedor llegarán a su clímax, pero luego todo ese éxtasis se disipará con el pasar de las horas, hasta quedar en el baúl de los recuerdos.
El problema de apasionarnos de esta manera por las cosas físicas es que puede robarnos tiempo preciado de nuestras vidas que podríamos dedicar a nuestro crecimiento espiritual.
Es por eso que el apóstol Pablo, quien escribió acerca de la importancia del ejercicio físico y los deportes, le aconsejó a Timoteo que por encima de ello se ejercitará para la piedad (1 Timoteo 4:7). La exhortación para todos nosotros es: “porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (v. 8).
Debemos priorizar llenar nuestras vidas —nuestro tiempo— de la pasión por lo espiritual. Dios, sus leyes santas y nuestro crecimiento espiritual deben convertirse en nuestra mayor pasión.
Como hemos visto en los ejemplos anteriores, el Mundial de fútbol tiene un poderoso efecto distractor sobre muchas personas que los aleja de enfocarse en buscar soluciones a los problemas más grandes de su vida, que son de índole espiritual.
No se trata de escoger entre el deporte u otra afición y lo espiritual. La vida debe ser equilibrada. Cada cosa tiene su lugar y su medida. El punto es cuidar de no restarle prioridad a lo espiritual. Reflexionemos entonces en esto: ¿nuestra pasión por el Mundial de fútbol, o por algún otro evento deportivo o actividad que nos guste, es mayor que nuestra pasión por crecer espiritualmente?
Cuidado con las distracciones encubiertas
Al parecer, cualquier incomodidad que tengan que soportar los ciudadanos de la nación sede del próximo Mundial de fútbol se verá atenuada por el simple hecho de que este deporte, en gran parte del mundo, es más que un deporte para muchas personas. Es lo que les da pasión a sus vidas, su ídolo y, según algunos, incluso su dios.
El problema de apasionarnos de esta manera por las cosas físicas es que puede robarnos tiempo preciado de nuestras vidas que podríamos dedicar a nuestro crecimiento espiritual.
¡Que nuestra pasión por ser cristianos crezca cada día más!
Fecha de publicación: Julio 6, 2026