Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Julio/Agosto 2019 de la revista Discernir

Diez preguntas importantes antes del matrimonio

Ya sea que tenga a alguien especial en su vida en este momento o no, éstas son diez preguntas que vale la pena hacerse cuando se trata de elegir a su futuro cónyuge.

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El matrimonio es un gran paso.

De hecho, excepto por su relación con Dios, probablemente sea el compromiso más importante, transformador y duradero que hará en la vida.

Pero incluso la decisión de comprometerse con Dios a través del bautismo es un poco más clara que la de casarse. En el bautismo, la pregunta simplemente es: “¿Se compromete a seguir el camino de Dios o no?”. Pero en el matrimonio existe la dificultad agregada de decidir con quién va a casarse, cómo saber si esa es la persona correcta y qué debería tener en cuenta para estar seguro.

Algo que puede ayudar es saber qué preguntas deberíamos hacernos. Por eso, hemos compilado una lista de diez preguntas que es importante hacerse acerca de la persona con la que quiere pasar el resto de su vida.

Obviamente, ésta no es una lista exhaustiva de todas las preguntas que deberá tener en cuenta antes de casarse. Faltan muchas. Pero es un buen comienzo —y, si está dispuesto a responderlas sinceramente, deberían darle una idea más clara de si va por buen camino.

1. ¿Le muestra la persona amor y respeto?

La respuesta a esta pregunta podría parecer obvia. Pero es fácil confundir la atracción mutua con amor y respeto mutuos. El solo hecho de que dos personas se gusten no significa que su relación esté basada en estas dos cualidades esenciales, así que tómese el tiempo para pensarlo.

Pablo le dijo a la congregación de Éfeso: “Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido” (Efesios 5:33).

El respeto y el amor no suceden por accidente. No son cosas que ocurren de la nada. Para demostrarlos consistentemente, es necesario esforzarse diariamente por hacerlo, y por entender mejor lo que estos conceptos significan según Dios. Si la persona con la que quiere casarse no le está mostrando amor y respeto activamente, la base de su matrimonio estará agrietada desde el primer día.

2. ¿Tienen las mismas metas?

Amós pregunta: “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3). Entrar en el pacto del matrimonio con alguien implica comprometerse a caminar con esa persona por el resto de su vida.

¿Qué espera cada uno de ustedes del matrimonio? ¿Cómo se imaginan su vida familiar? ¿Cuáles son sus metas laborales? Si ambos tienen objetivos diferentes en la vida, su matrimonio sentirá la tensión. Pero si ambos van en la misma dirección, trabajando juntos por las mismas metas y obedeciendo los mismos valores, su relación florecerá y crecerá en el proceso.

3. ¿Cómo maneja las situaciones difíciles?

Es fácil ser la mejor versión de uno mismo cuando todo va bien; y al principio de una relación, sin duda habrá muchos momentos de paz y armonía. Incluso podría parecer que las cosas siempre serán así, pero no es así como funciona. Eventualmente, en la vida tendrán que afrontar el estrés y es importante saber cómo reaccionará su futuro cónyuge.

Cuando recién iniciábamos nuestra relación, mi (entonces futura) esposa y yo salimos de paseo y nos perdimos. Terminamos en un laberinto de calles en construcción, ya caída la noche, y en un área nada amigable que ninguno de los dos conocía.

Fue una situación reveladora, porque ambos pudimos ver cómo el otro manejaba las dificultades inesperadas. Afortunadamente, salimos de ahí con vida y (más o menos) ilesos, y nuestra incipiente relación se fortaleció gracias a ello.

“Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte”, dice el libro de Proverbios, “Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). El matrimonio funciona mejor cuando ambos saben controlar sus emociones en los momentos difíciles, porque habrá momentos difíciles.

4. ¿Cómo trata la persona a los demás?

Una de las cosas más importantes que debe observar en su posible futuro cónyuge es la forma en que trata a los demás, especialmente cuando no pueden defenderse. Cajeras. Meseros y meseras. Empleados. Completos extraños. Usuarios anónimos de internet. Cuando no hay repercusiones por ser hostil o descortés, ¿qué actitudes muestra él o ella?

Proverbios describe a la mujer ideal como una que “Alarga su mano al pobre, y extiende sus manos al menesteroso” (Proverbios 31:20). Y Jesucristo nos enseña la regla de oro: “todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12). Asegúrese de que su potencial cónyuge sea una persona amable y compasiva, incluso cuando no haya recompensa por ello.

5. ¿Qué tal si nunca cambia?

¿Qué es lo que más le molesta de su potencial futuro cónyuge? Piénselo.

