La Santa Biblia no fue escrita como un libro de texto médico, pero los consejos de salud que contiene son sólidos, fundamentales y están muy adelantados a su tiempo.
La Biblia se preocupa más por la solidez espiritual que por la salud física. Sin embargo, seguramente el Dios que nos creó entiende lo que necesitamos para estar sanos. Ciertamente, Él nos enseña las reglas más importantes para cuidar los cuerpos que Él mismo diseñó.
De hecho, Dios proporciona una guía sólida en las Escrituras para ayudarnos a lograr el estilo de vida más saludable posible.
Veamos cómo siete de estos consejos bíblicos de salud se comparan con los consejos médicos modernos.
1. Practique una buena higiene.
Deuteronomio 23:12-13: “Tendrás un lugar fuera del campamento adonde salgas; tendrás también entre tus armas una estaca; y cuando estuvieres allí fuera sentado, cavarás con ella, y luego al volverte cubrirás tu excremento” (véase también Levítico 11:32; 15:11; Números 19:14-15; Job 9:30; y Mateo 23:25-26).
Los excrementos, los fluidos corporales y su potencial para propagar enfermedades son parte de la vida, nos guste o no. Dios enseñó a los hijos de Israel a purificarse bañándose, lavándose las manos y la ropa, y separando las letrinas de los lugares donde comían y dormían. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades aún recomiendan estas precauciones cruciales. Para ver cuán impactantes son las leyes bíblicas de salud en comparación con miles de años de desinformación médica, lea nuestro artículo acerca de “Dios y la ciencia”.
2. Hágase un chequeo periódico.
Levítico 13:2-3: “Cuando el hombre tuviere en la piel de su cuerpo hinchazón, o erupción, o mancha blanca, y hubiere en la piel de su cuerpo como llaga de lepra, será traído a Aarón el sacerdote, o a uno de sus hijos los sacerdotes. Y el sacerdote mirará la llaga”.
Si investigamos “síntomas” en un sitio web médico, es probable que reciba el consejo de ver a un médico en lugar de intentar diagnosticarse usted mismo. Del mismo modo, Dios ordenó a los hijos de Israel buscar el consejo de una autoridad capacitada, el sacerdote, para determinar si una afección era contagiosa o inofensiva.
Para hacer un diagnóstico apropiado, el sacerdote a veces necesitaba investigar más allá de los síntomas que presentaba el paciente. Podía aislar a la persona y examinarlo cuidadosamente después de una semana para detectar cualquier cambio (vv. 4-6). La necesidad de estudiar cómo se desarrollaba una afección a lo largo del tiempo sugiere que los sacerdotes habrían utilizado alguna forma de registros médicos. Aplicando la instrucción de Dios, los sacerdotes podían examinar a los pacientes y frenar la propagación de enfermedades a través de métodos científicos sólidos, no muy diferentes a los utilizados hoy en día.
3. Manténgase alejado de los demás, si está enfermo.
Levítico 13:45-46: “Y el leproso en quien hubiere llaga... fuera del campamento será su morada”.
Hasta el siglo XIX, los médicos tenían poca idea de cómo se propagaban las enfermedades o cómo proteger a otros de la infección. La gente creía ampliamente que la enfermedad tenía causas atmosféricas o sobrenaturales. Es decir, que se desarrollaba espontáneamente por la exposición a ciertos vapores o que siempre era un castigo por el pecado (aunque Jesús refutó esta idea en Juan 9:2-3).
En contraste, el libro de Levítico describe la necesidad de que las personas con enfermedades transmisibles se cubran la boca, adviertan a otros que no se acerquen demasiado y, de lo contrario, se separen de la comunidad mientras infecciosa. Históricamente, el no seguir estos principios ha resultado en grandes epidemias que sólo se detuvieron siguiendo los procedimientos de cuarentena y aislamiento descritos por Dios. Tales estrategias de salud pública continúan utilizándose hoy en día.
4. Sea fiel a su cónyuge.
1 Corintios 6:18: “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca” (véase también Éxodo 20:14; Romanos 1:27; y Levítico 18:6).
La medicina moderna ha confirmado las advertencias de la Biblia acerca de la infidelidad: el sexo fuera del matrimonio plantea riesgos graves. Por ejemplo, las enfermedades de transmisión sexual pueden destruir su salud hasta el punto de que “al final... gimas, cuando se consuma tu carne y tu cuerpo” (Proverbios 5:11). A pesar de los avances tecnológicos, los expertos coinciden en que ningún profiláctico puede hacer que el sexo ilícito sea completamente “seguro”. Por supuesto, eso sin mencionar las dolorosas consecuencias emocionales y psicológicas de la infidelidad.
