El lazo que une a los Estados Unidos y el Reino Unido se ha vuelto más crucial que nunca con ambos gobiernos navegando por aguas desconocidas tras turbulentas elecciones.
Con un pasado, una cultura y un idioma en común, los Estados Unidos y el Reino Unido comparten una larga historia de cooperación en temas de defensa, comercio, inteligencia y muchas otras áreas que van desde la educación hasta las artes. Esta relación especial se ha descrito como “el corazón del mundo libre”, y ha resultado en una libertad, estabilidad y prosperidad increíbles que inspiran la envidia tanto de enemigos como de aliados.
No en vano el ex presidente francés Charles de Gaulle, molesto bajo el dominio de a quienes llamaba con desprecio “los anglosajones”, expresó en cierta ocasión el miedo de muchos de que tener a Inglaterra en la Unión Europea era como dejar entrar al caballo de Troya de Estados Unidos.
Destinados a permanecer juntos
Sin embargo, el próximo capítulo de esta relación especial, podría verse lleno de riesgos ahora que ambas naciones han tomado caminos políticos en favor de sus propios intereses y se exponen a quedar aisladas de aliados económicos y políticos con los que tienen prolongadas relaciones.
Comentando acerca de la situación económica y política del mundo, John Bew, profesor de historia y política exterior en King’s College London, asegura que “esta relación sin duda se ha vuelto mucho más importante de lo que era hace un año” (citado en “Anglo-American Relations Are Back in Town in a Big Way” [“Las relaciones angloamericanas reaparecen a lo grande”], Reuters, 26 de enero de 2017).
Alejándose del Continente
La inesperada decisión del Reino Unido de salir de la Unión Europea —conocida como el “Brexit”— seguramente significará el cese o la drástica limitación de su antes privilegiado acceso al mercado de 500 millones de consumidores que tenía en el Continente. Sin duda, la primera ministra inglesa Theresa May, instalada en Downing Street sin previas elecciones y con casi la mitad del país oponiéndose al Brexit, tendrá que hacer un gran esfuerzo para no caer en una trampa durante las negociaciones de salida. Esto no será nada fácil, considerando que el Brexit se prevé como el mayor desafío que un primer ministro haya tenido que enfrentar desde la Segunda Guerra Mundial.
En estas negociaciones se jugarán la posición de Londres como centro financiero del mundo y el destino del 45 por ciento de las exportaciones británicas, cuyo público son otros miembros de la Unión Europea y que generan más de tres millones de empleos en el Reino Unido. Si Europa cierra sus puertas, habrá que buscar una alternativa, y un acuerdo comercial entre Estados Unidos y el Reino Unido —la mayor y la quinta más grande economía del mundo— sería un excelente negocio.
En su discurso ante los líderes del Congreso americano en enero, la señora May dijo que “tal acuerdo significaría dar el siguiente paso en la relación especial que mantenemos. Consolidaría y confirmaría una de las mayores fuerzas de progreso que el mundo ha conocido”.
“Renovemos”, continuó, “esa relación que puede llevar al mundo a la promesa de la libertad y la prosperidad”. El gobierno británico además busca resucitar antiguos lazos económicos con sus compañeros de la Mancomunidad para reforzar el bienestar económico de la nación.
Estados Unidos necesita un aliado
Por su parte, la nueva administración de Estados Unidos también necesitará a Inglaterra. Durante su candidatura, Donald Trump hizo sonar varias alarmas económicas y diplomáticas con la promesa de “poner primero a América”. Trump aseguró que revitalizaría la posición de Estados Unidos en el mercado mundial, haciendo un énfasis mayor en políticas de comercio proteccionistas, como retirarse de la Asociación Transpacífico, detener las negociaciones para la Asociación Trasatlántica para el Comercio y la Inversión entre Estados Unidos y la Unión Europea, y buscar una salida o revisar por completo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Canadá y México.
Dado su apoyo al Brexit y a otros países que tal vez quieran seguir los pasos de Reino Unido y salir del bloque, la administración de Trump generó un terremoto político que se sintió por toda Europa. Tal fue su impacto que el presidente del Consejo Europeo, Dondald Tusk, incluso describió al presidente americano como una amenaza para la Unión Europea, poniéndolo al mismo nivel que al islam radical, Rusia y China.
Liderazgo a través de la alianza
Algunos creen que un Reino Unido con una posición fuerte en el escenario mundial y la capacidad de manejarse como nación soberana e independiente sería un aliado ideal para Estados Unidos. El Reino Unido es el mayor inversionista en Estados Unidos, y Estados Unidos es el mayor mercado de exportación del Reino Unido.
Además, Londres y Washington trabajaron juntos en todas las operaciones militares y diplomáticas importantes del siglo XX con sólo unas cuantas riñas menores. Y, si bien los críticos de la relación especial argumentan que solamente se basa en el sometimiento del Reino Unido a las órdenes de los Estados Unidos, la ex primera ministra Margaret Thatcher explicó una vez que “La relación especial existe, importa, y debe continuar, porque Estados Unidos necesita amigos en la solitaria tarea de liderar el mundo”.
Nuevos líderes y planes en común
Aunque su conexión ya se evidenciaba en el sentimiento nacionalista que los llevó a ambos al poder, Trump envió una clara señal de que la alianza anlgoamericana estaría en el centro de su plan estratégico cuando, tan sólo una semana después de asumir, la primera ministra inglesa Theresa May fue la primera líder extranjera que lo visitó en Washington.
Según un informe del noticiero Politico publicado el 28 de enero de 2017, el presidente Trump —quien durante su campaña se describió a sí mismo como el “señor Brexit”— simpatizó con May por su compartida admiración hacia el trabajo de equipo de los íconos conservadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Trump mismo dijo que quería que su relación fuera “aún mejor” que esa.
