¿Qué es justificación?

¿Hay una razón por la cual debamos ser justificados? ¿Qué significa exactamente justificación? ¿Podemos ser justificados por buenas obras? ¿O somos justificados por fe?

La mayor parte de las personas consideran que la justificación es un tema profundamente teológico y demasiado difícil de entender. Sin embargo, el concepto básico es claro cuando examinamos las Escrituras.

¿Qué es justificación?

El Nuevo Testamento ha sido preservado en lenguaje griego, y “justificación” es la traducción de una de dos palabras griegas. La primera es dikaiosis. Esta palabra “denota el acto de declarar a algo justo, justificación, absolución; su significado preciso está determinado por el verbo dikaioo, que significa justificar…implica que una persona es declarada justa, al absolverla de la culpa” (Vine: Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y Nuevo Testamento, p. 614).

La otra palabra griega para justificación es dikaioma. Vine dice que esta palabra “es una declaración de que la persona o cosa es justa”. También se define como “una sentencia de absolución por la cual Dios absuelve al hombre de su culpa”.

Estas palabras griegas significan que cuando Dios nos justifica y absuelve de toda la culpa y culpabilidad, somos hechos justos e inocentes delante de Él. La justificación viene como resultado de la iniciativa de Dios con nosotros por medio de su gracia, y por nuestra fe en la sangre derramada de Jesucristo. Esto es lo que afirman las siguientes escrituras:

  • “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3:23-24).
  • “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:8-9).

Nuestra futura vida eterna en el venidero Reino de Dios, depende de que seamos justificados por Dios. Necesitamos que nuestros pecados sean perdonados por Él, y todo esto es hecho posible por la sangre derramada de Cristo.

¿Qué se necesita para que una persona sea justificada?

La respuesta es fe. Somos justificados por fe. “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley” (Romanos 3:28).

Dios responde a aquellos que tienen fe. “A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:25-26).

La justificación requiere de una profunda fe en Cristo y en la aceptación de su sangre derramada para perdón de los pecados. Aun hacer toda clase de buenas obras de la ley no va a justificar a nadie.

Veamos Hechos 13:38-39: “Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree”. Jesucristo murió por nuestros pecados. Él fue levantado de la muerte para ofrecer justificación a todos aquellos que reconozcan y se arrepientan de sus pecados. Aquellos que simbólicamente sean enterrados en las aguas del bautismo y sean levantados nuevamente para vivir una nueva vida en Cristo, están viviendo en un estado de justificación.

El bautismo representa nuestra reunión con Cristo en su muerte y sepultura, y también en su resurrección a vida. Porque Él merece vivir, somos declaramos dignos de vivir en unión con Él. Así somos justificados en su nombre. “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11).

“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombre, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de la vida” (Romanos 5:18).

A partir de este momento, aquellos que han sido justificados deben vivir por fe. Gálatas 3:11 dice: “Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá”.

¿Qué debe hacer una persona justificada?

La Biblia dice que el justo debe vivir por fe. Por lo tanto la nueva vida en Cristo será una vida de fe y obediencia a las leyes de Dios. La maldad y la transgresión de los mandamientos de Dios son comportamientos inaceptables para Dios, en los cristianos que han sido justificados. Así que para que una persona justa demuestre su fe es necesario que viva una vida según la ley.

El apóstol Santiago hizo énfasis en que las buenas obras acompañarán la fe del hombre justo: “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2:20-24).

Jesucristo obedeció perfectamente la ley, en toda su implicación espiritual. Él quiere que nuestra vida también sea de acuerdo con la ley, en obediencia y justicia. Dios tiene parámetros por los que un hombre “justo” debe vivir, viviendo una vida de obediencia y de fe. Así que finalmente, “no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores serán justificados” (Romanos 2:13).

Dios ha especificado lo que hará una persona justa: “Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho y la justicia; que no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, ni violare la mujer de su prójimo, ni se llegare a la mujer menstruosa, ni oprimiere a ninguno; que al deudor devolviere su prenda, que no cometiere robo, y que diere de su pan al hambriento y cubriere al desnudo con vestido, que no prestare a interés ni tomare usura; que de la maldad retrajere su mano, e hiciere juicio verdadero entre hombre y hombre, en mis ordenanzas caminare, y guardare mis decretos para hacer rectamente, éste es justo; éste vivirá, dice el Eterno el Señor” (Ezequiel 18:5-9).

Los cristianos deben ser justos porque Dios así lo ordena. Si una persona justa falla y cae en pecado, debe buscar perdón de Dios y expiación por su pecado por la sangre de Cristo. Porque: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” (Romanos 4:7-8).

¿Qué es justificación y cómo se manifiesta?

Veamos el resultado final del proceso de justificación según la perspectiva de Dios: “Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó” (Romanos 8:30).

Hay una gran bendición guardada para aquellos que son justificados—¡ser glorificados! Esto se refiere a recibir vida eterna y reinar con Jesucristo en el Reino de Dios (Zacarías 14:9; Apocalipsis 5:10).

Pablo también resume el resultado final de ser justificado: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:4-7).

¿Qué es justificación? Es una absolución legal que Dios nos da. Debemos tener fe en Dios y en la sangre derramada de Jesucristo. Cada uno de nosotros debe reconocer y arrepentirse de los pecados pasados, ser bautizado para perdón de los pecados y creer que estos pecados han sido perdonados. Debemos luego comprometernos a vivir la vida de acuerdo con la voluntad de Dios, tal como está revelada en la Biblia. Este es el proceso de justificación, y es la razón por la que ser justificado por Dios es tan importante para nuestra salvación.