Vida, Esperanza y Verdad

De la edición Noviembre/Diciembre 2021 de la revista Discernir

Estados Unidos se marcha

Mientras Estados Unidos aún se tambalea por sus conflictos domésticos, su vergonzosa salida de Afganistán ha hecho que sus aliados se pregunten si es el fin de la era americana.

Las terroríficas imágenes son inolvidables. Enormes helicópteros militares sacando a diplomáticos americanos del techo de una gran embajada. Padres desesperados intentando pasarles sus hijos a soldados estadounidenses por encima de alambres de púas. Una multitud de afganos desesperados persiguiendo y trepando a un avión de transporte de la fuerza aérea repleto, y algunos de ellos cayendo desde el cielo mientras el avión despega del aeropuerto de Kabul.

Un final ignominioso

Las escenas de esta derrota caótica y vergonzosa han capturado la atención del mundo y probablemente serán un momento decisivo en la presidencia de Biden, así como una demostración del poder menguante de Estados Unidos. Según una entrada del blog publicada por The Times of Israel, este “momento Kabul” del fracaso americano fue el aviso de “un gigante cansado y en bancarrota corriendo hacia la salida” e ilustra “un descenso real y presente del poder de los Estados Unidos”, al punto de que “la Pax americana ya no existe”.

Un artículo de United Press International fue incluso más allá, declarando que “Cuando los historiadores estudien la caótica salida estadounidense de Afganistán, probablemente lo verán cada vez más como un marcador crítico del descenso de los Estados Unidos en el mundo”. Trae a la mente “la Crisis de Suez de 1956, que no solo humilló al gobierno británico de Sir Anthony Eden, sino que además marcó el fin del Reino Unido como potencia mundial”.

“La mayor pérdida es la credibilidad de los Estados Unidos”, continúa el artículo, “que cada vez parece más una potencia debilitada en el ámbito internacional (así como un estado debilitado localmente)”.

Fiasco y descenso

El actual desastre, transmitido a todos los hogares del mundo, fue percibido como una derrota para el país más poderoso del mundo frente al ejército yihadista. Los medios pintaron el fiasco como una fuerte puñalada contra la imagen de Estados Unidos:

  • “Desde Saigón hasta Kabul: lo que el desastre americano en Afganistán significa para el mundo” (The Economist, 21 de agosto del 2021).
  • “Su decadencia y arrogancia finalmente han acabado con el imperio americano” (The Telegraph, 18 de agosto del 2021).
  • “¿Qué pueden aprender los aliados de Estados Unidos del colapso de Afganistán?” (Haaretz, 15 de agosto del 2021).
  • “‘El mayor desastre que la OTAN ha visto’: Biden sorprende a sus aliados con errores que se esperarían de Trump” (Washington Examiner, 18 de agosto del 2021).
  • “Cómo Biden destruyó a la OTAN” (The Wall Street Journal, 19 de agosto del 2021).
  • “Europa se enfrenta a preguntas difíciles tras el desastre de Afganistán” (The New York Times, 23 de agosto del 2021).
  • “La relación entre Estados Unidos y el Reino Unido es otra víctima de la caída de Afganistán” (The Guardian, 22 de agosto del 2021).

Efectos colaterales del abandono

La creencia de la comunidad internacional de que Estados Unidos es una mano estable que maneja el timón del mundo ha tambaleado tras ver la calamidad que envuelve a Afganistán. Un escalofrío de confusión y desconcierto golpeó a los horrorizados líderes de Europa, quienes reaccionaron con una mezcla de consternación y el sentimiento de haber sido traicionados ante la salida desorganizada y casi cruel de las tropas americanas, la cual creó un efecto dominó cuyo punto cúlmine fue la vuelta al poder de los talibanes.

Desde que la guerra en Afganistán comenzó y Estados Unidos invocó el Artículo 5 de la OTAN —según el cual un ataque a uno de los miembros es un ataque a todos— la falta de coordinación de Estados Unidos con sus compañeros ha incitado dudas sobre la constancia de Washington como aliado.

El aliado más valioso de Estados Unidos, Reino Unido, no ha tardado en describir el apresurado éxodo como un error de magnitudes históricas. La Cámara de los Comunes en Gran Bretaña lo condenó como “vergonzoso” y “catastrófico”. El primer ministro británico Boris Johnson tuvo que esperar días antes de poder hablar con el presidente estadounidense, y Tobias Ellwood, presidente del comité de defensa del parlamento de Reino Unido, expresó la opinión de muchos: “Éste es un error garrafal que tendrá consecuencias estratégicas a largo plazo”.

¿Otro mar de gente?

Los líderes franceses están planificando en caso de que se repita el caos que la última ola de inmigrantes provocó en el 2015, pero a la vez están dispuestos a hacer todo lo posible para evitarlo. Entonces, más de 1,3 millones de personas inundaron Europa desde Siria, Afganistán y otros países, encendiendo revueltas sociales y políticas en todo el continente.