Inglaterra está abierta a los negocios
La señora May demostró una determinación cautelosa y deliberada durante la puesta en marcha del Artículo 50 del Tratado de Lisboa —el mecanismo legal de salida que dio inicio a dos años de negociaciones cuya culminación hará del Reino Unido la primera nación en salir voluntariamente de la Unión Europea.
Como partidaria del libre comercio y la globalización, Theresa May ha estado promoviendo su visión post-Brexit de una “Inglaterra Global” que está “abierta a los negocios”. Y la mano política de la primera ministra se ha fortalecido con el desempeño económico de su país, que ha permanecido a flote a pesar de las pesimistas predicciones previas al voto.
No obstante, aunque la posición del Reino Unido se mantiene fuerte, también es frágil. May está haciendo malabares para lograr una separación —ella evita el término “divorcio” por el potencial “pesimismo emocional”— limpia y definitiva con la Unión Europea, y a la vez mantener el libre comercio con el bloque, rechazar la política de inmigración de la Unión, y evitar pagar los cerca de 60 mil millones de dólares que Bruselas considera es una obligación financiera del Reino Unido.
La historia detrás del histórico lazo
Probablemente el mejor ejemplo de la cercana relación entre los Estados Unidos y el Reino Unido fueron Winston Churchill (autor del término relación especial) y Franklin Roosevelt. Esta dupla forjó la Carta Atlántica en 1941 —mientras los británicos y su imperio eran los únicos oponiéndose a la Alemania nazi— dando así comienzo a la alianza militar en la que el mundo aún confía más de lo que muchos quisieran admitir.
Recordando este histórico lazo entre líderes durante tiempos inciertos, la señora May, como un gesto personal, le regaló al señor Trump una copia del famoso discurso de Churchill para el pueblo americano tras el ataque de Japón a Pearl Harbor. “Ese sentimiento” expresado por Churchill —“de unidad y conexión entre el Reino Unido y los Estados Unidos— es tan real hoy como lo ha sido siempre”, le aseguró May a Trump.
“Nos comprometemos a seguir fomentando esa especial relación”, agregó Trump enfáticamente.
La relación en las buenas y en las malas
La relación especial ha sobrevivido a los ocupantes de la Casa Blanca y Downing Street. Lyndon Johnson y Harold Wilson, por ejemplo, discutieron sobre Vietnam; y Richard Nixon y Edward Heath aparentemente no se aguantaban. Pero cada vez que un presidente y un primer ministro trabajan bien juntos, la relación vuelve a florecer.
La historia e intereses compartidos son importantes, sí, pero las relaciones personales son lo que ha engrasado la máquina y la hace zumbar. Roosevelt y Churchill; Reagan y Thatcher; Bush y Blair; y ahora, tal vez Trump y May.
Amistades apresuradas y compromisos compartidos
Sin lugar a dudas, el símbolo que define la relación entre los Estados Unidos y el Reino Unido fue la dupla de la primera ministra Margaret Thatcher y el presidente Ronald Reagan. La hija del tendero y la estrella de Hollywood se compenetraron debido a su compartido compromiso con el gobierno limitado, el liberalismo económico y el anticomunismo.
Más tarde, cuando el presidente George H.W. Bush parecía vacilar ante la amenaza de Saddam Hussein durante el período previo a la Primera Guerra del Golfo, la señora Thatcher lo animó con su célebre frase: “No es un buen momento para tambalearse, George”. El presidente no lo hizo, y desde ahí ellos también iniciaron una apresurada amistad.
“La relación angloamericana”, dijo luego Thatcher, “ha hecho más por la defensa y el futuro de la libertad que cualquier otra alianza en el mundo”.
Al frente de la fila
En los años recientes, la relación se volvió decididamente ácida luego de que el presidente Barack Obama, quien nunca pretendió ser un anglófilo, les asegurara a los votantes británicos que si decidían salir de la Unión Europea pasarían al final de la fila para un tratado de comercio con Estados Unidos. Sin embargo, esta intervención le costó muy caro, como demostraron cuatro encuestas de opinión publicadas la semana siguiente donde se observó una clara inclinación a votar por la salida de Obama del poder.
El presidente Trump revirtió el curso inmediatamente diciendo que el Reino Unido estaba “no al final, sino a la cabeza de la fila” en términos de acuerdos de comercio bilaterales con Estados Unidos, y la relación especial cobró nueva vida.
¿Coincidencia?
Aunque la relación especial entre el Reino Unido y los Estados Unidos ha sido la alianza bilateral más poderosa del mundo por más de 70 años, sus orígenes son más profundos de lo que muchos comprenden. La existencia, identidad y bendiciones de estas dos naciones en realidad son cumplimientos de profecías que se remontan a la historia bíblica de las promesas de Dios para Abraham y sus descendientes.
Antes de su muerte, el patriarca Jacob (nieto de Abraham) les anunció a sus hijos lo que sus descendientes recibirían en “los tiempos del fin” —capítulos 48 y 49 del libro de Génesis— debido a la obediencia de Abraham. No es coincidencia que un gran grupo de naciones, y luego una gran nación, alcanzaran tal poder y dominio inigualables del mundo.
El tiempo de angustia para Jacob
Pero, si bien la obediencia les trajo bendiciones inmensas a los Estados Unidos (Manasés) y al Reino Unido (Efraín), sus desenfrenados pecados también conllevarán el castigo (Oseas 4:6-10; 5:5, 9; 10:13; Jeremías 2:19) de un catastrófico periodo de tribulación que ambas naciones deberán enfrentar (Jeremías 30:5-7).
A medida que el fin de esta era se acerca, estas dos naciones seguramente se unirán aún más buscando la mutua supervivencia.