Sin embargo, en el contexto adecuado, el sexo es maravilloso. La Biblia explica que Dios creó la sexualidad como un hermoso regalo para esposos y esposas. Esta intimidad especial y comprometida fue diseñada para ser un componente importante en la construcción de familias amorosas y para reflejar la alegría de ser parte de la propia familia de Dios.
La ciencia de la salud puede revelar las probabilidades de enfermedad, pero sólo la Biblia puede proporcionar las claves para las relaciones saludables.
5. Cuide lo que come y bebe.
- Coma sólo carnes limpias.
Levítico 11:46-47: “Esta es la ley acerca de las bestias y las aves, y todo ser viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se arrastra sobre la tierra, para hacer diferencia entre lo inmundo y lo limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer”.
Cuando se examinan los roles ecológicos de los animales que la Biblia llama “inmundos” (es decir, no aptos para el consumo humano), se encuentra que son en gran medida depredadores y carroñeros. Esto significa que son capaces de limitar la propagar contaminantes y enfermedades en sus hábitats. También significa que son más propensos a enfermar a los humanos.
Sin embargo, algunos se preguntan si los congeladores y hornos modernos hacen que los mandatos de Dios sean irrelevantes. No es así. La obediencia a cualquiera de las leyes de Dios es siempre para nuestro propio bien y también muestra que respetamos y honramos sus instrucciones. De hecho, además de ayudar a proteger nuestra salud, hay un significado más profundo en nuestra obediencia a las leyes alimenticias de la Biblia. En este mismo capítulo, Dios nos dice: “seréis, pues, santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:45). No tenemos la autoridad para alterar o ignorar ninguno de los mandamientos de Dios, ya sea que los entendamos completamente o no (Deuteronomio 12:32; Mateo 15:3).
Aun así, la dieta de un animal y su forma de cocinarlo no lo son todo. Por ejemplo, algunas personas se burlan de la idea de evitar la carne de cerdo, alegando que una preparación cuidadosa de los alimentos mitiga el riesgo de enfermedades y parásitos (como la triquina) que la carne suele transmitir. Sin embargo, persisten más peligros.
Dios realmente quiere lo mejor para nosotros. Los científicos todavía están aprendiendo acerca de los factores que hacen de ciertas carnes que sean opciones peligrosas para los humanos, pero la Biblia iluminó el camino hace mucho tiempo.
Según un estudio de 2009 publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health [Revista internacional de investigación ambiental y salud pública], el consumo de cerdo se correlaciona consistentemente con enfermedades hepáticas en todos los países y a lo largo de décadas de investigación en epidemiología. Este patrón no sucede con la carne de res (una carne bíblicamente limpia).
Dios realmente quiere lo mejor para nosotros. Los científicos todavía están aprendiendo acerca de los factores que hacen de ciertas carnes que sean opciones peligrosas para los humanos, pero la Biblia iluminó el camino hace mucho tiempo.
- Limite su consumo de alcohol.
Isaías 5:11: “¡Ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez; que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende!” (véase también Proverbios 20:1; 23:29-35; y 1 Timoteo 3:8).
Un poco de alcohol (hasta una o dos copas al día) puede tener beneficios para la salud. Sin embargo, la Clínica Mayo advierte: “beber demasiado alcohol aumenta el riesgo de presión arterial alta, triglicéridos altos, daño hepático, obesidad, ciertos tipos de cáncer, accidentes, alcoholismo e incluso debilitamiento del músculo cardíaco (miocardiopatía)”. La Biblia no prohíbe el alcohol, pero muestra claramente que el abuso del éste no sólo es peligroso, también es pecaminoso.
La cultura popular está llena de conceptos erróneos acerca del alcohol. Asegúrese de estudiar nuestro artículo acerca del “Uso y abuso del alcohol” para educarse a sí mismo y a su familia.
- Use moderación en su dieta.
Proverbios 25:16: “¿Hallaste miel? Come lo que te basta, no sea que hastiado de ella la vomites” (véase también el versículo 27).
Los dulces y los alimentos “chatarra” suelen estar cargados de calorías “vacías”: demasiada grasa y azúcar, pero insuficientes vitaminas y minerales. Por otro lado, las dietas de moda, a veces desequilibradas también pueden conducir a la desnutrición. La Academia de Nutrición y Dietética aconseja a la mayoría de las personas: “Abandone las dietas que permiten cantidades ilimitadas de cualquier alimento, como la toronja y la sopa de repollo. Es aburrido comer lo mismo una y otra vez y es difícil apegarse a planes monótonos. Evite cualquier dieta que elimine o restrinja severamente grupos enteros de alimentos, como los carbohidratos. Incluso si toma un multivitamínico, aún se perderá algunos nutrientes críticos”.