Los Países bálticos tal vez ahora se pregunten cómo respondería Estados Unidos ante un ataque del tipo Artículo 5 por parte de Rusia. La decadente influencia de los Estados Unidos en el Medio Oriente crea un clima sombrío en toda la región.“Europa sola no puede sostener las consecuencias de la situación actual”, dijo el exasperado presidente francés Emmanuel Macron.

La canciller alemana Ángela Merkel describió los sucesos en Afganistán como “amargos, dramáticos y aterrorizantes”. Armin Laschet, el nuevo líder del partido de Merkel, se lamentó diciendo que “el 2015 no debe repetirse”, y expresó que la situación es “el mayor desastre que la OTAN ha visto desde su fundación” y “un cambio histórico”.

Debilidad provocadora

Mientras los aliados recalibran su visión de la voluntad política de Estados Unidos, las consecuencias de su turbulenta salida de Afganistán podrían durar años, si no décadas, para los países afectados por verdaderas “invasiones” de refugiados. Para otros —amenazados por invasiones reales— la sombrilla de la protección americana ya no parece segura.

Como dice el columnista del New York Times, Bret Stephens: “Sus enemigos aprenderán la lección de que Estados Unidos es una potencia ineficaz” y “sus aliados —Taiwán, Ucrania, los Países bálticos, Israel, Japón— la lección de que están solos”.

Otros observadores internacionales son más francos. El presidente Biden “será probado por los rusos o los chinos para ver si tiene las agallas para responder... En este momento, la credibilidad de los Estados Unidos no se da por sentado”, dice François Heisbour, un asesor para Europa del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.

¿Cuál será la primera prueba?

Los Países bálticos tal vez ahora se pregunten cómo respondería Estados Unidos ante un ataque del tipo Artículo 5 por parte de Rusia. La decadente influencia de los Estados Unidos en el Medio Oriente crea un clima sombrío en toda la región. Israel y los países dominados por los sunitas tomarán la decisión de ir a la segura, pero no están interesados en grandes objetivos diplomáticos. Los yihadistas se jactarán de haber sacado a Estados Unidos del “cementerio de los imperios”, mientras que Irán, percibiendo su debilidad, se armará de valor.

El Wall Street Journal anota que “el caos en Afganistán ha sacudido a los aliados de Estados Unidos en Asia, que se resguardan en el apoyo de Washington frente al creciente poder de China y una beligerante Corea del norte”.

Beijing recibió un gran impulso por la propaganda, y los medios estatales chinos inmediatamente capitalizaron la crisis. Tan solo horas después de la caída de Kabul, comenzaron a anunciar la supuesta debilidad de Estados Unidos y a burlarse de Taiwán con amenazas de una invasión. El periódico Global Times del Partido comunista chino preguntó: “Si Estados Unidos no puede vencer ni siquiera a los países pequeños, ¿qué tan bien podría salir en una lucha de poder contra China?”.

Lecciones de la historia

El distinguido economista político Francis Fukuyama observó que la humillante retirada “evocó un punto crítico en la historia, de los Estados Unidos abandonando al mundo”. Pero también percibió que “el fin de la era americana ocurrió mucho antes” y que “las causas de la debilidad y el descenso de Estados Unidos hace rato son palpables y son más domésticas que internacionales... El nivel de su influencia dependerá de su capacidad para solucionar sus problemas internos, más que de su política exterior”.

Son pocos los observadores que pueden reconocer el estado actual de un país a través del lente de la historia y comprender la naturaleza causa y efecto de su creciente fragilidad e inestabilidad, las cuales pueden acabar incluso con la mayor de las potencias. En un momento en el que incluso los profesores de historia evitan sacar lecciones explícitas del pasado, no debería sorprendernos que poblaciones enteras sean incapaces de percibir que su nación avanza hacia un peligro inminente.

Aunque la historia demuestra que no aprendemos de la historia, unos pocos historiadores han observado a grandes naciones e imperios del pasado y han encontrado notables paralelos, dejándonos valiosas lecciones.

Señales de los tiempos

Arnold Toynbee, autor de Estudio de la historia, publicado en 1961, advirtió: “De las veintidós civilizaciones que han aparecido en la historia, diecinueve colapsaron cuando alcanzaron el estado moral en el que Estados Unidos se encuentra ahora”.

Imagine lo que diría en la actualidad, seis décadas después.

Ciclo de vida de los imperios

Siguiendo la línea del historiador Edward Gibbon, autor de Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano, Sir John Glubb también estudió el ciclo de vida de los imperios. Este soldado, académico y autor del siglo XX estudió y encontró patrones, o etapas, que gobiernan el surgimiento y la caída de grandes imperios tan diversos como el romano, el otomano y el persa.

En su libro El destino de los imperios y la búsqueda de la supervivencia (1976), describió cómo los imperios siguen un patrón general a medida que se expanden, desarrollan, decaen y eventualmente colapsan. Desglosó a grandes rasgos el desarrollo secuencial de los imperios en las siguientes etapas: pioneros, conquistas, comercio, afluencia, intelecto, decadencia, declive y colapso.

