Historias de la Biblia: ¿están ahí por alguna razón?

¿Son las historias bíblicas sólo cuentos para entretener a los niños? ¿O son también importantes para todo el que quiera comprender mejor a Dios y su voluntad?

La Biblia está llena de historias desde Génesis hasta Apocalipsis. De hecho, tiene libros cuyo propósito es justamente ese: contarnos una historia. Algunos de estos relatos ilustran el triunfo del bien sobre el mal; otros son más bien dramáticos y desgarradores. Algunos son incluso graciosos, pero hay otros muy conmovedores y otros que son simplemente tristes.

Pero, ¿cuál es propósito detrás de todas estas historias? ¿Serán sólo cuentos de hadas? ¿Las puso Dios en la Biblia sólo para interrumpir la monotonía de las genealogías y leyes?

De hecho, las historias de la Biblia tienen un propósito que va mucho más allá de esto. Cada una de ellas fue escrita por una razón —lo cual es de esperarse en un libro que fue inspirado por nuestro gran Dios Todopoderoso, quien nunca hace las cosas sólo porque sí. Tal como el apóstol Pablo escribe en 2 Timoteo 3:16, todas las Escrituras son útiles “para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”, entre otras cosas. Y las historias bíblicas son un ejemplo práctico de estos propósitos y lecciones.

Cada uno de estos relatos está en la Biblia por una razón, la cual puede ser instruirnos o animarnos. Si bien algunas historias, como las parábolas, son ilustraciones que buscan enseñar una lección, la Biblia también tiene muchas historias de la vida real —con datos históricos reales— que fueron dejadas para nuestro aprendizaje. Todos los ejemplos utilizados en este artículo son historias de este tipo.

Aprender de los malos ejemplos

Uno de los propósitos de las historias bíblicas es que aprendamos de los malos ejemplos (1 Corintios 10:6, 11). En la Biblia encontramos muchos relatos de personas que intentaron vivir separadas de Dios o que se dejaron llevar por alguna de las tantas debilidades de la naturaleza humana.

En 2 Crónicas 26, por ejemplo, vemos la historia de Uzías, uno de los mejores reyes de Judá. Uzías se convirtió en rey cuando tenía sólo 16 años. Su reinado fue largo y estuvo lleno de victorias militares; fue uno de los pocos reyes que mantuvo una relación cercana con Dios, lo cual hizo que tuviera mucho éxito.

Sin embargo, al ver el poder y la fuerza que Dios le había dado, Uzías se llenó de soberbia y terminó por rebelarse ante la ley de Dios. Su orgullo incluso lo llevó a sentirse con el derecho de ofrecer incienso a Dios, lo cual sólo lo podían hacer los sacerdotes. Y, cuando los sacerdotes se resistieron y enfrentaron a Uzías, el rey se enojó con ellos. Pero, mientras discutía con estos sacerdotes —que tuvieron el valor para confrontarlo— Dios lo maldijo con lepra y Uzías tuvo que pasar el resto de su vida en aislamiento.

¿Cuál es el propósito de esta historia que se desarrolla en el antiguo pueblo Judá?

Su propósito es que aprendamos del mal ejemplo del rey Uzías que nos advierte sobre el peligro de la soberbia, de cómo puede apoderarse de nosotros cuando tenemos éxito, tal como le sucedió al rey.

Conocer malos ejemplos como este nos ayuda a no seguir sus pasos.

Aprender de los buenos ejemplos

Pero no todas las historias de la Biblia están relacionadas con malos ejemplos; también hay muchas que nos muestran buenos ejemplos que debemos seguir.

Una de ellas es la historia de Ezequías, otro de los reyes de Judá. Al verse amenazado por una inminente destrucción por los poderosos Asirios, Ezequías pidió ayuda a Dios; en lugar de ser arrogante como Uzías, este rey se humilló ante Dios rasgando sus ropas y arrodillándose. Después de que recibiera una carta del enemigo, su primera reacción fue mostrársela a Dios y pedir su ayuda humildemente (2 Reyes 19).

Si Ezequías hubiese confiado en su poca fuerza en lugar de en Dios, lo más seguro es que lo hubieran aniquilado. Sin embargo, por haber tenido fe en Dios, logró derrotar a sus enemigos y mantener al pueblo a salvo por muchos años más.

Otro de los buenos ejemplos que encontramos en la Biblia es el de la heroína protagonista del libro de Rut. Luego de haber perdido a su esposo y suegro, Rut continuó siendo fiel a su angustiada suegra, Noemí, y regresó con ella a Israel.

Y, cuando llegaron ahí, Rut se dedicó a trabajar arduamente para proveer lo necesario para ambas. Su lealtad y diligencia fue admirada por muchos, entre los cuales estaba un acaudalado agricultor llamado Booz, quien se aseguró de que Rut y Noemí tuvieran siempre suficiente y eventualmente se casó con Rut.

Sin duda, la decisión de Rut de adorar al Dios de Israel y servir fielmente a su suegra es un ejemplo excelente. Y, por supuesto, Dios la bendijo a ella y a la mujer a quien fue leal abundantemente. (Si desea más detalles de esta historia, no dude en leer nuestro artículo sobre “Rut” en la sección “Mujeres de fe”.)

