¿Qué tan importante es para nosotros adorar a Dios con todo nuestro corazón? ¿Qué sucede cuando las personas no le sirven a Él con todo su corazón? ¿Y qué pasa cuando sí lo hacen?
En el Salmo 86:12, el rey David escribió: “Te alabaré, oh Eterno Dios mío, con todo mi corazón,
y glorificaré tu nombre para siempre” (énfasis añadido).
Por supuesto, cuando Dios habla de esto a su pueblo, dice: “Con todo su corazón”.
En realidad, esta exhortación se expresó mucho antes de que David escribiera el libro de los Salmos, alrededor del siglo X a.C. La primera vez que leemos esto en la Biblia se encuentra en Deuteronomio 11. A través de Moisés, Dios habló a los hijos de Israel acerca de las bendiciones que recibirían como resultado de obedecerle.
Él dijo: “Si obedeciereis cuidadosamente a mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando al Eterno vuestro Dios, y sirviéndole con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma, yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite” (vv. 13-14, énfasis añadido).
¿Qué es el corazón?
Por supuesto, el término “corazón” se usa figurativamente para referirse a algo más que el órgano que bombea sangre por todo el cuerpo. La Biblia a menudo habla del corazón como el lugar de donde se originan las intenciones, los sentimientos y las emociones más profundas de una persona.
Según el Zondervan Expository Dictionary of Bible Words [Diccionario expositivo de palabras bíblicas de Zondervan], la palabra hebrea lebab se traduce como “corazón” y significa “el ser consciente: la persona interior con todas las funciones que la hacen humana”.
La palabra griega kardia se traduce como “corazón” y figurativamente significa los pensamientos o sentimientos (la mente).
Los términos bíblicos traducidos como “corazón” denotan el centro más íntimo del ser humano. Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, la palabra corazón se usa para referirse al carácter, las intenciones y las motivaciones más profundas de las personas.
Es la expresión del amor hacia Dios
Esta expresión de adoración —“con todo mi corazón”— debe ser muy importante para Dios. Jesucristo la reiteró cuando respondió a la pregunta de los fariseos: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?”. Jesús amplió su significado y añadió aún más elementos para enfatizarlo. Respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:36-37).
Jesús lo reiteró aquí porque, como Dios en la carne, fue quien lo ordenó a los antiguos israelitas. Aquí, la expresión con todo el corazón está directamente relacionada con amar a Dios. Esto significa que debemos amar a Dios más que a nadie y más que a nada, con todo nuestro corazón.
Él debe ser lo primero en nuestra vida, no lo segundo ni lo tercero, porque Cristo dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26).
Por lo tanto, teniendo esto en cuenta, es necesario que los cristianos adoren y sirvan a Dios con todo su corazón.
¿Qué podemos aprender de aquellos que no sirvieron a Dios con todo su corazón?
El Antiguo Testamento registra varias historias de personas que no sirvieron a Dios con todo su corazón. Aquí hay dos ejemplos:
- El rey Saúl. El primer rey del antiguo Israel no siguió las instrucciones de Dios, dadas a través del profeta Samuel. El rey Saúl tomó el asunto en sus propias manos. Se amó a sí mismo más que a Dios al desobedecerle e incluso construir un monumento para honrarse a sí mismo. No sirvió a Dios con todo su corazón, y la consecuencia fue terrible. Dios lo rechazó como rey de Israel (1 Samuel 15:10-12, 26).
- El rey Salomón. Fue el rey más sabio que jamás haya existido y reinó sobre el antiguo Israel durante cuarenta años. Sin embargo, durante los últimos años de su reinado, comenzó a ser desleal a Dios y sucumbió a la influencia de sus numerosas esposas paganas, sirviendo a sus dioses. Esto provocó el profundo disgusto de Dios, quien finalmente dividió el reino en dos naciones (1 Reyes 11:3-12).
La razón era evidente: el corazón del rey Salomón “no era perfecto con el Eterno su Dios, como el corazón de su padre David”. En otras palabras, no servía a Dios con todo su corazón (v. 4), sino con un corazón dividido.
Respecto a este tipo de infidelidad, Jesús dice: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro” (Mateo 6:24).
Ejemplos del Nuevo Testamento
Como se relata en Hechos 5, Ananías no fue sincero al dar ofrendas a Dios. Fingió dar todo el dinero de la venta de una propiedad, pero en secreto se quedó con una parte. Su esposa, Safira, lo sabía, pero aun así consintió en el engaño. Ambos no adoraban a Dios con todo su corazón.
Si hubieran sido honestos y hubieran servido a Dios con todo su corazón, el final de la historia habría sido muy diferente (Hechos 5:1-10).
El ejemplo de la viuda pobre
Es evidente que esta viuda pobre amaba a Dios por encima de todo. Lo adoraba con todo su corazón.
En otras partes de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, encontramos a muchas personas que sirvieron y amaron a Dios con todo su corazón. Pero la historia de la viuda pobre, registrada en Marcos 12, es uno de los ejemplos más alentadores de los que los cristianos deberían aprender acerca de cómo amar al “Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Su acción fue verdaderamente inspiradora.
Parafraseando brevemente la historia, Jesús observaba a la gente cuando entregaban sus ofrendas a Dios. Algunos ricos dieron mucho, pero la viuda pobre sólo dio dos monedas.
Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: “Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero esta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento” (Marcos 12:43-44).
Es evidente que esta viuda pobre amaba a Dios por encima de todo. Lo adoraba con todo su corazón.
Amar a Dios con todo nuestro corazón hoy
El rey David escribió el Salmo 86:12 hace mucho tiempo, pero aun hoy nos brinda lecciones vitales y nos recuerda lo crucial que es adorar a Dios y amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente. Como dijo Jesús, éste es el primero y más importante mandamiento. Obedecer este mandamiento es esencial para recibir sus bendiciones, tanto materiales como espirituales.
Para profundizar en este tema, consulte nuestro artículo “Corazón, alma y mente: tres componentes del amor a Dios”.