Hay muchas razones para preocuparse en el mundo convulsionado de hoy. Pero aquí hay algunos pasos prácticos para vencer la preocupación.
¿Es la preocupación realmente un problema? Después de todo, reflexionar acerca de las cosas es parte del proceso de asimilación, ¿no es así?
La Biblia tiene algunas cosas que decir acerca de este tema. Filipenses 4:6-7 dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.
La preocupación ansiosa no es un estado en el que Dios quiere que vivamos. Él quiere que tengamos paz mental.
Mateo 6:25-27 refuerza esto: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?”.
En el versículo 33, Jesús nos da la solución: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
Razones para preocuparse
La sociedad en la que vivimos y las preocupaciones de nuestra existencia física generan automáticamente ansiedades y problemas para todos nosotros. Con el aumento de los precios de todas las cosas, es fácil preguntarse cómo nos alimentaremos, vestiremos y tendremos un techo para nosotros y nuestras familias. Quizás tengamos un ser querido que sufre una enfermedad incurable, lo que nos causa una profunda angustia.
El mundo convulsionado, con regiones inestables en Oriente Medio, Ucrania y otros lugares, puede generar una gran ansiedad. Casi a diario, extrañas catástrofes climáticas causan preocupación en algún lugar del planeta.
Todas estas cosas pueden robarnos la alegría e interferir con nuestro crecimiento espiritual y nuestra relación con Dios. Sin embargo, Él es nuestra esperanza. Él es el Creador del universo.
Jesucristo regresará para poner fin al caos y la destrucción que Satanás ha sembrado en la humanidad a lo largo de la historia. Anhelamos el tiempo en que Él renovará y restaurará todas las cosas (Hechos 3:19-21).
Saber que éste es el plan de Dios es maravilloso, pero a veces los cristianos aún necesitan un método para lidiar con sus preocupaciones en el presente.
Bájese de la rueda de las preocupaciones
¿Alguna vez se ha sentado usted a estudiar la Biblia y se ha dado cuenta de que, aunque sus ojos miraban las páginas, las palabras no llegaban a su cerebro porque estaba atrapado en la “rueda de las preocupaciones”? Su mente daba vueltas con preguntas: ¿qué pasaría si...?, ¿por qué...? y pensando en el peor de los casos.
¿Alguna vez se ha arrodillado para orar y se ha dado cuenta de que, una vez más, su mente se subía a la rueda de las preocupaciones, desviándose por completo de su conversación y tiempo con nuestro Creador?
¿Cómo podemos ganar la batalla contra la preocupación? Personalmente he descubierto que debo seguir metódicamente pasos específicos para bajarme de la rueda de las preocupaciones.
Cinco claves para vencer la preocupación
Utilizo cinco claves cuando mi mente está acelerada. Esto me ha ayudado durante las últimas décadas, cuando la preocupación amenazaba con dominarme.
Para mí, este último año incluyó empacar y mudarme con mis padres ancianos que vivían a más de 1.600 kilómetros de distancia; ver a mi hijo mudarse a la Ciudad de México por trabajo; que mi padre se cayera, se fracturara la cadera y falleciera en tres semanas; tomar un viaje a Filipinas; y lidiar con importantes problemas de salud de un niño con asma.
Estos factores estresantes de la vida pueden robarse la alegría e interferir en nuestra relación con Dios si no tiene una manera de afrontarlos. Por lo tanto, utilicé cinco claves, paso a paso varias veces el año pasado para controlar mi nivel de preocupación.
Analizar
Escriba todo lo que le causa estrés o preocupación y determine quién es responsable. Proverbios 4:26 dice: “Examina la senda de tus pies, y todos tus caminos sean rectos”.
Ahora me siento con papel y bolígrafo y hago una lista exhaustiva de todas las cosas que me estresan y me hacen caer en un círculo vicioso de preocupaciones.
Luego, reviso la lista que he elaborado y evalúo qué está bajo mi control. Me pregunto: ¿sobre qué tengo control? Todo aquello sobre lo que no tengo control, lo pongo en oración y se lo entrego a Dios.
Cuando era más joven, escribía cada preocupación en un trozo de papel, oraba al respecto y lo guardaba en una caja debajo de la cama, entregándoselo simbólicamente a Dios. Cuando volvía a preocuparme, me recordaba a mí misma que lo había puesto en manos de Dios y que podía confiar en que Él se encargaría de ello. ¡Él es el Creador del universo!
Los demás elementos de la lista, aquellos acerca de los que usted sí tiene influencia, se acompañan al siguiente paso.
Planificar
Siéntese y ordene sus preocupaciones por orden de prioridad. Luego, comenzando por la más importante y urgente, elabore un plan detallado, preguntándose: ¿qué puedo hacer al respecto?
Si se trata de algo realmente importante, busque la guía de Dios y de otras personas. Proverbios 15:22 dice: “Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman”.
Para casi cualquier plan, considere tres niveles de resultados:
- Lo que le parecería aceptable.
- Lo que le haría feliz.
- Su objetivo final, el de más alto nivel.
Si se esfuerza al máximo en todo lo que hace, celebre cualquier resultado que obtenga en el proceso.
Ahora que tiene sus planes por escrito, debe pasar al siguiente paso.
Implementar
Dé un paso adelante, comenzando con el asunto de mayor prioridad. Así como un bebé aprende a caminar, nosotros crecemos y mejoramos a medida que hacemos las cosas. No espere el momento perfecto para orar, estudiar, hacer ejercicio, limpiar la casa, buscar un nuevo trabajo, conocer a un nuevo amigo, etcétera. Cualquier avance es mejor que estar paralizado por la inercia.
Si encomendamos todo lo que hacemos a Dios, podemos estar seguros de que Él bendecirá incluso nuestros intentos torpes e imperfectos. Como escribió Pablo en Colosenses 3:17: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”.
Tomarse tiempo
Nuestra sociedad está tan ajetreada que a menudo descuidamos nuestra salud y bienestar. Si omitimos este paso, nos perdemos muchas cosas que nos ayudarían a reducir el estrés. Herramientas espirituales, como la meditación bíblica y el descanso del sábado, y aspectos físicos, como dormir lo suficiente y hacer ejercicio, pueden ayudarnos a superar la preocupación.
Reservar tiempo para cuidar nuestra salud mental, física, espiritual y emocional nos ayudará a lidiar de manera más efectiva con las preocupaciones que inevitablemente surgirán en nuestras vidas.
Dar gracias a Dios
Finalmente, es útil concentrarse en las bendiciones que Dios nos da. Una forma de hacerlo es llevar un diario de bendiciones. Anote todas las maneras en que Dios le ha bendecido e intervenido en su vida. En los momentos difíciles, leer estas cosas puede ayudarnos a poner nuestras preocupaciones en perspectiva y reforzar nuestra confianza en que Dios puede cuidar incluso de los asuntos más pequeños de nuestras vidas. Como escribió Pablo en 1 Tesalonicenses 5:16-18: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo”.
Si utilizamos estos cinco claves: analizar, planificar, implementar, tomarse tiempo y dar gracias a Dios), nos ayudará a salir del círculo vicioso de la preocupación, a confiar en Dios y a superar la ansiedad.
Para más información acerca de cómo lidiar con la ansiedad, consulte:
- “Cómo enfrentarnos a la ansiedad”
- “La edad de la ansiedad”
- “Cómo afrontar el miedo y el estrés”
- “Cómo encontrar la paz mental”