Dios llama a los países y a las personas a humillarse, arrepentirse y volverse a Él.Un descubrimiento sorpresivo fue que la duración promedio de la grandeza de una nación o imperio es de 250 años. “Este promedio”, escribe, “no ha variado en 3.000 años”. Durante los pasados tres milenios, toda gran nación o imperio perdió su rumbo en aproximadamente 250 años, no necesariamente desapareciendo, pero sí tambaleándose en un estado mucho menos dinámico e influyente, sin volver a su grandeza original.

Este hito se vuelve mucho más relevante para los Estados Unidos ahora que se acerca el aniversario número 250 de la firma de su declaración de independencia en 1776.

Las vidas de los grandes estados son sorprendentemente similares. Todos los imperios comienzan con una extraordinaria explosión de energía por parte de individuos pobres, pero fuertes y trabajadores con una moral y virtudes en común. Pero a medida que los efectos corrosivos del éxito material minan el valor del carácter, virtudes como el sacrificio y la disciplina, que fueron artífices de la creación de un imperio, son abandonadas a cambio de la riqueza.

Tras su cénit, las potencias inician una era de decadencia que culmina en el colapso. La decadencia, que según Glubb es “una enfermedad moral y espiritual que resulta de un período demasiado largo de riqueza y poder”, produce la caída del imperio. “Como no están convencidos de que exista algo en la vida que valga la pena salvar”, el imperio eventualmente se corroe desde adentro antes de ser conquistado desde afuera o colapsar bajo el peso de su autoindulgencia, endeudamiento, sentido de derecho, avaricia, frivolidad y envidia.

Aprender del pasado

El libro de Eclesiastés en el Antiguo Testamento dice: “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol” (Eclesiastés 1:9). Así ha sucedido con los grandes imperios a través de la historia. A cada uno se le ha dado un breve período de prominencia, pero ninguno ha aprendido de las potencias que le precedieron. Por eso todos pasan por el mismo ciclo, terminando en la decadencia y el colapso.

El Dios Creador, quien controla la historia y el futuro, juzga tanto a las naciones como a los individuos por sus pecados (Daniel 4:34-35). Y, debido a su paciencia, permite que los pecados alcancen “su colmo” antes de ejecutar su juicio (Génesis 15:16; Daniel 5; Jeremías 30:7).

Decadencia actual

Al antiguo Israel se le dio la excepcional ventaja de entrar en un pacto con Dios. Pero Dios les advirtió que cederían a su naturaleza humana y dejarían de adorarlo si se sentían materialmente satisfechos luego de entrar en la tierra prometida (Deuteronomio 6:11-12; 8:11-20; 31:20). Cuando Israel dejó de lado a Dios, un ciclo continuo de pecado e infidelidad a sus leyes socavó la fuerza de la nación y eventualmente los llevó a la división, el cautiverio y el exilio (Oseas 7:8-12).

En la actualidad, aunque los Estados Unidos han sido bendecidos físicamente, tampoco hacen mucho que sea del agrado a Dios. La nación más rica de la historia olvidó hace mucho tiempo a Dios y las bendiciones que Él derramó sobre los descendientes de Abraham.

El resultado de esto es que Estados Unidos se ha convertido en una verdadera fuente de pecado, “popularizando” —como dice el autor de America’s Expiration Date, Cal Thomas— “lo que antes se consideraban relaciones aberrantes y aborrecibles…; otras corrupciones de la masculinidad y femineidad;... cohabitación; colapso matrimonial; violaciones éticas en los negocios y el gobierno; una crudeza y corrosión de la cultura que incluye, pero no se limita a la industria multimillonaria de la pornografía y el abandono de un estándar según el cual antes distinguíamos el bien del mal”.

Un llamado al arrepentimiento

La Biblia revela que el fin de nuestra era se caracterizará por un estado de decadencia cultural avanzada, evidente en la falta de autocontrol, la búsqueda desenfrenada de placer y el odio hacia lo bueno (2 Timoteo 3:1-4). De hecho, el apóstol Pablo dice que esta generación adúltera y perversa será “[inventora] de males” (Romanos 1:30).

Dios llama a los países y a las personas a humillarse, arrepentirse y volverse a Él (Joel 2:12-17; 2 Crónicas 7:14; Jeremías 18:7-8). Aunque parece que las naciones no lo van a hacer, nosotros como individuos podemos responder a su llamado. Vea nuestro artículo en línea “¿Cómo debemos arrepentirnos?”.

Los Estados Unidos —y todo Occidente— están atrapados en un tumultuoso período de revolución social, cultural y moral que forma parte de los eventos profetizados desde hace mucho tiempo en su Biblia. Descubra más sobre el ascenso, la decadencia y el futuro de Estados Unidos en nuestro folleto Estados Unidos, Gran Bretaña y la Mancomunidad en la profecía.

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