Aprender de Dios

Dios es un Ser maravilloso, infinito e invisible. ¿Cómo podríamos nosotros comprender quién es en realidad? ¿Cómo podemos aprender más acerca de Él? ¿Cómo saber quién y cómo es realmente? Una de las maneras es leyendo lo que otros nos revelan sobre Él en la Biblia. Pablo, por ejemplo, nos dice que Dios “no miente” (Tito 1:2), pero estas palabras realmente cobran significado cuando leemos una historia como la del Éxodo.

El Éxodo es un ejemplo de hasta dónde puede llegar Dios para cumplir su Palabra. En su determinación por cumplir la promesa que había hecho a Abraham cientos de años antes de liberar a los israelitas de la esclavitud, Dios se enfrentó a Egipto —el imperio más grande de la tierra— mandándoles 10 plagas devastadoras. Así, demostró a los descendientes de Abraham —y también a nosotros— su absoluta veracidad y fidelidad.

Los Evangelios también incluyen historias que nos enseñan acerca de la naturaleza de Dios. Estos libros relatan ciertos episodios en la vida del Hijo de Dios, Jesucristo, donde se le describe como un ser afable que se dolía, sufría y sentía como todos nosotros. Pero, lo que es más importante, los cuatro Evangelios fueron inspirados para registrar su vida para nuestro conocimiento y aprendizaje. Si quiere saber cómo es Dios, el recuento de la vida de Jesús en la carne que Mateo, Marcos, Lucas y Juan nos hacen, le será de mucha ayuda. Seguramente encontrará detalles que le sorprenderán.

Como muchos saben, Jesús era un hombre de paz, pero ¿significa esto que permitiría que le faltasen el respeto a Dios y su templo? Marcos 11:15-17 nos da la respuesta.

En una de sus visitas al templo de Jerusalén, Cristo se encontró con comerciantes que ganaban dinero a costa de los más necesitados, personas fieles que iban al templo a adorar a su Creador. Enojado por esta situación y la burla que se hacía del templo de Dios, convirtiéndolo en “cueva de ladrones”, Cristo ahuyentó al ganado con un látigo y volcó las mesas del dinero que los comerciantes habían recibido de los pobres.

Historias bíblicas y reales como esta nos ayudan a comprender mejor y más claramente la forma de ser de Dios.

Animarnos

Además, algunas historias de la Biblia son realmente animadoras.

Un ejemplo de esto es el relato de la viuda que ofrendó dos blancas (pequeñas monedas de cobre; Marcos 12:41-44). En esa ocasión, Cristo tuvo tiempo para resaltar la ofrenda de una viuda pobre que dio dos pequeñas monedas en medio de los hombres ricos que ofrecían grandes cantidades de dinero. Se dio cuenta de que era todo el dinero que la viuda tenía y lo hizo notar a sus discípulos.

¿No es animador saber que Dios no sólo mira a los grandes, sino también a los pequeños que le sirven?

También podemos encontrar muchas historias de cómo Dios protege a su pueblo —como son la de Sadrac, Mesac y Abed-nego, librados por Dios de morir en un horno ardiendo (Daniel 3), y la del apóstol Pablo, a quien sus enemigos apedrearon hasta el punto de darlo por muerto (Hechos 14). “Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe” (v. 20). ¡Dios sanó o tal vez incluso resucitó a Pablo!

Estas historias nos animan muchísimo, recordándonos el maravilloso poder y amor de Dios. Son sin duda un buen lugar para buscar ánimo en tiempos difíciles.

Responder preguntas existenciales

Otro de los propósitos de las historias bíblicas es responder nuestras preguntas existenciales. ¿Por qué existe la maldad? ¿Por qué permite Dios el sufrimiento? Los relatos de la Biblia pueden ayudarnos a comprender las respuestas a estas y muchas otras preguntas.

Las Escrituras revelan que la maldad es producto de la rebelión y el engaño de un ser demoníaco llamado Lucero y Satanás (Isaías 14). En cierto momento, uno de los ángeles más maravillosos que Dios creó, Lucero, se llenó de orgullo y se convirtió en el mayor enemigo de su Creador. Y, luego de influir en la tercera parte de los ángeles para que lo siguieran en su maldad, se enfrentó al Todopoderoso y fue echado a la tierra.

Pero, al ver que su plan inicial había fallado, Satanás buscó otra manera de impedir el plan de salvación de Dios: destruir a la humanidad. Y su primer paso fue tentar a los dos primeros seres humanos para que comieran del fruto prohibido (Génesis 3). Desde entonces, éste ha sido el patrón de las desastrosas decisiones y terribles pecados que la humanidad ha seguido hasta el día de hoy. El odio de Satanás es tal que incluso intentó tentar a Jesucristo para que desobedeciese a Dios (Mateo 4:1-10).

Si no fuese por la Biblia, preguntas tan fundamentales como ésta jamás podrían responderse más que con suposiciones teóricas. Las historias bíblicas nos dan respuestas reales y además nos dan esperanza.

Las historias de la Biblia tienen un propósito

Cada una de las historias de la Biblia está ahí por una razón y con un propósito. Ya sea para animarnos en tiempos difíciles o enseñarnos lecciones sin tener que sufrir, estos relatos fueron inspirados por Dios para nuestro beneficio eterno.

Si desea más consejos para aprovechar las enseñanzas de la Biblia al máximo, le invitamos a leer más de nuestros artículos en la sección “Estudio de la Biblia”.