Los expertos en salud de hoy recomiendan un equilibrio de opciones de alimentos para obtener todos los nutrientes que necesitamos. Del mismo modo, la Biblia aconseja el autocontrol y la moderación. ¡Sólo porque algo, como la miel o el aceite, pueda ser bueno en cantidades modestas (Salmos 104:15) no significa que no sea dañino en grandes dosis (Deuteronomio 32:13-15)!
Para aprender más principios bíblicos para comer correctamente, vea nuestro artículo acerca de “La dieta saludable y la Biblia”.
6. Descanse y haga ejercicio adecuadamente.
Eclesiastés 5:12 dice: “Dulce es el sueño del trabajador” (véase también Salmos 127:2 y 1 Timoteo 4:8).
A medida que las ocupaciones y recreaciones sedentarias se vuelven más comunes, un número creciente de nosotros nos involucramos en casi nada más extenuante que “el hombre perezoso” de los Proverbios, cuyas actividades diarias incluyen darse la vuelta en la cama (Proverbios 26:14), llevarse la comida a la boca (v. 15) y poner excusas para quedarse bajo techo todo el día (v. 13).
Y, sin embargo, también sufrimos privación del sueño, a pesar de nuestra ociosidad, o quizás debido a ella. Como atestigua Eclesiastés, existe un vínculo poderoso entre el ejercicio y el sueño. Según una encuesta de 2013 de la Fundación Nacional del Sueño, “los que hacen ejercicio vigoroso tienen casi el doble de probabilidades de decir: ‘tuve una buena noche de sueño’ todas las noches o casi todas las noches durante la semana. También son los menos propensos a informar problemas de sueño”, como el insomnio.
La medicina moderna y la Biblia están de acuerdo: el estilo de vida sedentario no es bueno para nosotros. El sueño ayuda a regular nuestras hormonas y sistemas inmunológicos y proporciona tiempo para la reparación celular. Como resultado, la privación del sueño puede hacernos susceptibles a resfriados, enfermedades cardíacas, diabetes, accidentes e incluso obesidad.
La actividad física es igualmente crucial. La falta de ejercicio puede contribuir a enfermedades cardíacas, diabetes, presión arterial alta, ciertos cánceres, depresión, artritis y osteoporosis, según The Wall Street Journal. Y el ejercicio no sólo es bueno para nuestros músculos, también es bueno para nuestros cerebros. El cerebro normalmente se encoge a medida que envejecemos, pero el ejercicio puede ayudar a revertir esa atrofia. Según The New York Times, los adultos mayores esencialmente ganan dos años de salud cerebral sólo con mantener un régimen de caminata.
En resumen, la ciencia confirma lo que pudimos leer hace mucho tiempo en la Biblia: Dios nos creó para beneficiarnos del descanso al final de un día activo.
7. Cultive una perspectiva positiva.
Proverbios 18:14: “El ánimo del hombre soportará su enfermedad; mas ¿quién soportará al ánimo angustiado?” (véase también Proverbios 17:22).
La Biblia sugiere que la actitud afecta nuestra salud física. ¡Cada vez más investigadores están descubriendo que eso es verdad! Por ejemplo, los adultos mayores que expresaron sólo niveles bajos a moderados de satisfacción con sus vidas tenían, después de ocho años de investigación, “un 80 por ciento más de probabilidades que sus homólogos más felices de haber desarrollado problemas de movilidad y funcionales”, como explica The Washington Post.
En contraste, a los sujetos de otro estudio se les dijo que escribieran brevemente, una vez por semana, acerca de cinco cosas por las que estaban agradecidos. Después de sólo dos meses de “gratitud”, se sintieron más felices y optimistas. Es más, “informaron menos problemas físicos y pasaron más tiempo haciendo ejercicio”, según The New York Times.
¿Necesita usted otra razón para estar agradecido? La Palabra de Dios no sólo nos anima a tener actitudes positivas. ¡Nos muestra la mejor y más saludable forma de vivir ahora y además nos muestra el asombroso destino que Dios ofrece a cada uno de nosotros!
Usted puede construir un estado mental saludable a pesar del estrés de la sociedad contemporánea. Asegúrese de leer nuestro artículo “Cómo enfrentarnos a la ansiedad” para obtener ayuda.