Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Enero/Febrero 2019 de la revista Discernir

Siguiendo sus pasos

A medida que el mundo se vuelve cada vez más secular y ateo, el cristianismo es examinado desde una perspectiva crítica. ¿Qué diría Jesucristo acerca de esta crisis?

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Las estadísticas indican que el cristianismo es la religión más grande del mundo y, según el Centro de Investigación Pew, seguirá siéndolo durante las próximas cuatro décadas. Se estima que en el 2010, 2.200 millones de personas se consideraban cristianas (cerca de un tercio de la población mundial). Pero no todo es color de rosa en la religión más grande del mundo.

Problemas en el cristianismo

Las noticias acerca de abusos sexuales a menores por parte de líderes de la Iglesia Católica han sido un suceso revelador. Se dice que esta tragedia ha ocurrido en muchos lugares del mundo, desde Europa hasta Australia, y desde Chile hasta Canadá. En Estados Unidos los informes han llamado la atención del público. El pasado 14 de agosto, el fiscal general de Pennsylvania presentó un reporte informando acerca de siete décadas de abusos de sacerdotes a más de mil víctimas.

Esta clase de escándalos es especialmente desalentadora para los jóvenes, quienes están abandonando masivamente sus creencias cristianas. Como prueba de ello, en mayo del 2018 la República de Irlanda (considerada por largo tiempo un bastión del catolicismo) votó dos a uno en favor de levantar la prohibición del aborto, apoyada por la Iglesia Católica. Obviamente, el rechazo de los jóvenes hacia las enseñanzas tradicionales de la iglesia no se basa sólo en el estado del cristianismo. También es exacerbado por la propaganda atea y humanista que se expone en muchas universidades y en las redes sociales.

Por otro lado, hay grandes desafíos para quienes quieren convertirse al cristianismo. Puede ser confuso y desalentador ver que las iglesias cristianas no están unificadas en sus creencias. Un grupo enseña algo, el otro lo contrario. Lamentablemente, entre quienes se dicen cristianos ha habido variaciones doctrinales importantes desde el inicio.

Dados todos estos problemas, surgen algunas preguntas:

¿Reflejan los pecados de hombres imperfectos un problema con el cristianismo en sí?

¿Son realmente cristianos todos los que dicen serlo?

¿Qué diría Jesucristo acerca de todos estos problemas en la religión que supuestamente Él fundó?

Debilidades humanas

En primer lugar, Dios de ninguna manera aprueba que los pecados se escondan o toleren, y Jesucristo reprende fuertemente a cualquiera que lastime a los más pequeños (Mateo 18:6).

Pero, por otro lado, la Biblia nunca dice que los cristianos son perfectos.

Aunque puede ser difícil separar las enseñanzas bíblicas de las acciones pecaminosas de quienes dicen obedecerlas, todo aquel que desea seguir a Cristo debe entender este hecho. Si bien Jesús dice que sus seguidores deben ser “la luz del mundo” (Mateo 5:14), la realidad es que todos los seres humanos pecamos (Romanos 3:23).

De hecho, cuando lo criticaron por juntarse con pecadores, Cristo mismo dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos” (Mateo 9:12).

El punto es que quienes se comprometen a seguir a Jesús no son personas perfectas ahora, pero se esfuerzan por llegar a serlo algún día. Su intención debe ser dejar el pecado como una forma de vida (1 Juan 1:7-10). Cuando un ser humano imperfecto se arrepiente de sus pecados y se bautiza, puede ser perdonado y recibir el Espíritu Santo de Dios (Hechos 2:38), el cual le ayudará a vivir como Dios espera y convertirse en una verdadera “luz del mundo”.

El cristianismo bíblico no debería ser condenado por el hecho de que quienes dicen seguirlo no siempre viven a la altura de sus estándares.

Variaciones doctrinales en el cristianismo

Poco tiempo después de que la Iglesia de Dios se fundara en Pentecostés del año 31 d.C., surgieron diferencias doctrinales en cuanto a si los gentiles (no judíos) debían circuncidarse para ser salvos (Hechos 15:1). Los apóstoles y ancianos se reunieron en Jerusalén para llegar a un consenso, pero algunas personas se rehusaron a aceptar que la circuncisión de los gentiles no era necesaria.

Quienes se opusieron a este veredicto también intentaron introducir en la Iglesia la doctrina de la justificación por obras (Gálatas 5:1-4), y lamentablemente, crearon mucha confusión intentando imponer sus ideas. Pablo defendió vigorosamente la justificación por fe y la decisión que los apóstoles habían tomado en Jerusalén. Al hacerlo, describió a los opositores de la enseñanza de la Iglesia como “falsos hermanos” que enseñaban “un evangelio diferente” (Gálatas 2:4; 1:6; compare con 2 Corintios 11:26).

