Vida, Esperanza y Verdad

Siete pasos para vencer al pecado

Vencer el pecado —cambiar— no debe dejarse al azar. Se necesita un plan definido. ¿Qué pasos podemos dar para asegurar el éxito?

Dios ha llamado a los cristianos a una vida de cambio. Pedro lo resumió de esta manera en Hechos 3:19: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados”.

Tanto “arrepentíos” como “convertíos” son la traducción de unas palabras en griego que involucran cambio. Arrepentirse es traducido del griego metanoeo, que se define como “cambiar la mente de uno” (Frederick William Danker, ed., A Greek-English Lexicon of the New Testament and Other Early Christian Literature [Lexicón griego-inglés del Nuevo Testamento y otra literatura cristiana primitiva de Frederick William Danker]. “Convertíos” es del griego epistrepho, que se define como “cambiar la dirección” (ibídem).

Cualquier proyecto importante, como construir un edificio de oficinas, hacer un largo viaje o casarse, requiere planeación. Cualquier tarea importante merece que le dediquemos una planeación y preparación cuidadosas.

La conversión cristiana —vencer el pecado— no es algo diferente.

A continuación les daremos siete pasos comprobados, que si son puestos en práctica, nos ayudarán a vencer el pecado.

Paso 1: debemos querer vencer

Esto suena sencillo. Sin embargo, demasiadas personas fallan y no cambian porque realmente no quieren invertir el tiempo y el esfuerzo necesarios para hacer los cambios que necesitan hacer. Tal vez nos digamos a nosotros mismos, “quiero superar este problema”. Pero luego, no hacemos lo que es necesario hacer para vencer.

Muchos nos damos cuenta que siempre encontramos tiempo para hacer las cosas que queremos hacer de verdad. Si hay algo que realmente queremos hacer, generalmente no permitimos que nada se nos interponga e impida hacerlo.

Sin embargo, también es natural que hagamos a un lado esas cosas que no queremos hacer realmente.

Entonces, ¿por qué no nos sobreponemos a esos hábitos dañinos, palabras erróneas y pensamientos perversos que tan fácilmente nos asaltan? Debemos preguntarnos: ¿realmente queremos vencerlos? ¿Cuánto esfuerzo y planeación estamos dedicando a hacer los cambios que necesitamos hacer?

Cambiar los viejos hábitos —la forma de hacer las cosas, la forma de pensar y de hablar— no es fácil. Algunas veces estos cambios son dolorosos literalmente (especialmente si hay una adicción física que es necesario vencer). Y cambiar un viejo hábito de pensamiento, palabra u obra no es fácil porque el cambio nos hace salir de una zona de comodidad. Las viejas formas de hacer las cosas son confortables. Las seguimos automáticamente. Cambiar requerirá estar alerta continuamente, con esfuerzo y voluntad para afrontar la incomodidad del cambio.

Por tanto, el primer paso es determinar si realmente queremos cambiar lo suficiente como para invertir tiempo, esfuerzo y planeación. Nunca seguiremos los demás pasos a menos que realmente queramos cambiar.

Paso 2: identificar claramente los pecados que necesitamos vencer

Examinarnos honestamente para ver nuestros pecados no es algo placentero. ¿Por qué? Ninguna corrección es placentera (Hebreos 12:11). Aun la autocorrección es desagradable. Sin embargo, la autocorrección es menos dolorosa que cuando alguien nos corrige. No nos gusta ver las áreas de nuestra vida que necesitan cambiar. Es doloroso ver nuestras flaquezas. Pero, si vamos a cambiar, debemos estar comprometidos a encontrar y afrontar nuestras faltas.

Para entender lo doloroso que es esto, debemos preguntarnos: “¿cuándo fue la última vez que le pregunté a mi cónyuge o a alguien más que me mostrara algo que yo debía cambiar?”. La respuesta en la mayoría de los casos sería: “¡nunca!”. No nos gusta ni siquiera preguntarnos a nosotros mismos. Pero debemos hacerlo porque el autoexamen es algo que a un cristiano se le ha instruido hacer (2 Corintios 13:5).

En oración podemos pedirle a Dios que nos ayude a ver dónde necesitamos cambiar. Esta clase de oración la encontramos en Jeremías 10:23-24: “Conozco, oh Eterno, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos. Castígame, oh Eterno, mas con juicio; no con tu furor, para que no me aniquiles”.

Si le pedimos a Dios que nos muestre nuestros pecados, Él lo hará. Pero debemos estar preparados para verlos. Ver nuestros pecados puede ser algo doloroso. Si no recordamos que le hemos pedido ayuda a Dios para que nos ayudara a verlos, tal vez tratemos de olvidar lo que vemos en vez de aprender de ellos y buscar la forma de implementar los pasos para vencer esos pecados.

Identificar el pecado en nosotros es mucho más que sólo identificar pensamientos, palabras y hechos erróneos. Debemos también identificar la causa del pecado. ¿Por qué pensamos, decimos y hacemos lo que hicimos? Con frecuencia la razón debe ser alguna clase de egoísmo o codicia (vea 1 Juan 2:15-16).

A menos que trabajemos para sobreponernos a la causa de nuestros pecados, seguiremos repitiéndolos. Si sólo cambiamos la apariencia exterior del pecado, sin cambiar la razón subyacente, nunca venceremos totalmente nuestro pecado.

Para vencer completamente el pecado debemos buscar honestamente lo que es el pecado y su causa, y estar totalmente comprometidos a sobreponernos tanto al pecado como a la causa.

