Varios de los salmos son impactantes por sus brutales llamados al castigo y maldiciones hacia los enemigos. ¿Por qué están estos salmos imprecatorios en la Biblia?
¿Realmente la Biblia dice eso? Sería impactante en cualquier lugar, ¿pero en la Biblia?
“Dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña” (Salmos 137:9).
¿Cómo pudo una persona de Dios siquiera pensar eso, y mucho menos decirlo en oración a Dios? ¿Y luego registrarlo en un libro?
¿Por qué permitiría Dios que esto estuviera en la Biblia?
Salmos imprecatorios
Los salmos que piden un castigo o una maldición hacia los enemigos de Dios a menudo se llaman salmos imprecatorios, y han inquietado a muchos lectores de la Biblia a lo largo de los siglos.
Las listas de tales salmos varían; algunas incluyen 10 o 14 salmos. Combinando varias de las listas, aquí hay 17 salmos que algunos han categorizado como imprecatorios: Salmos 5, 7, 10, 17, 35, 55, 58, 59, 69, 70, 79, 83, 109, 129, 137, 139 y 140.
También hay oraciones imprecatorias en otros libros de la Biblia, como en Jeremías 11, 15, 18 y 20. Y varios de los salmos imprecatorios se citan en el Nuevo Testamento, como en Juan 2:17; 15:25; Romanos 11:9-10; y 15:3. Además, el Nuevo Testamento incluye ejemplos de imprecación, tales como Mateo 21:18-19; 23:13-36; 2 Tesalonicenses 1:6-9; y 1 Timoteo 1:20.
El New Bible Dictionary resume el propósito de los salmos imprecatorios de esta manera: “Testifican de un celo ardiente por la causa de la justicia que molestaba en los corazones de algunos de los salmistas, y de su negativa a condonar el pecado” (1982, p. 995).
La mayoría de los salmos imprecatorios no son tan sorprendentes como el citado al principio de este artículo. Son un llamado a la justicia, a la protección para el pueblo de Dios y para la obra que Él estaba realizando en el mundo, para que las consecuencias automáticas del pecado no se retrasen. Incluso pueden mirar más allá de esta vida hacia el tiempo del juicio, cuando los pecadores impenitentes, los enemigos de Dios, serán castigados en el lago de fuego —la muerte segunda (Salmos 69:28). Expresan una pasión por que prevalezca la voluntad de Dios.
Miremos más profundamente en estas oraciones emocionales y lo que podemos aprender de ellas.
El contexto
Parece que el autor del Salmo 137 había sido testigo del brutal asedio babilónico y de la destrucción de la ciudad amada de Dios, Jerusalén. Vio a los babilonios matar de hambre y asesinar a mujeres y niños inocentes, y luego saquear e incendiar audazmente el santo templo de Dios. Todo fue demasiado para que el autor del salmo lo soportara humanamente.
“El salmista ruega que el Señor haga caer sobre la cabeza de Babilonia las atrocidades que ellos habían cometido en Judá y en otros lugares. Las guerras eran muy crueles en el Antiguo Testamento, y los babilonios eran famosos por sus crueldades” (Zondervan NIV Bible Commentary, 1994, nota acerca del Salmo 137:9).
Cada uno de los salmos imprecatorios tiene una historia de trasfondo de dolor y sufrimiento, brutalidad, injusticia y maldad.
Dios comprende
La Biblia enseña que Dios desea que la oración a Él sea una comunicación sincera y de corazón. No debe ser una repetición rutinaria ni usar un lenguaje piadoso y santurrón que sea ajeno a nuestra vida cotidiana. (Lea más acerca de lo que dice la Biblia en relación a la oración en nuestro artículo “Cómo hablar con Dios”.)
Dios quiere que seamos abiertos y honestos con Él, que compartamos nuestros sentimientos más profundos. Por ello, incluyó una serie de salmos que comienzan con una emoción cruda y terminan con la seguridad de la fe. Por ejemplo, en el Salmo 73, el salmista admite su envidia hacia los arrogantes (v. 3). Tratar de comprender cómo los impíos podían prosperar “fue duro trabajo para mí, hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos” (vv. 16-17).
La oración puede ayudar a ajustar nuestro estado de ánimo. Podemos derramar nuestros corazones y prepararnos para recibir las respuestas de Dios mediante el estudio y la meditación en su Biblia.