Esto nos enfrenta a una verdad incómoda: pueden existir los falsos hermanos. ¡Las personas no son necesariamente cristianas sólo porque lo digan!

Hacia fines del primer siglo, el problema de los falsos hermanos se había vuelto tan grave que Judas advirtió a los miembros fieles: “[contiendan] ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos. Porque algunos hombres han entrado encubiertamente… hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo” (Judas 1:4). Para entonces, los falsos hermanos estaban empujando a la Iglesia hacia el extremo de rechazar la ley de Dios.

En un contexto similar, Juan escribió acerca de personas que habían dejado la Iglesia, pero seguían intentando engañar a los miembros fieles (1 Juan 2:19, 26). De hecho, algunos miembros de las congregaciones en Pérgamo y Tiatira se estaban dejando influenciar por doctrinas y enseñanzas falsas (Apocalipsis 2:14-15, 20).

Durante los siglos siguientes, los falsos hermanos y maestros sistemáticamente ignoraron o remplazaron las doctrinas que la Iglesia de Dios tuvo desde su fundación. Y, para el siglo IV, la mayoría de las iglesias que se hacían llamar cristianas ya guardaban el domingo en lugar del sábado, observaban fiestas creadas por el hombre en lugar de las fiestas bíblicas que Cristo y sus apóstoles observaron, y habían desarrollado una explicación antibíblica de la Divinidad.

Para más detalles y documentación acerca de estos cambios históricos, vea el Capítulo 4 de nuestro folleto ¿Dónde está la Iglesia que Jesucristo edificó?

La importancia de imitar a Cristo

Hoy en día, la mayoría de quienes dicen ser cristianos ignora lo que significa ser un verdadero discípulo de Cristo. Ser un discípulo “implica que la persona no sólo acepta las ideas de su maestro, sino también es un adherente en la práctica” (“Discípulo”, International Standard Bible Encyclopedia [Enciclopedia bíblica estándar internacional]). Otro complemento bíblico dice: “Un discípulo de Cristo es aquél que (1) cree en su doctrina, (2) descansa en su sacrificio, (3) se empapa de su Espíritu, e (4) imita su ejemplo” (“Discípulo”; Easton’s Bible Dictionary [Diccionario bíblico de Easton]).

En otras palabras, imitar a Jesús implica adorar en el séptimo día de la semana (sábado) y guardar las fiestas bíblicas en lugar de Navidad y Semana Santa. Esto, por supuesto, es lo que Cristo y sus discípulos hicieron. Como Pablo les dijo a los corintios: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1).

El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6, énfasis añadido).Esta necesidad de vivir como Jesús vivió también está presente en los escritos de otros apóstoles. Pedro dijo que debemos “[seguir] sus pisadas” (1 Pedro 2:21, énfasis añadido), y Juan escribió: “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:6, énfasis añadido).

Los cristianos del primer siglo sin duda escucharon esta instrucción. Por eso Pablo les dijo a los tesalonicenses: “vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor” (1 Tesalonicenses 1:6, énfasis añadido)

Hoy en día, si queremos ser verdaderos cristianos, debemos imitar a Cristo en todos los sentidos. Debemos practicar el cristianismo que Jesús y sus discípulos practicaron en el primer siglo, y debemos renunciar a los cambios doctrinales introducidos por los hombres para adherirnos fielmente a las instrucciones dadas por Jesús y aquellos que Él entrenó para establecer su Iglesia.

¿Qué diría Jesucristo?

Si Jesucristo comentara acerca del estado actual del cristianismo, ¿qué cree que diría? Casi al final del Sermón del Monte (probablemente su mensaje más conocido y amplio), encontramos un enunciado revelador.

Al concluir su mensaje acerca de cómo sus discípulos debían comportarse, Cristo dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23).

Maldad es sinónimo de quebrantar la ley de Dios. Es estar por debajo de la vara o el estándar que Cristo estableció para sus seguidores. El solo hecho de llamar a Jesús Señor y hacerse llamar cristiano no es suficiente. Jesucristo pide más que eso. Para más detalles acerca de este tema, lea nuestro folleto gratuito ¡Cambie su vida!

Si desea saber más acerca del sábado, lea nuestros artículos de la sección “El Cuarto Mandamiento” de VidaEsperanzayVerdad.org. Y para más detalles acerca de los días santos que Cristo guardó, lea nuestro folleto Las fiestas santas de Dios: Él tiene un plan para usted.

Los problemas del cristianismo actual no son culpa de la religión que Jesús fundó. La culpa es de quienes dicen seguirla. ¡Que todos lleguemos a ser mejores seguidores de Cristo, creyendo sus enseñanzas e imitando su ejemplo!

Descubra más en nuestro artículo “¿Qué es un cristiano?”.

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