¿Lo sabe? Bien. Ahora, si eso nunca cambiara —si usted supiera que esa característica específica seguirá siendo igual de molesta y persistente durante el resto de sus vidas humanas— ¿aún querría casarse?

Es peligroso comenzar un matrimonio esperando que su pareja cambie algo específico. La vida está llena de cambios, cierto, pero existe la posibilidad de que esa característica que a usted tanto le molesta permanezca igual para siempre o incluso empeore. Si ese fuera el caso, ¿podría sobrellevarlo? ¿O hubiera preferido no casarse? El matrimonio es un pacto permanente (Mateo 19:9), y es importante no contar con un cambio que posiblemente nunca ocurra.

6. ¿Qué tan importante es para él o ella mejorar?

En contraste con la pregunta anterior, ser cristiano implica estar comprometido con el cambio. Seguir a Dios significa buscar lo que nos falta para alcanzar sus expectativas y aprender a mejorar.

Una de las cualidades que cualquier cónyuge potencial debería tener es el deseo de mejorar a medida que Dios le revela las cosas que necesitan trabajo en su vida. Asegúrese de que se casará con alguien que se esfuerza por crecer como cristiano o cristiana.

7.a. Mujeres: ¿es este un hombre a quien puede seguir y apoyar, incluso cuando no esté de acuerdo con él?

Pablo escribió una instrucción que puede ser difícil de escuchar: “Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo” (Efesios 5:22-24).

Pero ahí está. En el matrimonio, parte del rol de la mujer es someterse a su marido. Mujeres: esto no significa que no puedan hacerle saber sus preocupaciones o deseos a sus esposos. Tampoco significa que deban convertirse en una especie de esclavas sin opinión, o que deban someterse a sus maridos si contradicen a Dios. Pero el matrimonio sí implica seguir a sus esposos hacia donde ellos dirijan, incluso cuando ustedes piensen que hay una dirección mejor.

Asegúrese de casarse con un hombre a quien no le molestaría someterse.

7.b. Hombres: ¿es esta una mujer cuya opinión considerará y valorará, incluso si no está de acuerdo con ella?

Por otro lado, Pablo también tiene algo que decirles a los esposos: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5:25). Esa última parte es la que a menudo pasamos por alto. Hombres: nuestro trabajo es amar a nuestras esposas como Cristo ama a la Iglesia. Ésa es una clase de amor muy profundo, un amor lleno de sacrificio y resuelta dedicación. Un esposo debe tomar decisiones dándole más valor a su esposa y su familia que a sí mismo.

Si bien es nuestra responsabilidad tomar el mando de la relación, no somos los jefes o dictadores. Somos los esposos, y debemos dar “honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida” (1 Pedro 3:7, énfasis añadido).

Asegúrese de casarse con una mujer cuyos pensamientos y opiniones le ayudarán a tomar mejores decisiones como líder.

8. ¿Cómo es la relación de la persona con Dios?

Más palabras de Pablo: “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente” (2 Corintios 6:14-16).

Esto no es opcional. No es cuestión de preferencia. No es una sugerencia, o una esperanza, o el mejor escenario posible. Esto nos regresa al punto de tener las mismas metas. Si la persona con la que quiere casarse no cree en Dios o en su camino de vida, ¿cómo espera que puedan caminar juntos?

O si esa creencia o camino de vida son sólo algo secundario, algo que queda relegado por otras cosas, ¿cómo piensa que será para usted cumplir el mandato de “[crecer] en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18)? ¿Más fácil o más difícil?

Cásese con alguien cuya dedicación al camino de Dios lo inspire a ser mejor en su propia vida.

9. ¿Está la persona dispuesta a poner a Dios antes que a usted?

¡Ajá! Ahora sí entramos en territorio difícil. No estamos hablando del tipo de romance que pintan Hollywood y todas esas citas inspiradoras de las redes sociales. Para el mundo, el verdadero amor es encontrar a alguien que nos haga el centro de su universo —que nos ponga antes que a cualquier otra cosa.

Cuando olvidamos qué debería ir primero, todo lo demás sufre las consecuencias. Pero, aunque el matrimonio puede ser muchas cosas, nunca debería ser eso.

Dios hablaba en serio cuando dijo: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:3). No estaba bromeando. Nada —nada, ni siquiera su amado esposo o esposa— puede estar antes que su relación con Dios (Deuteronomio 13:6-8).

Jesucristo también hizo énfasis en este punto cuando dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33, énfasis añadido).

Cuando olvidamos qué debería ir primero, todo lo demás sufre las consecuencias. “Todas estas cosas” —todas las bendiciones y beneficios de la vida, incluyendo nuestro matrimonio— deben estar después de Dios.