Dios quiere que sepamos que Él también está profundamente preocupado por la justicia, por defender lo que es recto frente a los enemigos de Dios.
Dios quiere que sepamos que Él también está profundamente preocupado por la justicia, por defender lo que es recto frente a los enemigos de Dios. Dios es justo, y los salmos imprecatorios pueden leerse como súplicas por la justicia. Dios revela muchas veces que está airado con los impíos, cuyos pecados dañan a otros hijos potenciales de Dios, ¡y a ellos mismos! Él quiere que aborrezcamos el mal (Amós 5:15).
Por supuesto, la justicia de Dios es una justicia perfecta, y su ira siempre es justa. Sólo Él puede castigar de manera perfecta y apropiada. Sólo Él puede dar la vida, por lo que sólo Él tiene la prerrogativa de quitarla. Cuando lo hace, es lo correcto y lo misericordioso.
Dios quiere que crezcamos hacia la perfección al buscar la justicia y mostrar una ira justa, pero a menudo comenzamos con un deseo de justicia egoísta y una ira injusta. Él nos comprende y nos escucha, y luego nos guía hacia el enfoque piadoso. Estudiar los salmos imprecatorios, junto con el resto de la Biblia, puede ayudarnos a ver esto.
La brutalidad no es aprobada en la Biblia
El apóstol Pablo enumera las enemistades, pleitos, arranques de ira y homicidios como obras de la carne que impedirán que alguien herede el Reino de Dios (Gálatas 5:19-21). Él identifica la brutalidad (ser “crueles”) como una señal de los peligrosos últimos días (2 Timoteo 3:1-3).
Dios no aprueba la venganza humana, pero en cambio nos dice:
- “Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis” (Romanos 12:14).
- “No paguéis a nadie mal por mal” (v. 17).
- “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (v. 18).
- “No os venguéis vosotros mismos, amados míos... porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (v. 19, citado de Deuteronomio 32:35).
- “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (v. 21).
Jesús enseñó principios similarmente difíciles acerca de las relaciones humanas en su famoso Sermón del Monte:
- “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (Mateo 5:7).
- “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (v. 9).
- “Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (v. 39).
- “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (v. 44).
Cómo se elimina la ira
Entonces, ¿qué hace posible que nuestro Dios perfectamente justo, que odia el pecado, libere su ira?
Las maldiciones de los salmos imprecatorios son el resultado de los pecados de esta era. Pero viene un día cuando no habrá “más maldición” (Apocalipsis 22:3).
Jesucristo sufrió voluntariamente la mayor injusticia del universo para cubrir todas las demás injusticias: cargó con todos los pecados humanos de los cuales las personas se arrepentirían.
¡Ese tipo de amor desinteresado está más allá de nuestra comprensión humana! Estudie más acerca de lo que Jesús hizo por nosotros en nuestros artículos “¿Por qué tuvo que morir Jesús?” y “El sacrificio más grande de la historia”.
La misericordia triunfa
Durante su agonizante crucifixión, Jesús llegó a decir: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).
Más allá de eso, su sacrificio hace posible nuestro arrepentimiento y perdón: “Porque seré propicio a sus injusticias, y de sus pecados y de sus iniquidades no me acordaré más” (Hebreos 8:12).
Por supuesto, hay lecciones que Dios quiere que aprendamos acerca de mostrar justicia y misericordia. Debemos valorar ambas: “Misericordia y juicio cantaré; a ti cantaré yo, oh Eterno” (Salmos 101:1).
Santiago escribió: “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia”. Al final, sin embargo, “la misericordia triunfa sobre el juicio” (Santiago 2:13).
Las maldiciones de los salmos imprecatorios son el resultado de los pecados de esta era. Pero viene un día cuando no habrá “más maldición” (Apocalipsis 22:3). El final de la historia nos lleva a un día en el que el amor y la misericordia triunfarán, a un cielo nuevo y una tierra nueva donde no habrá “más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor” (Apocalipsis 21:4) en los cuales mora la justicia (2 Pedro 3:13).
Detrás de los salmos imprecatorios hay historias de pecado y sufrimiento, dolor y persecución, inhumanidad e injusticia. ¡Estas historias pueden ayudarnos a orar con más fervor por ese maravilloso día prometido!