¿Existe Dios?

¿Habrá algo más importante que responder esta pregunta? ¡Conocer la verdadera respuesta lo cambia todo!

La gente enfrenta esta interrogante de muchas maneras.

Pueden examinar la evidencia científica de la creación física que nos rodea. Pueden observar lo fantástico de la compleja anatomía humana¬—cómo funcionan nuestros ojos o cerebros—y recurrir a analogías como la de un reloj en marcha, que no podría ser producto del azar. O pueden centrar su atención en la complejidad de nuestro planeta tierra—su tamaño perfecto, la distancia que lo separa del sol, su eje de inclinación, su atmósfera, etcétera—y todo apunta a que la vida no puede haber surgido de un capricho de la naturaleza.

Hacer esto no es malo, pero la creación física no es el primer lugar donde debemos buscar una respuesta a la cuestión de la existencia de Dios. Primero, cada uno debe mirar dentro de su corazón y preguntarse qué es lo que espera encontrar en realidad. Como dice la Biblia: “Dice el necio en su corazón: No hay Dios” (Salmo 14:1). Debemos comenzar por explorar nuestro interior. Si tenemos prejuicios en contra de la idea de que existe un Ser Supremo, aun la evidencia más convincente no será suficiente para satisfacer nuestro razonamiento.

Como dijo el apóstol Pablo, muchas personas simplemente no quieren aceptar que Dios existe, no quieren tener en cuenta a Dios (Romanos 1:28). Pero si usted está dispuesto a dejarse guiar por la evidencia en este sitio la exploraremos. Nuestros artículos le ayudarán a encontrar la respuesta—tanto intelectual como espiritualmente—a esta pregunta vital: ¿existe Dios?

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