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El gozo de la libertad

Por Lauro Roybal

¿En qué consiste la verdadera libertad? ¿Cuál es la libertad que nos libera totalmente de la angustia, el abatimiento, la depresión y el temor? ¿Acaso será una libertad que nos desligue de toda restricción, incluyendo de Dios y de su ley?

¿Acaso será la libertad para hacer lo que le plazca? ¡Claro que no! Todos sabemos que sin restricción alguna imperaría el caos. De igual forma, la libertad sin tomar en cuenta a Dios y sus leyes nos llevaría al desastre. ¿Cómo entonces obtenemos la verdadera libertad?

Suena curioso, pero en realidad la forma de lograr la libertad es tomando un yugo —el yugo de Dios. Es Él quien nos da la libertad; vino para sanar y alentar a los que se sienten cautivos por la soledad, la depresión y el temor. Sólo un siervo de Dios puede lograr la verdadera libertad.

El profeta Isaías escribió acerca de Jesucristo y su papel para lograr la libertad: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió el Eterno; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel... a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado…” (Isaías 61:1-3).

Qué palabras tan animadoras nos escribe el profeta Isaías acerca del futuro que nos espera por medio de Jesucristo. Una de las bendiciones más grandes que recibiremos en el futuro es la libertad completa. Esta libertad ya está disponible para usted si está dispuesto a obedecer a Dios. Estar cautivo, ya sea en la cárcel, secuestrado, o en cualquier otra situación, es una de las peores experiencias que puede vivir el ser humano.

Cautivos de las pasiones

Existen muchas personas hoy que están cautivas, aunque no estén físicamente en la cárcel. Pueden estar cautivos por enfermedades físicas o mentales, por la dependencia a drogas o al alcohol o por malos hábitos en general. Muchos también son prisioneros de las envidias y los pensamientos vengativos y rencorosos. Todos estos son esclavos de sus pasiones carnales y, por ende, de Satanás. Si alguien es dominado por algo y se sujeta a alguien para obedecerle, en realidad es un esclavo.

El apóstol Pablo dice lo siguiente: ¿No sabéis que, si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios que, aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Romanos 6:16-18).

Pablo nos dice que hemos sido libertados de las cosas pasadas, haciéndonos siervos de la justicia. La verdadera libertad consiste en servir a Dios. No existe peor cautividad que estar secuestrado por Satanás, alejados de la verdad de Dios.

Ser siervos de la justicia es lo contrario a ser un esclavo. La libertad es realmente preciosa. Si servimos a la justicia nadie podrá jamás dominarnos, porque Dios ha pagado un alto precio por nosotros y, por ende, Él es nuestro dueño y Señor. El apóstol Pablo lo escribió: “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20).

Como leímos antes en Isaías 61, Jesús trajo “las buenas noticias” de que todos los que se sientan cautivos podrán algún día ser verdaderamente libertados por medio de la verdad del evangelio del Reino de Dios. El mensaje de Jesucristo fue el evangelio (o buenas noticias) del Reino de Dios, el cual Él sigue propagando a través de su Iglesia. Esa es la misión y el propósito de la Iglesia de Dios ahora, hacer llegar ese mensaje a los cautivos.

Dios nos ha dado la oportunidad de dar alivio a los que se sienten cautivos, afligidos y quebrantados de corazón. Podemos animar a otros, orando con ellos y, si está dentro de nuestro poder, apoyándolos en sus necesidades. Hagamos esto con alegría y entusiasmo, sabiendo que Dios quiere que amemos y sirvamos a nuestro prójimo. Recordemos las palabras de Jesús: “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino… Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis” (Mateo 25:35).

Si hoy usted se siente cautivo, existe quien puede ayudarlo. Dios se encargará de enviarle a alguien o, tal vez, Él mismo lo consolará y animará dándole la verdadera libertad mental, emocional y espiritual.Démosle gracias a Dios, el gran Consolador, por los consoladores humanos que han estado con nosotros en nuestros momentos difíciles, cuando hemos estado dominados y esclavizados por nuestras debilidades humanas.

Encontrando la libertad y el descanso

Si hoy usted se siente cautivo, existe quien puede ayudarlo. Dios se encargará de enviarle a alguien o, tal vez, Él mismo lo consolará y animará dándole la verdadera libertad mental, emocional y espiritual. Dios puede ayudarnos a convertirnos en sus siervos para que encontremos el verdadero descanso. Él puede ayudarnos a actuar para tomar su yugo, que es ligero. Recordemos las palabras de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30).

El verdadero descanso llega cuando, al ser siervos de Dios, podemos vencer el pecado, los vicios, las limitaciones humanas e los impulsos carnales que nos esclavizan. El yugo de Dios es ligero, pero no deja de ser un yugo. No dejemos de servir, no dejemos de esforzarnos, no dejemos de seguir adelante tomados de la mano de Dios en este peregrinaje del camino cristiano. Tomemos el yugo de Dios y descubramos la verdadera libertad.

Las palabras del apóstol Pedro en su primera epístola dicen: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:6-7).

Echemos todos nuestros problemas y nuestra ansiedad sobre Dios y tomemos a cambio su yugo para que lleguemos a disfrutar de la verdadera libertad.

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