Paso 3: estudiar para aprender lo que debe reemplazar lo que causa el pecado

Para cada pecado de egoísmo o codicia, hay una forma de amor justo que debe reemplazarlos. Cuando hemos visto la causa de nuestros pecados, debemos buscar aprender el camino de la justicia que necesitamos para reemplazarlos.

El camino de la justicia necesita convertirse en lo que nosotros somos realmente. Esto involucra estudiar la Palabra de Dios —la Biblia— buscar aprender y entender el espíritu de las leyes de Dios. La letra de la ley revela lo que nosotros debemos hacer. Pero es posible tener una apariencia en la cual hacemos lo que es correcto con una actitud errónea. Es el espíritu de la ley de Dios lo que nos revela cómo debemos pensar y también como conducirnos.

Jesús reveló este principio en Mateo 5:27-28: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”.

Cada pecado que cometemos tiene alguna causa —algún aspecto de egoísmo o codicia. Para poder vencer la causa del pecado, necesitamos aprender cómo es que Dios quiere que seamos. Esto requiere aprender el camino de amor de Dios, tal como lo revela el espíritu de sus leyes. Pablo expresó esto en los sencillos términos de Romanos 12:21: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”.

Paso 4: meditar en vivir lo que Dios dice que es correcto

El conocimiento no tiene utilidad a menos que entendamos cómo aplicarlo. Con demasiada frecuencia el conocimiento de la forma de vida de Dios no se manifiesta en nuestra vida diaria. La meditación —dedicarle el tiempo necesario para pensar profundamente acerca de un incidente o concepto— es una herramienta importante para aprender cómo utilizar verdaderamente el conocimiento que obtenemos de nuestro estudio de la Palabra de Dios.

Cada pecado que cometemos es desencadenado por algo que encontramos en nuestra vida diaria. Tal vez vayamos tarde a una cita. Como resultado, nos impacientamos con otros si algo pasa más adelante que nos retrasa más.

Cada pecado es desencadenado por algo que ocurre en nuestra vida diaria ante lo cual no respondemos de la manera correcta. En el paso 2 debemos haber identificado la causa de nuestros pecados. A medida que identificamos la causa, también debemos tomar nota de lo que desencadenó nuestra respuesta pecaminosa.

La meditación nos ayuda a practicar mentalmente la respuesta correcta antes de tener que enfrentar una situación desencadenante. En nuestro espacio personal de meditación podemos meditar en lo que deberíamos hacer cuando vemos o sentimos una situación que pueda desencadenar una respuesta errónea. Podemos llamar a esto practicar mentalmente la justicia. O, como Pablo dijo en Filipenses 4:8: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Si estamos verdaderamente comprometidos a cambiar, si realmente queremos vencer estos pecados, Dios, a través de su Espíritu nos iluminará los pensamientos correctos en nuestra mente, si le pedimos a Dios que lo haga. Dios quiere que cambiemos. Él nos ayudará. Esta forma de meditación nos ayudará a preparar nuestras mentes para responder justamente cuando debiéramos hacerlo. Si desea profundizar en esta herramienta para el crecimiento espiritual, vea el artículo “¿Qué es meditación?”.

Paso 5: orar pidiéndole a Dios que nos ayude a recordar la respuesta correcta

Para cada uno de nosotros pareciera que hay algún pecado que fácilmente “nos asedia” (Hebreos 12:1). Estos son los pecados en los que debemos trabajar primero para vencerlos. Debemos pedirle a Dios diariamente en oración que nos ayude. Debemos pedirle a Él que nos ayude a recordar para que venga la respuesta correcta a nuestra mente cuando las situaciones desencadenantes surjan.

Si estamos verdaderamente comprometidos a cambiar, si realmente queremos sobreponernos a estos pecados, Dios por medio de su Espíritu iluminará los pensamientos correctos en nuestra mente si le estamos pidiendo a Él que lo haga. Dios quiere que cambiemos. Dios nos ayudará. Una forma de acercarnos a Dios es buscando vivir justamente. Dios ha prometido que se acercará a nosotros si nosotros nos acercamos a Él (Santiago 4:8).

Pero para acercarnos a Dios, necesitamos estar comprometidos a vivir su camino de vida y orar pidiendo su ayuda. Para aprender más acerca de la oración, vea los artículos en la sección “Cómo debemos orar”.

Paso 6: comenzar a vivir de la forma correcta

Se requiere tiempo para desarrollar hábitos correctos. Estos no se desarrollarán sino reemplazamos nuestros hábitos viejos con nuevos formas de vivir justas. Tenemos que implementar lo que hemos aprendido para realmente cambiar la forma en que vivimos.

Dios nos ofrece su poder por medio de su Espíritu para ayudarnos. Este poder crecerá en nosotros. Y la capacidad para utilizar este poder también crecerá a medida que lo usamos viviendo justamente. Pablo nos reafirma: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).

Cuando comenzamos a practicar justicia, debemos continuar con el paso 7.

Paso 7: no se rinda

Tal vez no utilicemos la respuesta correcta la primera vez que la necesitemos. Sin embargo, si la respuesta correcta llega a nuestra mente (aun después del hecho) esto ya es un progreso. Necesitamos seguir buscando la ayuda de Dios. Si continuamos luchando para vivir correctamente, empezaremos a responder más pronto. Eventualmente empezaremos a responder correctamente desde la primera vez. El pecado será reemplazado con justicia. El mal será vencido por el bien.

Estos pasos han sido utilizados y se ha comprobado que funcionan. Pero sólo van a funcionar si realmente queremos utilizarlos. Aprenda más acerca del proceso de cambio en nuestro folleto gratuito ¡Cambie su vida!

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