Nuestro Dios Creador es el ejemplo por excelencia de generosidad en la Biblia. La Palabra de Dios incluye muchos otros ejemplos que demuestran la importancia y los beneficios de dar.
El dinero es importante. Lo necesitamos para sobrevivir y trabajamos duro para conseguirlo. A la mayoría nos gusta el dinero y nos gustaría tener más. Además, tenemos diversas responsabilidades económicas que debemos cumplir con nuestro dinero.
Curiosamente, una de las responsabilidades que se mencionan en la Biblia es la generosidad. Dios es generoso y quiere que aprendamos a serlo también. La Biblia explica la importancia —y los beneficios— de dar.
Versículos bíblicos acerca de la generosidad
Todo lo que tenemos proviene de nuestro generoso Dios. Él nos da la vida (Job 33:4) y nos da el poder para obtener las riquezas (Deuteronomio 8:18).
Pablo animó a los ricos a no confiar en las “riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 6:17).
Santiago 1:5 nos dice que Dios “da a todos generosamente” (Nueva Versión Internacional).
La Biblia nos instruye a ser generosos. En el Sermón del Monte, Jesús les dijo a las personas que no fueran como los fariseos, que hacían ostentación al dar limosnas a los pobres: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 6:1).
En el siguiente versículo, Jesús dijo: “Cuando, pues, des limosna” (énfasis añadido), no si das dinero a los pobres. En este pasaje se entiende que los seguidores de Jesús deben ser generosos.
Moisés dijo que debemos compartir lo que tenemos con las personas que necesitan ayuda:
“Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que el Eterno tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite... porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra” (Deuteronomio 15:7-8, 11).
Preocuparse por los débiles e indefensos debe ser parte de nuestra forma de vida. La gentileza y la compasión deben formar parte de nuestra existencia. Para más información acerca de este tema, consulte el artículo “El camino del dar”.
Ejemplos de generosidad en la Biblia
La Biblia ofrece muchos ejemplos de personas generosas, estableciendo así un modelo a seguir para nosotros.
Consideremos el ejemplo del centurión romano Cornelio. Él y su familia estuvieron entre los primeros gentiles del Nuevo Testamento en recibir el Espíritu Santo y convertirse. Dios envió un ángel para decirle a Cornelio que Él había notado sus oraciones y su limosna a los pobres.
“Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana, piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre. Éste vio claramente en una visión, como a la hora novena del día, que un ángel de Dios entraba donde él estaba, y le decía: Cornelio. Él, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios” (Hechos 10:1-4).
La generosidad de Cornelio fue elogiada por Dios.
Otro ejemplo es la esposa virtuosa descrita en Proverbios 31. Ella cuida de su familia y es respetada. La Biblia también habla de su generosidad: “Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso” (Proverbios 31:20).
Y Jesús elogió grandemente la generosidad de una viuda pobre:
“Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: en verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquellos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas esta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía” (Lucas 21:1-4).
Dar lo que podemos
Las pequeñas contribuciones de las viudas resultan sorprendentes. No nos sorprende la generosidad de las personas adineradas que tienen sus casas pagadas, una jubilación asegurada y los estudios universitarios de sus hijos totalmente financiados.
La mayoría de nosotros no somos así. Sin embargo, Dios desea generosidad en todos sus hijos, no sólo en los ricos. Y, sorprendentemente, quienes no tienen mucho suelen ser más generosos que quienes tienen mucho.
Dios no espera que demos lo que no tenemos. Quiere que cuidemos de nuestras familias. Quiere que tomemos decisiones sabias.
Pero también debemos recordar que nuestro Padre Dios nos dará lo que necesitamos. La Biblia nos da seguridad al respecto.
Hechos 9 ofrece otro ejemplo de una mujer generosa que compartió lo que tenía. El relato bíblico comienza con Tabita (también llamada Dorcas) enfermando y muriendo. Entonces, sus hermanos de la iglesia mandaron llamar a Pedro:
“Levantándose entonces Pedro, fue con ellos; y cuando llegó, le llevaron a la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrando las túnicas y los vestidos que Dorcas hacía cuando estaba con ellas. Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó” (Hechos 9:39-40).
Antes de que Pedro resucitara a Tabita de los muertos, la gente le mostró las prendas que ella había confeccionado para ellos. No se nos dice si ella tenía mucho dinero. Puede que fuera pobre o no, pero ayudó a mucha gente y compartió los frutos de su trabajo.
Tabita dio un maravilloso ejemplo de generosidad.
Los beneficios de dar
El rey David nos exhorta a recordar a los pobres: “Bienaventurado el que piensa en el pobre; en el día malo lo librará el Eterno. El Eterno lo guardará, y le dará vida; será bienaventurado en la tierra, Y no lo entregarás a la voluntad de sus enemigos. El Eterno lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad” (Salmos 41:1-3).
Dios nos bendecirá en nuestras dificultades y en nuestra salud física. También nos bendecirá económicamente: “El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado” (Proverbios 11:25).
El rey Salomón escribió una idea similar en Proverbios 22:9: “El ojo misericordioso será bendito, porque dio de su pan al indigente”.
En Salmos 37:25, el rey David, casi al final de su vida, dijo que jamás había visto a los justos abandonados ni a sus hijos mendigando pan. Y él, siendo rey, estaba en posición de estar al tanto de tales cosas.
El Salmo 37 continúa diciendo que los justos son generosos y que sus hijos son bendecidos. Todos deseamos que nuestros hijos y nietos sean bendecidos. Esas bendiciones están ligadas a nuestra generosidad.
La promesa de Dios para nosotros
Dios nos asegura que tendremos lo que necesitamos: “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré” (Hebreos 13:5).
Ésta es una promesa del Creador del universo. Nuestro Padre cuidará de nosotros.
Hemos visto que Dios quiere que su pueblo sea generoso. Esto incluye tanto a los ricos como a los pobres. Él ha prometido proveernos y recompensar nuestra generosidad.
Le invitamos a aprender más acerca de cómo ser una persona generosa y solidaria en nuestro artículo “El arte de dar” y en nuestras entradas de blog “El alma generosa será prosperada” y “El que siembra generosamente”.