Si quiere un matrimonio exitoso, asegúrese de buscar a alguien que ponga a Dios primero —y después a usted.

10. ¿Cómo es su relación con Dios?

Ahora, todas estas preguntas asumen un punto esencial: que Dios también es importante para usted. Que usted se está esforzando por poner a Dios primero; que trata a los demás con compasión; y que se esfuerza por mejorar y crecer como hijo de Dios. Porque, claramente, el matrimonio es un camino de dos sentidos. Y, si usted se está haciendo estas preguntas acerca de la persona con la que quiere casarse, es lógico pensar que la otra persona se esté haciendo las mismas preguntas sobre usted.

Ya sea que haya tenido a alguien en mente mientras leyó estas preguntas, o que aún esté buscando a ese alguien especial, una de las mejores cosas que puede hacer es asegurarse de que también usted está a la altura de las preguntas de la lista. Éste es un proyecto de toda la vida y siempre habrá algo en lo que pueda mejorar, tanto para bien suyo como el de su cónyuge.

El libro de Proverbios dice: “El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia del Eterno” (Proverbios 18:22); y también, que “La casa y las riquezas son herencia de los padres; mas del Eterno la mujer prudente” (Proverbios 19:14).

El matrimonio entre las personas correctas y por los motivos correctos es una increíble bendición de Dios. Nunca es demasiado temprano (o tarde) para comenzar a prepararse.

¿Quiere saber más? Lea nuestros artículos “5 características que los hombres deberían buscar en una mujer según Dios” y “5 características que las mujeres deben buscar en un hombre según Dios”. 

 

Recuadro: Cómo arruinar su matrimonio antes de casarse

En muchos países, cerca de la mitad de los matrimonios termina en divorcio.

Ésta no es una tasa muy alentadora —especialmente considerando que nadie se casa con la esperanza de que su relación termine en ruinas.

Lamentablemente, existen normas sociales y decisiones cotidianas que pueden dificultar mucho la tarea de mantener un matrimonio sano, y pueden afectar su relación incluso antes de que tenga una fecha para casarse (o incluso un cónyuge) en mente.

Si desea tener un matrimonio sólido, estos son dos obstáculos que debe evitar —y veamos las razones del porqué:

Cohabitación

Hoy en día cohabitar es algo tan común que la gente se extraña cuando una pareja decide no vivir junta antes de casarse. Para la mayoría, la cohabitación es una forma de “probar” el matrimonio para ver si todo es satisfactorio antes de comprometerse.

Pero he aquí el problema:

El matrimonio no se trata de que todo funcione perfecto. De hecho, si hay algo con lo que podemos contar en el matrimonio, es que las cosas no serán perfectas. Si usted cohabita con su pareja —si son sólo dos personas viviendo juntas, unidas por nada más que un sentimiento de afecto— es mucho más fácil tirar la toalla cuando las cosas se ponen difíciles.

El matrimonio —al menos la clase de matrimonio que Dios diseñó— es un compromiso firme entre dos personas; un acuerdo en que, cuando las cosas se pongan difíciles, el esposo y la esposa harán el esfuerzo para que funcione.

No se puede “probar” ese tipo de compromiso.

Además, Dios diseñó la unión sexual exclusivamente para esposo y esposa. La Biblia dice: “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4). El sexo es un vínculo poderoso entre la pareja casada —pero, mientras más matrimonios potenciales intente probar, más diluido estará ese vínculo para cuando finalmente diga “acepto”.

Contenido sexual

Este concepto es muy amplio y abarca muchas cosas. Sí, por un lado estamos hablando de la pornografía descarada, pero también de cualquier cosa que use el sexo para vender o de forma provocativa. Esto incluye todo, desde escenas sexuales en películas populares, hasta comerciales que quieren que nos enfoquemos más en la modelo atractiva que en el producto.

Comprenda que el mundo le está vendiendo un concepto falso (y prácticamente imposible) de lo que es el sexo y cómo funciona. Mientras más deje entrar en su mente ese falso concepto —mientras más crea lo que el mundo dice acerca de lo que es el sexo— más decepcionado y frustrado se sentirá cuando su matrimonio no alcance esas falsas expectativas.

El sexo es un regalo fantástico y maravilloso de Dios que fue diseñado para fortalecer y realzar el matrimonio. Es por eso que Satanás se esfuerza tanto por ensuciarlo y trivializarlo. No necesita estar casado para dañar su futuro matrimonio, pero la buena noticia es que lo opuesto también es cierto. No necesita estar casado para encaminar su matrimonio hacia el éxito. Tomar buenas decisiones ahora —y evitar las malas— puede hacer toda la diferencia después.

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